Metateoría: IR y los criterios científicos para elegir una teoría

Luego de haber haber partido de los problemas vinculados a la toma de decisión política, y de haber presentado a las principales teorías disponibles en IR, Chernoff busca elevar la discusión al plano metateórico. El objetivo es revisar rápidamente algunos de los principales problemas o puntos en discusión sobre la actividad científica. Recordemos para Chernoff, dadas ciertas aseveraciones factuales, la política que uno decida llevar a cabo requiere de una determinada teoría. Y dado que el éxito de una política va a depender del éxito de una teoría, la pregunta que Chernoff busca responder ahora es qué criterios deberíamos tomar en cuenta para elegir a la mejor teoría. Esto va a exigir a Chernoff vincular la discusión de teorías sustantivas en relaciones internacionales a debates que provienen de la filosofía de la ciencia.

Los orígenes de la disciplina estaban más vinculados a la historia y el derecho. Pero es en siglo XX que se inicia un “giro científico” hacia el estudio de las relaciones internacionales (uno de los primeros referentes en esto es J. David Singer). El ideal inicial era la búsqueda de objetividad sin juicios morales para que pueda existir un verdadero progreso científico. Esta tradición de pensar que IR podría ser estudiado al modo de las ciencias naturales es denominada por Chernoff como “naturalismo”. Quienes se oponen a la concepción naturalista (“anti-naturalistas”) en las relaciones internacionales son agrupados bajo diversas etiquetas, como “hermenéutas”, “interpretativistas”, “postestructuralistas” y “teóricos críticos” (esta oposición será abordada en la siguiente sección). En el medio (“semi-naturalistas”) es posible encontrar a los constructivistas, dependiendo de qué tanto apuesten por una via media (a la Wendt). En esta sección Chernoff va a concentrarse sobre todo en la discusión que se da al interior de la tradicición más naturalista.

A grandes rasgos, es posible decir que la idea de ciencia que subyace aquí se basa en la observación empírica, buscando regularidades que pueden ser cuantificadas. El objetivo es poder explicar causalmente dichos patrones. Para eso se busca crear condiciones artificales de experimentación. Las teorías para generar este objetivo suponen dos tipos de términos: términos observacionales (pueden ser observados directamente) y términos teóricos (no pueden ser observados directamente). Los investigadores que construyen y corroboran sus teorías buscan ser lo más objetivo posible, controlando lo más posible los sesgos que puedan tener. Finalmente, el ideal es poder desprender predicciones que puedan ser justificadas por la teoría misma. Esa breve síntesis es lo que Chernoff llama una concepción tradicionalmente empirista de la ciencia.

Sobre los diferentes criterios disponibles para elegir una teoría en las ciencias, Chernoff menciona los siguientes: (1) consistencia interna (que las aseveraciones de la teoría sean compatibles entre sí y que no se puedan derivar contradicciones), (2) coherencia (fuera de no ser contradictorias, el todo de la teoría debe tener sentido), (3) simplicidad (tener menos leyes, postulados, entidades, mecanismos causales), (4) corroboración o rango (el alcance de eventos que puede explicar). Estos primeros cuatro son los más aceptados en la historia de la reflexión sobre la ciencia. A esos se añaden, (5) falsabilidad (podemos concebir resultados posibles que nos llevarían a cuestionar la teoría), (6) concreción (la teoría representa la realidad de manera directa), (7) fecundidad (que la teoría nos lleve a considerar eventos que antes no habíamos tomado en cuenta) y (8) conservadurismo metodológico (que la nueva teoría pueda reemplazar de la mejor manera a la teoría anterior, llenando lo más posible el vacío que dicho rechazo acarrearía).

En los inicios del siglo veinte, la escuela más influyente fue el positivismo lógico. Dicha escuela estaba comprometida con un empirismo fundacionalista. El punto de partida del conocimiento estaba fundado en la observación y en la inferencia lógica. La ciencia debía seguir un principio de verificación para que las aseveraciones en las diversas disputas pudiesen considerarse significativas. Otros presupuestos aquí era la distinción analítico-sintético, la distinción hecho-valor y el ideal de la unidad de la ciencia, donde el progreso científico es posible. Las regularidades y los términos observacionales pueden ser tenidos como reales, mientras que los términos teóricos no. Asimismo, las teorías en conjunto no son verdaderas o falsas, ya que solamente las aseveraciones que las componen lo son. Y finalmente, no hay un compromiso con la idea de causalidad o de mecanismos causales. Este tipo de presupuestos metateóricos fueron influentes en IR en la obra de J. David Singer. Esto en el campo fue llamado conductismo o behavioralism (y su oposición a las concepción no científicas o tradicionalistas en IR marcaron el segundo gran debate en la disciplina, hacia la mitad del siglo pasado).

