Racismo antiimperialista: liberalismo clásico y realismo cultural (1850-1914)

por Erich Luna

Las variantes que comprende el racismo antiimperialista imagina un mundo dividido entre Oriente y Occidente, donde el mundo está básicamente dividido racialmente (a diferencia de la división cultural/institucional del liberalismo antiimperialista) en tres grupos bajo una jerarquía civilizatoria informal (“blancos civilizados”, “amarillos bárbaros” y “negros salvajes”). Esta posición teórica se opone a las medidas socialistas y al emergente Estado de bienestar porque amenazaban a la vitalidad de la raza blanca, debido a que promovían la supervivencia de los blancos menos aptos para la supervivencia. En cambio, veían a las élites blancas como el grupo social destinado a preservar la vitalidad racial. Adicionalmente, una razón fundamental por las cuales este racismo se opone al imperialismo, es porque debe evitarse el contacto con las razas no blancas, con el fin de evitar todo tipo de contaminación que pudiese contribuir al declive vital de dicha raza. Y es que como el imperialismo tiende a dar residencia y ciudadanía a los no-blancos que migran hacia el país imperial, esta política termina afectando severamente al orden social civilizado de la raza blanca. Además, este contacto aumenta la probabilidad de que las razas se mezclen reproduciéndose, lo cual también es visto como un proceso degenerativo. Finalmente, los blancos que van a las colonias también degeneran la raza por contacto y reproducción, fuera de que  también el vivir en climas no aptos para la raza blanca aumenta la degeneración racial.

Dentro de este grupo diverso, Charles Henry Pearson era uno de los que pensaba que el imperialismo ya no era una opción viable para Occidente, debido a que la agencia de Oriente es concebida de manera predatoria. En este caso es el Occidente el que se ve amenazado por la expansión de las otras razas, expansión posibilitada por la ayuda generada por el imperialismo británico vía las misiones civilizatorias. Esto implica una lectura negativa de la creciente interdependencia entre los Estados, ya que acerca mucho a oriente (esto es lo que Hobson tipifica como “globalización como amenaza oriental”). Asimismo, el clima tropical es perjudicial para la raza blanca, con lo que dicha raza solamente puede florecer plena y adecuadamente en pocos lugares del mundo.

El ejemplo más representativo y emblemático es Herbert Spencer (así como su discípulo William Graham Sumner), cuyo racismo científico lo llevó a defender políticas internacionales antiimperialistas de laissez-faire y un optimismo sobre el progreso teleológico e histórico del desarrollo de las sociedades. Esto acerca a Spencer mucho más a Kant y Smith que a visiones racistas imperialistas (y ello se condice con el propósito del libro de hacer distinciones más matizadas sobre el eurocentrismo que generen paralelos no inmediatamente intuitivos). Se trata pues, de lo que Hobson llama un racismo defensivo que busca mantener la separación entre razas (aunque Spencer sí estaba a favor de la mezcla de razas dentro del conjunto de grupos arios).

La evolución para Spencer se da por la supervivencia del más apto/fuerte en tanto adaptación consciente al medio físico y social (una visión mucho más cercana a Lamarck que a Darwin). El neo-lamarckismo de Spencer supone la interacción compleja entre clima, geografía, vegetación, constitución biológica (emocional, física y emocional), así como los factores sociales de cada tipo de sociedad. Lo que importa de este modelo evolutivo es que el progreso evolutivo es posible vía el aprendizaje (a diferencia de una pura visión darwinista donde lo que es determinante es la mutación aleatoria sin agencia). Esto quiere decir que las razas pueden mejorar vía la selección consciente y la educación. En lo que respecta al proceso histórico, Spencer sí considera (junto a Kant y Smith) que éste es un proceso de desarrollo universal donde todas las sociedades y razas evolucionan unilinealmente desde las sociedades primitivas salvajes y bárbaras hasta la civilización industrial pacífica. Y también comparte con los liberales antiimperialistas la idea de que la agencia oriental es derivada y no condicional, esto es, que Oriente puede desarrollarse endógenamente sin la intervención de Occidente (siguiendo el camino unilineal y natural de desarrollo).

De todo lo anterior se deduce que para que la raza blanca siga manteniendo su vitalidad sea necesario dejar que las leyes del mercado y de la naturaleza seleccionen a los más aptos. Por eso Spencer concibe al Estado de laissez-faire como el estadio evolutivo más avanzado y piensa a la intervención estatal socialista como una medida regresiva que reproduce prácticas primitivas de colectivismo (lo que también se llama “eugenesia negativa”), las cuales impiden que el individualismo civilizado pueda seguir floreciendo (y el colonialismo también involucra una remilitarización de la sociedad, lo que para Spencer es algo profundamente regresivo). Finalmente, Sumner suscribe las visiones de su maestro y enfatiza el rechazo al colonialismo por ser paternalista. El verdadero progreso vital se da vía la competencia y los mecanismos de selección evolutivos, dentro de cada grupo racial (y por eso es que Sumner se oponía al imperialismo de los Estados Unidos, ya que podría prevenir la inmigración no blanca). Y los seres humanos que no resultan aptos, no sobrevivirían y ello contribuirá al progreso de la sociedad en su conjunto.

En síntesis, la crítica al imperialismo desde el racismo defensivo implica para Hobson las siguientes justificaciones:

first, imperialism entails an unacceptable, arrogant paternalist predisposition; second, imperialism undermines non-white and white development, as signalled above; third, imperialism leads to miscegenation and the degeneration of the white race; and fourth, colonialism entails residence in the tropical climate which also leads to white racial degeneration (Hobson 2012: 95).

Por su parte, David Starr Jordan y James Blair también eran racistas antiimperialistas, pero se diferencian de Spencer, Pearson y Sumner por el grado de agencia que daban a las otras razas. En estos últimos, oriente tenía niveles moderadamente altos de agencia, ya que las razas podrían desarrollarse plenamente (Spencer y Sumner), o la raza amarilla se pensaba como un agente depredador (Pearson). En cambio, Blair y Jordan pensaban que la agencia de los no occidentales era extremadamente baja, al punto de que no podrían autodesarrollarse. Finalmente, si la colonización involucra guerra y violencia, ello también perjudica a los blancos que van la guerra y mueren (siendo estos parte de los grupos más aptos de la raza), reduciendo el número de la raza superior (de ahí que una vertiente de este racismo haya llevado a una eugenesia pacifista). De ahí que concluyan que las misiones civilizatorias del imperialismo estuviesen condenadas al fracaso y solamente podrían perjudicar a Occidente. Esta posición es lo que Hobson llama racismo relativista en contraposición al racismo universalista de Spencer y Sumner, donde el criterio ddecisivo es el grado de agencia otorgado a los grupos raciales no blancos.

La conclusión general de este tipo de racismo, al margen de si es más universalista o más relativista es el aislamiento de las razas blancas y la oposición al imperialismo como política exterior de los Estados occidentales blancos civilizados, para prevenir poder prevenir la mezcla y contacto entre razas, proceso que solamente podría terminar en degeneración: tal es el ideal de un apartheid racial internacional.

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