Tres dimensiones del aceleracionismo de Nick Land

por Erich Luna

Nick Land ha vuelto a contribuir hace poco a la discusión en torno al aceleracionismo vía la nueva revista Jacobite. Lo interesante del texto es que evidencia  que Land sigue manteniendo lo que considero la tesis fundamental del aceleracionismo, tesis que fue elaborándose sobre todo durante la década de 1990, y que se encuentra en la compilación de Fanged Noumena (esto obviamente al margen de que Land no haya usado propiamente la expresión):

El aceleracionismo debe ser entendido como un proceso ontológico.

Esto diferencia la concepción de Land del aceleracionismo de izquierda (influenciado por autores como Srnicek y Williams, los cuales ya no usan el término desde Inventing the Future) para quienes el aceleracionismo opera como un programa político. Debe recordarse que el Manifiesto de Srnicek y Williams abogaba sintomáticamente por una política aceleracionista.

En tanto proceso ontológico de aceleración, lo que Land sostiene como necesaria predicción es que la agencia humana no podrá ir a la par para comprender dicho proceso, ni (mucho menos) para poder lidiar exitosamente con él. Se trata de un inevitable fracaso teórico-cognitivo y práctico-político. Esto se debe básicamente a la complejidad del proceso y a la velocidad de su devenir en relación a la limitada racionalidad humana. Esta es, pues, la que considero la dimensión metateórica del aceleracionismo de Land. La dimensión es metateórica porque tiene que ver con el supuesto ontológico de base sobre cómo debe entenderse lo que es el aceleracionismo: un proceso ontológico y no un programa político.

En segundo lugar, Land también sigue manteniendo su lectura cibernética del Anti-Edipo de Deleuze y Guattari, y por ello concibe los procesos de territorialización y desterritorialización como procesos de retroalimentación (negativa y positiva, respectivamente). Es el proceso de retroalimentación positiva desestabilizadora (o desterritorialización) lo que Land considera como el único tema del que trata el aceleracionismo. Esta es la que considero la dimensión teórica del aceleracionismo. La dimensión es teórica porque el tipo de teoría adecuada para comprender dicho proceso ontológico es la cibernética. De ahí que al ser especificado, dicho proceso sea entendido como un proceso cibernético de retroalimentación positiva desterritorializante.

Finalmente, la tercera dimensión es la dimensión sustantiva, la cual es entendida en términos de realidad socio-histórica. Esto para Land es “capitalismo no compensado” (uncompensated capitalism) y su lógica es la de un nihilismo autoproductivo y automatizado anti-antropocéntrico. La dimensión es sustantiva porque el aceleracionismo tiene fundamentalmente que ver con un análisis de la realidad desde la modernización capitalista. Es dicha configuración social la que opera como el asunto empírico del que trata.

Dado que el capitalismo es entendido como el elemento sustantivo que es teorizado cibernéticamente y metateorizado como proceso ontológico, lo que se desprende es que la agencia humana necesariamente irá perdiendo progresivamente capacidad cognitiva y práctica para manejar dicho proceso, fuera de perder su rol central en el proceso. Se trata de la inevitable obsolescencia humana para con el proceso de autoproducción autónoma del capital.

Todo lo anterior hace que la teoría sobre el aceleracionismo adquiera en Land un rol paradójico, pues aspira a ser una teoría descriptiva (y hasta cierto punto explicativa) aunque metateóricamente no haya posibilidad de una cognición adecuada.Esto implica que el propio supuesto de base niega que la propia descripción de su imposibilidad sea posible. Pero mucho más importante que dicha contradicción teórico-performativa es que cualquier tipo de teorización crítica del proceso ontológico (como las del aceleracionismo de izquierda) pierde de vista para Land el hecho de que la verdadera crítica no es la que realiza la teoría, sino la que realiza el proceso ontológico mismo. Es la desterritorialización nihilista del capital la verdadera crítica de lo existente, mientras que son las teorías críticas sobre el capital las que desde la visión de Land operan como nostalgias reaccionarias (por el hecho de ser antropocéntricas y por anhelar mayor territorialización). La conclusión es la disolución de la agencia humana. Y por eso el artículo termina sosteniendo que la respuesta correcta a la pregunta por qué podemos hacer al respecto sea la risa.

Nick Land es para mí un excelente filósofo y escritor. Sus diagnósticos y juicios son sumamente provocadores y presentan retos y preguntas que deben de ser abordados, fuera de dedicarse (como Nietzsche) a destruir todo lo que consideramos obvio, valioso y deseable. Sería hasta posible decir que su práctica filósofica es deleuzeana en tanto que busca denunciar la estupidez sin pretender servir a nadie. Sin embargo, por más interesante y estimulante que sea su aceleracionismo, no me termina de convencer del todo. Dejando de lado las cuestiones normativas y axiológicas (las cuales no tendría mucho sentido utilizar para polemizar frente a alguien como Land) mis principales reticencias creo que son más bien de índole más teórica.

