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Eurocentrismo subliminal ortodoxo: institucionalismo neoliberal y la Escuela Inglesa (1966-1989)

En el caso del institucionalismo neoliberal y la Escuela Inglesa de las Relaciones Internacionales también (como con el caso del realismo de la post-guerra) las distinciones “civilización/ barbarie”, “blancos/no-blancos” son dejadas lado, aunque la primera de las distinciones devendrá subliminal a la hora de que ambas aproximaciones conciban a Occidente como en lugar donde la cooperación inter-estatal sucede, así como se asuma el hecho de que dichos Estados sean mucho más racionales que los demás (Hobson llama a esto, dotar de niveles de “súper-racionalidad” a los Estados occidentales). Como representante clave del institucionalismo neoliberal, Keohane dota a los Estados occidentales de un nivel más alto de agencia, tanto en lo que concierne a niveles de desarrollo (político y económico), como en la capacidad de poder rehacer la política mundial de acuerdo a sus intereses. El resto de Estados tendrá una agencia condicional, subordinada a la penetración de las “benignas” instituciones internacionales de Occidente. Por su parte, la Escuela Inglesa tiene dentro de sí dos concepciones de agencia para Oriente. Una primera, en la línea del institucionalismo neoliberal, es la de una agencia condicional a la asimilación de instituciones y prácticas de Occidente. Pero existe una segunda dotación de agencia de tipo predatoria donde Oriente deviene un problema, ya que desestabiliza el orden social internacional de la civilización occidental, debido a que no comparte los fundamentos básicos que hacen posible a la sociedad internacional (por ejemplo, normas, instituciones, prácticas, costumbres, cultura, etc.).

El neoliberalismo Institucional no se pronuncia sobre esta polémica, pero asume una concepción paternalista implícita, ya que las instituciones internacionales de Occidente sirven para promover la progresiva (y civilizatoria) conversión cultural del resto del mundo a los principios occidentales. En su lectura crítica After Hegemony (1984) lo que Hobson va a querer mostrar, de manera similar a lo hecho con los realistas, es que Keohane también presenta como teóricamente universal algo que termina siendo particular (provincialismo occidental).

Lo primero que es manifiesto, y hecho explícito por Keohane, es que su libro busca generar una teoría basada en los Estados capitalistas avanzados occidentales (junto con Japón). Y es ese fundamento ideológico común (por ejemplo, la creencia en el libre mercado y en la democracia) el que es condición de posibilidad para la cooperación inter-estatal a través de juegos iterados (básicamente el Dilema del prisionero). El otro componente eurocéntrico es que la cooperación requiere de “súper-racionalidad” debido a que los Estados occidentales deben pensar más a lago plazo para que la cooperación pueda emerger e institucionalizarse internacionalmente. Y si bien Keohane advierte que su teoría es para dichos Estados, admite que podría ser relevante para las relaciones “norte-sur”.

El problema para Hobson es que en esta relación la lógica no opera de manera similar por la desigualdad e implica una suerte de paternalismo imperial. Keohane, como los realistas discutidos en la entrada anterior, no considera dicha relación como imperial, ya que su definición involucra explotación económica. Pero es justamente el axioma de que la expansión del libre mercado beneficiaría a las economías del sur, lo que resulta eurocéntrico en última instancia. Uno podría replicar , por ejemplo, que las instituciones financieras internacionales solamente sirven para beneficiar a los países ricos a expensas de los pobres (esto puede hacerse recordando que Estados Unidos y Gran Bretaña se industrializaron con medidas fuertemente proteccionistas y que abrieron sus mercados cuando se encontraban en la cima de la jerarquía económica global: 1846 y 1945, respectivamente).

Ahora bien, Keohane puede responder rechazando esa teoría y basar su argumento en que el libre mercado beneficia a todos los Estados (y me parece que ello es congruente con la importancia que el institucionalismo neoliberal da a las ganancias absolutas de los Estados). Una segunda crítica, más seria, consistiría en decir que la expansión de las instituciones financieras internacionales opera como un vehículo neo-imperial paternalista que genera la asimilación cultural de los países no occidentales al ideal civilizatorio occidental (por ejemplo, prestando atención al hecho cada vez resulta más necesario adoptar las instituciones sociales, políticas y económicas occidentales). Frente a esta objeción, Keohane puede replicar que la asimilación a normas occidentales podría ser algo bueno, con lo que él no tendría problema en conceder ello como algo “benigno” (así sea catalogado por los objetores como un elemento “imperial”). Sin embargo, eso no anula la lógica paternalista eurocéntrica que subyace tras dicha visión.

