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El nombre propio del ser

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El problema agente-estructura en la teoría de las relaciones internacionales y el debate con Hollis y Smith

En la entrada anterior me pareció interesante considerar la especulación teórica de Wendt como una versión más sofisticada (y actual) de la visión de Kojève sobre el llamado “Estado universal homogéneo”, en tanto que se encuentra articulada con aproximaciones más contemporáneas en las ciencias sociales. Sin embargo, antes de discutir ese texto me pareció oportuno dedicar una serie de entradas a analizar y discutir sus principales textos teóricos previos (lo cual va a constituir una larga digresión). Ello creo que permitiría tener una mayor comprensión del trasfondo teórico de Wendt, así como de los debates teóricos y metateóricos en los que ha sido uno de los interlocutores principales y decisivos. De esta forma se podrá apreciar mejor la tesis sobre el Estado mundial (y su supuesta “inevitabilidad”), así como también una parte importante de la reciente historia de discusión teórica sobre el constructivismo y sobre la cuestión metateórica en torno al realismo científico dentro del campo de las relaciones internacionales.

Creo que esta larga digresión sería provechosa para dichos temas, en tanto que Wendt ha sido considerado uno de los teóricos de las relaciones internacionales más importantes de las últimas décadas. Revisando su producción académica del período 1987-1998 previa a su Teoría social de las relaciones internacionales del 1999 (la cual debe ser abordada por separado en otra serie de entradas) es posible agrupar los artículos “preparatorios” a dicho libro en función a tres diferentes ejes temáticos: (1) el problema agente-estructura y el debate con Hollis y Smith; (2) los primeros ensayos de una visión sistémico-constructivista de las relaciones internacionales y el debate con Mearsheimer; y (3) el realismo científico y la importancia que éste tiene para con las ciencias sociales y, más específicamente, para con las relaciones internacionales. Luego de las entradas dedicadas a estos tres ejes y (4) a su Teoría social, sería posible revisar los artículos posteriores (2000-2005)  donde es que se discute la teoría sobre  (5) el Estado mundial y sobre el estatuto ontológico de la personalidad del estado, con sus respectivos debates. Finalmente, y esto trasciende al interés propedéutico de estos análisis para la cuestión del Estado mundial, se estará en posición de entender (6) su giro cuántico (2006- ) y las implicancias que dicha posición tiene para con las ciencias sociales y las relaciones internacionales.

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El problema agente-estructura

En su influyente artículo de 1987, Wendt inicia su análisis considerando como problemáticas dos visiones que para él toman posiciones opuestas en el problema agente-estructura. En primer lugar, el realismo estructural de Waltz toma como punto de partida a los Estados como unidades, cuyas propiedades observables constituyen la distribución de capacidades de la estructura internacional. Esto para Wendt hace que la estructura en Waltz sirva para restringir el comportamiento de unidades previamente constituidas (lo que para Wendt haría de esto una posición “individualista”, o comprometida con una ontología individualista). A diferencia del realismo estructural, la teoría del sistema-mundo de Wallerstein pensaría la estructura del sistema internacional a partir de la economía capitalista global, la cual es la que constituye a las unidades mismas (lo que para Wendt haría de esto una posición “estructuralista” comprometida con una ontología holista Ambas ontologías para Wendt resultarán problemáticas, pues toman como elemento ontológico primitivo al sistema (Wallerstein) o a los Estados (Waltz), siendo el efecto principal de dichos reduccionismos el no poder dar cuenta de los poderes y propiedades causales de las unidades básicas (lo cual genera problemas para poder explicar la acción de los Estados). La respuesta de Wendt para abordar este problema estará basada en la teorías de tipo más estructuracionista (salvando las obvias distancias, aquí Wendt tiene en mente a autores como Giddens, Bourdieu y Bhaskar).

El problema agente-estructura tiene dos dimensiones, una ontológica y una epistemológica. El problema ontológico tiene que ver con qué son los agentes y las estructuras sociales (qué tipo de entidades son y cómo es que se relacionan). El realismo estructural y la teoría del sistema-mundo optan por reducir un elemento al otro (el agente a la estructura en el caso de Wallerstein, y la estructura al agente en el caso de Waltz). La otra opción es sostener que ambos términos son irreducibles ontológicamente pues están co-determinidos y están mutuamente constituidos (esta es la posición que Wendt va a defender). Para Wendt, entonces, son tres las posibles soluciones al problema ontológico del problema agente-estructura: individualismo, estructuralismo y estructuracionismo.

El problema epistemológico del problema-agente estructura tiene que ver con el tipo de explicación que es posible para dar cuenta de ambas entidades. Esto supone compromisos ontológicos acerca de qué propiedades causales son las más relevantes, y si son las explicaciones que den mayor peso a los agentes (o a las estructuras) las que cuenten con un mayor poder explicativo. Más específicamente en el caso de las explicaciones estructurales (que es en lo que se centra el artículo, dado que las dos teorías ya mencionadas son de tipo estructural), las teorías estructurales que reducen la estructura a los agentes (individualismo) considerarán que el carácter explicativo de las estructuras es el de constreñir o restringir el comportamiento de agentes previamente constituidos. Para Wendt este es el caso del realismo estructural, pues toma a los Estados como dados y son sus propiedades observables las que componen la estructura. Por su parte, las teorías estructurales que reducen a los agentes a las estructuras dotarán a estas últimas de un carácter explicativo de tipo constitutivo para con los agentes. Este es el caso de la teoría de Wallerstein en tanto que la estructura aquí constituye a los Estados mismos, siendo la estructura la unidad ontológica primitiva de la que los Estados son efectos constitutivos generados. En ambos casos, individualismo y estructuralismo, las unidades ontológicas primitivas se asumen como dadas y terminan siendo reificadas (en el primer caso son los Estados y en el segundo, el sistema-mundo en su conjunto).

La teoría de la estructuración como posible solución al problema agente-estructura opera como una ontología social que busca superar dichas visiones ontológicas unilaterales (las del individualismo y el estrructuralismo), sosteniendo que la relación entre ambas entidades (agentes y estructuras) es de co-determinación y de mutua constitución. Pero para Wendt es importante fundar dicha teoría social en un realismo científico, pues dicha filosofía de la ciencia permite concebir como legítimas a las estructuras generativas no observables, posibilitando así un mayor número de preguntas y líneas de investigación. Esto no quiere decir que el realismo científico implica necesariamente a la teoría de la estructuración, pero sí quiere decir para Wendt que la teoría de la estructuración requiere como condición de posibilidad de sí misma al realismo científico, so pena de no ser descartada como mera metafísica por parte de posiciones de tipo positivistas o empiristas, las cuales pensarían que las estructuras sociales son en realidad ficciones metafísicas.

