Vacío

El nombre propio del ser

Etiqueta: falacia epistémica

El realismo trascendental del realismo crítico

El realismo crítico de Bhaskar propone una filosofía de la ciencia que busca rechazar la posición positivista de pensar la explicación científica apelando a la idea humeana (y aún vigente hasta hoy) de “conjunciones constantes” (la cual asume que el mundo es un sistema cerrado). En lugar de esto, lo que el realismo crítico destaca como función de la ciencia es la detección de mecanismos y estructuras reales (independientes al pensamiento), los cuales son responsables causalmente de lo que percibimos empíricamente. Dichos mecanismos generativos son propiedades de las entidades que existen en el mundo, y son las que constituyen sus poderes causales para generar efectos en el mundo.

Para cuestionar la concepción positivista de la ciencia, la cual supone un realismo metafísico de tipo empirista, Bhaskar presenta un tipo específico de falacia en la cual caería el positivismo: la falacia epistémica. Dicha falacia consiste en suponer que las aseveraciones sobre el ser pueden ser siempre reducidas a aseveraciones sobre nuestro conocimiento del ser. Esto implica colapsar la ontología en epistemología, reduciendo lo real a lo que puede ser observable.

En contra de esto, Bhaskar quiere defender la independencia ontológica de entidades frente al pensamiento que podamos tener de ellas (realismo ontológico), y al mismo tiempo busca defender que la actividad científica consiste en medios de producción que a su vez son producidos (relatividad epistemológica). Esto es denominado como la dimensión transitiva del conocimiento, por el hecho de que está sujeta a cambios histórico-sociales. Sin embargo, el objetivo de la ciencia es poder comprender los mecanismos que, en combinaciones complejas, producen los fenómenos que observamos en el mundo. Esto es denominado como la dimensión intransitiva del conocimiento, en tanto que alude a lo que conocimiento refiere. En pocas palabras, se trata de conocer mecanismos que no dependen de nuestro conocimiento para ser. Y si uno acepta que la ciencia requiere de una dimensión intransitiva, entonces se admite la posibilidad de reflexionar filosóficamente sobre dichas entidades (ontología). Esta aceptación para Bhaskar no depende de un mero dogma. Todo lo contrario: para él la dimensión intransitiva es reconocida cuando uno presta atención a las prácticas científicas concretas. Esta posición filosófica del realismo crítico es denominada por Bhaskar en A Realist Theory of Science (1975)* como realismo trascendental. Bajo esta perspectiva el objetivo de la ciencia es comprender mecanismos causales reales e independientes al pensamiento, pero la ciencia misma es concebida como el producto histórico de una actividad social específica.

En el caso de la filosofía de la ciencia, la ontología filosófica es importante para Bhaskar en tanto responde a la pregunta de cómo debería ser el mundo para que la ciencia pueda ser posible. Esto opera hipotéticamente. Su punto de partida es que podría haber mundo sin ciencia, pero como hay ciencia (algo contingente), el mundo debe ser de cierta forma para que ello sea posible. Como mínimo, el mundo debe tener cierta estructura. La ontología filosófica en este caso es bastante básica: no nos dice qué estructuras o mecanismos concretos existen, pues eso es justamente lo que la investigación científica sustantiva determina. Sin embargo, la filosofía nos permite hacer explícito el hecho de que la actividad científica persigue el conocimiento de estructuras y mecanismos. Conocer algo es entonces conocer lo que algo tiende a hacer en circunstancias adecuadas.

