Vacío

El nombre propio del ser

Etiqueta: J. David Singer

El problema agente-estructura en la teoría de las relaciones internacionales y el debate con Hollis y Smith

En la entrada anterior me pareció interesante considerar la especulación teórica de Wendt como una versión más sofisticada (y actual) de la visión de Kojève sobre el llamado “Estado universal homogéneo”, en tanto que se encuentra articulada con aproximaciones más contemporáneas en las ciencias sociales. Sin embargo, antes de discutir ese texto me pareció oportuno dedicar una serie de entradas a analizar y discutir sus principales textos teóricos previos (lo cual va a constituir una larga digresión). Ello creo que permitiría tener una mayor comprensión del trasfondo teórico de Wendt, así como de los debates teóricos y metateóricos en los que ha sido uno de los interlocutores principales y decisivos. De esta forma se podrá apreciar mejor la tesis sobre el Estado mundial (y su supuesta “inevitabilidad”), así como también una parte importante de la reciente historia de discusión teórica sobre el constructivismo y sobre la cuestión metateórica en torno al realismo científico dentro del campo de las relaciones internacionales.

Creo que esta larga digresión sería provechosa para dichos temas, en tanto que Wendt ha sido considerado uno de los teóricos de las relaciones internacionales más importantes de las últimas décadas. Revisando su producción académica del período 1987-1998 previa a su Teoría social de las relaciones internacionales del 1999 (la cual debe ser abordada por separado en otra serie de entradas) es posible agrupar los artículos “preparatorios” a dicho libro en función a tres diferentes ejes temáticos: (1) el problema agente-estructura y el debate con Hollis y Smith; (2) los primeros ensayos de una visión sistémico-constructivista de las relaciones internacionales y el debate con Mearsheimer; y (3) el realismo científico y la importancia que éste tiene para con las ciencias sociales y, más específicamente, para con las relaciones internacionales. Luego de las entradas dedicadas a estos tres ejes y (4) a su Teoría social, sería posible revisar los artículos posteriores (2000-2005)  donde es que se discute la teoría sobre  (5) el Estado mundial y sobre el estatuto ontológico de la personalidad del estado, con sus respectivos debates. Finalmente, y esto trasciende al interés propedéutico de estos análisis para la cuestión del Estado mundial, se estará en posición de entender (6) su giro cuántico (2006- ) y las implicancias que dicha posición tiene para con las ciencias sociales y las relaciones internacionales.

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El problema agente-estructura

En su influyente artículo de 1987, Wendt inicia su análisis considerando como problemáticas dos visiones que para él toman posiciones opuestas en el problema agente-estructura. En primer lugar, el realismo estructural de Waltz toma como punto de partida a los Estados como unidades, cuyas propiedades observables constituyen la distribución de capacidades de la estructura internacional. Esto para Wendt hace que la estructura en Waltz sirva para restringir el comportamiento de unidades previamente constituidas (lo que para Wendt haría de esto una posición “individualista”, o comprometida con una ontología individualista). A diferencia del realismo estructural, la teoría del sistema-mundo de Wallerstein pensaría la estructura del sistema internacional a partir de la economía capitalista global, la cual es la que constituye a las unidades mismas (lo que para Wendt haría de esto una posición “estructuralista” comprometida con una ontología holista Ambas ontologías para Wendt resultarán problemáticas, pues toman como elemento ontológico primitivo al sistema (Wallerstein) o a los Estados (Waltz), siendo el efecto principal de dichos reduccionismos el no poder dar cuenta de los poderes y propiedades causales de las unidades básicas (lo cual genera problemas para poder explicar la acción de los Estados). La respuesta de Wendt para abordar este problema estará basada en la teorías de tipo más estructuracionista (salvando las obvias distancias, aquí Wendt tiene en mente a autores como Giddens, Bourdieu y Bhaskar).

El problema agente-estructura tiene dos dimensiones, una ontológica y una epistemológica. El problema ontológico tiene que ver con qué son los agentes y las estructuras sociales (qué tipo de entidades son y cómo es que se relacionan). El realismo estructural y la teoría del sistema-mundo optan por reducir un elemento al otro (el agente a la estructura en el caso de Wallerstein, y la estructura al agente en el caso de Waltz). La otra opción es sostener que ambos términos son irreducibles ontológicamente pues están co-determinidos y están mutuamente constituidos (esta es la posición que Wendt va a defender). Para Wendt, entonces, son tres las posibles soluciones al problema ontológico del problema agente-estructura: individualismo, estructuralismo y estructuracionismo.

El problema epistemológico del problema-agente estructura tiene que ver con el tipo de explicación que es posible para dar cuenta de ambas entidades. Esto supone compromisos ontológicos acerca de qué propiedades causales son las más relevantes, y si son las explicaciones que den mayor peso a los agentes (o a las estructuras) las que cuenten con un mayor poder explicativo. Más específicamente en el caso de las explicaciones estructurales (que es en lo que se centra el artículo, dado que las dos teorías ya mencionadas son de tipo estructural), las teorías estructurales que reducen la estructura a los agentes (individualismo) considerarán que el carácter explicativo de las estructuras es el de constreñir o restringir el comportamiento de agentes previamente constituidos. Para Wendt este es el caso del realismo estructural, pues toma a los Estados como dados y son sus propiedades observables las que componen la estructura. Por su parte, las teorías estructurales que reducen a los agentes a las estructuras dotarán a estas últimas de un carácter explicativo de tipo constitutivo para con los agentes. Este es el caso de la teoría de Wallerstein en tanto que la estructura aquí constituye a los Estados mismos, siendo la estructura la unidad ontológica primitiva de la que los Estados son efectos constitutivos generados. En ambos casos, individualismo y estructuralismo, las unidades ontológicas primitivas se asumen como dadas y terminan siendo reificadas (en el primer caso son los Estados y en el segundo, el sistema-mundo en su conjunto).