La razón principal por la cual el realismo científico permite considerar a dichas estructuras como parte de una ontología científica se debe a que no considera a los términos no observables de las teorías como meras ficciones útiles. Esto se debe a que bajo dicha filosofía de la ciencia se considera como legítimo el inferir la existencia de dichas estructuras si producen efectos observables, y si es que su manipulación nos permite intervenir en el mundo. No asumir esto para Wendt implicaría considerar al éxito de la explicación de la ciencia como si se tratase de un mero milagro. La otra diferencia del realismo científico es que concibe a la explicación científica como aquella que provee de mecanismos causales, los cuales generan a los fenómenos en cuestión. Esto distingue al realismo del ideal positivista que busca encontrar regularidades (o leyes) vía la generalización de conjunciones constantes.

Para Wendt, la teoría de la estructuración supone cuatro compromisos ontológicos: (1) la realidad (no reducible) y la capacidad explicativa de estructuras sociales no observables, las cuales generan agentes; (2) un tipo de racionalidad práctica que dé cuenta de la intencionalidad de los agentes (3) el rechazo de una subordinación o reducción de un elemento al otro; y (4) que las estructuras sociales son indesligables de estructuras temporales y espaciales. En el caso de las relaciones internacionales, una concepción estructuracionista de la estructura del sistema internacionales consideraría que dicha estructura podría tener efectos constitutivos y generativos en los Estados. En esto el estructuralismo se parece al estructuralismo. Pero la diferencia entre ambos se debe a que el estructuracionismo no supone que la estructura social existe al margen de las prácticas y de la comprensión de los agentes. Tienen dependencia ontológica, pero no son reducibles a las prácticas de los agentes (las estructuras constituyen y restringen a los agentes, pero los agentes producen, reproducen y transforman a las estructuras). Esto en el caso de las relaciones internacionales implica pensar que la estructura del sistema internacional no existe al margen de las prácticas de los Estados. Pero, al mismo tiempo, los poderes causales y los intereses de los agentes son constituidos por las estructuras. Aquí Wendt considera que las estructuras pueden ser externas (estructuras sociales), o internas (estructuras organizacionales) a los agentes. En el caso de las relaciones internacionales esto se expresa como estructuras internacionales (estructura social) y las estructuras domésticas (estructura organizacional).

Desde esta perspectiva estructuracionista, para poder explicar el comportamiento de los Estados, la explicación debe ser para Wendt de tipo histórico-estructural. El elemento histórico tendrá que ver con el comportamiento actual (investigando los efectos de los intereses y poderes causales de los agentes), mientras que el aspecto estructural tendrá que ver con el comportamiento posible (es decir, con las estructuras sociales y organizacionales, en tanto que posibilitan los intereses y poderes vía efectos constitutivos y generativos). Sin embargo, en la realidad social ambas dimensiones se encuentran entrelazadas, pues es la dimensión histórica la que genera y reproduce a las estructuras (sociales y organizativas). El ideal explicativo de un análisis histórico-estructural, entonces, busca dar cuenta de la constitución de los agentes (en este caso de los Estados), de sus intereses y poderes causales; al mismo tiempo que busca explicar la secuencia de acciones que ha generado eventos específicos, así como la reproducción de las estructuras mismas (vía consecuencias esperadas, pero también inesperadas de las acciones realizadas por los agentes).

El debate con Hollis y Smith

Teniendo en cuenta estos desarrollos es que podemos pasar a abordar el debate de Wendt con Martin Hollis y Steve Smith en torno a cuestiones metateóricas en el campo de las relaciones internacionales. En su artículo, Wendt sostiene que la teorización de primer orden es la que busca contribuir a que podamos entender lo que sucede en las relaciones internacionales. De ahí que se producción sea la de teorías substantivas (por ejemplo, teorías realistas o liberales). En cambio, la teorización de segundo orden (o meta-teoría) contribuye indirectamente a nuestra comprensión de los fenómenos internacionales vía la discusión de cuestiones ontológicas y epistemológicas. Esta influencia indirecta puede verse claramente en las implicancias que tenga dicha discusión para considerar como legítimas ciertas preguntas y respuestas, así como para abrir nuevas posibilidades de teorización substantiva (un ejemplo de esto sería el camino teórico que trata de abrir Wendt con el realismo científico, en tanto que dota de legitimidad a la investigación de tipo estructural). Lo importante de esta discusión de segundo orden es que hace explícitos los compromisos que todo tipo de investigación tiene, pero el valor de dicha conversación debe ser medido por el aumento de nuestra comprensión de problemas de primer orden (esto quiere decir que no se trata de especular por especular).

De acuerdo a Wendt, lo que hacen Hollis y Smith en su libro Explaining and Understanding International Relations es formular dos tipos de retos que toda teoría substantiva de las relaciones internacionales debe de enfrentar. El primero tiene que ver con el problema de los niveles de análisis, esto es, si la explicación debe ir “de arriba a abajo” (del sistema a la unidad: holismo) o “de abajo hacia arriba” (de la unidad al sistema: individualismo). El segundo reto tiene que ver con la tensión entre explicar y comprender. La primera aproximación toma una perspectiva externa, causal y naturalista; mientras que la segunda toma una perspectiva interna e interpretativa. Al combinar estos retos es posible tener cuatro posibles combinaciones: holismo explicativo, holismo interpretativo, individualismo explicativo e individualismo interpretativo. Sin embargo, lo crucial para ambos es que la explicación y la comprensión son modos complementarios de conocimiento, con lo que siempre es posible contar dos historias sobre el fenómeno en cuestión. Y la pertinencia de cada tipo de aproximación dependerá en última instancia del problema de investigación específico. Wendt presenta, a mi modo de ver, fundamentalmente tres críticas.

La primera es que Hollis y Smith confunden dos tipos de problemas: el problema agente-estructura y el problema de los niveles de análisis. Debe recordarse que el problema de los niveles de análisis formulado por Singer (quien toma su inspiración de las tres “imágenes” de Waltz) tiene que ver con la pregunta por el nivel de agregación que permite explicar el comportamiento de los Estados (en su versión más ampliada, los niveles serían los siguientes: el sistema internacional, la política doméstica, la política burocrática, y finalmente la psicología individual). En estos análisis la variable dependiente es siempre el comportamiento estatal (la política exterior) y la discusión gira en torno a saber cuál es la principal variable independiente. Se trata pues, de un problema de tipo explicativo (qué nivel de análisis posee el principal peso causal en la explicación de la política exterior). Según Wendt, en el uso de dichos niveles por parte de Hollis y Smith, lo que debe ser explicado no siempre es el comportamiento estatal y la manera cómo se frasea el problema de los niveles de análisis parece más bien referir al problema agente-estructura en tanto problema ontológico, esto es, en tanto que a veces se pregunta si es que es las propiedades o comportamiento de una unidad pueden ser reducidos a los de otra unidad que se encuentra en otro nivel de análisis, y si es que estás unidades son agentes o estructuras. Esto para Wendt es el problema ontológico entre el holismo y el individualismo que fue presentado en la sección anterior. Sé que esto suena confuso, así que voy a tratar de volver a frasearlo para que se entienda la distinción que busca hacer Wendt entre ambos problemas: es posible tener una explicación sistémica (problema de los niveles de análisis) articulada con una ontología individualista o holista (problema agente-estructura). El ejemplo de esta distinción puede verse en los casos teóricos que Wendt discute en su artículo anterior, donde sería posible decir que tanto el realismo estructural, como la teoría del sistema-mundo buscan tener explicaciones sistémicas, aunque sus ontologías sean diferentes (la primera individualista y la segunda, holista).

