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El realismo trascendental del realismo crítico

El realismo crítico de Bhaskar propone una filosofía de la ciencia que busca rechazar la posición positivista de pensar la explicación científica apelando a la idea humeana (y aún vigente hasta hoy) de “conjunciones constantes” (la cual asume que el mundo es un sistema cerrado). En lugar de esto, lo que el realismo crítico destaca como función de la ciencia es la detección de mecanismos y estructuras reales (independientes al pensamiento), los cuales son responsables causalmente de lo que percibimos empíricamente. Dichos mecanismos generativos son propiedades de las entidades que existen en el mundo, y son las que constituyen sus poderes causales para generar efectos en el mundo.

Para cuestionar la concepción positivista de la ciencia, la cual supone un realismo metafísico de tipo empirista, Bhaskar presenta un tipo específico de falacia en la cual caería el positivismo: la falacia epistémica. Dicha falacia consiste en suponer que las aseveraciones sobre el ser pueden ser siempre reducidas a aseveraciones sobre nuestro conocimiento del ser. Esto implica colapsar la ontología en epistemología, reduciendo lo real a lo que puede ser observable.

En contra de esto, Bhaskar quiere defender la independencia ontológica de entidades frente al pensamiento que podamos tener de ellas (realismo ontológico), y al mismo tiempo busca defender que la actividad científica consiste en medios de producción que a su vez son producidos (relatividad epistemológica). Esto es denominado como la dimensión transitiva del conocimiento, por el hecho de que está sujeta a cambios histórico-sociales. Sin embargo, el objetivo de la ciencia es poder comprender los mecanismos que, en combinaciones complejas, producen los fenómenos que observamos en el mundo. Esto es denominado como la dimensión intransitiva del conocimiento, en tanto que alude a lo que conocimiento refiere. En pocas palabras, se trata de conocer mecanismos que no dependen de nuestro conocimiento para ser. Y si uno acepta que la ciencia requiere de una dimensión intransitiva, entonces se admite la posibilidad de reflexionar filosóficamente sobre dichas entidades (ontología). Esta aceptación para Bhaskar no depende de un mero dogma. Todo lo contrario: para él la dimensión intransitiva es reconocida cuando uno presta atención a las prácticas científicas concretas. Esta posición filosófica del realismo crítico es denominada por Bhaskar en A Realist Theory of Science (1975)* como realismo trascendental. Bajo esta perspectiva el objetivo de la ciencia es comprender mecanismos causales reales e independientes al pensamiento, pero la ciencia misma es concebida como el producto histórico de una actividad social específica.

En el caso de la filosofía de la ciencia, la ontología filosófica es importante para Bhaskar en tanto responde a la pregunta de cómo debería ser el mundo para que la ciencia pueda ser posible. Esto opera hipotéticamente. Su punto de partida es que podría haber mundo sin ciencia, pero como hay ciencia (algo contingente), el mundo debe ser de cierta forma para que ello sea posible. Como mínimo, el mundo debe tener cierta estructura. La ontología filosófica en este caso es bastante básica: no nos dice qué estructuras o mecanismos concretos existen, pues eso es justamente lo que la investigación científica sustantiva determina. Sin embargo, la filosofía nos permite hacer explícito el hecho de que la actividad científica persigue el conocimiento de estructuras y mecanismos. Conocer algo es entonces conocer lo que algo tiende a hacer en circunstancias adecuadas.

La experiencia observable que el empirismo supone, para Bhaskar requiere de una dimensión intransitiva y estructurada. Y esto se debe a que es posible que la actividad científica cambie nuestras percepciones sobre los objetos que se investiga. Frente a las experiencias, Bhaskar añade el concepto de eventos. Los eventos son condición de posibilidad de experiencias, pero no al revés. Podría haber un mundo de eventos actuales, sin que existan seres que puedan percibir dichos eventos. Incluso es posible concebir que en nuestro mundo, dadas las capacidades actuales de la ciencia, existen eventos actuales que no podemos percibir (y que en un caso radical, quizá nunca podríamos percibir). Es la dimensión transitiva de la ciencia que la transforma nuestras capacidades de percepción y nuestros instrumentos teóricos. Pero además de esta diferencia entre eventos y experiencias, el realismo trascendental localiza a los mecanismos y estructuras en un dominio diferente: el real. Y es que, de lo que se trata es de admitir mecanismos generativos o estructuras causales en el mundo que producen eventos que, a su vez, podemos percibir. Sin embargo, dado que el mundo es un sistema abierto, es posible que los efectos regulares no se den por combinaciones complejas o por nuestra ignorancia de los mecanismos mismos que se encuentran en juego. De esto se sigue que la posibilidad de no tener regularidades no anula la independencia de mecanismos o estructuras independientes al pensamiento. En síntesis, existe una diferencia entre mecanismos reales y patrones de eventos actuales, así como de nuestras percepciones empíricas. Esto lleva a Bhaskar a distinguir entre lo real, lo actual y lo empírico.

Las leyes causales que se buscan en los experimentos no son creadas por los científicos. Suponen la independencia de éstas. Esto se debe a que en un laboratorio, debido a los controles que existen, se opera en un sistema cerrado. Pero los investigadores buscan producir patrones que identifiquen leyes causales que operen en un ambiente no-controlado, léase en el mundo (el cual por contraposición, opera como un sistema abierto). Pero en este contexto, dichas leyes no operan como conjunciones constantes regulares, pues éstas solamente emergen (en sentido eminente) en sistemas cerrados.

Los mecanismos generativos o estructuras son entendidos como poderes causales de entidades en el mundo, los cuales operan como tendencias (ya que operan en un sistema abierto). De ahí que sean denominados como transfactuales por el hecho de asumir que están operando, aunque los efectos no sean necesariamente regulares (esto es formulado bajo lo que Bhaskar llama aseveraciones nórmicas, las cuales no son aseveraciones empíricas). La consecuencia crucial de todo esto para el entendimiento de la ciencia es que el objetivo principal de esta última es comprender qué tipo de entidades existen y cuáles son sus poderes causales o tendencias transfactuales, y no predecir de manera determinista qué es lo que debe darse. Lo que la filosofía provee, dado que la ciencia ocurre, es cómo debería ser el mundo (como una hipótesis provisional): con entidades reales e independientes al pensamiento que operan de acuerdo a mecanismos, los cuales operan de manera tendencial y transfactual1. Sin embargo, saber qué entidades existen, de qué tipo son y cuáles son sus mecanismos es tarea de la ciencia misma.