La teoría de la estructuración como posible solución al problema agente-estructura opera como una ontología social que busca superar dichas visiones ontológicas unilaterales (las del individualismo y el estrructuralismo), sosteniendo que la relación entre ambas entidades (agentes y estructuras) es de co-determinación y de mutua constitución. Pero para Wendt es importante fundar dicha teoría social en un realismo científico, pues dicha filosofía de la ciencia permite concebir como legítimas a las estructuras generativas no observables, posibilitando así un mayor número de preguntas y líneas de investigación. Esto no quiere decir que el realismo científico implica necesariamente a la teoría de la estructuración, pero sí quiere decir para Wendt que la teoría de la estructuración requiere como condición de posibilidad de sí misma al realismo científico, so pena de no ser descartada como mera metafísica por parte de posiciones de tipo positivistas o empiristas, las cuales pensarían que las estructuras sociales son en realidad ficciones metafísicas.

La razón principal por la cual el realismo científico permite considerar a dichas estructuras como parte de una ontología científica se debe a que no considera a los términos no observables de las teorías como meras ficciones útiles. Esto se debe a que bajo dicha filosofía de la ciencia se considera como legítimo el inferir la existencia de dichas estructuras si producen efectos observables, y si es que su manipulación nos permite intervenir en el mundo. No asumir esto para Wendt implicaría considerar al éxito de la explicación de la ciencia como si se tratase de un mero milagro. La otra diferencia del realismo científico es que concibe a la explicación científica como aquella que provee de mecanismos causales, los cuales generan a los fenómenos en cuestión. Esto distingue al realismo del ideal positivista que busca encontrar regularidades (o leyes) vía la generalización de conjunciones constantes.

Para Wendt, la teoría de la estructuración supone cuatro compromisos ontológicos: (1) la realidad (no reducible) y la capacidad explicativa de estructuras sociales no observables, las cuales generan agentes; (2) un tipo de racionalidad práctica que dé cuenta de la intencionalidad de los agentes (3) el rechazo de una subordinación o reducción de un elemento al otro; y (4) que las estructuras sociales son indesligables de estructuras temporales y espaciales. En el caso de las relaciones internacionales, una concepción estructuracionista de la estructura del sistema internacionales consideraría que dicha estructura podría tener efectos constitutivos y generativos en los Estados. En esto el estructuralismo se parece al estructuralismo. Pero la diferencia entre ambos se debe a que el estructuracionismo no supone que la estructura social existe al margen de las prácticas y de la comprensión de los agentes. Tienen dependencia ontológica, pero no son reducibles a las prácticas de los agentes (las estructuras constituyen y restringen a los agentes, pero los agentes producen, reproducen y transforman a las estructuras). Esto en el caso de las relaciones internacionales implica pensar que la estructura del sistema internacional no existe al margen de las prácticas de los Estados. Pero, al mismo tiempo, los poderes causales y los intereses de los agentes son constituidos por las estructuras. Aquí Wendt considera que las estructuras pueden ser externas (estructuras sociales), o internas (estructuras organizacionales) a los agentes. En el caso de las relaciones internacionales esto se expresa como estructuras internacionales (estructura social) y las estructuras domésticas (estructura organizacional).

Desde esta perspectiva estructuracionista, para poder explicar el comportamiento de los Estados, la explicación debe ser para Wendt de tipo histórico-estructural. El elemento histórico tendrá que ver con el comportamiento actual (investigando los efectos de los intereses y poderes causales de los agentes), mientras que el aspecto estructural tendrá que ver con el comportamiento posible (es decir, con las estructuras sociales y organizacionales, en tanto que posibilitan los intereses y poderes vía efectos constitutivos y generativos). Sin embargo, en la realidad social ambas dimensiones se encuentran entrelazadas, pues es la dimensión histórica la que genera y reproduce a las estructuras (sociales y organizativas). El ideal explicativo de un análisis histórico-estructural, entonces, busca dar cuenta de la constitución de los agentes (en este caso de los Estados), de sus intereses y poderes causales; al mismo tiempo que busca explicar la secuencia de acciones que ha generado eventos específicos, así como la reproducción de las estructuras mismas (vía consecuencias esperadas, pero también inesperadas de las acciones realizadas por los agentes).