La segunda crítica que hace Wendt tiene que ver con que para Hollis y Smith el realismo estructural de Waltz es un caso de holismo. Sin embargo, Wendt considera que eso es falso, dado que la estructura opera sobre unidades previamente dadas y no las genera. Esto quiere decir que lo que hace la estructura del sistema internacional en Waltz es regular el comportamiento de las unidades, pero no las constituye Lo que estaría a la base sería, como ya se ha venido diciendo, una ontología individualista donde la no diferenciación funcional y la distribución de capacidades de la estructura dependen de los atributos observables de los Estados, los cuales operarían como dados en la teoría de Waltz.

Finalmente, la tercera crítica tiene que ver con que para Wendt explicar y comprender es una distinción basada en una concepción positivista de la ciencia (esto, debe mencionarse, es históricamente cierto cuando se presta atención a los desarrollos de dicha distinción en la filosofía continental de inicios del siglo XX, digamos de Dilthey a Gadamer). Una posición realista para Wendt puede considerar que ambas aproximaciones son necesarias para una ciencia social naturalista. Más que contrapuestas, dichas aproximaciones divergen en el tipo de pregunta que abordan. Aunque Wendt no hace explícito esto, me parece que a lo que alude es que para él la ontología del realismo científico (a la Bhaskar) permitiría rechazar la idea de que explicar y comprender son aproximaciones epistemológicas incompatibles (o, en todo caso, inconmensurables) . Para Wendt, dicha distinción sería realmente metodológica, fuera de decir que no es cierto que siempre “hay dos historias que contar”. A veces una pregunta de investigación demandará como más pertinente un tipo específico de aproximación. Lo otro sería absolutizar la distinción y cerrar a priori ciertas preguntas porque no pueden ser investigadas con un tipo de metodología específica. Para Wendt, si la discusión metateórica sirve de algo, es para evaluar la legitimidad de ciertas preguntas, con el fin de poder generar nuevas teorías substantivas.

Hollis y Smith responden a Wendt y lo primero que sostienen es que Wendt, tanto en su artículo sobre el problema agente-estructura, como en el artículo donde reseña su libro usa el gesto retórico de apelar a “gurus”. Básicamente, de lo que acusan a Wendt es de apelar a la teoría de la estructuración y al realismo científico como paradigmas teóricos que ya habrían superado los problemas de la teoría social. Esto para ellos es algo evidentemente algo falso, pues dichas aproximaciones no han sido inobjetables en sus disciplinas de origen (la sociología y la filosofía de la ciencia). De hecho, lo que sucede es todo lo contrario: ni la teoría de la estructuraciónm, ni el realismo científico (especialmente el de Bhaskar) gozan de una posición hegemónica en sus respectivos campos disciplinarios.

En el caso de la interpretación sobre la Teoría de Waltz, Hollis y Smith piensan que el texto da lugar a ambas lecturas. La primera es la de Wendt: la ontología de Waltz es individualista pues toma como dadas a las unidades y la estructura emerge de sus interacciones (en analogía con la microeconomía, la cual también está basada en una ontología individualista). Sin embargo, la segunda lectura que ellos defienden es que la teoría sistémica requiere tomar a la estructura como algo distinto a las unidades. Si bien es cierto que las unidades al interactuar producen la estructura (como algo no intencional), lo importante para Waltz es que una vez generada, dicha estructura opera como una fuerza que empieza a regular (causalmente) la interacción de las unidades. Esto puede ilustrarse con los conocidos mecanismos de selección y socialización de la estructura de Waltz, los cuales contribuyen a que que las unidades del sistema se asemejen. Para Hollis y Smith, si es que la estructura no tuviese poder causal, entonces el realismo estructural no tendría poder explicativo para entender las dinámicas sistémicas de la política internacional a partir de la anarquía y la polaridad.

Lo que Wendt responde es que la lectura de Hollis y Smith sobre Waltz debe rechazarse, pues asume implícitamente la idea de que solamente existe un tipo de teoría sistémica, entendida como una estructura que restringe comportamientos, o que regula la interacción de las unidades. Adicionalmente para Wendt debe poder concebirse como posible que una teoría sistémica pueda dar cuenta de la constitución de identidades e intereses. El problema con Waltz según Wendt es que que se asume que las unidades del sistema (los Estados) ya poseen como un atributo intrínseco dado el hecho de que son agentes egoístas. Esto quiere decir que los intereses y las identidades estarían dadas. Esto para Wendt es consistente con la analogía microeconómica que Hollis y Smith recordaban de la teoría de Waltz, pues aquí también las preferencias de los agentes son tenidas como exógenas a la interacción.

Esta distinción teórica es importante porque al añadir la dimensión constitutiva de identidades e intereses a la estructura internacional, es posible concebir sistemas anárquicos donde la “lógica de la anarquía” no implique necesariamente un sistema de auto-ayuda donde cada unidad vele exclusivamente por sus intereses (siendo esto último uno de los presupuestos básicos del realismo estructural, de acuerdo a Wendt). Lo que está en juego con esta diferencia es el poder admitir que el sistema internacional no tendría porque estar condenado a operar bajo las dinámicas del realismo político. Esto no quiere decir que dicha transformación sistémicao vaya a suceder, o que sea fácil, o que si da que pueda llegar a ser permanente. Sin embargo, lo que sí quiere decir es que el realismo estructural no puede concebir dicha posibilidad debido a sus supuestos teóricos (a lo mucho podrá insinuar que las unidades que lo intenten, terminarán siendo “castigadas” por la estructura). Esto se expresa claramente con la famosa frase de Waltz según la cual la textura de las relaciones internacionales se ha mantenido constante a lo largo de la historia. Esto es pues a lo que se refiere Wendt cuando acusa a Hollis y a Smith de colapsar el problema agente-estructura con el problema de los niveles de análisis: es posible tener una explicación sistémica con una ontología individualista donde las propiedades de los agentes son exógenas (Waltz), o con una ontología holista donde las propiedades de los agentes son endógenas (Wendt). Y el grado de influencia de dicha visión dependerá de saber hasta qué punto la política doméstica sea más o menos decisiva para constituir las identidades e intereses de los Estados. Si fuese el caso que dichas dinámicas fuesen más determinantes, es ahí que la ontología individualista en la teoría sistémica de las relaciones internacionales podría ser tenida como correcta. En síntesis, para Wendt la diferencia ontológica del problema agente-estructura tiene que ver con lo que constituye las propiedades las unidades del sistema, mientras que el problema de los niveles de análisis tiene que ver con los motores que permiten explicar el comportamiento de actores exógenamente dados.