Una primera crítica al positivismo lógico fue hacia el fundacionalismo. Recordemos que el fundacionalismo piensa que las teorías tienen que basarse en última instancia en observaciones que remiten a nuestros sentidos, y en la lógica. Esta tradición a pensado la construcción de la teoría de manera inductiva, yendo desde el fundamento hacia la teoría. Esto se hizo cuestionando la certeza de los reportes observacionales y atacando la posibilidad de desarrollar una teoría a partir de ellos.  Una alternativa en ese momento fue el modelo de explicación nomológico-deductivo de Carl Hempel. La idea básica aquí es que dadas ciertas condiciones para la generación de un evento, lo que hace el científico es señalar las regularidades o leyes. Es hipotético-deductivo en tanto que deriva conclusiones vía premisas y revisa los resultados de la deducción a través de la observación. Las leyes que se postulan pueden ser deterministas o probabilísticas. Hempel, por ejemplo, señaló que los reportes observacionales siempre mantienen un grado de incertidumbre. Esto lo llevo a adoptar una posición falibilista.  Otra crítica mucho más general y fundamental estaba dirigida al hecho de poder lógicamente construir certezas a partir de los reportes observacionales. Y esto suponía clasificar las aseveraciones como empíricas (sintéticas) o lógicas (analíticas). Esto hacía que ciertas aseveraciones no pudiesen caer en alguna de ambas categorías como “todas las aseveraciones son sintéticas o analíticas”, o “todas las aseveraciones con sentido pueden ser verificadas”. Dichos ejemplos no son analíticos porque el predicado no se encuentra contenido en el sujeto, pero tampoco parecen ser sintéticas porque no queda claro que evidencia empírica podría corroborarlas. Finalmente, el principio de verificación fue cuestionado por muchas razones, entre ellas que no era posible verificar las leyes científicas.

En una línea diferente. Karl Popper responder al positivismo lógico, buscando demarcar la ciencia de otras actividades de una manera diferente. El principal criterio es que las teorías científicas, si son verdaderas, deben especificar ciertas consecuencias observables en el mundo. De ahí que el objetivo no sea confirmar las teorías, sino falsearlas, buscando ver en qué casos no se cumpliría lo que se espera de la teoría. Y es la ciencia la que es susceptible de dicha posibilidad. Lo que no puede ser potencialmente probado como falso, no puede ser considerado científico. Y a medida que corroboramos más nuestras teorías, desarrollamos más confianza en ellas. Sin embargo, siempre se mantienen como conjeturas razonables, dado que la ciencia es una empresa abierta sujeta siempre a la crítica y a la falseación. Podemos con esto, además, probar que otras alternativas no son verdaderas. Pero no existe una certeza última para nuestras mejores teorías, con lo que esta visión también rechaza el ideal fundacional de la ciencia. Ahora bien, si tuviésemos dos teorías que no son falseadas, deberíamos preferir la que nos da mayor contenido, pues nos dice más sobre el mundo. Esto posibilita el progreso científico.

En contra de la idea de progreso, Thomas Kuhn estableció una manera de entender el cambio de la ciencia a través de un cambio de lo que llama “paradigma”. Podríamos decir que el paradigma comprende tanto la teoría cientícia, como el marco para evaluar a la propia teoría (sus criterios). Estos cambios no son progresivos, o guiados por principios racionales, y no hay manera de evaluar que el nuevo paradigma es objetivamente mejor. La razón de esto es que los paradigmas no tienen criterios objetivos externos para ser comparados entre sí, y porque no existe un fundamento objetivo externo de data para probar a las diferentes teorías, debido a que toda observación está cargada teóricamente (theory-laden) y los términos teóricos adquieren su sentido por su pertenecencia al conjunto de la teoría. Esto implica que la relación básica entre paradigmas es de inconmensurabilidad. Por eso el cambio se debe mucho más a factores psicológicos, históricos y sociológicos. Cuando los paradigmas son exitosos, su reproducción constituye la práctica de ciencia normal. El surgimiento de anomalías puede generar una crisis en el paradigma y su abandono vía una revolución científica, la cual busca instaurar un nuevo paradigma y una nueva práctica de ciencia normal.

Lakatos busca rescatar la idea de progreso científico. Pero para eso, considera que la competencia en la actividad científica no se da entre teorías, como piensa Popper, sino que dicha competencia es entre programas de investigación. Dichos programas comprenden una teoría, las modificaciones que dicha teoría puede admitir ante anomalías, y reglas heurísticas de apoyo (un núcleo duro, un cinturón protector, y heurística positiva y negativa). Esto cuestiona la idea de Popper de que uno debería descartar teorías cuando lo que se espera no se cumple. Lakatos muestra como los científicos no descartan fácilmente las teorías. Antes que esto buscan ver si es posible modificar ciertos aspectos del programa de investigación, con el fin de mantenerlo. Los científicos para Lakatos, entonces, son (y deben ser) mucho más conservadores de lo que espera Popper. De esta forma la crítica a Popper se bajo en el nivel descriptivo y prescriptivo sobre la práctica de la ciencia. Obviamente, no toda modificación tiene por qué ser aceptable. Y por eso lakatos piensa que si las modificaciones terminan siendo fundamentales e inaceptables, lo que se evidencia es el programa de investigación está en una situación degenerativa, en lugar de generar progreso científico. El progreso de los programas de investigación, en cambio, permite aumentar el poder explicativo de la ciencia, tanto hacia el pasado (de manera retrospectiva), como hacia el futuro.