El debate con Hollis y Smith

Teniendo en cuenta estos desarrollos es que podemos pasar a abordar el debate de Wendt con Martin Hollis y Steve Smith en torno a cuestiones metateóricas en el campo de las relaciones internacionales. En su artículo, Wendt sostiene que la teorización de primer orden es la que busca contribuir a que podamos entender lo que sucede en las relaciones internacionales. De ahí que se producción sea la de teorías substantivas (por ejemplo, teorías realistas o liberales). En cambio, la teorización de segundo orden (o meta-teoría) contribuye indirectamente a nuestra comprensión de los fenómenos internacionales vía la discusión de cuestiones ontológicas y epistemológicas. Esta influencia indirecta puede verse claramente en las implicancias que tenga dicha discusión para considerar como legítimas ciertas preguntas y respuestas, así como para abrir nuevas posibilidades de teorización substantiva (un ejemplo de esto sería el camino teórico que trata de abrir Wendt con el realismo científico, en tanto que dota de legitimidad a la investigación de tipo estructural). Lo importante de esta discusión de segundo orden es que hace explícitos los compromisos que todo tipo de investigación tiene, pero el valor de dicha conversación debe ser medido por el aumento de nuestra comprensión de problemas de primer orden (esto quiere decir que no se trata de especular por especular).

De acuerdo a Wendt, lo que hacen Hollis y Smith en su libro Explaining and Understanding International Relations es formular dos tipos de retos que toda teoría substantiva de las relaciones internacionales debe de enfrentar. El primero tiene que ver con el problema de los niveles de análisis, esto es, si la explicación debe ir “de arriba a abajo” (del sistema a la unidad: holismo) o “de abajo hacia arriba” (de la unidad al sistema: individualismo). El segundo reto tiene que ver con la tensión entre explicar y comprender. La primera aproximación toma una perspectiva externa, causal y naturalista; mientras que la segunda toma una perspectiva interna e interpretativa. Al combinar estos retos es posible tener cuatro posibles combinaciones: holismo explicativo, holismo interpretativo, individualismo explicativo e individualismo interpretativo. Sin embargo, lo crucial para ambos es que la explicación y la comprensión son modos complementarios de conocimiento, con lo que siempre es posible contar dos historias sobre el fenómeno en cuestión. Y la pertinencia de cada tipo de aproximación dependerá en última instancia del problema de investigación específico. Wendt presenta, a mi modo de ver, fundamentalmente tres críticas.

La primera es que Hollis y Smith confunden dos tipos de problemas: el problema agente-estructura y el problema de los niveles de análisis. Debe recordarse que el problema de los niveles de análisis formulado por Singer (quien toma su inspiración de las tres “imágenes” de Waltz) tiene que ver con la pregunta por el nivel de agregación que permite explicar el comportamiento de los Estados (en su versión más ampliada, los niveles serían los siguientes: el sistema internacional, la política doméstica, la política burocrática, y finalmente la psicología individual). En estos análisis la variable dependiente es siempre el comportamiento estatal (la política exterior) y la discusión gira en torno a saber cuál es la principal variable independiente. Se trata pues, de un problema de tipo explicativo (qué nivel de análisis posee el principal peso causal en la explicación de la política exterior). Según Wendt, en el uso de dichos niveles por parte de Hollis y Smith, lo que debe ser explicado no siempre es el comportamiento estatal y la manera cómo se frasea el problema de los niveles de análisis parece más bien referir al problema agente-estructura en tanto problema ontológico, esto es, en tanto que a veces se pregunta si es que es las propiedades o comportamiento de una unidad pueden ser reducidos a los de otra unidad que se encuentra en otro nivel de análisis, y si es que estás unidades son agentes o estructuras. Esto para Wendt es el problema ontológico entre el holismo y el individualismo que fue presentado en la sección anterior. Sé que esto suena confuso, así que voy a tratar de volver a frasearlo para que se entienda la distinción que busca hacer Wendt entre ambos problemas: es posible tener una explicación sistémica (problema de los niveles de análisis) articulada con una ontología individualista o holista (problema agente-estructura). El ejemplo de esta distinción puede verse en los casos teóricos que Wendt discute en su artículo anterior, donde sería posible decir que tanto el realismo estructural, como la teoría del sistema-mundo buscan tener explicaciones sistémicas, aunque sus ontologías sean diferentes (la primera individualista y la segunda, holista).

La segunda crítica que hace Wendt tiene que ver con que para Hollis y Smith el realismo estructural de Waltz es un caso de holismo. Sin embargo, Wendt considera que eso es falso, dado que la estructura opera sobre unidades previamente dadas y no las genera. Esto quiere decir que lo que hace la estructura del sistema internacional en Waltz es regular el comportamiento de las unidades, pero no las constituye Lo que estaría a la base sería, como ya se ha venido diciendo, una ontología individualista donde la no diferenciación funcional y la distribución de capacidades de la estructura dependen de los atributos observables de los Estados, los cuales operarían como dados en la teoría de Waltz.

Finalmente, la tercera crítica tiene que ver con que para Wendt explicar y comprender es una distinción basada en una concepción positivista de la ciencia (esto, debe mencionarse, es históricamente cierto cuando se presta atención a los desarrollos de dicha distinción en la filosofía continental de inicios del siglo XX, digamos de Dilthey a Gadamer). Una posición realista para Wendt puede considerar que ambas aproximaciones son necesarias para una ciencia social naturalista. Más que contrapuestas, dichas aproximaciones divergen en el tipo de pregunta que abordan. Aunque Wendt no hace explícito esto, me parece que a lo que alude es que para él la ontología del realismo científico (a la Bhaskar) permitiría rechazar la idea de que explicar y comprender son aproximaciones epistemológicas incompatibles (o, en todo caso, inconmensurables) . Para Wendt, dicha distinción sería realmente metodológica, fuera de decir que no es cierto que siempre “hay dos historias que contar”. A veces una pregunta de investigación demandará como más pertinente un tipo específico de aproximación. Lo otro sería absolutizar la distinción y cerrar a priori ciertas preguntas porque no pueden ser investigadas con un tipo de metodología específica. Para Wendt, si la discusión metateórica sirve de algo, es para evaluar la legitimidad de ciertas preguntas, con el fin de poder generar nuevas teorías substantivas.