La experiencia observable que el empirismo supone, para Bhaskar requiere de una dimensión intransitiva y estructurada. Y esto se debe a que es posible que la actividad científica cambie nuestras percepciones sobre los objetos que se investiga. Frente a las experiencias, Bhaskar añade el concepto de eventos. Los eventos son condición de posibilidad de experiencias, pero no al revés. Podría haber un mundo de eventos actuales, sin que existan seres que puedan percibir dichos eventos. Incluso es posible concebir que en nuestro mundo, dadas las capacidades actuales de la ciencia, existen eventos actuales que no podemos percibir (y que en un caso radical, quizá nunca podríamos percibir). Es la dimensión transitiva de la ciencia que la transforma nuestras capacidades de percepción y nuestros instrumentos teóricos. Pero además de esta diferencia entre eventos y experiencias, el realismo trascendental localiza a los mecanismos y estructuras en un dominio diferente: el real. Y es que, de lo que se trata es de admitir mecanismos generativos o estructuras causales en el mundo que producen eventos que, a su vez, podemos percibir. Sin embargo, dado que el mundo es un sistema abierto, es posible que los efectos regulares no se den por combinaciones complejas o por nuestra ignorancia de los mecanismos mismos que se encuentran en juego. De esto se sigue que la posibilidad de no tener regularidades no anula la independencia de mecanismos o estructuras independientes al pensamiento. En síntesis, existe una diferencia entre mecanismos reales y patrones de eventos actuales, así como de nuestras percepciones empíricas. Esto lleva a Bhaskar a distinguir entre lo real, lo actual y lo empírico.

Las leyes causales que se buscan en los experimentos no son creadas por los científicos. Suponen la independencia de éstas. Esto se debe a que en un laboratorio, debido a los controles que existen, se opera en un sistema cerrado. Pero los investigadores buscan producir patrones que identifiquen leyes causales que operen en un ambiente no-controlado, léase en el mundo (el cual por contraposición, opera como un sistema abierto). Pero en este contexto, dichas leyes no operan como conjunciones constantes regulares, pues éstas solamente emergen (en sentido eminente) en sistemas cerrados.

Los mecanismos generativos o estructuras son entendidos como poderes causales de entidades en el mundo, los cuales operan como tendencias (ya que operan en un sistema abierto). De ahí que sean denominados como transfactuales por el hecho de asumir que están operando, aunque los efectos no sean necesariamente regulares (esto es formulado bajo lo que Bhaskar llama aseveraciones nórmicas, las cuales no son aseveraciones empíricas). La consecuencia crucial de todo esto para el entendimiento de la ciencia es que el objetivo principal de esta última es comprender qué tipo de entidades existen y cuáles son sus poderes causales o tendencias transfactuales, y no predecir de manera determinista qué es lo que debe darse. Lo que la filosofía provee, dado que la ciencia ocurre, es cómo debería ser el mundo (como una hipótesis provisional): con entidades reales e independientes al pensamiento que operan de acuerdo a mecanismos, los cuales operan de manera tendencial y transfactual1. Sin embargo, saber qué entidades existen, de qué tipo son y cuáles son sus mecanismos es tarea de la ciencia misma.

El descubrimiento científico de dichos mecanismos y niveles de estratificación depende de las condiciones históricas, sociales y materiales de la producción científica. Dichas condiciones permiten la posibilidad de una lógica de descubrimiento científico que supone identificar regularidades, para luego postular entidades y mecanismos que explican dichas regularidades, los cuales son luego corroborados como existentes. Y si bien estas entidades y mecanismos (así como los diferentes niveles de estratificación ontológica) pueden ser tenidos como hipotéticos, el punto es poder tener evidencia suficiente para tenerlos provisionalmente como reales y no como meras ficciones teóricas. La ciencia deviene una actividad sin un término predeterminado, debido a que no es posible asumir un estrato de realidad último o final2.