El descubrimiento científico de dichos mecanismos y niveles de estratificación depende de las condiciones históricas, sociales y materiales de la producción científica. Dichas condiciones permiten la posibilidad de una lógica de descubrimiento científico que supone identificar regularidades, para luego postular entidades y mecanismos que explican dichas regularidades, los cuales son luego corroborados como existentes. Y si bien estas entidades y mecanismos (así como los diferentes niveles de estratificación ontológica) pueden ser tenidos como hipotéticos, el punto es poder tener evidencia suficiente para tenerlos provisionalmente como reales y no como meras ficciones teóricas. La ciencia deviene una actividad sin un término predeterminado, debido a que no es posible asumir un estrato de realidad último o final2.

Lo que Bhaskar quiere destacar en este contexto de sociología filosófica, o de análisis sobre la actividad social científica, es que dicha práctica supone una dimensión intransitiva como condición de posibilidad. Esto implica la imposibilidad de reducir la ciencia a una pura cuestión sociológica o lingüística. Pero también implica que la ciencia como proceso supone siempre antecedentes, pues nunca empieza desde cero. La articulación de todo lo anterior permite concebir el rol de la teoría como la producción hipotética de estructuras y mecanismos (producción conceptual del objeto) que pueden ser corroborados experimentalmente (hacer el objeto perceptible, sea directa o indirectamente), con lo que el pensamiento no queda “atrapado” dentro de sí. La idea es que si uno es falibilista sobre el conocimiento, eso quiere decir que uno es realista sobre el ser.. Y, parafraseando a Kant, Bhaskar sostiene que la teoría sin experimento es vacía, mientras que el experimento sin teoría es ciego. Y dado que ambas dimensiones son componentes de la historia de la producción científica, pueden haber desfases entre las teorías y las técnicas de experimentación, con lo que se admite la posibilidad (usualmente olvidada) de una refutación de teorías basada en instrumentos de detección (todavía) deficientes.

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Lo que me resulta interesante a mí del realismo crítico como proyecto es cómo esto va a derivar en una ontología social diferente y una filosofía de la ciencia social diferente (espero poder escribir sobre los trabajos seminales de Bhaskar y Archer en función a estos temas, pero quién más me interesa como representante contemporáneo de dicho proyecto metateórico es Elder-Vass). Pero desde lo que se anuncia aquí (aunque sea más más vinculado a las ciencias naturales), es que se presenta como una posición un poco más abierta y pluralista para con ciertos motivos críticos y continentales (la tradición filosófica de la que provengo), pero sin que ello implique el rechazo del quehacer científico por el hecho de ser “positivista” (lo cual, muchas veces es básicamente una generalización caricaturesca basada en la ignorancia o en debates de hace décadas). Y además del background filosófico continental, debe recordarse que mi primer encuentro con esta aproximación fue en el campo de las Relaciones Internacionales (por ejemplo, en el caso de Wight y en la presentación de Jackson), con lo que las cuestiones teóricas, metodológicas, y empíricas se mostraban en constante conexión.

Al mismo tiempo, la filosofía aquí opera no desvinculada de la práctica científica, lo que en las ciencia sociales me resulta bastante valioso en lo que refiere la relación que puede tener la teoría política con la ciencia política (inquietud que empezó por comprender la diferencia, si la hay,  entre teoría política y filosofía política). Y en lugar de asumir que la teoría debe ser pura o siempre abstracta, aquí existe una relación mucho más productiva. Finalmente, si bien pueden haber investigaciones que asuman explícitamente una metateoría positivista, el punto de Bhaskar es que lo que manda es el proceso de la práctica de la investigación científica concreta, y si nuestras mejores metateorías no son positivistas, mucho de los sesgos contra de la investigación social pierden sentido (esto es fructífero, como ya dije, contra varios sentidos comunes continentales). No solamente entonces la cuestión metateórica genera un efecto hermenéutico o reconstructivo sobre la práctica concreta, sino que lo puede hacer sobre teorías sustantivas. Y en el caso de teoría política, me interesa mucho explorar esa posibilidad en la teoría crítica, dado que el diálogo con las ciencias sociales es intrínseco. Ahí nuevas formas de entender lo que la ciencia social hace (fuera de los aportes sustantivos mismos), así como diferentes variaciones de ontología social presentan posibilidades y límites a lo que una teoría crítica sustantiva puede hacer.

Notas

* Lo que he escrito en este post se basa básicamente en el libro de Bhaskar, pero existen unas breves conferencias dadas por Bhaskar donde explica las diferentes fases del realismo crítico. He podido revisar la que es dedicada al realismo trascendental y creo que podría serle útil a quién no está familiarizado con la obra de Bhaskar. El enlace se encuentra aquí.

1 Dado que en la realidad operan múltiples mecanismos y estructuras, dando lugar a resultados complejos que están co-determinados, Bhaskar infiere que esta es una manera naturalista para hacer un lugar a la agencia humana (en tanto la asumimos como libre y como parte del mundo, simultáneamente). Esto es pensado bajo una ontología donde la realidad se encuentra estratificada por diferentes niveles de complejidad y organización, que mantienen una relación de emergencia entre sí, la cual es irreducible.

2 Píensese que esto contrasta con la posibilidad que admite Meillassou en After Finitude o en La inexistencia divina sobre la manifestación de algo sin causa alguna (ex nihilo). Bhaskar puede responder que si bien es posible admitir “milagros” como posibilidad, no es posible poder conocerlos en tanto milagros. Y la razón se debe a que lo que nos parece un claro caso de producción ex nihilo, podría luego ser explicado científicamente. La historia de la producción científica tiene suficientes ejemplos de esto. Y ello, me parece, podría incluso expandirse a los “mundos” de Meillassoux.


Pluralismo científico en las relaciones internacionales

Uno de los objetivos de Jackson a la hora de haber realizado una tipología de ontologías filosóficas (neopositivismo, realismo crítico, analiticismo y reflexividad) para distinguir las apuestas filosóficas básicas (dualismo mente-mundo, monismo mente-mundo, fenomenalismo y transfactualismo) que se encuentran a la base de las diferentes maneras de investigar en IR, es clarificar qué puede significar investigación científica en el campo de las relaciones internacionales. Lo que Jackson quiere enfatizar es que lo que subyace a los múltiples sentidos en que la ciencia puede ser entendida aquí es que por lo menos la empresa científica es en todos los casos sistemática, pública y productora de conocimiento sobre el mundo. Sistematicidad alude a que tiene que existir consistencia entre las presuposiciones y las conclusiones. Esto es clave no solamente para cuestiones sustantivas, sino que es igualmente importante para premisas metodológicas (en el sentido de Jackson: lógica de investigación científica y no métodos o técnicas). Esto es lo que da sentido a la controversia científica. De otra forma, lo que habría sería la demanda por algo ilegítimo, lo cual carecería de sentido (por ejemplo, que un neopositivista cuestione toda investigación no positivista por no dedicarse a formular hipótesis susceptibles de ser falseadas). En segundo lugar, el carácter público de la ciencia requiere que la comunidad científica relevante a la que se dirige la investigación pueda comprender y evaluar el conocimiento que se está produciendo. Esto demanda explicitación (por ejemplo, la explicitación del significado de un término que está siendo usado). Finalmente, el conocimiento producido se refiere al mundo y no demanda ningún acceso místico o compromiso ético para ser entendido. Obviamente mundo puede ser entendido de maneras diferentes, en base a metodologías diferentes, pero eso debe considerarse controlado con el criterio de sistematicidad. A pesar de las intenciones de Jackson, esta visión “general” de la ciencia me parece que es mucho más weberiana y, por ende, mucho más cerca del analiticismo.