Para ilustrar lo que Wendt tiene en mente es necesario remitirse aquí al que quizá sea su artículo más famoso. En él sostiene que tanto el neorealismo com el neoliberalismo están comprometidos con un tipo de racionalismo según el cual se asumen como exógenamente dados los intereses y las identidades de los agentes, lo cual hace que de lo que se trate sea de explicar su comportamiento. El punto de partida de ambos es asumir a los Estados como agentes egoístas, discrepando sobre si es más importante que prefieran ganancias relativas o absolutas entre ellos (siendo esta diferencia la que permite o no ser optimistas con el grado y estabilidad de cooperación  y/ o conflicto que las unidades puedan tener en un sistema anárquico). En contraposición al racionalismo es posible tomar una posición constructivista que busque dar cuenta de la formación de identidades e intereses en tanto que es se conciben a éstas como siendo endógenas a la interacción social. Esto permite a Wendt rechazar que exista una “lógica de la anarquía” realista, y que si las relaciones internacionales llegasen a operar bajo una lógica realista, ello se debe a que dicha lógica ha sido socialmente instituida. Entonces, tan importante como la distribución de capacidades es la “distribución de conocimiento”, en tanto que constituye identidades e intereses con expectativas diferentes. El ejemplo clásico de este tipo de perspectiva es que los Estados Unidos ven diferente que Corea del Norte tenga armas nucleares, frente a países como el Reino Unido. El primero es interpretado como un enemigo, mientras que el segundo es tenido como un amigo. Lo importante aquí es que son los sentidos y significados colectivos los que permiten estructurar este tipo de expectativas y acciones. De esta forma, los sistemas internacionales anárquicos pueden cambiar no solamente en términos de distribución de capacidades materiales (unipolaridad, bipolaridad, multipolaridad), sino en términos de identidades e intereses, pudiendo constituir (como posibilidad) identidades colectivas que trasciendan as las puramente estatales.

Hollis y Smith en su respuesta final rechazan la tesis de Wendt según la cual que el realismo estructural de Waltz no pueda dar cuenta de la constitución de las unidades. Ellos no lo expresan explícitamente, pero me parece que aluden a que los mecanismos de socialización y competencia que la estructura impone a las unidades para que devengan similares cumplen también ese rol constitutivo que Wendt reclama. Esto quiere decir que para Waltz la racionalidad egoísta de los Estados no es simplemente dada, pues corresponde al resultado de un proceso donde la estructura termina filtrando a las unidades que no desarrollan una racionalidad afín a la que demanda la estructura anárquica (un comportamiento consistente con un sistema de auto-ayuda). La analogía microeconómica que usa Waltz tendría que ver aquí con los incentivos que el mercado (la estructura del sistema) impone a las empresas (las unidades del sistema) para que desarrollen una racionalidad similar (los mecanismos de selección y socialización). Pero más importante, la visión de Wendt sobre el rol constitutivo de la estructura para con las propiedades de las unidades (las identidades e intereses de los Estados) que debería ser provista por una teoría sistémica de las relaciones internacionales, podría ser acomodada en el marco analítico Hollis y Smith, específicamente en lo que denominan holismo interpretativo. Finalmente, ambos se siguen se manteniendo en su posición sobre la no separación ente ambos problemas (agencia-estructura y niveles de análisis), discrepando con la tesis según la cual el nivel de análisis solamente tiene  que ver con la explicación del comportamiento de unidades ya dadas.

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De la revisión de estos textos es posible señalar algunos de los motivos teóricos que devendrán ejes fundamentales de la producción posterior de Wendt. Lo primero es el interés por la distinción entre teorías de primer y segundo orden (teoría substantiva, y metateoría, respectivamente), así como la importancia que ambos tipos de investigación tienen en la producción de conocimiento. Lo que añade una discusión explícita a los fundamentos ontológicos y epistemológicos de las teorías es que nos permite ser más consciente sobre lo que se está entendiendo como lo propio de la investigación científica (y aquí es muy importante señalar que el propio Waltz dedicó el primer capítulo de su Teoría a discutir justamente qué era una teoría). Esto es importante porque dependiendo de los compromisos metatéoricos es que será  posible dotar de mayor o menor legitimidad a ciertas preguntas, aproximaciones y posibilidades sobre el mundo social. Wendt considera que a este nivel el realismo científico es el que provee de un marco más plural e integrador (y es importante mencionar que hasta la fecha, incluso luego de su giro cuántico, no ha abandonado una posición metateórica de tipo realista). En el nivel substantivo o de primer orden, toma un compromiso con la teoría de la estructuración (y luego, como se verá, el interaccionismo simbólico también será decisivo). Esta visión no reduccionista de la agencia y la estructura será fundamental en el desarrollo de la tradición teórica constructivista.

Finalmente, ya más específicamente para el campo de las relaciones internacionales, lo más importante de este giro sociológico es el que permite tener una visión más compleja del sistema internacional. Dado que el realismo estructural de Waltz ha sido por momentos, digamos, la teoría hegemónica del campo, resulta útil contraponerla a las intuiciones que Wendt va desarrollando (de hecho, dicha contraposición no es arbitraria pues el propio título de su libro se expresa como una respuesta a Waltz). A nivel metateórico Waltz es un instrumentalista, mientras que Wendt es un realista. Pero a nivel substantivo, Wendt lo que rechaza primero es la idea de que existe una única lógica de la anarquía de la que se deduce un sistema de auto-ayuda y un continuo balance de poder. Asimismo, rechaza que la única distinción de transformación sistémica sea el de la distribución de capacidades materiales. Y, finalmente, rechaza que la racionalidad de los Estados sea puramente egoísta y estratégica (en analogía con la microeconómica). En contraposición a dichos puntos, lo que Wendt está insinuando es que la construcción social de lo internacional es importante para constituir las propias identidades e intereses de los Estados, y no únicamente para regular o restringir su comportamiento. Esta va a ser quizá la principal diferencia entre el constructivismo y el racionalismo que tanto el realismo estructural, como el neoliberalismo institucional, comparten. Es por esta diferencia, vía aprendizaje, ideas, instituciones y socialización, que los sistemas anárquicos pueden generar interacciones muy diferentes, así como transformaciones sistémicas endógenas que no sean simplemente el reflejo mecánico de la distribución de capacidades materiales. Lo que me parece interesante de estas contribuciones por parte de Wendt es que no necesariamente rechazan las tesis y explicaciones realistas, sino que lo que hacen es contextualizar los aspectos estructurales y sociales que deben darse y mantenerse para que dichas lógicas puedan operar.