Lo que Bhaskar quiere destacar en este contexto de sociología filosófica, o de análisis sobre la actividad social científica, es que dicha práctica supone una dimensión intransitiva como condición de posibilidad. Esto implica la imposibilidad de reducir la ciencia a una pura cuestión sociológica o lingüística. Pero también implica que la ciencia como proceso supone siempre antecedentes, pues nunca empieza desde cero. La articulación de todo lo anterior permite concebir el rol de la teoría como la producción hipotética de estructuras y mecanismos (producción conceptual del objeto) que pueden ser corroborados experimentalmente (hacer el objeto perceptible, sea directa o indirectamente), con lo que el pensamiento no queda “atrapado” dentro de sí. La idea es que si uno es falibilista sobre el conocimiento, eso quiere decir que uno es realista sobre el ser.. Y, parafraseando a Kant, Bhaskar sostiene que la teoría sin experimento es vacía, mientras que el experimento sin teoría es ciego. Y dado que ambas dimensiones son componentes de la historia de la producción científica, pueden haber desfases entre las teorías y las técnicas de experimentación, con lo que se admite la posibilidad (usualmente olvidada) de una refutación de teorías basada en instrumentos de detección (todavía) deficientes.

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Lo que me resulta interesante a mí del realismo crítico como proyecto es cómo esto va a derivar en una ontología social diferente y una filosofía de la ciencia social diferente (espero poder escribir sobre los trabajos seminales de Bhaskar y Archer en función a estos temas, pero quién más me interesa como representante contemporáneo de dicho proyecto metateórico es Elder-Vass). Pero desde lo que se anuncia aquí (aunque sea más más vinculado a las ciencias naturales), es que se presenta como una posición un poco más abierta y pluralista para con ciertos motivos críticos y continentales (la tradición filosófica de la que provengo), pero sin que ello implique el rechazo del quehacer científico por el hecho de ser “positivista” (lo cual, muchas veces es básicamente una generalización caricaturesca basada en la ignorancia o en debates de hace décadas). Y además del background filosófico continental, debe recordarse que mi primer encuentro con esta aproximación fue en el campo de las Relaciones Internacionales (por ejemplo, en el caso de Wight y en la presentación de Jackson), con lo que las cuestiones teóricas, metodológicas, y empíricas se mostraban en constante conexión.

Al mismo tiempo, la filosofía aquí opera no desvinculada de la práctica científica, lo que en las ciencia sociales me resulta bastante valioso en lo que refiere la relación que puede tener la teoría política con la ciencia política (inquietud que empezó por comprender la diferencia, si la hay,  entre teoría política y filosofía política). Y en lugar de asumir que la teoría debe ser pura o siempre abstracta, aquí existe una relación mucho más productiva. Finalmente, si bien pueden haber investigaciones que asuman explícitamente una metateoría positivista, el punto de Bhaskar es que lo que manda es el proceso de la práctica de la investigación científica concreta, y si nuestras mejores metateorías no son positivistas, mucho de los sesgos contra de la investigación social pierden sentido (esto es fructífero, como ya dije, contra varios sentidos comunes continentales). No solamente entonces la cuestión metateórica genera un efecto hermenéutico o reconstructivo sobre la práctica concreta, sino que lo puede hacer sobre teorías sustantivas. Y en el caso de teoría política, me interesa mucho explorar esa posibilidad en la teoría crítica, dado que el diálogo con las ciencias sociales es intrínseco. Ahí nuevas formas de entender lo que la ciencia social hace (fuera de los aportes sustantivos mismos), así como diferentes variaciones de ontología social presentan posibilidades y límites a lo que una teoría crítica sustantiva puede hacer.

Notas

* Lo que he escrito en este post se basa básicamente en el libro de Bhaskar, pero existen unas breves conferencias dadas por Bhaskar donde explica las diferentes fases del realismo crítico. He podido revisar la que es dedicada al realismo trascendental y creo que podría serle útil a quién no está familiarizado con la obra de Bhaskar. El enlace se encuentra aquí.

1 Dado que en la realidad operan múltiples mecanismos y estructuras, dando lugar a resultados complejos que están co-determinados, Bhaskar infiere que esta es una manera naturalista para hacer un lugar a la agencia humana (en tanto la asumimos como libre y como parte del mundo, simultáneamente). Esto es pensado bajo una ontología donde la realidad se encuentra estratificada por diferentes niveles de complejidad y organización, que mantienen una relación de emergencia entre sí, la cual es irreducible.