Entonces, dadas las diferencias básicas fundadas en las apuestas filosóficas, lo que resulta es que la ciencia tiene que ser entendida como irreduciblemente pluralista. Debe rechazarse la búsqueda por fundamentos últimos y universalmente aceptables, para pasar a una situación “post-fundacional”, donde lo principal sea (como siempre fue y debió ser) producir conocimiento sustantivo sobre las relaciones internacionales. Este post-fundacionalismo no implica que “todo vale”. Simplemente exige que los investigadores expliciten lo más posible los compromisos filosóficos para que la audiencia pueda apreciar con justifica las aseveraciones o el conocimiento que se está proponiendo en cada caso, ya que los estándares no van a ser iguales debido a que dependen de la ontología filosófica. Pero para no cerrar la posibilidad de intercambio y diálogo en la disciplina, Jackson considera que es necesario construir un vocabulario que pueda mediar entre las diversas posiciones. De esta forma se ofrece una salida a la resignación que uno podría tener para con la inconmensurabilidad entre posiciones. Su libro en tanto tipología de ontologías filosóficas busca hacer de vocabulario mediador en la disciplina.

Los componentes filosóficos de cada metodología son llamados, como ya se ha visto, apuestas o compromisos. Jackson defiende que en última instancia estos compromisos no tienen un fundamento último o definitivo.Esto quiere decir que no hay un argumento último para establecer la validez definitiva de una ontología filosófica por sobre otra. Lo único que se demanda es explicitar estos compromisos últimos que para Jackson en última instancia son un cuasi acto de fe. El vocabulario que Jackson propone para mediar el campo no tiene fines de evaluación entre ellos. Lo que busca es clarificar las semejanzas y diferencias que existen entre diversas posiciones metodológicas. Esta tipología ideal de ontologías filosóficas puede mapear lo que se realiza en IR. Las principales diferencias que se desprenden para la discusión es cómo justifican el conocimiento que producen, cómo entienden las explicaciones causales y cómo es que comparan diferentes casos. Es a partir de estos entendimientos básicos que los resultados de usar ciertas técnicas o métodos devienen significativos.

El neopositivismo básicamente considera conocimiento a las conjeturas no falseadas y evalúa las aseveraciones probando hipótesis. La causalidad es entendida como una generalización empírica y la comparación busca encontrar covariación con el fin de llegar lo más posible a leyes generales. El realismo crítico da estatuto de conocimiento a las mejores aproximaciones que tenemos para conocer el mundo (inferencia a la mejor explicación) y evalúa el conocimiento viendo en qué medida se accede a disposiciones causales del objeto mismo que van más allá de las apariencias, fuera de presentar argumentos trascendentales e investigación en laboratorio (esto último creo que no es correcto, ya que el argumento trascendental solamente da una especulación formal de cómo debe ser el mundo, pero no otorga ningún tipo de conocimiento sustantivo). La comparación aquí se hace para elucidar poderes causales. El analiticismo da estatuto de conocimiento a lo instrumentalmente útil y construye narrativas analíticas (con modelos y contrafácticos) para evaluar el conocimiento. La comparación se hace para especificar configuraciones particulares en casos singulares (comparación individualizante). Finalmente, la reflexividad busca generar una mayor autoconsciencia vía la teorización de las condiciones sociales del propio investigador. Aquí la comparación se hace para des-naturalizar e (idealmente) contribuir a la promoción de cambio social.

Luego de revisar el trabajo de Jackson, uno puede reconocer fácilmente que el constructivismo no ha sido incluido como una ontología filosófica. Las razones de Jackson tienen que ver con el hecho de que el constructivismo en IR es una teoría social u ontología científica sustantiva. No es una metodología en el sentido de Jackson. Uno puede reforzar esto señalando que Wendt, por poner como ejemplo a uno de los teóricos constructivistas más influyentes en IR, basa su teoría social de las relaciones internacionales en la ontología filosófica del realismo crítico. Lo mismo debe decirse de otras teorías sustantivas como el realismo (por ejemplo, Waltz) y el institutionalismo neoliberal (por ejemplo, Keohane). No tiene sentido preguntar por el estatuto científico de dichas teorías porque son sustantivas y no metodológicas. En lugar de eso, la cuestión clave en esa discusión es el estatuto científico del neopositivismo que comparten la mayoría de los representantes más importantes de dichas tradiciones teóricas. Y dado que IR, en tanto campo, lo que existe es una clara hegemonía neopositivista, es mucho más demandante para quien no va a seguir una lógica de investigación neopositivista el explicitar mucho más claramente el modo de investigación científico que uno se propone realizar. Las metodologías no expresan escuelas o corrientes en IR. Son ontologías filosóficas que explicitan lo que está tácito en argumentos concretos (una misma persona puede usar diferentes metodologías, así como un mismo libro puede tener diferentes argumentos basados en diferentes ontologías filosóficas). Sin esta explicitación, lo que una metodología considera decisivo puede ser considerado por otra como irrelevante.

Las metodologías no son comparables de manera directa porque los estándares son inmanentes a cada metodología. El mismo problema ocurre con el ideal de la síntesis. Dado que los compromisos son excluyentes entre sí (dualismo o monismo, fenomenalismo o transfactualismo), no es posible tener todos al mismo tiempo. En ambos casos, por más buenas intenciones que existan, el resultado será una suerte de imperialismo metodológico. La respuesta de Jackson a esta diversidad en IR, entonces, no es la de una gran síntesis o de criterios para evaluar las metodologías entre sí. Lo que defiende Jackson es un pluralismo comprometido. Esto implica la difícil posición de rechazar el aislamiento entre tradiciones, pero sin buscar un fácil eclecticismo que combine problemáticamente supuestos de las diferentes ontologías filosóficas, sin mayor examen crítico. El objetivo de este compromiso pluralista es entablar conversaciones que generen sofisiticaciones, especificaciones y diferenciaciones mucho más finas, a través del intento por traducir la investigación a otros registros. Es el reto de la diversidad es entonces uno  de traducción. El ideal es más el de un diálogo o un encuentro fructífero y no el de un choque de “civilizaciones metodológicas”. El ideal es más bien el de una constante clarificación y demarcación de los límites y alcances que cada tipo de lógica de investigación científica puede realizar. Es por eso que Jackson es consciente de que su vocabulario meta-teórico es provisional, más un medio de clarificación que un fin (el verdadero fin es producir conocimiento sustantivo sobre las relaciones internacionales).