Lo primero es recordar que la teoría no busca ningún tipo de prescripción, aunque sea crítica con quienes quisieran algún mecanismo para poder lidiar con el proceso. Funciona análogamente al conocimiento científico que tenemos sobre la inevitable catástrofe solar (el hecho de saber que algún día el Sol terminará su ciclo de vida): “sirve” para saber que tenemos los días contados. En este sentido busca describir un proceso. Para mí el problema con esta descripción es que termina operando como una meta-narrativa difícil, por no decir imposible, de comprobar. Lo que hace Land es reseñar en su blog cosas que pasan diariamente y usarlas como evidencia de que existe el proceso ontológico. Pero es una evidencia puramente anecdótica. Uno no tiene claro bajo qué circunstancias el aceleracionismo podría ser falso aquí (el mismo problema que, irónicamente, tendría el marxismo). La pregunta acá es si es posible concebir escenarios futuros donde dicho proceso ontológico no se da y que no involucren simplemente “contener lo inevitable” por unos cuantos años.

Pero además, incluso cuando Land apela a ciertas teorías económicas (como a las de la Escuela Austríaca) o a narrativas historiográficas específicas (como las de la NRx) para sustentar el elemento sustantivo del aceleracionismo, tampoco queda muy claro qué añade el aceleracionismo en términos explicativos. Y la verdad es que no parece añadir nada a cambio de renunciar a explicaciones más parsimoniosas. Lo que parece, repito, es dar el marco meta-narrativo (fundamentalmente filosófico y especulativo) de una gran historia universal para comprender la totalidad (una especie de teodicea tanatrópica que opera bajo la reificación de “el” capital). Pero la evidencia está muy lejos de ser concluyente. Incluso hasta podría decirse que la evidencia está infradeterminada por la teoría, y que sería totalmente posible oponer una teoría no aceleracionista que dé cuenta de los mismos procesos económicos, con las mismas consecuencias nihilistas, pero que sea más parsimoniosa (y donde no se asume una relación interna no suficientemente probada entre capitalismo e inteligencia artificial).

Lo peor es que incluso si la evidencia fuese concluyente para nosotros (me refiero a nosotros, los seres humanos), ello no permitiría realmente aseverar que se está comprendiendo dicho proceso realmente, pues la propia ontología aceleracionista impide dicha cognición debido a que estaríamos condenados a estar inmersos en un proceso aceleracionista bajo condiciones de racionalidad y tiempo sumamente limitados. En ese contexto tendríamos que tener mucha suerte para justo poder tener un profeta… como Nick Land.

***

Otro punto que sería bueno considerar es la diferencia práctica del aceleracionismo como teoría. Aquí me parece que lo que hay, de buenas a primeras,  es una práctica que no se distingue del libertarianismo. Un libertario votaría y/ o promovería las mismas reformas y/ o políticas económicas que un aceleracionista landiano. La única diferencia aquí sería política: el libertario suele abogar por un Estado de derecho con libertades individuales (civiles y políticas). Land aboga en el plano actual por libertades civiles, pero las políticas le parecen prescindibles, usando como ejemplos a China o Singapur. Esto es, lo hace apelando a Estados autoritarios desarrollistas y capitalistas. Sin embargo, me parece que aquí los ejemplos son muy difíciles de replicar empíricamente (principalmente por condiciones históricas y estructurales muy particulares). La evidencia anecdótica una vez más aparece, pero para servir a una tesis general que se querría inferir. El problema es que hay muchos tipos de autoritarismo y la mayoría tiene un desarrollo económico mucho peor que el de las democracias. Esto no lo menciono para defender a la democracia normativamente, algo que en este tipo de conversación no sería persuasivo (o relevante), sino que lo que busco es enfatizar que es tramposa la generalización empírica. El otro elemento que operaría como diferenciación práctica sería la discusión de biodiversidad humana, algo que el libertario actual rechazaría de plano en pro de un estado de derecho formal y universal (aunque quizá podría coquetear con la libertad individual para la manipulación y reproducción genética ).

Ahora bien, lo que sí debería quedar claro es que dicho plano, como ya se dijo, es el actual. En un plano ideal, Land simpatizaría con una posición neocameralista (aunque él no considere que el neocameralismo sea per se un programa político). Esto implica en la práctica la privatización de los Estados, con lo que se eliminan los residuos de “barbarie” y se abraza la universalización de la “civilización” (los términos aquí los hago pensando en el sentido que Deleuze y Guattari dan a los mismos). Esto haría del aceleracionista landiano una posición convergente con la de un anarco-capitalista libertario. Dado que por lo pronto esto no existe, la discusión sobre cómo sería tal mundo posible y cómo sería posible realizarlo sería aquí puramente especulativa y por ello no será abordada. En todo caso, el punto histórico-empírico de discusión medular aquí es si el capitalismo puede existir adecuadamente (o mejor de lo que existe) sin la infraestructura de un sistema internacional estatal. Es en esta cuestión donde se juega el carácter empírico de la tesis aceleracionista de acuerdo a la cual el proceso cibernético de retroalimentación positiva desterritorializante deviene progresivamente autónomo de sus orígenes de construcción estatal.

La posición contraria (probablemente más cercana al realismo político) sostendría que dicha construcción estatal es siempre necesaria y que es ella la que en última instancia (cuando la seguridad estatal se ve en riesgo) pondría en funcionamiento procesos de retroalimentación positiva territorializantes (para usar la expresión deleuzeana de Land). Una crisis de este tipo donde el Estado (o los Estados en riesgo) no pudiese generar dichos cambios a ningún nivel cuando ello fuese necesario daría pie para pensar que el proceso de autonomización del capital sí podría ser empíricamente cierto.

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