2 Píensese que esto contrasta con la posibilidad que admite Meillassou en After Finitude o en La inexistencia divina sobre la manifestación de algo sin causa alguna (ex nihilo). Bhaskar puede responder que si bien es posible admitir “milagros” como posibilidad, no es posible poder conocerlos en tanto milagros. Y la razón se debe a que lo que nos parece un claro caso de producción ex nihilo, podría luego ser explicado científicamente. La historia de la producción científica tiene suficientes ejemplos de esto. Y ello, me parece, podría incluso expandirse a los “mundos” de Meillassoux.

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Metateoría: IR y los criterios científicos para elegir una teoría

Luego de haber haber partido de los problemas vinculados a la toma de decisión política, y de haber presentado a las principales teorías disponibles en IR, Chernoff busca elevar la discusión al plano metateórico. El objetivo es revisar rápidamente algunos de los principales problemas o puntos en discusión sobre la actividad científica. Recordemos para Chernoff, dadas ciertas aseveraciones factuales, la política que uno decida llevar a cabo requiere de una determinada teoría. Y dado que el éxito de una política va a depender del éxito de una teoría, la pregunta que Chernoff busca responder ahora es qué criterios deberíamos tomar en cuenta para elegir a la mejor teoría. Esto va a exigir a Chernoff vincular la discusión de teorías sustantivas en relaciones internacionales a debates que provienen de la filosofía de la ciencia.

Los orígenes de la disciplina estaban más vinculados a la historia y el derecho. Pero es en siglo XX que se inicia un “giro científico” hacia el estudio de las relaciones internacionales (uno de los primeros referentes en esto es J. David Singer). El ideal inicial era la búsqueda de objetividad sin juicios morales para que pueda existir un verdadero progreso científico. Esta tradición de pensar que IR podría ser estudiado al modo de las ciencias naturales es denominada por Chernoff como “naturalismo”. Quienes se oponen a la concepción naturalista (“anti-naturalistas”) en las relaciones internacionales son agrupados bajo diversas etiquetas, como “hermenéutas”, “interpretativistas”, “postestructuralistas” y “teóricos críticos” (esta oposición será abordada en la siguiente sección). En el medio (“semi-naturalistas”) es posible encontrar a los constructivistas, dependiendo de qué tanto apuesten por una via media (a la Wendt). En esta sección Chernoff va a concentrarse sobre todo en la discusión que se da al interior de la tradicición más naturalista.

A grandes rasgos, es posible decir que la idea de ciencia que subyace aquí se basa en la observación empírica, buscando regularidades que pueden ser cuantificadas. El objetivo es poder explicar causalmente dichos patrones. Para eso se busca crear condiciones artificales de experimentación. Las teorías para generar este objetivo suponen dos tipos de términos: términos observacionales (pueden ser observados directamente) y términos teóricos (no pueden ser observados directamente). Los investigadores que construyen y corroboran sus teorías buscan ser lo más objetivo posible, controlando lo más posible los sesgos que puedan tener. Finalmente, el ideal es poder desprender predicciones que puedan ser justificadas por la teoría misma. Esa breve síntesis es lo que Chernoff llama una concepción tradicionalmente empirista de la ciencia.

Sobre los diferentes criterios disponibles para elegir una teoría en las ciencias, Chernoff menciona los siguientes: (1) consistencia interna (que las aseveraciones de la teoría sean compatibles entre sí y que no se puedan derivar contradicciones), (2) coherencia (fuera de no ser contradictorias, el todo de la teoría debe tener sentido), (3) simplicidad (tener menos leyes, postulados, entidades, mecanismos causales), (4) corroboración o rango (el alcance de eventos que puede explicar). Estos primeros cuatro son los más aceptados en la historia de la reflexión sobre la ciencia. A esos se añaden, (5) falsabilidad (podemos concebir resultados posibles que nos llevarían a cuestionar la teoría), (6) concreción (la teoría representa la realidad de manera directa), (7) fecundidad (que la teoría nos lleve a considerar eventos que antes no habíamos tomado en cuenta) y (8) conservadurismo metodológico (que la nueva teoría pueda reemplazar de la mejor manera a la teoría anterior, llenando lo más posible el vacío que dicho rechazo acarrearía).