Otro eje de discusión tiene que ver con si es que las entidades que observamos son reales. Los positivistas lógicos no consideraban a los términos teóricos como reales. Pero los realistas científicos argumentan que la ciencia no puede ser realmente entendida, si es que los términos teóricos no son asumidos como aludiendo a entidades reales. Algunos empiristas y pragmatistas toman una posición instrumentalista, según la cual las teorías científicas son herramientas para hacer ciertas cosas en el mundo. Eso hace que las teorías no sean en sí mismas susceptibles de verdad o falsedad. En todo caso, serían más o menos útiles, dependiendo de propósito que tenemos en el mundo. Dado que la simplicidad de la teoría es importante, es mucho más razonable limitar lo real a lo que se observa y considerar los términos teóricos como ficciones útiles organizar mejor la experiencia. Y esto sobre todo debido a que la ciencia tiene para el instrumentalista el objetivo de describir, explicar y predecir el mundo observable, con lo que ir más allá del ámbito de la observación sería problemático. Otro argumento del instrumentalismo tiene que ver con la sub-determinación de la teoría por la data, lo cual quiere decir que nunca tendremos una certeza última sobre si tenemos la mejor teoría disponible en base a la evidencia con la que contamos. Nuestro número finito de observaciones siempre será consistente con más de una teoría. Esto imposibilita determinar de manera final cuál sería la teoría correcta. Podremos rechazar varias alternativas, pero siempre será posible tener otra teoría que sea compatible con la evidencia dispoible. Finalmente, algunos autores como Quine radicalizan la sub-determinación diciendo incluso que la data nunca permite de manera puramente lógica poder eliminar o falsear a las teorías. Los criterios para elegir son mucho más pragmáticos y dependen de lo que queremos realizar en el mundo (y porque, además, al ser holista y no fundacionalista, es importante también que los ajustes tomen en cuenta el cuerpo de creencias que uno tiene). La verdad aquí es entendida de manera mucho más pragmática (en esta discusión, me parece que bajo la agrupación anti-realista de empirismo, fundacionalismo, holismo , instrumentalismo y pragmatismo se encuentran las ontologías filosóficas que Jackson piensa como neopositivismo y analiticismo).

El realismo científico rechaza esta visión y defiende que las teorías científicas exitosas tienen que aludir a entidades, leyes y procesos reales. De ahí que puedan ser consideradas como susceptibles de ser verdaderas o falsa. La idea básica es inferir que las mejores explicaciones son verdaderas y que refieren a entidades reales. Si eso no fuera así, para el realista la ciencia sería un mero milagro. El empirismo cuestiona al realismo también destacando que la historia de la ciencia muestra que nuestras mejores teorías científicas pasadas han terminado siendo rechazadas. Por ejemplo, los aristotélicos pensaban que que su teoría era verdad y eran realistas científicos. Sin embargo, hoy sabemos que tenían creencias equivocadas. De esto infieren una suerte de pesimismo inductivo según el cual nuestras mejores teorías de hoy, terminarán también siendo descartadas en el futuro, con lo que ser realista científico sobre ellas sería problemático. Que nuestras teorías actuales sean lo mejor que tenemos no debe llevarnos a inferir que son verdad y que aluden a entidades no observables reales.

Otra variante importante en IR, aunque menos presente en la filosofía de la ciencia, es el realismo crítico. Dicha posición defiende un realismo ontológico, un relativismo epistemológico y un racionalismo en el juicio (judgmental rationality). La idea es afirmar que la ciencia alude a entidades reales, así sean no observables; que nuestras creencias son socialmente producidas; y que es posible juzgar diferentes teorías como mejores o peores. Las entidades tienen poderes causales que la ciencia puede conocer, aunque sus efectos no sean predecibles fácilmente, debido a complejidad que existe en el mundo (el mundo es un sistema abierto, donde el investigador no tiene conocimiento, ni control de todas las variables que están interactuando). Restringir que lo real se reduce a lo que podemos observar para ellos consituye lo que Bhaskar denominó la “falacia epistémica” (y en su lugar defienden la estratificación de la realidad, es decir, que hay más realidad que la que podemos observar empíricamente). Finalmente, el realismo crítico tiene una orientación normativa: la ciencia (sobre todo la ciencia social) debe buscar mejorar las condiciones de vida y la emancipación de los sereshumanos.

Como ha podido verse, es la metateoría la que nos presenta un debate de segundo orden sobre cómo entender, evaluar y elegir teorías sustantivas para la investigación empírica en IR. Sin embargo, esta discusión metateórica se ha concentrado hasta el momento en el lado más naturalista del espectro teórico. Lo que Chernoff va a hacer luego, es ver las reacciones que las posiciones anti-naturalistas tienen. Esto es la llamado la “oposición reflexivista” (me parece que en alusión al famoso discurso de Keohan de 1988) y comprende una serie de tradiciones diversas (teoría crítica, post-estructuralismo y las variantes más interpretativistas del constructivismo) que rechazan que las ciencias sociales puedan operar de manera similar o análoga a las ciencias naturales.


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