Reflexividad

La última de las ontologías filosóficas de Jackson es lo que llama reflexividad. Dicha ontología comparte con el realismo crítico la apuesta filosófica por el transfactualismo; con el analiticismo comparte la apuesta filosófica por el monismo mente-mundo (monismo que vimos que en Jackson parece aludir mucho más a lo que Meillassoux llama correlacionismo débil, y no tanto a idealismo). Dicha ontología se opone totalmente al neopositivismo, ya que se rechaza el fenomenalismo y el dualismo mente-mundo. Por eso es que la empresa positivista de conocer un mundo que se limita a la experiencia con covariación, generalización empírica y prueba de hipótesis es algo que pierde sentido desde la expresa científica reflexiva. El monismo transfactual parte de suponer que el conocimiento tiene su inicio en el involucramiento práctico y concreto del investigador. Pero el conocimiento apunta a conocer los involucramientos mismos, y no lo empírico que emerge de ahí y que el analiticista busca ordenar pragmáticamente vía tipologías.

El objetivo, entonces, es obtener (por decirlo de alguna forma) una mayor autoconsciencia del investigador sobre su propia práctica científica y sobre el contexto de éste se haya inmerso (lo cual va más allá de aspectos puramente biográficos, ya que comprenden también a la historia de la disciplina misma que uno se encuentra practicando). La reflexividad está mucho más orientada a comprender las prácticas sociales que producen el conocimiento. El origen de la reflexividad se evidencia cuando constatamos que en las ciencias sociales los seres humanos que realizan dicha actividad son parte del objeto de estudio (sin embargo, aquí habría que precisar cuál es la diferencia que se asume entre lo natural y lo social para no hacer el mismo argumento para con las ciencias naturales, dado que el ser humano es también parte de la naturaleza). El conocimiento desde esta perspectiva no puede separarse (pero tampoco reducirse) a la posición social y a las prácticas organizacionales del investigador en cuestión. El conocimiento reflexivo evidencia las distinciones básicas que operan en la producción de conocimiento y puede, a partir de ahí, buscar reproducirlas o rechazarlas (las categorías que se deben tener en mente aquí son por ejemplo “raza”, “clase”, “género”, etc.). Entonces, no es que simplemente el conocimiento refleje sin más cosas como raza o clase social. Lo importante es que el conocimiento puede cuestionar dichas distinciones, descubriendo los factores o fuerzas históricas que constituyen el presente. De ahí que la reflexividad tenga un enfoque bastante historicista, donde cuestiones como racionalidad son consideradas como elementos que son susceptibles de cambiar en el tiempo. De ahí que el conocimiento reflexivo también pueda ser considerado como terapéutico (un teórico contemporáneo que podría ser tenido por influyente en esta ontología filosófica es Bourdieu. Y aunque Jackson no lo menciona, me parece que Foucault y sus ideas sobre genealogía y ontología del presenta son centrales para este tipo de proyecto).

Un problema potencial que puede presentarse a este tipo de empresa es que parece ser mucho más partisano o intelectualista, ya que es el investigador reflexionando sobre sí mismo sus condiciones sociales de producción de conocimiento. Lo que Jackson hace para mostrar cómo el investigador reflexivo podría resolver esta objeción es apelar a la posibilidad de que el investigador y su audiencia compartan ciertos estándares y situaciones sociales. Mientras más radical sea la investigación, el descubrimiento de supuestos compartidos susceptibles de cuestionamiento podría aumentar. Pero más allá de recolectar los sentidos comunes compartidos, el punto de la investigación reflexiva es examinar cómo esos saberes funcionan en el contexto social. Ahora bien, para entender mucho mejor las posibilidades que el rol de los intelectuales puede tener en la sociedad, Jackson establece tres grandes tipos ideales para examinar vías posibles de la investigación reflexiva. La primera tiene que ver con sostener que los intelectuales pueden proveer a la sociedad de una visión holista, con una visión desinteresada (y contra visiones puramente partisanas o sesgadas). Quien expresa esta concepción es sobre todo la sociología del conocimiento de Karl Manheim, con el ideal de la “ideología total”. Y si bien dicha síntesis puede ser considerada como inalcanzable en principio, ello no quita que dicha meta pueda ser válida como ideal regulativo (algo que hasta cierto punto Bourdieu comparte). El segundo tipo ideal es el del intelectual revolucionario que no busca desinteresadamente una visión holista. Todo lo contrario: lo que hace es clarificar de qué lado está cada posición y qué tipo de orden social se está defendiendo, donde importan tanto las condiciones materiales, como los sentidos comunes compartidos (el autor clásico aquí sería Antonio Gramsci y su problematización de la distinción rígida entre intelectual y no-intelectual). La tendencia aquí es a tomar partido por los grupos históricamente marginados y subordinados. Otros autores mencionados aquí por Jackson son Deleuze, Guattari, Adorno y Horkheimer. Finalmente, el tercer tipo ideal es el del intelectual que está comprometido con la diversidad de puntos de vista. Aquí el objetivo es contribuir a generar espacios donde otros grupos (usualmente marginados) puedan ampliar la comprensión colectiva, en tanto conversación entre diferentes grupos sociales (sin preocuparse tanto por el ideal de que dicha conversación llegue a una conclusión definitiva). Sandra Harding, para Jackson, representa bastante bien este objetivo intelectual, cuando busca ampliar en la comunidad científica perspectivas y estándares que no supongan una visión culturalmente masculina. La crítica feminista para ella permite hacer que la comunidad científica tenga una objetividad más fuerte, señalando sesgos tácitos que puedan estar presentes en la reproducción social de la producción científica. En todo caso, y al margen de qué tipo de investigación reflexiva se esté realizando, el resultado parece apuntar a una constante (o por lo menos potencial) crítica inmanente.

En IR, debido a que la etiqueta de “ciencia” ha sido tomada hegemónicamente por el neopositivismo, los críticos del neopositivismo suelen distanciarse de la idea misma de ciencia. Un autor clásico es Robert W. Cox y su distinción entre “teoría crítica” y “teorías que resuelven problemas”. También puede incluirse aquí a Andrew Linklater. Estos autores son tradicionalmente agrupados bajo la etiqueta de “teoría crítica” en IR, pero Jackson considera que esa etiqueta es muy vaga. De hecho, para Jackson solamente tiene sentido a la luz de una ontología filosófica reflexiva, dado que el objetivo es clarificar los presupuestos tácitos de una visión parcial de la sociedad (usualmente ligada a los grupos dominantes). Asimismo, las teóricas feministas en IR (como Cynthia Enloe y Ann Towns) también deben ser incluidas en este grupo, así como a los académicos post-coloniales.