En los inicios del siglo veinte, la escuela más influyente fue el positivismo lógico. Dicha escuela estaba comprometida con un empirismo fundacionalista. El punto de partida del conocimiento estaba fundado en la observación y en la inferencia lógica. La ciencia debía seguir un principio de verificación para que las aseveraciones en las diversas disputas pudiesen considerarse significativas. Otros presupuestos aquí era la distinción analítico-sintético, la distinción hecho-valor y el ideal de la unidad de la ciencia, donde el progreso científico es posible. Las regularidades y los términos observacionales pueden ser tenidos como reales, mientras que los términos teóricos no. Asimismo, las teorías en conjunto no son verdaderas o falsas, ya que solamente las aseveraciones que las componen lo son. Y finalmente, no hay un compromiso con la idea de causalidad o de mecanismos causales. Este tipo de presupuestos metateóricos fueron influentes en IR en la obra de J. David Singer. Esto en el campo fue llamado conductismo o behavioralism (y su oposición a las concepción no científicas o tradicionalistas en IR marcaron el segundo gran debate en la disciplina, hacia la mitad del siglo pasado).

Una primera crítica al positivismo lógico fue hacia el fundacionalismo. Recordemos que el fundacionalismo piensa que las teorías tienen que basarse en última instancia en observaciones que remiten a nuestros sentidos, y en la lógica. Esta tradición a pensado la construcción de la teoría de manera inductiva, yendo desde el fundamento hacia la teoría. Esto se hizo cuestionando la certeza de los reportes observacionales y atacando la posibilidad de desarrollar una teoría a partir de ellos.  Una alternativa en ese momento fue el modelo de explicación nomológico-deductivo de Carl Hempel. La idea básica aquí es que dadas ciertas condiciones para la generación de un evento, lo que hace el científico es señalar las regularidades o leyes. Es hipotético-deductivo en tanto que deriva conclusiones vía premisas y revisa los resultados de la deducción a través de la observación. Las leyes que se postulan pueden ser deterministas o probabilísticas. Hempel, por ejemplo, señaló que los reportes observacionales siempre mantienen un grado de incertidumbre. Esto lo llevo a adoptar una posición falibilista.  Otra crítica mucho más general y fundamental estaba dirigida al hecho de poder lógicamente construir certezas a partir de los reportes observacionales. Y esto suponía clasificar las aseveraciones como empíricas (sintéticas) o lógicas (analíticas). Esto hacía que ciertas aseveraciones no pudiesen caer en alguna de ambas categorías como “todas las aseveraciones son sintéticas o analíticas”, o “todas las aseveraciones con sentido pueden ser verificadas”. Dichos ejemplos no son analíticos porque el predicado no se encuentra contenido en el sujeto, pero tampoco parecen ser sintéticas porque no queda claro que evidencia empírica podría corroborarlas. Finalmente, el principio de verificación fue cuestionado por muchas razones, entre ellas que no era posible verificar las leyes científicas.

En una línea diferente. Karl Popper responder al positivismo lógico, buscando demarcar la ciencia de otras actividades de una manera diferente. El principal criterio es que las teorías científicas, si son verdaderas, deben especificar ciertas consecuencias observables en el mundo. De ahí que el objetivo no sea confirmar las teorías, sino falsearlas, buscando ver en qué casos no se cumpliría lo que se espera de la teoría. Y es la ciencia la que es susceptible de dicha posibilidad. Lo que no puede ser potencialmente probado como falso, no puede ser considerado científico. Y a medida que corroboramos más nuestras teorías, desarrollamos más confianza en ellas. Sin embargo, siempre se mantienen como conjeturas razonables, dado que la ciencia es una empresa abierta sujeta siempre a la crítica y a la falseación. Podemos con esto, además, probar que otras alternativas no son verdaderas. Pero no existe una certeza última para nuestras mejores teorías, con lo que esta visión también rechaza el ideal fundacional de la ciencia. Ahora bien, si tuviésemos dos teorías que no son falseadas, deberíamos preferir la que nos da mayor contenido, pues nos dice más sobre el mundo. Esto posibilita el progreso científico.