Hollis y Smith responden a Wendt y lo primero que sostienen es que Wendt, tanto en su artículo sobre el problema agente-estructura, como en el artículo donde reseña su libro usa el gesto retórico de apelar a “gurus”. Básicamente, de lo que acusan a Wendt es de apelar a la teoría de la estructuración y al realismo científico como paradigmas teóricos que ya habrían superado los problemas de la teoría social. Esto para ellos es algo evidentemente algo falso, pues dichas aproximaciones no han sido inobjetables en sus disciplinas de origen (la sociología y la filosofía de la ciencia). De hecho, lo que sucede es todo lo contrario: ni la teoría de la estructuraciónm, ni el realismo científico (especialmente el de Bhaskar) gozan de una posición hegemónica en sus respectivos campos disciplinarios.

En el caso de la interpretación sobre la Teoría de Waltz, Hollis y Smith piensan que el texto da lugar a ambas lecturas. La primera es la de Wendt: la ontología de Waltz es individualista pues toma como dadas a las unidades y la estructura emerge de sus interacciones (en analogía con la microeconomía, la cual también está basada en una ontología individualista). Sin embargo, la segunda lectura que ellos defienden es que la teoría sistémica requiere tomar a la estructura como algo distinto a las unidades. Si bien es cierto que las unidades al interactuar producen la estructura (como algo no intencional), lo importante para Waltz es que una vez generada, dicha estructura opera como una fuerza que empieza a regular (causalmente) la interacción de las unidades. Esto puede ilustrarse con los conocidos mecanismos de selección y socialización de la estructura de Waltz, los cuales contribuyen a que que las unidades del sistema se asemejen. Para Hollis y Smith, si es que la estructura no tuviese poder causal, entonces el realismo estructural no tendría poder explicativo para entender las dinámicas sistémicas de la política internacional a partir de la anarquía y la polaridad.

Lo que Wendt responde es que la lectura de Hollis y Smith sobre Waltz debe rechazarse, pues asume implícitamente la idea de que solamente existe un tipo de teoría sistémica, entendida como una estructura que restringe comportamientos, o que regula la interacción de las unidades. Adicionalmente para Wendt debe poder concebirse como posible que una teoría sistémica pueda dar cuenta de la constitución de identidades e intereses. El problema con Waltz según Wendt es que que se asume que las unidades del sistema (los Estados) ya poseen como un atributo intrínseco dado el hecho de que son agentes egoístas. Esto quiere decir que los intereses y las identidades estarían dadas. Esto para Wendt es consistente con la analogía microeconómica que Hollis y Smith recordaban de la teoría de Waltz, pues aquí también las preferencias de los agentes son tenidas como exógenas a la interacción.

Esta distinción teórica es importante porque al añadir la dimensión constitutiva de identidades e intereses a la estructura internacional, es posible concebir sistemas anárquicos donde la “lógica de la anarquía” no implique necesariamente un sistema de auto-ayuda donde cada unidad vele exclusivamente por sus intereses (siendo esto último uno de los presupuestos básicos del realismo estructural, de acuerdo a Wendt). Lo que está en juego con esta diferencia es el poder admitir que el sistema internacional no tendría porque estar condenado a operar bajo las dinámicas del realismo político. Esto no quiere decir que dicha transformación sistémicao vaya a suceder, o que sea fácil, o que si da que pueda llegar a ser permanente. Sin embargo, lo que sí quiere decir es que el realismo estructural no puede concebir dicha posibilidad debido a sus supuestos teóricos (a lo mucho podrá insinuar que las unidades que lo intenten, terminarán siendo “castigadas” por la estructura). Esto se expresa claramente con la famosa frase de Waltz según la cual la textura de las relaciones internacionales se ha mantenido constante a lo largo de la historia. Esto es pues a lo que se refiere Wendt cuando acusa a Hollis y a Smith de colapsar el problema agente-estructura con el problema de los niveles de análisis: es posible tener una explicación sistémica con una ontología individualista donde las propiedades de los agentes son exógenas (Waltz), o con una ontología holista donde las propiedades de los agentes son endógenas (Wendt). Y el grado de influencia de dicha visión dependerá de saber hasta qué punto la política doméstica sea más o menos decisiva para constituir las identidades e intereses de los Estados. Si fuese el caso que dichas dinámicas fuesen más determinantes, es ahí que la ontología individualista en la teoría sistémica de las relaciones internacionales podría ser tenida como correcta. En síntesis, para Wendt la diferencia ontológica del problema agente-estructura tiene que ver con lo que constituye las propiedades las unidades del sistema, mientras que el problema de los niveles de análisis tiene que ver con los motores que permiten explicar el comportamiento de actores exógenamente dados.