Fuera de que fundamentalmente el investigador reflexivo se dedica a analizar casos concretos, la comparación puede ser aquí posible y deseable porque permite des-naturalizar lo que en otros contextos tomamos como obvio. Y, finalmente, a pesar que dicha posición es mucho más marginal en el campo hoy, no debe olvidarse que E.H. Carr fue bastante influenciado por Manheim. Ello se expresa en su interés explícito por la producción de conocimiento en IR. De ahí que no deba pensarse que la reflexividad es algo enteramente ajeno a la disciplina per se.


Analiticismo

La tercera de las ontologías filosóficas que Jackson desarrolla en su libro es denominada”analiticismo” (no recuerdo haber leído antes dicha expresión. Parece ser un neologismo propuesto por Jackson). Básicamente, comparte con el neopositivismo el compromiso con el fenomenalismo. Sin embargo, rechaza el dualismo mente-mundo y en su lugar adopta una posición monista. Esta ontología filosófica contiene una de las tesis más polémicas del libro de Jackson, ya que argumenta que es el analiticismo la ontología filosófica que subyace a la teoría de Kenneth Waltz (algo que no está exento de discusión, debido a la enorme influencia de Waltz en el campo de IR). Jackson considera que en este punto ontológico, Waltz ha sido malentendido las más de las veces (por ejemplo, cuando se piensa que su teoría es neopositivista).

El punto de partida clave, de acuerdo a Jackson, es que las teorías para Waltz no son algo que deben compararse con la realidad. Waltz concibe las teorías de manera instrumental (contra el realismo crítico): los términos teóricos son construcciones que deben evaluarse en función a qué tan útiles son. Teorizar no es representar una realidad, sino que más bien implica una simplificación o idealización útil que permita ordenar la realidad empírica de una forma mucho más manejable (es por esto último que, para Jackson, Waltz está comprometido con una posición fenomenalista). Pero al mismo tiempo, no existe aquí una rígida distinción entre lo teórico y lo empírico. Jackson defiende que para Waltz lo que existe es un contínuo entre ambos. Y por eso es que señala que en Waltz existe una suerte de monismo mente-mundo, donde no es posible distinguir claramente entre la mente y el mundo. Este monismo analítico estaría en la misma línea del teorizar de Max Weber, donde lo que uno construye son tipos ideales.

El analiticismo no puede apelar a la búsqueda de mecanismos o poderes causales independientes (como sí lo hace el realismo crítico), porque dicha independencia está puesta en cuestión vía el rechazo del transfactualismo y del dualismo mente-mundo. Al mismo tiempo, tampoco es posible la búsqueda de covariación entre correlaciones, debido a que (como se acaba de mencionar) se ha rechazado el dualismo, aunque se mantenga el fenomenalismo. El analiticista lo que hace es analizar casos singulares intentando mapear configuraciones particulares de tipos ideales, con el fin de explicar resultados históricamente específicos en casos particulares. El objetivo es ordenar exitosamente hechos y no buscar una correspondencia con el mundo. Las afirmaciones basadas en tipos ideales nos indican qué esperar bajo circunstancias ideales. Los hechos empíricos no operan nunca de una manera tan pura, pero lo ideal permite dar sentido a qué pasó y por qué (para esto también es importante usar contrafácticos).

Si bien es intuitivo pensar que el monismo mente-mundo implica idealismo, Jackson considera que el idealismo solamente puede surgir como respuesta al dualismo, privilegiando la mente por sobre el mundo (para Jackson es como si el idealismo fuese el anverso del dualismo cartesiano). Lo que el analiticismo supone es el rechazo de tal separación. Jackson sostiene que Nietzsche sería un caso de esto, ya que el conocimiento desde la perspectiva de Nietzsche no sería un discurso sobre cómo es el mundo en sí, sino que más bien sería una manera práctica y útil de organizar experiencias. Dichas lecciones articulan narrativas que se transmiten socialmente (honestamente aquí tengo reparos con la interpretación que Jackson hace de Nietzsche). La idea que busca abstraer de ahí es que el conocimiento emerge de la experiencia y la experiencia siempre viene ya estructurada por categorías, valores, y propósitos nuestros. Entonces la disolución del dualismo y la adopción del monismo es en realidad pensada por Jackson como una apuesta filosófica fundada en prácticas sociales regidas por reglas intersubjetivas, lo que les da estándares más o menos impersonales o contextuales/ circunstanciales, lo que permite superar la objeción de que ello sería puramente subjetivista (o sea, más que Nietzsche, en realidad aquí lo que prima es algo cercano al pragmatismo de Dewey). Desde esta concepción pragmatista, conocer algo implica poder hacer algo, juzgar que conocemos algo es juzgar que podemos hacer algo, y juzgar que una aseveración es verdadera es juzgar que dicha aseveración nos es de ayuda para realizar un fin que nos proponemos. La investigación científica lo que hace es construir mejores herramientas para realizar dicha actividad. Considero que siguiendo las posiciones filosóficas que modela Quentin Meillassoux, sería mucho más útil considerar el monismo mente-mundo de Jackson como correlacionismo fuerte (no es posible pensar un afuera de la correlación) y no como idealismo o correlacionismo débil (Kant), debido a que el ejemplo más sólido para ilustrar dicha ontología es el pragmatismo (los principales ejemplos filosóficos son una lectura pragmatista de Nietzsche, el pragmatismo de Dewey, Heidegger y Wittgenstein, los cuales también pueden ser más o menos leídos de manera pragmatista)

Este fundamento pragmatista parte de señalar que el involucramiento práctico y concreto precede y da lugar a la reflexión de los sujetos y a la posibilidad de un registro distinga entre sujetos y objetos. Es un argumento similar al que Heidegger presenta en Ser y Tiempo cuando pretende fundar el dualismo sujeto/objeto en el estar-en-el-mundo del Dasein. También guarda relación con la importancia que da Wittgenstein a seguir reglas y a poder jugar un juego determinado. El conocimiento científico para esta ontología filosófica es, pues, eminentemente práctico, pues busca organizar intersubjetivamente (y de manera sistemática) nuestras experiencias, con el fin de generar resultados útiles.

