Eurocentrismo antiimperialista: liberalismo (1760-1800)

Bajo la categoría de eurocentrismo antiimperialista, Hobson va a analizar el eurocentrismo de las teorías sobre lo internacional presentes en Adam Smith e Immanuel Kant, considerados en IR como precursores el internacionalismo liberal clásico. El punto crítico de Hobson es que el antiimperialismo de ambos autores se debe en un eurocentrismo anti-paternalista. Éste comparte la visión de un Occidente civilizado que se opone a un Oriente bárbaro y salvaje, pero sin asumir que los Estados europeos cuentan con híper-soberanía. Esto quiere decir que no hay propiamente un derecho para intervenir en Estados no europeos. Y en lo que respecta a la agencia, a diferencia del caso anterior donde ésta era condicional a la intervención de Occidente, aquí la agencia oriental se concibe como derivada. La agencia derivada supone que el desarrollo occidental puede ser alcanzado endógenamente por los no-occidentales, si es que Occidente no interviene. Estos rasgos son cruciales porque permiten mostrar que acá el liberalismo se caracteriza por un monismo cultural y no por algún tipo de pluralismo cultural. Esta lógica de progreso unilineal lleva a pensar a los Estados bajo jerarquías informales donde la soberanía es gradual (y donde Occidente es el que cuenta con una plena soberanía, por expresar la cumbre civilizatoria del proceso histórico).

Esta visión de Kant se expresa primero cuando éste afirma que sin un consentimiento de los nativos, los europeos no pueden asentarse en sus tierras. Y justamente, la idea kantiana de un derecho cosmopolita es para evitar prácticas imperialistas (y aquí debemos añadir las conocidas leyes kantianas de la “hospitalidad”). Asimismo, Kant defendía que las relaciones comerciales no debían ser desiguales, ni explotadoras. La lectura postcolonial estándar concibe a la expansión de las relaciones comerciales como imperialista, pero Hobson cuestiona esto porque históricamente ha sido Oriente (Chinos, Indios y musulmanes) los que lideraron el intercambio comercial, extendiéndolo hacia Italia. Y nadie consideraría a este proceso como un imperialismo oriental informal. Aquí lo que que explica la discrepancia conceptual es que para Hobson el imperialismo (ya sea éste formal o informal) requiere de un cierto grado de intervensionismo compulsivo. Y Kant no defendía que había que obligar a los no occidentales a entrar en relaciones comerciales, o intervenir generalmente para civilizar a los pueblos bárbaros y salvajes.

¿Cómo entonces se daría el proceso civilizatorio, si es que la posición de Kant es antiimperialista? Lo primero que debe señalarse, y este me pareció un punto interesante de Hobson (aunque controversial), es que Kant es un precursor del racismo científico en sus escritos antropológicos y geográficos. Sin embargo, en sus escritos políticos sobre lo international el racismo no juega papel alguno, al punto de que ambos grupos de escritos entran en abierta contradicción (y ello se condice, a mi juicio, con el hecho de que los académicos que solamente leen sus escritos éticos y políticos tienen a asumir que en general no hay racismo alguno). Menciono esto para reconocer que en otros trabajos kantianos hay racismo, pero que en lo político lo racial no llega a jugar un papel explicativo clave. La solución no racial de esta pregunta es el institucionalismo eurocéntrico kantiano: la historia de la humanidad es concebida de manera teleológica, donde existe un desarrollo lineal y secuencial por etapas que culmina en un Occidente civilizado e idealizado (esto último es importante porque significa que el ideal normativo es tomado del presente europeo, pero proyectado de manera ideal como el fin de la historia, fin al que todavía no ha llegado la humanidad en su conjunto). De sociedades salvajes, pasamos a las bárbaras, para llegar a la civilización republicano-capitalista donde su universalización daría lugar a la federación de Estados y a la paz perpetua.

Y lo que genera este proceso es isomórfico a la “mano invisible” de Adam Smith: es la insociable sociabilidad el motor necesario para el progreso histórico de las sociedades. Entonces, a pesar que no se defiende la intervención, si existe una suerte de deber humano para progresar desde la etapa salvaje hasta la etapa de civilización. Pero como el motor no es vía el imperialismo, lo que se desprende es que dicho proceso es endógeno a cada sociedad. Cada sociedad, si se le deja desarrollarse, tendería a autodesarrollarse siguiendo los estadios por los que ya ha pasado Occidente. Finalmente, es esta lectura la que para Hobson permite entender mejor las discrepancias entre Kant y Herder en torno a la filosofía de la historia (donde el último era mucho más relativismo y el primero fundamentalmente monista).

Por su parte, Adam Smith también comparte con Kant el hecho de ser un eurocéntrico antiimperialista, sustentando esto en un monismo eurocéntrico anti-paternalista. Pero acá, como es de esperarse, el fundamento converge con su concepción de la economía política. Su rechazo al imperialismo tiene que ver con las políticas colonialistas represivas de los europeos (intervencionismo estatal, monopolios comerciales, etc.), donde primaba el mercantilismo y no lo que ahora llamamos liberalismo. En pocas palabras, el colonialismo impone costos económicos y fiscales innecesarios que terminan siendo mayores a los beneficios agregados que los europeos (y los no europeos) recibirían, si es que no se realizaran dichas prácticas. Lo que se desprende de esto es que los Estados estarían mejor sin intervenciones estatales domésticas e internacionales. Pero además (y en convergencia con Kant), Smith no pensaba que las relaciones comerciales debían imponerse en Oriente.

Asimismo, junto con Kant, concibe que si Occidente es superior es por sus instituciones (siendo el ideal civilizatorio la sociedad occidental comercial basada en laissez-faire tomada de Europa, pero idealizada sin los elementos mercantiles presentes en dicho contexto histórico), pero que todas las sociedades podrían progresar hacia esa etapa. Smith veían a America como el estado de naturaleza original, pero siempre con la posibilidad de modernización (esto aplica en general a todas las razas y pueblos). Este proceso involucra la extensión de la división de trabajo, la acumulación de capital y el intercambio mercantil. Y como en Kant, este proceso puede darse endógenamente y sin intervención occidental, asumiendo una visión de progreso histórico lineal. Esto se debe a que para Smith la sociedad comercial está fundada en la naturaleza humana. De ahí que aquí también la agencia oriental sea concebida como derivada y donde la jerarquía es informal, pues es fundada en qué tanto se han adoptado las instituciones que Occidente generó endógenamente primero.


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