Para ilustrar lo que Wendt tiene en mente es necesario remitirse aquí al que quizá sea su artículo más famoso. En él sostiene que tanto el neorealismo com el neoliberalismo están comprometidos con un tipo de racionalismo según el cual se asumen como exógenamente dados los intereses y las identidades de los agentes, lo cual hace que de lo que se trate sea de explicar su comportamiento. El punto de partida de ambos es asumir a los Estados como agentes egoístas, discrepando sobre si es más importante que prefieran ganancias relativas o absolutas entre ellos (siendo esta diferencia la que permite o no ser optimistas con el grado y estabilidad de cooperación  y/ o conflicto que las unidades puedan tener en un sistema anárquico). En contraposición al racionalismo es posible tomar una posición constructivista que busque dar cuenta de la formación de identidades e intereses en tanto que es se conciben a éstas como siendo endógenas a la interacción social. Esto permite a Wendt rechazar que exista una “lógica de la anarquía” realista, y que si las relaciones internacionales llegasen a operar bajo una lógica realista, ello se debe a que dicha lógica ha sido socialmente instituida. Entonces, tan importante como la distribución de capacidades es la “distribución de conocimiento”, en tanto que constituye identidades e intereses con expectativas diferentes. El ejemplo clásico de este tipo de perspectiva es que los Estados Unidos ven diferente que Corea del Norte tenga armas nucleares, frente a países como el Reino Unido. El primero es interpretado como un enemigo, mientras que el segundo es tenido como un amigo. Lo importante aquí es que son los sentidos y significados colectivos los que permiten estructurar este tipo de expectativas y acciones. De esta forma, los sistemas internacionales anárquicos pueden cambiar no solamente en términos de distribución de capacidades materiales (unipolaridad, bipolaridad, multipolaridad), sino en términos de identidades e intereses, pudiendo constituir (como posibilidad) identidades colectivas que trasciendan as las puramente estatales.

Hollis y Smith en su respuesta final rechazan la tesis de Wendt según la cual que el realismo estructural de Waltz no pueda dar cuenta de la constitución de las unidades. Ellos no lo expresan explícitamente, pero me parece que aluden a que los mecanismos de socialización y competencia que la estructura impone a las unidades para que devengan similares cumplen también ese rol constitutivo que Wendt reclama. Esto quiere decir que para Waltz la racionalidad egoísta de los Estados no es simplemente dada, pues corresponde al resultado de un proceso donde la estructura termina filtrando a las unidades que no desarrollan una racionalidad afín a la que demanda la estructura anárquica (un comportamiento consistente con un sistema de auto-ayuda). La analogía microeconómica que usa Waltz tendría que ver aquí con los incentivos que el mercado (la estructura del sistema) impone a las empresas (las unidades del sistema) para que desarrollen una racionalidad similar (los mecanismos de selección y socialización). Pero más importante, la visión de Wendt sobre el rol constitutivo de la estructura para con las propiedades de las unidades (las identidades e intereses de los Estados) que debería ser provista por una teoría sistémica de las relaciones internacionales, podría ser acomodada en el marco analítico Hollis y Smith, específicamente en lo que denominan holismo interpretativo. Finalmente, ambos se siguen se manteniendo en su posición sobre la no separación ente ambos problemas (agencia-estructura y niveles de análisis), discrepando con la tesis según la cual el nivel de análisis solamente tiene  que ver con la explicación del comportamiento de unidades ya dadas.

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De la revisión de estos textos es posible señalar algunos de los motivos teóricos que devendrán ejes fundamentales de la producción posterior de Wendt. Lo primero es el interés por la distinción entre teorías de primer y segundo orden (teoría substantiva, y metateoría, respectivamente), así como la importancia que ambos tipos de investigación tienen en la producción de conocimiento. Lo que añade una discusión explícita a los fundamentos ontológicos y epistemológicos de las teorías es que nos permite ser más consciente sobre lo que se está entendiendo como lo propio de la investigación científica (y aquí es muy importante señalar que el propio Waltz dedicó el primer capítulo de su Teoría a discutir justamente qué era una teoría). Esto es importante porque dependiendo de los compromisos metatéoricos es que será  posible dotar de mayor o menor legitimidad a ciertas preguntas, aproximaciones y posibilidades sobre el mundo social. Wendt considera que a este nivel el realismo científico es el que provee de un marco más plural e integrador (y es importante mencionar que hasta la fecha, incluso luego de su giro cuántico, no ha abandonado una posición metateórica de tipo realista). En el nivel substantivo o de primer orden, toma un compromiso con la teoría de la estructuración (y luego, como se verá, el interaccionismo simbólico también será decisivo). Esta visión no reduccionista de la agencia y la estructura será fundamental en el desarrollo de la tradición teórica constructivista.

Finalmente, ya más específicamente para el campo de las relaciones internacionales, lo más importante de este giro sociológico es el que permite tener una visión más compleja del sistema internacional. Dado que el realismo estructural de Waltz ha sido por momentos, digamos, la teoría hegemónica del campo, resulta útil contraponerla a las intuiciones que Wendt va desarrollando (de hecho, dicha contraposición no es arbitraria pues el propio título de su libro se expresa como una respuesta a Waltz). A nivel metateórico Waltz es un instrumentalista, mientras que Wendt es un realista. Pero a nivel substantivo, Wendt lo que rechaza primero es la idea de que existe una única lógica de la anarquía de la que se deduce un sistema de auto-ayuda y un continuo balance de poder. Asimismo, rechaza que la única distinción de transformación sistémica sea el de la distribución de capacidades materiales. Y, finalmente, rechaza que la racionalidad de los Estados sea puramente egoísta y estratégica (en analogía con la microeconómica). En contraposición a dichos puntos, lo que Wendt está insinuando es que la construcción social de lo internacional es importante para constituir las propias identidades e intereses de los Estados, y no únicamente para regular o restringir su comportamiento. Esta va a ser quizá la principal diferencia entre el constructivismo y el racionalismo que tanto el realismo estructural, como el neoliberalismo institucional, comparten. Es por esta diferencia, vía aprendizaje, ideas, instituciones y socialización, que los sistemas anárquicos pueden generar interacciones muy diferentes, así como transformaciones sistémicas endógenas que no sean simplemente el reflejo mecánico de la distribución de capacidades materiales. Lo que me parece interesante de estas contribuciones por parte de Wendt es que no necesariamente rechazan las tesis y explicaciones realistas, sino que lo que hacen es contextualizar los aspectos estructurales y sociales que deben darse y mantenerse para que dichas lógicas puedan operar.