Articular el monismo mente-mundo con el fenomenalismo implica restringir la investigación a la experiencia posible. Esto va más allá de un empirismo simple, pues admite poder aumentar lo que poder experimentar con instrumentos más sofisticados. Jackson crea el neologismo “analiticismo” para nombrar esta ontología filosófica porque, si bien reconoce que ello puede ser llamado “constructivismo social” o “constructivismo empirista”, en IR el constructivismo es un término de uso diario que alude a una ontología científica y no filosófica. La ventaja del neologismo es que nos remite a analizar en el sentido de descomponer y en el sentido de simplificar. El resultado son tipos ideales para generar narrativas analíticas que expliquen resultados particulares con la ayuda de contrafácticos. Lo que hace el analiticista es, pues, construcciones analíticas que funcionan como instrumentos para lo perceptible. Los tipos ideales en sí mismos no pueden ser verificados o falseados. Y Jackson considera que la teoría de las relaciones internacionales de Waltz hace opera bajo esta ontología filosófica (la teoría de la elección racional también para Jackson es parte de la ontología analiticista, ya que genera modelos idealizados).

A pesar de ello, los tipos ideales pueden ser refinados y revisados en función a su utilidad explicativa. Son provisionales y están sujetos a los objetivos que la investigación persigue. La idealización simplifica debido a criterios prrgmáticos. Por eso rechazar tipos ideales es algo que se hace no porque sean falsos, sino que más bien ello ocurre si es que se manifiestan como inútiles. Los tipos ideales son una especie de “línea de base” para comprender resultados concretos, vía medición o comparación. El síntesis, de lo que se trata es de ordenar la realidad de acuerdo a ciertos intereses teóricos (esta máxima es tomada de David Easton, en tanto representante de la ontología filosófica analiticista). La validez de los tipos ideales depende de la aplicación que se haga de ellos. Falsear los tipos ideales no tiene sentido y de hecho sería muy fácil por el hecho de que son idealizaciones que desde el principio no se enucentran en el campo empírico (como cuando se crítica la teoría de la elección racional por no describir a los seres humanos como realmente son).

La explicación causal depende de concebir si el resultado observado hubiese ocurrido si las cosas hubiesen sido diferentes. Por ejemplo, en el caso de Waltz, su modelo esperaría que si los Estados no tienen a generar un balance de poder en el sistema anárquico, ello se tendría que deber a factores adicionales no contemplados en el modelo. Si en una situación contrafáctica dicho factor no hubiese alterado el resultado, entonces ese factor no debe ser considerado como parte de la explicación causal. Este análisis por eso requiere de centrarse en análisis causales singulares, apelando a situaciones contrafácticas plausibles para ver si es imposible imaginar el resultado como habiendo ocurrido sin los factores que se aducen como explicación causal de dicho resultado.  Como los tipos ideales son generales, para Jackson se desprende que no tiene mucho sentido utilizarlos con data empírica muy amplia o general. Su verdadera utilidad radica en analizar casos singulares. A diferencia del neopositivismo, el analiticismo no tiene un interés fundamental por la comparación de casos. Al rechazar el dualismo, no busca covaración entre correlaciones, con el fin de generar cuasi leyes generales. Si el analiticista usa varios casos, es con el fin de captar la particularidad de cada caso y no su generalidad (es la idea de Charles Tilly de “comparaciones individualizantes”). Finalmente, es la simplificación de los tipos ideales la que permite la investigación cuando el caso concreto resiste una aplicación puramente mecánica. Y es la aplicación y la narrativa la que es susceptible de crítica por parte de la comunidad científica. Si el tipo ideal no resulta útil para explicar, puede ser descartado para ese caso. Sin embargo, ello no hace el tipo ideal haya sido “falseado”. Esto se debe no solamente a que los tipos ideales no pretenden no ser falseados. Lo fundamental es que solamente este sentido para la investigación empírica, asumiendo una ontología filosófica específica.


Realismo crítico

La segunda ontología filosófica de la tipología de Jackson para IR es el realismo crítico. Los dos compromisos fundamentales de dicha posición, recordemos, son el dualismo mente-mundo y el transfactualismo (este compromiso es el que distingue al realismo crítico del neopositivismo). En las relaciones internacionales, el realismo crítico ha tenido una influencia significativa a partir de las contribuciones de Alexander Wendt. Debe también señalarse de antemano que el realismo crítico es influyente en IR, pero que su posición es marginal en los debates actuales en la filosofía de la ciencia (para una discusión en línea extensa sobre esto pueden revisarse los comentarios a este post de Kieran Healy). Lo que Jackson quiere enfatizar es que es el presupuesto del dualismo mente-mundo el que permite concebir la separación entre ontología y epistemológica en términos de lo que hay en el mundo y cómo lo conocemos. Esta distinción implica que la ontología sea entendida en términos de “ontología científica”, ya que se concibe que lo que hay es una cuestión que responde la ciencia. Y la epistemología es lo que nos permite justificar cómo es que estamos conociendo lo que hay, y qué significa conocerlo (esta concepción puede verse expresada los análisis de Colin Wight, lo cual no debería sorprender porque él es un realista crítico). Jackson quiere argumentar que esta distinción básica es un presupuesto filosófico y que solamente así es posible separar la ontología de la epistemología de esa manera.

El compromiso con lo que Jackson llama transfactualismo implica que el conocimiento válido puede ir más allá de las experiencias y acceder a mecanismos causales y generativos más profundos. Con el transfactualismo es posible ir más allá de correlaciones o conjunciones constantes (buscando covariación) y poder hablar de poderes causales. Por ejemplo, para el caso de la teoría de la paz democrática, el realismo crítico no buscaría meras correlaciones entre democracias que no se hacen la guerra. Probar esa hipótesis implicaría ver qué disposiciones (o propiedades causales) tienen las democracias que posibilitan causalmente que no se suelan dar guerras entre ellas. El transfactualismo implica que la realidad está estratificada y que el conocimiento va más allá del dominio actual y empírico para ir hacia el real (esta tripartición es de Bhaskar). La estrategia de investigación que se infiere de esta ontología es lo que se conoce como razonamiento abductivo: partir de fenómenos observados hacia los principios y factores que dan lugar a dichos fenómenos observados.