En contra de la idea de progreso, Thomas Kuhn estableció una manera de entender el cambio de la ciencia a través de un cambio de lo que llama “paradigma”. Podríamos decir que el paradigma comprende tanto la teoría cientícia, como el marco para evaluar a la propia teoría (sus criterios). Estos cambios no son progresivos, o guiados por principios racionales, y no hay manera de evaluar que el nuevo paradigma es objetivamente mejor. La razón de esto es que los paradigmas no tienen criterios objetivos externos para ser comparados entre sí, y porque no existe un fundamento objetivo externo de data para probar a las diferentes teorías, debido a que toda observación está cargada teóricamente (theory-laden) y los términos teóricos adquieren su sentido por su pertenecencia al conjunto de la teoría. Esto implica que la relación básica entre paradigmas es de inconmensurabilidad. Por eso el cambio se debe mucho más a factores psicológicos, históricos y sociológicos. Cuando los paradigmas son exitosos, su reproducción constituye la práctica de ciencia normal. El surgimiento de anomalías puede generar una crisis en el paradigma y su abandono vía una revolución científica, la cual busca instaurar un nuevo paradigma y una nueva práctica de ciencia normal.

Lakatos busca rescatar la idea de progreso científico. Pero para eso, considera que la competencia en la actividad científica no se da entre teorías, como piensa Popper, sino que dicha competencia es entre programas de investigación. Dichos programas comprenden una teoría, las modificaciones que dicha teoría puede admitir ante anomalías, y reglas heurísticas de apoyo (un núcleo duro, un cinturón protector, y heurística positiva y negativa). Esto cuestiona la idea de Popper de que uno debería descartar teorías cuando lo que se espera no se cumple. Lakatos muestra como los científicos no descartan fácilmente las teorías. Antes que esto buscan ver si es posible modificar ciertos aspectos del programa de investigación, con el fin de mantenerlo. Los científicos para Lakatos, entonces, son (y deben ser) mucho más conservadores de lo que espera Popper. De esta forma la crítica a Popper se bajo en el nivel descriptivo y prescriptivo sobre la práctica de la ciencia. Obviamente, no toda modificación tiene por qué ser aceptable. Y por eso lakatos piensa que si las modificaciones terminan siendo fundamentales e inaceptables, lo que se evidencia es el programa de investigación está en una situación degenerativa, en lugar de generar progreso científico. El progreso de los programas de investigación, en cambio, permite aumentar el poder explicativo de la ciencia, tanto hacia el pasado (de manera retrospectiva), como hacia el futuro.

Otro eje de discusión tiene que ver con si es que las entidades que observamos son reales. Los positivistas lógicos no consideraban a los términos teóricos como reales. Pero los realistas científicos argumentan que la ciencia no puede ser realmente entendida, si es que los términos teóricos no son asumidos como aludiendo a entidades reales. Algunos empiristas y pragmatistas toman una posición instrumentalista, según la cual las teorías científicas son herramientas para hacer ciertas cosas en el mundo. Eso hace que las teorías no sean en sí mismas susceptibles de verdad o falsedad. En todo caso, serían más o menos útiles, dependiendo de propósito que tenemos en el mundo. Dado que la simplicidad de la teoría es importante, es mucho más razonable limitar lo real a lo que se observa y considerar los términos teóricos como ficciones útiles organizar mejor la experiencia. Y esto sobre todo debido a que la ciencia tiene para el instrumentalista el objetivo de describir, explicar y predecir el mundo observable, con lo que ir más allá del ámbito de la observación sería problemático. Otro argumento del instrumentalismo tiene que ver con la sub-determinación de la teoría por la data, lo cual quiere decir que nunca tendremos una certeza última sobre si tenemos la mejor teoría disponible en base a la evidencia con la que contamos. Nuestro número finito de observaciones siempre será consistente con más de una teoría. Esto imposibilita determinar de manera final cuál sería la teoría correcta. Podremos rechazar varias alternativas, pero siempre será posible tener otra teoría que sea compatible con la evidencia dispoible. Finalmente, algunos autores como Quine radicalizan la sub-determinación diciendo incluso que la data nunca permite de manera puramente lógica poder eliminar o falsear a las teorías. Los criterios para elegir son mucho más pragmáticos y dependen de lo que queremos realizar en el mundo (y porque, además, al ser holista y no fundacionalista, es importante también que los ajustes tomen en cuenta el cuerpo de creencias que uno tiene). La verdad aquí es entendida de manera mucho más pragmática (en esta discusión, me parece que bajo la agrupación anti-realista de empirismo, fundacionalismo, holismo , instrumentalismo y pragmatismo se encuentran las ontologías filosóficas que Jackson piensa como neopositivismo y analiticismo).