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Metateoría: IR y los criterios científicos para elegir una teoría

Luego de haber haber partido de los problemas vinculados a la toma de decisión política, y de haber presentado a las principales teorías disponibles en IR, Chernoff busca elevar la discusión al plano metateórico. El objetivo es revisar rápidamente algunos de los principales problemas o puntos en discusión sobre la actividad científica. Recordemos para Chernoff, dadas ciertas aseveraciones factuales, la política que uno decida llevar a cabo requiere de una determinada teoría. Y dado que el éxito de una política va a depender del éxito de una teoría, la pregunta que Chernoff busca responder ahora es qué criterios deberíamos tomar en cuenta para elegir a la mejor teoría. Esto va a exigir a Chernoff vincular la discusión de teorías sustantivas en relaciones internacionales a debates que provienen de la filosofía de la ciencia.

Los orígenes de la disciplina estaban más vinculados a la historia y el derecho. Pero es en siglo XX que se inicia un “giro científico” hacia el estudio de las relaciones internacionales (uno de los primeros referentes en esto es J. David Singer). El ideal inicial era la búsqueda de objetividad sin juicios morales para que pueda existir un verdadero progreso científico. Esta tradición de pensar que IR podría ser estudiado al modo de las ciencias naturales es denominada por Chernoff como “naturalismo”. Quienes se oponen a la concepción naturalista (“anti-naturalistas”) en las relaciones internacionales son agrupados bajo diversas etiquetas, como “hermenéutas”, “interpretativistas”, “postestructuralistas” y “teóricos críticos” (esta oposición será abordada en la siguiente sección). En el medio (“semi-naturalistas”) es posible encontrar a los constructivistas, dependiendo de qué tanto apuesten por una via media (a la Wendt). En esta sección Chernoff va a concentrarse sobre todo en la discusión que se da al interior de la tradicición más naturalista.

A grandes rasgos, es posible decir que la idea de ciencia que subyace aquí se basa en la observación empírica, buscando regularidades que pueden ser cuantificadas. El objetivo es poder explicar causalmente dichos patrones. Para eso se busca crear condiciones artificales de experimentación. Las teorías para generar este objetivo suponen dos tipos de términos: términos observacionales (pueden ser observados directamente) y términos teóricos (no pueden ser observados directamente). Los investigadores que construyen y corroboran sus teorías buscan ser lo más objetivo posible, controlando lo más posible los sesgos que puedan tener. Finalmente, el ideal es poder desprender predicciones que puedan ser justificadas por la teoría misma. Esa breve síntesis es lo que Chernoff llama una concepción tradicionalmente empirista de la ciencia.

Sobre los diferentes criterios disponibles para elegir una teoría en las ciencias, Chernoff menciona los siguientes: (1) consistencia interna (que las aseveraciones de la teoría sean compatibles entre sí y que no se puedan derivar contradicciones), (2) coherencia (fuera de no ser contradictorias, el todo de la teoría debe tener sentido), (3) simplicidad (tener menos leyes, postulados, entidades, mecanismos causales), (4) corroboración o rango (el alcance de eventos que puede explicar). Estos primeros cuatro son los más aceptados en la historia de la reflexión sobre la ciencia. A esos se añaden, (5) falsabilidad (podemos concebir resultados posibles que nos llevarían a cuestionar la teoría), (6) concreción (la teoría representa la realidad de manera directa), (7) fecundidad (que la teoría nos lleve a considerar eventos que antes no habíamos tomado en cuenta) y (8) conservadurismo metodológico (que la nueva teoría pueda reemplazar de la mejor manera a la teoría anterior, llenando lo más posible el vacío que dicho rechazo acarrearía).

En los inicios del siglo veinte, la escuela más influyente fue el positivismo lógico. Dicha escuela estaba comprometida con un empirismo fundacionalista. El punto de partida del conocimiento estaba fundado en la observación y en la inferencia lógica. La ciencia debía seguir un principio de verificación para que las aseveraciones en las diversas disputas pudiesen considerarse significativas. Otros presupuestos aquí era la distinción analítico-sintético, la distinción hecho-valor y el ideal de la unidad de la ciencia, donde el progreso científico es posible. Las regularidades y los términos observacionales pueden ser tenidos como reales, mientras que los términos teóricos no. Asimismo, las teorías en conjunto no son verdaderas o falsas, ya que solamente las aseveraciones que las componen lo son. Y finalmente, no hay un compromiso con la idea de causalidad o de mecanismos causales. Este tipo de presupuestos metateóricos fueron influentes en IR en la obra de J. David Singer. Esto en el campo fue llamado conductismo o behavioralism (y su oposición a las concepción no científicas o tradicionalistas en IR marcaron el segundo gran debate en la disciplina, hacia la mitad del siglo pasado).