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El problema agente-estructura en las relaciones internacionales: conclusiones

Como se podido apreciar a lo largo de esta serie de entradas, el objetivo de la investigación de Wight es mostrar que en el campo de las relaciones internacionales se ha tendido a privilegiar lo epistemológico y lo metodológico a costa de lo ontológico (un argumento que se desprende del compromiso de Wight con el realismo crítico de Bhaskar, así como con la cuestión del positivismo en IR). El problema agente-estructura expresa dicha preocupación ontológica, preocupación presente en la teoría social y en la teoría de las relaciones internacionales, a partir de la constatación de que los seres humanos actúan (agencia) y dan forma a las circunstancias (estructura) en las cuáles su acción tiene lugar y de las cuales es condición de posibilidad (algo que tiene su primera gran expresión en Marx). Es, en pocas palabras, el problema de cómo coexisten la creatividad y la restricción a través de la acción social. Es esta primacía de la ontología la que lleva a Wight a pensar que los conflictos fundamentales entre las teorías son mucho más ontológicos que epistemológicos o metodológicos.

Una consecuencia importante en IR de reconocer este debate es que la distinción clásica entre lo doméstico y lo internacional es bastante problemática y rígida. Los agentes en el mundo social se encuentran inmersos simultáneamente en diversas estructuras, donde algunas son domésticas y otras son internacionales y donde dichas estructuras posibilitan y restringen diferentes tipos de actividad, constituyendo diferentes intereses e identidades). Demarcar lo internacional como análisis a expensas de lo doméstico (como en el realismo estructural de Kenneth Waltz) termina siendo reduccionista, omitiendo dinámicas importantes. Es en este sentido que Wight considera que en lugar de análisis doméstico o análisis internacional a lo que se apunta es a una suerte de “sociología global”.

Para hacer esto, Wight distingue entre la investigación estructural y la investigación histórica. La investigación y teorización estructural (como la realizada en el libro de Wight) tiene por objeto resultados potenciales, a partir del conocimiento de los poderes y tendencias de los diferentes mecanismos y estructuras (un vocabulario tomado, otra vez, del realismo crítico). A diferencia de esto, la investigación histórica es la que lidia con eventos y objetos actuales en el tiempo. Pero para poder hacer plenamente inteligible lo actual, resulta necesario también comprender las configuraciones estructurales que hace posibles los resultados que vemos en el mundo. Es como si para Wight la investigación estructural (abstracta y teórica) estableciese los mecanismos causales posibles y la investigación histórica (¡y empírica!) estableciese que combinación particular es la que explica un fenómeno concreto.  Esta distinción permite a Wight mantener la validez de ambos tipos de investigación, pero sobre todo recordar que en IR los problemas no se resuelven con pura especulación teórica.

La propuesta de Wight no es la de una teoría general de las relaciones internacionales (en sentido sustantivo). Es todo lo contrario: bajo su marco, dicha teoría general es imposible. El mundo social es un sistema abierto y complejo donde los patrones que observamos no son reducibles a una única teoría. De ahí que contra visiones que consideran como virtudes epistémicas la simplificación y la reducción (por ejemplo, lo que Waltz entiende por una buena teoría), Wight abogue por teorías que puedan incluir la complejidad caótica del sistema internacional. La teoría no puede ser una identidad que asume el investigador en sus años tempranos de formación y que debe de mantener, no importa lo que estudie (ello genera una tergiversación de lo que debe ser lo epistemológico y una orientación a investigar en base a métodos y no a problemas concretos).

El poder causal de la agencia es dependiente de la estructura (aunque dicho poder no sea reducible a ésta) y la estructura es dependiente de la agencia para su existencia (aunque tenga poderes causales que no reducibles a los individuos). No hay absoluta independencia entre ambos términos, aunque dicha distinción pueda ser útil analíticamente en ciertos contextos. Ambos componentes son constituivos y co-existen en toda práctica social. Wight considera que existen cuatro planos en los que dicha práctica social tiene lugar:

1. Plano de transacciones materiales con la naturaleza (medio ambiente, constitución biológica, objetos socialmente producidos y condiciones sociales con efectos materiales, tales como la guerra y la pobreza).
2. Plano inter/intra-subjetivas (el campo del lenguaje, significado, reglas y normas compartidas).
3. Plano de roles sociales (el número y tipo de roles que uno ocupa, con los poderes que ello conlleva).
4. Plano de subjetividad personal (tiene que ver con las especificidades más particulares del individuo).

Esta tipología no resulta del todo clara, pero Wight planea como ejemplo ser presidente de un país. Tratando de hacer más comprensible lo críptico del ejemplo, sería posible decir lo siguiente: El aspecto de las condiciones materiales tendría que ver, por ejemplo, con las capacidades materiales (económicas, militares, etc.) que tiene el Estado que uno está presidiendo. El segundo plano tiene que ver con que ser presidente es posible por normas, significados y reglas que lingüísticamente compartimos en una comunidad. Son lo que hacen que algo como “ser presidente” sea posible. El tercer nivel depende del segundo, pero alude al hecho concreto de ejercer ese rol social. Si bien los que no somos presidentes entendemos lo que ello significa, asumir ese rol social genera en el agente ciertos poderes causales que no dependen solamente de la comprensión lingüística (por ejemplo, poder declarar la guerra a otro Estado). Finalmente, el plano de la subjetividad personal parece aludir a que incluso con todas las variantes anteriores, dentro de una misma comunidad, en un plano de tiempo breve donde lo material, lo simbólico y el rol concreto son constantes, existe una cierta particularidad en el individuo (no sé si se refiere a la “idiosincracia” de cada uno), la cual hace que cada presidente sea diferente, en cierto sentido. Obviamente el ejemplo está simplificando algunas cosas, ya que el ser-presidente y las acciones que éste decida estarán afectadas por los mismos planos, pero en la esfera extra-estatal.

Cada uno de los cuatro planos de actividad tiene su propia lógica estructural y las relaciones complejas entre dichos planos varía de acuerdo al tiempo y al espacio. Sin embargo, los cuatro planos son necesarios para la vida social. Qué plano o qué combinación de planos tendrá más peso para explicar un fenómeno particular es algo que debe de ser resuelto empíricamente. Y es que, aunque la ontología tenga primacía, dicho conocimiento sobre lo que es no puede ser deducido a priori de una pura teoría.