El realismo científico rechaza esta visión y defiende que las teorías científicas exitosas tienen que aludir a entidades, leyes y procesos reales. De ahí que puedan ser consideradas como susceptibles de ser verdaderas o falsa. La idea básica es inferir que las mejores explicaciones son verdaderas y que refieren a entidades reales. Si eso no fuera así, para el realista la ciencia sería un mero milagro. El empirismo cuestiona al realismo también destacando que la historia de la ciencia muestra que nuestras mejores teorías científicas pasadas han terminado siendo rechazadas. Por ejemplo, los aristotélicos pensaban que que su teoría era verdad y eran realistas científicos. Sin embargo, hoy sabemos que tenían creencias equivocadas. De esto infieren una suerte de pesimismo inductivo según el cual nuestras mejores teorías de hoy, terminarán también siendo descartadas en el futuro, con lo que ser realista científico sobre ellas sería problemático. Que nuestras teorías actuales sean lo mejor que tenemos no debe llevarnos a inferir que son verdad y que aluden a entidades no observables reales.

Otra variante importante en IR, aunque menos presente en la filosofía de la ciencia, es el realismo crítico. Dicha posición defiende un realismo ontológico, un relativismo epistemológico y un racionalismo en el juicio (judgmental rationality). La idea es afirmar que la ciencia alude a entidades reales, así sean no observables; que nuestras creencias son socialmente producidas; y que es posible juzgar diferentes teorías como mejores o peores. Las entidades tienen poderes causales que la ciencia puede conocer, aunque sus efectos no sean predecibles fácilmente, debido a complejidad que existe en el mundo (el mundo es un sistema abierto, donde el investigador no tiene conocimiento, ni control de todas las variables que están interactuando). Restringir que lo real se reduce a lo que podemos observar para ellos consituye lo que Bhaskar denominó la “falacia epistémica” (y en su lugar defienden la estratificación de la realidad, es decir, que hay más realidad que la que podemos observar empíricamente). Finalmente, el realismo crítico tiene una orientación normativa: la ciencia (sobre todo la ciencia social) debe buscar mejorar las condiciones de vida y la emancipación de los sereshumanos.

Como ha podido verse, es la metateoría la que nos presenta un debate de segundo orden sobre cómo entender, evaluar y elegir teorías sustantivas para la investigación empírica en IR. Sin embargo, esta discusión metateórica se ha concentrado hasta el momento en el lado más naturalista del espectro teórico. Lo que Chernoff va a hacer luego, es ver las reacciones que las posiciones anti-naturalistas tienen. Esto es la llamado la “oposición reflexivista” (me parece que en alusión al famoso discurso de Keohan de 1988) y comprende una serie de tradiciones diversas (teoría crítica, post-estructuralismo y las variantes más interpretativistas del constructivismo) que rechazan que las ciencias sociales puedan operar de manera similar o análoga a las ciencias naturales.

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