El problema que aborda el realismo crítico es el de los inobservables. La investigación científica muchas veces trata con entidades que no pueden ser percibidas directamente. La cuestión es cuál es el estatuto de dichos términos: ¿son ficciones teóricas útiles instrumentalmente? ¿O realmente refieren a algo que va más allá de nuestra experiencia (son reales, aunque no observables)? En las ciencias naturales esto tiene que ver con el estatuto de entidades como “quarks”. Pero en las ciencias sociales, uno también puede plantear la cuestión de los inobservables para entidades como “estructura social”. Si dichas entidades tienen un poder explicativo, de lo que se trata es de saber si existen realmente. En las ciencias sociales, la posición instrumentalista se encuentra representada por Milton Friedman. El realismo sostiene que si las entidades tienen un poder explicativo, no tiene mucho sentido asumir que no existen solamente porque no pueden ser directamente observadas.  Esa es la inferencia abductiva (algo bastante trabajado por Charles Sanders Peirce): ir más allá de lo observado para poder explicar lo que observamos. Genera conjeturas en lugar de conclusiones (siendo esto último lo que generan la inducción y la deducción). Es un proceso mucho más “creativo” que “automático”. Lo que se hace es explicar vía la conjetura de algún proceso, entidad o propiedad que da cuenta de lo que observamos. Y los realistas críticos toman esta conjetura como algo que realmente existe y no como una ficción teórica útil y meramente instrumental. Si dichos términos teóricos contribuyen a generar explicaciones científicas importantes, los realistas críticos consideran razonable considerar a dichos términos como refiriendo a algo real.  Aunque sean inobservables, es posible llegar a detectarlos con instrumentos especializados (y dicho proceso en las ciencias naturales no está exento de debate y polémica). Sin embargo, el hecho de que exista progreso científico y que las entidades puedan variar, así como las teorías, genera escepticismo para con la convicción del realista crítico sobre el estatuto ontológico de los inobservables.

El realista crítico investigaría la estructura social como un inobservable susceptible de detección. Pero acá la diferencia es que los realistas críticos contemplan que las estructuras sociales no solamente están definidas por los efectos que puntualmente generan. También para ellos es importante abordar el rango de posibilidades que pueden generar (digamos, sus capacidades). El problema es que las posibilidades no llevadas a cabo, posibilidades que no generan efectos, implicarían un elemento no detectable en el inobservable (recordemos que solamente se detectan las entidades no observables con sus efectos vía instrumentos especializados). No he leído suficiente sobre realismo crítico para tener una opinión más fundada sobre este punto, pero por lo menos la interpretación de Wight sí hace pensar en un tipo de discurso sobre lo social donde existe un conocimiento sobre los poderes causales de estructuras sociales como rango de posibilidades (lo que llama “investigación estructural”). Y ello suena un poco al ideal del discurso trascendental de describir las condiciones de posibilidad (Jackson también destaca la importancia de argumentos trascendentales en el realismo crítico). En todo caso, esto es posible para Jackson porque el realismo crítico está comprometido con el transfactualismo.

En esa línea, otra contribución importante del realismo científico, es que investigar las propiedades o disposiciones de un objeto es parte importante de dar cuenta de su comportamiento. Esto es lo que Wendt llama “preguntas constitutivas” y para el realismo crítico es un tipo de tarea científica. Las relaciones constitutivas estructuran entidades y contribuyen a que estas sean lo que son. De ahí que también puedan ser tenidas como investigaciones causales, ampliando así (contra el neopositivismo) el sentido de lo que puede ser causal. Por eso es que los mecanismos causales aquí son entendidos de manera diferente al nepositivismo. Incluso en casos como los de George y Bennett, cuando ellos hablan de mecanismos causales lo hacen como variables intervinientes. Su importancia se da dentro de una covariación sistemática con pretensiones de ley. Para el realismo crítico la correlación es irrelevante, a menos que estemos en un laboratorio con controles. Como ese no es el caso en el mundo actual, pues es un sistema abierto, los poderes causales podrían no hacerse empíricamente manifiestos en todos los casos (lo que tenemos son “complejos causales”).

Si el realismo crítico compara casos, lo hace no para aislar (como en el neopositivismo), sino para individualizar los casos y realizar narrativas. De ahí que predecir no sea un criterio epistémico para la ciencia. El mundo es concebido como un sistema abierto y por eso para ellos es insuficiente quedarse en el dominio de lo empírico, donde se encuentra circunscrito el neopositivismo. Lo que sucede en el ámbito de lo actual es un resultado complejo donde interactúan muchos elementos y donde, para el caso del mundo social, no tenemos manera de aislar lo que queremos investigar para determinar poderes causales (el experimento como la construcción de un sistema cerrado). Eso no quiere decir que la ciencia no pueda ser posible en el mundo social, pero sí que la predicción no va a ser posible. En el mejor de los casos, lo que la ciencia puede hacer es explicar por qué sucedió lo que sucedió, fuera de explicitar lo que pudo pasar, pero no lo que va a pasar. Este interés por lo posible va de la mano con su interés emancipador. No hay necesidad en que todo tenga que necesariamente ser como es. Conocer en el mundo social que las cosas pueden ser de otra forma y que los agentes puedan no comprender por qué las cosas son como son son contribuciones de la ciencia. Llevar a cabo la transformación de una situación susceptible de ser cambiada es una tarea política.


Filosofía de la ciencia y relaciones internacionales: apuestas filosóficas

El libro de Patrick Thaddeus Jackson, The Conduct of In quiry in International Relations: Philosophy of science and its implications for the study of world politics (London: Routkedge, 2010), es bastante útil para introducirlo a uno en el campo de las relaciones internacionales a través de los diferentes compromisos ontológicos fundamentales que las diversas tradiciones, escuelas o aproximaciones mantienen. No es un libro que discute teorías substantivas o de primer orden. Pero ahí radica su ventaja o lo que trae a la discusión. Tomando en cuenta cierta literatura proveniente de la filosofía de la ciencia, Jakcson busca construir una tipología que nos permita tener un mapa para orientarnos en el campo. Esto permite para él redefinir oposiciones tradicionales y comprender qué implicancias tienen esos compromisos fundamentales para con los tipos de investigación que incentivan y posibilitan.

En la introducción, Jackson hace una revisión básica y rápida sobre el problema de la demarcación científica en algunas de las principales vertientes de la filosofía de la ciencia del siglo veinte, empezando por el positivismo lógico (aquí hago un resumen bastante apretado para pasar a su propia contribución tipológica). El criterio principal del positvismo lógico para distinguir una aseveración científica era si ésta esa susceptible de ser verificada empíricamente. El problema es que las aseveraciones que afirman comportamientos nomológicos no son verificables en ese sentido. Para resolver este problema, Karl Popper reformuló el problema en términos no de buscar probar la verdad de una aseveración, sino de poder probar la falsedad de conjeturas hipotéticas. De la verificación se pasó a la falsación.El problema del falsacionismo es que no suele explicar muy bien el funcionamiento de las ciencias, a través de la práctica cotidiana de los científicos. Thomas Kuhn expresó esto señalando que los físicos no se dedican a falsear las teorías físicas. Normalmente asumen como dadas ciertas creencias cuando conducen experimentos diariamiente. Y si encuentran anomalías, tratan muchas veces de reinterpretar los resultados de manera mucho más creativa (por ejemplo, considerando la intervención de factores exógenos). Esto se debe a que para Kuhn la comunidad de científicos opera bajo un paradigma y dicho paradigma mantiene relaciones de inconmensurabilidad frente a otros paradigmas científicos pasados. Lo que Kuhn cuestiona es la unidad de la expresa científica que Popper y los positvistas lógicos asumían. En esta discusión Imre Lakatos propone no fijarse en aseveraciones científicas aisladas y reemplazar ese enfoque por una mirada que tome en cuenta programas de investigación. Sigue a Kuhn en la idea de que no es posible comparar directamente aseveraciones rivales, pero rechazando de éste el que dicha comparación no sea posible debido a inconmensurabilidad. La comparación sí es posible, pero requiere de un vocabulario conceptual de segundo orden, con el fin de evaluar que programas de investigación son más progresivos y cuáles son más regresivos.