La metodología en el problema agente-estructura

Cuando Wight habla de metodología, básicamente está aludiendo al examen y a la evaluación crítica de procedimientos y técnicas de investigación, con el fin de saber el grado de confiabilidad del conocimiento que buscan proveer para un problema de investigación en cuestión (la metodología responde a la pregunta por cómo uno puede conocer; la epistemología por lo que es el conocimiento; y la ontología por qué es lo que se está conociendo). Sin embargo, lo más importante para Wight es no perder de vista que lo metodológico no puede desvincularse de lo ontológico (algo que se desprende los compromisos de Wight con el realismo crítico de Bhaskar, donde la ontología está a la base). Esto se expresa bajo la idea de que la metodología no puede ser evaluada al margen del objeto de estudio en cuestión. Es totalmente factible que varios métodos sean apropiados para diferentes objetos. Lo que debe descartarse es concebir la validez de un método al margen de una entidad que pretenda ser investigada.

Si asumimos diferentes objetos de investigación (estratificación ontológica) y diferentes métodos (pluralismo metodológico), metodología entonces es la evaluación sobre qué métodos son apropiados para qué objetos (el objeto debe determinar el método y no el método al objeto). Ello hace de la metodología una tarea normativa en un sentido eminente. Aunque esto puede resultar obvio, Wight considera que mucha fragmentación en las ciencias sociales tiene que ver con monismos metodológicos e investigación guiada por métodos más que por objetos de investigación. Y si bien uno podría tener en mente casos de investigación de tipo positivista aquí, lo interesante es que Wight contempla que ello puede suceder en el caso de anti-positivistas, como es el caso de postestructuralistas (investigar todo como si fuese un texto, o algo susceptible de un análisis semiótico). Desde su lectura, el reduccionismo metodológico consistiría en analizar todo como si se tratara de un texto. Partir de métodos sin metodología, podría simplificar ilegítimamente lo que se está investigando, eliminando aspectos clave como poderes causales. Lo que se concluye, pues, es que no hay a priori “un método científico”.

El mundo social no puede ser estudiado de la misma manera que el mundo natural porque los seres humanos actúan intencionalmente y significativamente, con ciertos valores y expectativas normativas. Esto requiere comprender las prácticas sociales y el lenguaje que es utilizado (lo cual dota al mundo social de una inevitable indeterminación). Finalmente, la teoría social no puede ser totalmente separable o ser tenida como externa al objeto que busca teorizar. Esta diferencia de lo social debe llevarnos a reconocer que no hay un único método científico para estudiar toda la realidad (los métodos de las ciencias naturales no agotan los métodos necesitados para la investigación en las ciencias sociales). Wight defiende que Bhaskar en esto es pluralista y que su ciencia social naturalista acepta la necesidad de diferentes métodos, con lo que la objeción de Hollis y Smith contra el realismo científico para Wight termina siendo injusta.

Este reconocimiento de la constitución simbólica del mundo social da una prioridad metodológica a aproximaciones hermenéuticas basadas en el comprender. Sin embargo, Wight defiende que comprender los significados no agota la explicación de un fenómeno social. Si las ciencias sociales pueden proveer de mejores explicaciones que las de los miembros de una sociedad particular para con sus prácticas, entonces debe ser posible que exista algún tipo de diferencia entre ambos registros. La ciencia social aquí es de un discurso de segundo orden y lo que puede hacer es ir más allá de la comprensión cotidiana (registro de primer orden) de un agente común, explicando procesos o dinámicas que son opacas para la comprensión que el agente no científico tiene de su propia práctica. Esto en pocas palabras es básicamente reconocer que entender los significados y prácticas de una comunidad no tiene por qué ser suficiente para explicar ciertos fenómenos sociales que se dan en dicha comunidad. Y esta explicación es también posible porque desde el realismo crítico de Wight lo social tiene una dimensión objetiva y no solamente una pura dimensión intersubjetiva (lo cual estaría más cerca del idealismo y del postestructuralismo donde toda objetividad es disuelta en lenguaje). Es cierto que entidades sociales tales como “Estado” o “clase” dependen de conceptos, pero eso no quiere decir que no exista un componente intransitivo sobre lo que dichos conceptos buscan denotar y esa emergente independencia relativa los hace reales, ya que su existencia no depende solamente de que los individuos crean en ello (incluso, también son importantes las condiciones materiales, lo cual refuerza que hay también continuidades entre lo natural y lo social). Desde esta perspectiva, entonces, la contraposición de Hollis y Smith entre explicar y comprender es vista aquí como la complementariedad de dos métodos. Y la validez de ambos métodos deriva de los objetos que buscan estudiar y de las preguntas que uno busca responder.

El que puedan ser complementarias se debe también a que la ontología del realismo crítica una concepción de causalidad positivista de conjunción constante. Es justamente ese supuesto el que mantienen Hollis y Smith para pensar que hay dos historia inconmensurables que contar. Es irónico que su rechazo del positivismo y la defensa de un dualismo fuerte deriva de un compromiso implícito con una noción positivista de causalidad. Wight rechaza dicha concepción y por eso puede mantener ambos métodos (no epistemologías u ontologías) y tenerlos como complementarios.

La epistemología en el problema agente-estructura

Wight considera que el problema nuclear en los debates epistemológicos actuales que concierne al problema agente-estructura es el grado en que lo social puede ser estudiado con métodos tomados de las ciencias naturales. Esto implica la cuestión de si existe una diferencia ontológica fundamental entre lo natural y lo social. En el campo de las relaciones internacionales Onuf, Kratochwil, Hollis y Smith piensan que sí existe una diferencia sustantiva, la cual suele ser expresada bajo diferentes modos de investigación (“explicar” y “comprender”). A diferencia de ellos, autores como Wendt, Dessler y Carlsnaes reconocen que el mundo social puede tener métodos y estándares epistémicos particulares, aunque dicha diferencia no sea sustantiva como para pensar que existen dos mundos fuertemente separados. El eje de la disputa aquí es lo que Wendt, en su teoría social de las relaciones internacionales, llamó la via media en IR entre dos epistemologías (positivismo y post-positivismo).

La posición de Wight en lo que respecta a la epistemología en IR es que es un error pensar que las epistemologías son como “concepciones del mundo”, “teorías” o “paradigmas” inconmensurables. Asimismo, tampoco para Wight debe pensarse la epistemología como algo monista que se sigue necesariamente de una teoría. Privilegiar potencialmente cierta epistemología tiene más que ver con compromisos ontológicos y metodológcos y no tanto con una especie de lealtad apriorística a una epistemología entendida al modo de un paradigma kuhniano inconmensurable. Por ejemplo, los “racionalistas” en IR pueden no estar de acuerdo con los “posmodernos”. El punto para Wight es que este desacuerdo no implica inconmensurabilidad o que una parte no pude entender a la otra. Concebir la epistemología a lo Kuhn termina funcionandoen IR como un escudo para legitimar no debatir con posiciones diferentes en el campo, so pena de ser inconmensurables. Dado que esas visiones puristas de lo que serían las epistemologías es errado, lo que se concluye para Wight es que la llamada via media de Wendt no es necesaria porque no se requiere tender puentes entre elementos que no son radicalmente diferentes, y que en la práctica muchas veces ya están de alguna forma interconectados.