Otro elemento implícito neo-imperial tiene que ver con la visión de Keohane sobre la hegemonía norteamericana (y que da lugar al título del libro). Keohane afirma que los Estados Unidos han sido clave en establecer las instituciones internacionales más importantes desde 1944, proceso que no fue meramente impuesto, pues habría contado con cierto consenso y negociación con los países involucrados. Lo problemático de ese argumento es que con el Tercer Mundo dichas instituciones han sido impuestas, sin mayor consenso (piénsese sobre todo en los ajustes estructurales). Y a nivel metateórico, resulta importante mostrar estos principios normativos que subyacen a la teoría porque, como se sabe, Keohane es uno de los académicos más representativos de una concepción positivista del quehacer científico para con las relaciones internacionales. Finalmente, dicho eurocentrismo para Hobson ha devenido manifiesto luego del fin de la Guerra Fría cuando Keohane ha pasado a defender abiertamente las intervenciones occidentales en el resto del mundo.

En el caso de la Escuela Inglesa, lo que se comparte con el institucionalismo neoliberal es la tesis de que la anarquía puede ser mitigada con cooperación inter-estatal, si es que existen instituciones y convenciones compartidas (sean éstas formales o informales). Aquí se debe empezar recordando que las teorías de los principales representantes de la Escuela Inglesa (como Bull) suponen el “big bang” endógeno de Occidente donde se da la evolución occidental de una sociedad internacional, logro que luego se expande al resto del mundo. Históricamente, esto va a ser problemático porque para Hobson Oriente siempre ha estado en contacto con occidente, mucho antes de que los europeos se decidiesen a “descubrir” Oriente. El punto es que una aproximación no-eurocéntrica reemplazaría la lógica de la inmanencia con una lógica de confluencia y de interacción entre civilizaciones. En lugar de pensar que primero fue Occidente y luego Oriente, Hobson argumenta en sus otros trabajos (con evidencia histórica) que sin Oriente, quizá no habría habido Occidente en primer lugar.

En segundo lugar, en el proceso de expansión de la sociedad internacional occidental es donde yace el implícito el tópico eurocéntrico sobre la misión paternalista y civilizatoria. Ello se expresa como el “estándar de civilización” que se establece en la sociedad internacional (estándar que hoy ha reemplazado bajo el régimen universal y de los derechos humanos), y dónde Oriente habría aceptado consensualmente la expansión de las ideas occidentales. Sin embargo, para Hobson ello no reconoce que muchas de las revoluciones del siglo veinte (como la de China) se dieron en el marco de una reacción a Occidente.

Finalmente, el otro elemento eurocéntricio implícito en la narrativa de la evolución y expansión de la sociedad internacional occidental es la construcción de una jerarquía bipolar, donde los principio de no intervención solamente se respetan plenamente para los países occidentales (“civilizados”). Esto hace que la llamada sociedad anárquica de la Escuela Inglesa termine siendo profúndamente jerárquica. Adicionalmente, en el progresivo desarrollo histórico, Bull considera que Oriente se presenta como una amenaza para la civilización occidental (lo que recuerda el tópico de la agencia predatoria), debido al creciente rechazo en adoptar una identidad cultural occidental.

En síntesis, el dilema teórico de Bull radica en que su pluralismo (recuérdese aquí el debate interno a la Escuela entre los pluralistas y los solidaristas) requiere de tolerancia hacia Estados con culturas diferentes, mientras que su análisis eurocéntrico determina que Oriente es un problema para el orden internacional, con lo que la intervención occidental se presenta como una medida necesaria (pero Hobson admite que si la Escuela Inglesa tomara más en cuenta a las instituciones financieras internacionales, como sí lo hace el institucionalismo neoliberal, quizá sería más viable encontrar una salida al dilema… aunque ello plantearía los problemas que enfrenta Keohane y que fueron mencionados líneas más arriba).


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