Imperialismo eurocéntrico: liberalismo y marxismo (1830-1914)

por Erich Luna

Luego de desarrollar la idea de que la teoría opera como un constructo eurocéntrico en las relaciones internacionales, Hobson quiere mostrar que hay ciertas variantes en el liberalismo y el marxismo que tienen una posición imperialista, aunque explícitamente se presenten como dos teorías modernas radicalmente antiimperialistas. Sin embargo, el imperialismo se va a encontrar en el hecho de que en ambas tradiciones teóricas se cuenta con una concepción de jerarquía formal entre soberanías divididas gradualmente. Este supuesto concede a los Estados europeos una híper-soberanía que rechaza que otros Estados puedan intervenir en sus asuntos domésticos. En cambio, los Estados orientales son considerados “bárbaros” (despotismo oriental) o “salvajes” (cuasi estado de naturaleza) y por eso su soberanía no es tenida como total, completa o plena. Asimismo, la concepción de agencia de los Estados orientales es condicional, es decir, que para poder desarrollarse y devenir racionales requiere de la intervención occidental vía misiones civilizatorias. Este nivel de agencia se contrasta con el occidental, el cual se considera como siendo pionero por generar la modernidad debido a su carácter excepcional. La modernización de occidente es endógena a Occidente mismo y supone una lógica de inmanencia que luego puede ser exportada al resto del mundo no-occidental. Ese proceso es entendido como una oportunidad para que Occidente recree el mundo a su imagen y semejanza. En lo que respecta al elemento imperialista, tanto John Stuart Mill, como Karl Marx conciben el imperialismo de manera despótica (ambos lo ven como algo necesario, aunque el primero lo ve más por su rol civilizatorio, mientras que el segundo por su rol funcional para la acumulación originaria), mientras que autores como John A. Hobson (¡no confundir con el autor del libro que es su nieto!) piensan que el imperialismo debería ser empático e imparcial con los pueblos que coloniza. En un nivel intermedio estarían autores más cercanos al canon de IR como Angell.

Lo interesante del análisis de Karl Marx hecho por Hobson es que nos recuerda que uno puede ser eurocéntrico sin tener que celebrar moralmente a occidente. En el caso de Marx, lo que subyace es un institucionalismo eurocéntrico paternalista. En sus artículos periodísticos, Marx insistía en que Oriente (China, India) solamente podría salir del atraso vía el imperialismo británico que posibilitaba el desarrollo del capitalismo (y, por ende, del comunismo vía el proletariado occidental). Y si bien uno puede considerar el proceso explotador y opresivo, para Marx dicha tragedia resulta estructuralmente necesaria para el proceso histórico-productivo. La agencia de Oriente es aquí también condicional a la intervención de Occidente, cuyo desarrollo es también endógeno y que responde a una lógica de inmanencia (la historia de Grecia, Roma, el feudalismo europeo, y del capitalismo europeo). Lo que está a la base es la idea, tomada de (entre otros por Hegel), que distingue entre un Occidente dinámico y un Oriente estático.

En el caso de John A. Hobson, el imperialismo que se defiende es paternalista y empático (lo que llama “imperialismo sensato”). Para John A. Hobson no se debe de dejar a los nativos en aislamiento, y se debe evitar el imperialismo no sensato guiado por fines puramente privados y explotadores. Lo que se debe de hacer es exportar gradualmente instituciones y prácticas occidentales, pero con mucha empatía hacia los nativos. Eso involucra aprender la cultura, el lenguaje y el medio ambiente de los nativos. Asimismo, el imperialismo sensato debe persuadir con buenos motivos a los nativos para que la relación sea consensuada. Sin embargo, no todo lo occidental debe ser transportado porque las culturas son diferentes. Y el ideal es contar con un gobierno internacional que pueda regular e implementar esas relaciones para evitar la explotación colonial, lo cual supone un rechazo de imperialismos puramente nacionales (lo cual lo acerca a proyectos como el Mandato de la Sociedad de Naciones).

Finalmente, en el caso de Angell, junto con autores como Cobden y Bright, lo que prima es un paternalismo liberal que promueve misiones civilizatorias en Oriente. Por ejemplo, Cobden se opuso a que Inglaterra le declare la guerra a Rusia en en el contexto de la Guerra de Crimea. El fundamento es que Rusia por ser civilizada debía colonizar a la barbárica Turquía (despotismo oriental y religión islámica). Es esta división o estándar civilizatorio el que permite que la relaciones internacionales intra-occidentales y de occidente con oriente sean diferentes. Una posición similar de Cobden se da con su apoyo al imperialismo británico en Irlanda. El punto es que la intervención es legítima si tiene fines civilizatorios. Bright, por su parte, esgrimió un argumento similar para legitimar la dominación colonial británica en la India. Y en el caso de Angell, la creciente interdependencia entre los Estados solamente se aplica a la Europa civilizada (y no de manera universal como muchas veces se suele asumir en el mainstream de IR), y que el imperialismo puede ser productivo si es dirigido a sociedades no civilizadas. Lo que debe mencionarse es que Angell no es racista, y piensa que el desarrollo puede ser alcanzado por todas las sociedades. Sin embargo, en los países no civilizados es Occidente el catalizador necesario para generar ese proceso. Por eso acá también se mantiene el supuesto de que Oriente solamente cuenta con una agencia condicional. Este imperialismo productivo es benigno y pacífico y su expresión normativa para Angell es el imperialismo británico. Esto se debe a que ellos son los que encarnan la superioridad racional e institucional. Lo que Hobson quiere implicar con este análisis es que no es la creciente interdependencia la que generará la paz (como se afirma en la interpretación estándar), sino que es el imperialismo británico el que garantizará dicha estabilidad, fuera de la paz que la interdependencia genera pero para los países europeos civilizados. En síntesis, la “gran ilusión” solamente funciona para relaciones intra-europeas. En palabras de Hobson:

Angell’s politics were founded not upon a pristine liberal internationalist pacifism that advocates interdependence over imperialism, but upon an extension of imperialism that would deliver the non-Western societies to full rationality and interdependence with the West, thereby harmonizing the world according to the universal rhythmic beat of the provincial liberal empire of Western civilization in general and the British Empire in particular (Hobson 2012: 45)

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