¿Qué significa entonces esta precisión? Básicamente que los objetos de investigación pueden tener diferencias. Una entidad social no es igual en todo a una entidad natural. Y por eso los métodos pueden ser diferentes. Es esta división la que da lugar a diferentes disciplinas científicas y no a “diferentes mundos”. Sin embargo, los métodos y criterios epistemológicos para realizar y evaluar dicha producción científica en las diferentes disciplinas se superponen. Esto básicamente quiere decir que, si bien es razonable pensar que diferentes objetos de investigación pueden requerir de diferentes métodos, de ello no se sigue que se requiera de epistemologías diferentes y que sean incompatibles entre sí. La razón de Wight tiene que ver con un compromiso del realismo científico de Bhaskar: la ciencia busca conocer el mundo (dimensión intransitiva), pero es una práctica social humana (dimensión transitiva). Y si dichas capacidades son finitas, es esperable que las maneras en que se busca conocer los diferentes objetos de investigación tiendan a ser similares en algunos aspectos. No existe pues, un único método científico o una única epistemología científica. La división radical entre dos epistemologías a la Hollis y Smith es para Wight un error categorial. Las “dos historias” que ambos consideran que siempre es posible contar (una más explicativa en tercera persona y una más interpretativa en primera persona) son vistas desde la posición de Wight como una consecuencia de ciertos compromisos ontológicos y no dos epistemologías necesarias a priori.

Si bien qué es epistemología es algo complejo vinculado a cómo concebir el conocimiento, Wight piensa que su verdadera importancia en la investigación empírica en IR tiene que ver con que provee de criterios y fundamentos para evaluar qué tipo de creencias deben ser aceptadas. Y si bien no tenemos un fundamento último para justificar creencias, ello no debe llevarnos a descartar todo conocimiento como si no fuese tal. Ello es catalogado por Wight como la “falacia fundacional” (y de hecho, de manera más general, es posible la ciencia no puede problematizar todo a la vez, por lo que siempre existen presupuestos o cosas tomadas como dadas, con el fin de investigar otras. Si no fuese así, nunca se podría investigar nada, cosa que de hecho no ocurre en la práctica científica concreta). En lugar de ello, el punto es reconocer que la empresa científica es siempre falible, donde no toda aseveración es igualmente válida y donde es posible jerarquizar dichas aseveraciones. Y como el realista científico parte del quehacer concreto de los propios científicos, la epistemología no debe pensarse como algo que simplemente restringe a priori lo que hay que hacer. El punto es que existe cierto eclecticismo de facto y que los científicos pueden usarlas como “reglas generales” (rules of thumb), susceptibles de ser cambiadas como herramientas, si el éxito de la investigación depende de ello (esto último es tomado de Feyerabend). El científico, entonces, es mucho más oportunista con estos recursos que lo que esperan los filósofos de la ciencia.

Luego de hacer estas precisiones, es mucho más claro que en lo que respecta al problema agente-estructura no hay manera apriorística de saber si los agentes o las estructuras tienen un mayor peso para generar cierto efecto en un problema o fenómeno concreto. Es la investigación empírica la que debe dictaminar eso en cada caso. La epistemología no puede ser tomada de manera purista para dictaminar lo que hay, so pena de excluir mecanismos causales relevantes para el problema en cuestión. Esa reducción de lo ontológico a lo epistemológico es lo que Bhaskar denominó la “falacia epistémica” (léase: limitar lo que hay a lo que puede ser conocido por determinada epistemología, tomada en sentido rígido). La via media de Wendt cae en esto a pesar de querer ser tenida como realismo científico: una decisión apriorística sobre qué epistemología le corresponde a qué tipo de objeto de investigación, socavando así la idea realista inicial de que la ciencia debe ser guiada por problemas (problem-driven) y no por métodos (method-driven). La justificación epistemológica del conocimiento producido es también falible y se encuentra abierta a discusión. En el caso de Hollis y Smith, la distinción entre explicar y comprender puede ser entendida como una diferencia metodológica (no epistemológica), dependiente de lo que se está investigando, pero potencialmente justificable en términos epistemológicos desde diferentes posiciones epistemológicas.

La epistemología para Wight, entonces, no afecta a lo que es, sino que solamente tiene que ver con lo conocido en tanto conocido. Lo otro sería limitar el horizonte ontológico vía la prescripción epistemológica. El resultado de lo que defienden Hollis y Smith sería para Wight un idealismo poco razonable donde la tierra alguna vez habría sido plana (su ser plano sería dependiente de nuestro conocer el planeta como plano). Es para evitar este tipo de consecuencias que el mantener la diferencia entre el ser y el conocer sea algo que el realismo científico busque defender.

Agencia

Luego de haber discutido el componente de la estructura, resulta necesario para Wight abordar también brevemente lo que entendemos por agencia. De esta forma se habrá ampliado con más detalle lo que está en juego en el problema agente-estructura (a nivel más general, y también para el campo de las Relaciones Internacionales), y cómo existen soluciones diferentes que no implican adoptar una posición positivista. El caso más inmediato y evidente donde se manifiesta dicha necesidad es cuando atribuimos agencia a los Estados. Wight considera que sin ese rasgo, las Relaciones Internacionales podrían perder un carácter distintivo y ser subsumidas en macro-sociología, historia y teoría política. El caso más extremo en IR  sería Wendt, quien afirma en sentido realista que los Estados tienen agencia y que son personas.

Wight rechaza la posición de Wendt, pero sin sostener la esperable posición opuesta: que los Estados son ficciones útiles reducibles a acciones individuales (individualismo ontológico y metodológico). Otros como David Easton piensan que ni siquiera es útil hablar de “Estado” y promueven un análisis basado en acción individual en el marco de un “sistema político”. Los Estados para Wight sí son reales, con poderes causales, pero no deben ser tematizados como personas. Los positivistas al ser instrumentalistas resuelven el problema diciendo que es posible tratar a los Estados como si tuviesen agencia, en tanto ficción útil, si es que ello permite explicar ciertos fenómenos a nivel internacional. La discusión de lo que es agencia es importante, porque dependiendo de cómo se conciba es posible atribuirla exclusivamente a seres humanos, o a todo tipo de entidad (como en el caso de la teoría del actor-red de Bruno Latour). En el caso de Wendt, una versión realista y extrema sobre los Estados, lo que implica decir que los Estados son personas es que (1) tienen un entendimiento de lo que hacen; (2) pueden dar razones por sus acciones; (3) pueden monitorear su comportamiento; y (4) pueden tomar decisiones. Esto es una consecuencia necesaria para Wendt por distinguir la agencia como algo vinculado a seres sapientes (ubicándose, así, más cerca de visiones organicistas y colectivistas del Estado). Wight quiere cuestionar el antropomorfismo de Wendt, pero sin reducir el Estado a una pura mera acción de individuos.