Una primera crítica al positivismo lógico fue hacia el fundacionalismo. Recordemos que el fundacionalismo piensa que las teorías tienen que basarse en última instancia en observaciones que remiten a nuestros sentidos, y en la lógica. Esta tradición a pensado la construcción de la teoría de manera inductiva, yendo desde el fundamento hacia la teoría. Esto se hizo cuestionando la certeza de los reportes observacionales y atacando la posibilidad de desarrollar una teoría a partir de ellos.  Una alternativa en ese momento fue el modelo de explicación nomológico-deductivo de Carl Hempel. La idea básica aquí es que dadas ciertas condiciones para la generación de un evento, lo que hace el científico es señalar las regularidades o leyes. Es hipotético-deductivo en tanto que deriva conclusiones vía premisas y revisa los resultados de la deducción a través de la observación. Las leyes que se postulan pueden ser deterministas o probabilísticas. Hempel, por ejemplo, señaló que los reportes observacionales siempre mantienen un grado de incertidumbre. Esto lo llevo a adoptar una posición falibilista.  Otra crítica mucho más general y fundamental estaba dirigida al hecho de poder lógicamente construir certezas a partir de los reportes observacionales. Y esto suponía clasificar las aseveraciones como empíricas (sintéticas) o lógicas (analíticas). Esto hacía que ciertas aseveraciones no pudiesen caer en alguna de ambas categorías como “todas las aseveraciones son sintéticas o analíticas”, o “todas las aseveraciones con sentido pueden ser verificadas”. Dichos ejemplos no son analíticos porque el predicado no se encuentra contenido en el sujeto, pero tampoco parecen ser sintéticas porque no queda claro que evidencia empírica podría corroborarlas. Finalmente, el principio de verificación fue cuestionado por muchas razones, entre ellas que no era posible verificar las leyes científicas.

En una línea diferente. Karl Popper responder al positivismo lógico, buscando demarcar la ciencia de otras actividades de una manera diferente. El principal criterio es que las teorías científicas, si son verdaderas, deben especificar ciertas consecuencias observables en el mundo. De ahí que el objetivo no sea confirmar las teorías, sino falsearlas, buscando ver en qué casos no se cumpliría lo que se espera de la teoría. Y es la ciencia la que es susceptible de dicha posibilidad. Lo que no puede ser potencialmente probado como falso, no puede ser considerado científico. Y a medida que corroboramos más nuestras teorías, desarrollamos más confianza en ellas. Sin embargo, siempre se mantienen como conjeturas razonables, dado que la ciencia es una empresa abierta sujeta siempre a la crítica y a la falseación. Podemos con esto, además, probar que otras alternativas no son verdaderas. Pero no existe una certeza última para nuestras mejores teorías, con lo que esta visión también rechaza el ideal fundacional de la ciencia. Ahora bien, si tuviésemos dos teorías que no son falseadas, deberíamos preferir la que nos da mayor contenido, pues nos dice más sobre el mundo. Esto posibilita el progreso científico.

En contra de la idea de progreso, Thomas Kuhn estableció una manera de entender el cambio de la ciencia a través de un cambio de lo que llama “paradigma”. Podríamos decir que el paradigma comprende tanto la teoría cientícia, como el marco para evaluar a la propia teoría (sus criterios). Estos cambios no son progresivos, o guiados por principios racionales, y no hay manera de evaluar que el nuevo paradigma es objetivamente mejor. La razón de esto es que los paradigmas no tienen criterios objetivos externos para ser comparados entre sí, y porque no existe un fundamento objetivo externo de data para probar a las diferentes teorías, debido a que toda observación está cargada teóricamente (theory-laden) y los términos teóricos adquieren su sentido por su pertenecencia al conjunto de la teoría. Esto implica que la relación básica entre paradigmas es de inconmensurabilidad. Por eso el cambio se debe mucho más a factores psicológicos, históricos y sociológicos. Cuando los paradigmas son exitosos, su reproducción constituye la práctica de ciencia normal. El surgimiento de anomalías puede generar una crisis en el paradigma y su abandono vía una revolución científica, la cual busca instaurar un nuevo paradigma y una nueva práctica de ciencia normal.

Lakatos busca rescatar la idea de progreso científico. Pero para eso, considera que la competencia en la actividad científica no se da entre teorías, como piensa Popper, sino que dicha competencia es entre programas de investigación. Dichos programas comprenden una teoría, las modificaciones que dicha teoría puede admitir ante anomalías, y reglas heurísticas de apoyo (un núcleo duro, un cinturón protector, y heurística positiva y negativa). Esto cuestiona la idea de Popper de que uno debería descartar teorías cuando lo que se espera no se cumple. Lakatos muestra como los científicos no descartan fácilmente las teorías. Antes que esto buscan ver si es posible modificar ciertos aspectos del programa de investigación, con el fin de mantenerlo. Los científicos para Lakatos, entonces, son (y deben ser) mucho más conservadores de lo que espera Popper. De esta forma la crítica a Popper se bajo en el nivel descriptivo y prescriptivo sobre la práctica de la ciencia. Obviamente, no toda modificación tiene por qué ser aceptable. Y por eso lakatos piensa que si las modificaciones terminan siendo fundamentales e inaceptables, lo que se evidencia es el programa de investigación está en una situación degenerativa, en lugar de generar progreso científico. El progreso de los programas de investigación, en cambio, permite aumentar el poder explicativo de la ciencia, tanto hacia el pasado (de manera retrospectiva), como hacia el futuro.