Jackson reconoce con esto que lo que distingue a la ciencia de la no ciencia es altamente problemático (en esto sigue bastante a Larry Laudan), y es esperable que ello sea mucho más complicado en un campo mucho más controversial como el de las relaciones internacionales. Por eso prefiere partir de una definición de ciencia que pueda ser mucho más amplia que lo que dicha literatura canónica establece a la hora de discutir el problema de la demarcación científica. La razón es que si se cuenta con un punto de partida más general, es posible generar un acuerdo tentativo básico entre las diferentes posiciones en el campo de las relaciones internacionales. De esa forma se elimina la apelación de las partes a desautorizar a las otras argumentando que lo que hacen no es científico (esto ya perfila que su posición sobre la ciencia va a ser pluralista). Este factor común no puede tener que ver con reglas o procedimientos universales, ya que en la literatura no existe un acuerdo al respecto. De ahí que Jackson se enfoque no en los métodos (medios) de la ciencia, sino en las metas (fines), estableciendo que ellas son: la  explicación de hechos empíricos dotada de validez interna que puede ser discutida públicamente, incluso si uno no comparte los compromisos axiológicos del investigador. Esto diferencia a la ciencia política de la actividad política, así como de la evaluación normativa. Ahora, me parece que es necesario decir que, a pesar del intento de Jackson, esta concepción general de la ciencia es de una eminente raíz weberiana, lo que no la hace realmente de facto tan general o susceptible de aceptación universal.

A lo que la filosofía de la ciencia puede contribuir en esta discusión es a clarificar las implicancias de asumir ciertos compromisos sobre la producción de conocimiento científico. Básicamente, lo que Jackson quiere ver es qué principios tácitos existen en la diversa literatura de IR, con el fin de poder mapearla y comprenderla mejor. Su utilidad aquí es metodológica. Jackson distingue aquí entre metodología y métodos. Métodos son las técnicas de investigación empírica, mientras que metodología tiene que ver con la estructura lógica y el procedimiento de la investigación científica (esta distinción la toma de Sartori). Pero la filosofía de la ciencia también permite para Jackson establecer lo que Wight y Patomäki llaman “ontologías filosóficas”: discursos sobre nuestra conexión o enganche (“hook-up“) con el mundo (estas ontologías se distinguen de las “ontologías científicas”, las cuales tienen que ver con el establecimiento de las entidades que existen para cada empresa científica determinada). Jackson mantiene que la ontología filosófica tiene una primacía lógica y conceptual frente a la ontología científica. Y es que, dichas ontologías filosóficas son las que para Jackson permiten establecer una tipología fructífera en IR sobre diferentes aproximaciones a la práctica científica y a lo que se entiende por dicha práctica. Estas ontologías están basadas en compromisos fundamentales básicos y es esto a lo que Jackson llama apuestas filosóficas. Jackson las llama así porque la discusión sobre cuáles compromisos son verdaderos no pueden ser zanjada de manera definitiva (sin embargo, concuerdo con la crítica que Wight hace a Jackson sobre esta expresión, ya que apuesta suena aquí casi a un artículo de fe sobre el cual ya no es posible exigir algún fundamento anterior. No es razonable suponer que uno apueste algo ontológicamente tan importante sin tener algún tipo de razón para justificar dicho compromiso).

Las apuestas especifican tres cosas: el investigador, el mundo a ser investigado y el tipo de relación que hay entre ambos. La primera puesta filosófica es asumir (a) un dualismo mente-mundo o (b) un monismo mente-mundo. El punto aquí es si el mundo es endógeno o exógeno a las prácticas sociales de producción de conocimiento y si tiene o no sentido de hablar de un mundo independiente a nosotros. Es la clásica disputa entre el realismo y el idealismo, aunque con Meillassoux podríamos distinguir en (b) entre subjetalismo, comprendiendo idealismo y vitalismo, correlacionismo débil y correlacionismo fuerte. La segunda apuesta tiene que ver con asumir (c) fenomenalismo (la tesis de que el conocimiento solamente tiene que ver con cosas observadas empíricamente) o (d) transfactualismo (la tesis de que el conocimiento también tiene que ver con inobservables, en tanto procesos o factores que generan hechos empíricos). Me parece que aquí de lo que se trata es de la clásica disputa sobre el tipo de estratificación que tiene la realidad, y si es posible trascender las apariencias o lo que se nos da.

La combinación de las alternativas a esas dos apuestas filosóficas genera una tipología de cuatro ontologías filosóficas en el campo de las relaciones internacionales. Estas son denominadas por Jackson como (1) neopositivismo (a, c): probar hipótesis, contrastando afirmaciones con la evidencia empírica (Jackson afirmará que, para bien o para mal, el neopositivismo es la ontología filosófica hegemónica en el campo académico de las relaciones internacionales); (2) realismo crítico (a, d): tiende a la inferencia abductiva para acceder al conocimiento de inobservables (el autor más influyente aquí es el fundador del realismo crítico, Roy Bhaskar); (3) analiticismo (b, c): busca generar instrumentos que ordenen la experiencia, pero sin pretender conocer leyes (el autor clásico aquí es Max Weber, aunque de manera polémica Jackson sostendrá que Kenneth Waltz se encuentra operando bajo esta ontología filosófica); y (4) reflexividad (b,d): busca fundar el conocimiento el contexto o ubicación social del investigador (los principales ejemplos de esto son los estudios sociales de la ciencia y ciertos feminismos y estudios post-coloniales).

Estas definiciones que se acaban de dar no pretenden ser exhaustivas. El propósito es dar una idea general de por dónde van y qué referentes uno podría quizá encontrar cercanos a ellas. Más adelante se podrá revisar con mayor detalle lo que Jackson desarrolla sobre cada ontología filosófica y lo que concluye de dicha tipología para la investigación científica en relaciones internacionales. Asimismo, esta tipología no es una tipología de debates en filosofía de la ciencia. Son tipos ideales weberianos: una sobresimplificación de la complejidad para resaltar aspectos que no suelen ser tan claros en la investigación concreta. Pero lo importante es que permitirán ver si es que teorías substantivas diferentes (y hasta opuestas) pueden mantener una ontología filosófica similar.


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