El problema del argumento de Wendt está en partir de constatar que los individuos organizados colectivamente piensan y actúan, para pasar a inferir que el Estado piensa y actúa. Pero para Wight también es importante destacar que los Estados no son solamente un colectivo de individuos. Siguiendo a Marx, Wight sostiene que los Estados también son un ensamblaje institucional complejo que involucra recursos materiales, prácticas, discursos y configuraciones estructurales, fuera de ser susceptible de tener responsabilidad política y personalidad jurídica (lo que no es equivalente, sin más, a tener personalidad psicológica). Si esta concepción del Estado es correcta, es posible tener una vía alternativa al reduccionismo de los individualistas, al instrumentalismo de los realistas estructurales y al antropomorfismo realista del constructivismo de Wendt. El Estado sería, pues, una forma social construida que actúa a través de la acción de seres humanos, donde hay la posibilidad de acción colectiva y la existencia de estructuras que posibilitan dicha acción colectiva. Si el Estado tiene algún tipo de agencia, solamente es posible vía la agencia de individuos. Wight sostiene que ello se expresa en la importancia de las elecciones democráticas (o en la lucha por el poder político en general) y en quién ocupa qué cargo, por los efectos que ello puede tener en la política de los Estados. Rechazar el antropomorfismo es rechazar que el todo tiene que tener las propiedades de sus partes (lo cual irónicamente es también un tipo de reduccionismo). La unificación de los Estados como personas, además, no puede dar cuenta adecuadamente de la fragmentación y conflicto que existe en la política doméstica (fuera de generar una brecha rígida entre lo nacional y lo internacional).

Siguiendo a Andrew Vincent, Wight distingue tres sentidos de personalidad para ver cuál es posible atribuir a los Estados. La primera es psicológica, y tiene que ver con el hecho de ser auto-consciente, lo cual implica tener intenciones que pueden ser articuladas, fuera de intereses y volición. El segundo sentido es ético e implica poder ser responsable de acciones bajo principios y categorías morales. Finalmente, el tercer sentido es jurídico e implica realizar acciones legales y ser sujeto de derechos y deberes. Es solamente en el tercer sentido que podemos atribuir dicha personalidad ficticia a los Estados. La responsabilidad del Estado en este rubro no implica intencionalidad y debe ser entendida como “ser causa de”.

Otra manera importante de evitar el antropomorfismo estatal es distinguir entre grupos, instituciones y organizaciones. Los grupos son un conjunto de individuos que actúan bajo una misma estructura que puede ser formal o informal. Las organizaciones requieren una estructura formal de posiciones, roles y relaciones. Además, cuentan con un potencial de duración temporal mayor del de los individuos que encarnan las posiciones, roles y relaciones. Asimismo, cuentan con mecanismos formales, informales y de habitus para su funcionamiento. Finalmente, no son puramente autónomas, pues también pueden verse influenciadas por estructuras externas. Las instituciones son prácticas, costumbres y patrones de comportamiento importantes en la vida social. Por ejemplo, el capitalismo sería una institución y la empresa multi-nacional una organización.  Si el Estado es pensado como una estructura organizacional con poderes propios, pero que actúa a través de individuos que son propiamente los agentes, es posible rechazar que pueda tener una intencionalidad propia. La agencia en Wight está vinculada al significado y a la intencionalidad, atributos de seres humanos.

Dicha agencia, entonces, implica ser sujetos intencionales que pueden dar cuenta de lo que hacen, piensan, etc. El problema es que tal subjetividad libre ha sido el objeto de crítica del posestructuralismo que anunció “la muerte del sujeto”. Esta posición cuestiona hablar de universales propios de la condición humana y de individuos autónomos. Los individuos humanos dejan de ser individuos y humanos para pasar a ser concebidos como efectos discursivos. Lo interesante es que también el positivismo cuestionó hablar de un sujeto unitario (desde Hume y, luego en Comte) como una ficción metafísica que habría que superar. Wight defiende la idea de mantener a nivel individual un “self” reflexivo que no asume de manera determinista lo que las estructuras buscan socializar y reproducir. Pero, en tanto realista científico, también la condición humana no puede desconocer lo natural para enfocarse solamente en lo social. Siguiendo a Bhaskar, para Wight es posible decir que la agencia en el mundo social es una praxis intencional encarnada. El primer nivel de agencia es este elemento que Wight no quiere rechazar (el “self” o la libertad de la subjetividad, que tiene que ver con la posibilidad reflexiva, creativa y crítica para con la situación en la que uno se halla… un concepto extraño y que parece problemático). Sobre este nivel existe el que resulta del contexto social donde uno es agente de algo. Pero en este segundo punto, no todos los agentes está ubicados en posiciones iguales (este nivel tiene que ver con identidades y colectividades a las que uno pertenece). De ahí que la reproducción social no sea igual y existan asimetrías en múltiples dimensiones. Esto resulta en el tercer nivel de agencia: el actor social como práctica localmente posicionada. Esta distinción de niveles hecha por Wight aquí es lógica y no cronológica (de hecho, los tres ámbitos se encuentran en simultáneo en la vida social, y no es posible tener uno sin los otros).

El Estado es una estructura social real que no es puramente conceptual y que podemos experimentar a través de la actividad de los que trabajan en él. Está constituido por diversas estructuras organizacionales e institucionales (económicas, políticas, ideológicas, culturales, etc.) que actúa a través de individuos y grupos, y donde los componente materiales son igualmente importantes que los discursivos. Es la totalidad de este ensamblaje estructurado lo que para Wight es el Estado. No es un sujeto unificado que ejerce el poder con acciones intencionales, aunque sea un sujeto jurídico. Sin embargo, sí tiene poderes causales, poderes que pueden ser analizados en los múltiples niveles del ensamblaje. Dichos poderes causales son ejercidos por agentes.Sin embargo, a nivel doméstico posee un rol distintivo, ya que garantiza la legitimidad del orden social y provee de un marco estructural donde el resto de estructuras institucionales funcionan.

Más que ejercer el poder, restringe y permite a agentes encarnados poder actuar. Son los agentes quienes activan poderes y capacidades especificas del Estado que están inscritas en instituciones y organizaciones particulares, las cuales a su vez dependen de las prácticas y discursos de los agentes para su reproducción. Dichos agentes además componen diferentes grupos, dentro y fuera del Estado, que compiten por el ejercicio del Estado para fines políticos específicos (y dando lugar a efectos inesperados y complejos). Es esta complejidad la que constata para Wight la imposibilidad de investigar el Estado sin prestar atención a los aspectos domésticos e internacionales, debido al reconocimiento de la complejidad social (esto quiere decir que no existe ninguna determinación estructural total en última instancia).

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