Otro eje de discusión tiene que ver con si es que las entidades que observamos son reales. Los positivistas lógicos no consideraban a los términos teóricos como reales. Pero los realistas científicos argumentan que la ciencia no puede ser realmente entendida, si es que los términos teóricos no son asumidos como aludiendo a entidades reales. Algunos empiristas y pragmatistas toman una posición instrumentalista, según la cual las teorías científicas son herramientas para hacer ciertas cosas en el mundo. Eso hace que las teorías no sean en sí mismas susceptibles de verdad o falsedad. En todo caso, serían más o menos útiles, dependiendo de propósito que tenemos en el mundo. Dado que la simplicidad de la teoría es importante, es mucho más razonable limitar lo real a lo que se observa y considerar los términos teóricos como ficciones útiles organizar mejor la experiencia. Y esto sobre todo debido a que la ciencia tiene para el instrumentalista el objetivo de describir, explicar y predecir el mundo observable, con lo que ir más allá del ámbito de la observación sería problemático. Otro argumento del instrumentalismo tiene que ver con la sub-determinación de la teoría por la data, lo cual quiere decir que nunca tendremos una certeza última sobre si tenemos la mejor teoría disponible en base a la evidencia con la que contamos. Nuestro número finito de observaciones siempre será consistente con más de una teoría. Esto imposibilita determinar de manera final cuál sería la teoría correcta. Podremos rechazar varias alternativas, pero siempre será posible tener otra teoría que sea compatible con la evidencia dispoible. Finalmente, algunos autores como Quine radicalizan la sub-determinación diciendo incluso que la data nunca permite de manera puramente lógica poder eliminar o falsear a las teorías. Los criterios para elegir son mucho más pragmáticos y dependen de lo que queremos realizar en el mundo (y porque, además, al ser holista y no fundacionalista, es importante también que los ajustes tomen en cuenta el cuerpo de creencias que uno tiene). La verdad aquí es entendida de manera mucho más pragmática (en esta discusión, me parece que bajo la agrupación anti-realista de empirismo, fundacionalismo, holismo , instrumentalismo y pragmatismo se encuentran las ontologías filosóficas que Jackson piensa como neopositivismo y analiticismo).

El realismo científico rechaza esta visión y defiende que las teorías científicas exitosas tienen que aludir a entidades, leyes y procesos reales. De ahí que puedan ser consideradas como susceptibles de ser verdaderas o falsa. La idea básica es inferir que las mejores explicaciones son verdaderas y que refieren a entidades reales. Si eso no fuera así, para el realista la ciencia sería un mero milagro. El empirismo cuestiona al realismo también destacando que la historia de la ciencia muestra que nuestras mejores teorías científicas pasadas han terminado siendo rechazadas. Por ejemplo, los aristotélicos pensaban que que su teoría era verdad y eran realistas científicos. Sin embargo, hoy sabemos que tenían creencias equivocadas. De esto infieren una suerte de pesimismo inductivo según el cual nuestras mejores teorías de hoy, terminarán también siendo descartadas en el futuro, con lo que ser realista científico sobre ellas sería problemático. Que nuestras teorías actuales sean lo mejor que tenemos no debe llevarnos a inferir que son verdad y que aluden a entidades no observables reales.

Otra variante importante en IR, aunque menos presente en la filosofía de la ciencia, es el realismo crítico. Dicha posición defiende un realismo ontológico, un relativismo epistemológico y un racionalismo en el juicio (judgmental rationality). La idea es afirmar que la ciencia alude a entidades reales, así sean no observables; que nuestras creencias son socialmente producidas; y que es posible juzgar diferentes teorías como mejores o peores. Las entidades tienen poderes causales que la ciencia puede conocer, aunque sus efectos no sean predecibles fácilmente, debido a complejidad que existe en el mundo (el mundo es un sistema abierto, donde el investigador no tiene conocimiento, ni control de todas las variables que están interactuando). Restringir que lo real se reduce a lo que podemos observar para ellos consituye lo que Bhaskar denominó la “falacia epistémica” (y en su lugar defienden la estratificación de la realidad, es decir, que hay más realidad que la que podemos observar empíricamente). Finalmente, el realismo crítico tiene una orientación normativa: la ciencia (sobre todo la ciencia social) debe buscar mejorar las condiciones de vida y la emancipación de los sereshumanos.

Como ha podido verse, es la metateoría la que nos presenta un debate de segundo orden sobre cómo entender, evaluar y elegir teorías sustantivas para la investigación empírica en IR. Sin embargo, esta discusión metateórica se ha concentrado hasta el momento en el lado más naturalista del espectro teórico. Lo que Chernoff va a hacer luego, es ver las reacciones que las posiciones anti-naturalistas tienen. Esto es la llamado la “oposición reflexivista” (me parece que en alusión al famoso discurso de Keohan de 1988) y comprende una serie de tradiciones diversas (teoría crítica, post-estructuralismo y las variantes más interpretativistas del constructivismo) que rechazan que las ciencias sociales puedan operar de manera similar o análoga a las ciencias naturales.

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