Teoría y metateoría en IR: de la política a la teoría

A diferencia de Wight, quien articula su discusión sobre IR alrededor del problema agente-estructura, así como de Jackson, quien crea su propia tipología de ontologías filosóficas para la investigación científica en IR, Fred Chernoff en su libro Theory and Metatheory in International Relations: Concepts and Contending Accounts (New York: Palgrave Macmillan, 2007) toma como como punto de partida a la política pública. Dado que en todo problema de política exterior existen siempre distintas opciones de política pública para llevar a cabo, y muchas veces con opciones excluyentes pueden ser igualmente persuasivas, el problema entonces es cómo poder elegir un curso opción que sea razonable y que no sea análogo a lanzar una moneda y elegir al azar. Lo interesante del argumento de Chernoff es que a diferencia de otros autores que parten de la filosofía de la ciencia o de consideraciones puramente ontológicas o epistemológicas, en su caso lo que se hace es partir de la necesidad de decisiones concretas para mostrar como dichas decisiones requieren conocimiento y que dicho conocimiento supone la necesidad, tanto de un teoría sustantiva, como de una metateoría de las relaciones internacionales. Son, entonces, tres niveles los que distingue Chernoff: (1) toma decisiones en política pública, (2) teoría (sustantiva) de relaciones internacionales, y (3) metateoría (o filosofía de la ciencia, donde se discute sobre cómo elegir y evaluar a las diferentes teorías). Lo que Chernoff quiere mostrar entonces es cómo el primer nivel necesariamente requiere, implícita o explícitamente del segundo y tercer nivel. Su aproximación es sugerente porque el interés por estas discusiones abstractas no se presenta como algo lejano la la investigación empírica y a la acción política.

En términos de teorías, Chernoff destaca que existen teorías que ayudan a sistematizar, identificar y explicar patrones que observamos, siendo por eso su énfasis el de la descripción y explicación. Sin embargo, no siempre dicha teorización nos lleva sin más a la prescripción, dando recomendaciones sobre lo que debe hacerse. En el caso de los Estados y sus élites políticas, es claro que los líderes deben elegir políticas que promuevan los fines que más valoran. Y no es tan claro que la pura investigación científica pueda decir qué debe elegirse como fin u objetivo político a seguir. Lo que sí queda claro es que, al margen de qué tan fácil o posible sea separar lo prescriptivo de lo descriptivo, para poder tomar una mejor decisión se requiere de una teoría sustantiva, fuera del objetivo a seguir. Los ejemplos prácticos con los que Chernoff va a ilustrar su argumento sobre la teoría y la metateoría en IR son tres decisiones importantes para los Estados Unidos: (1) la seguridad con el caso de la invasión de Irak, (2) la proliferación nuclear con el caso de los intentos de Corea del Norte por desarrollar armas nucleares, y (3) la relación que Estados Unidos debe tener con China, ahora que cada vez es más poderosa económica y militarmente. En los tres casos, Chernoff hace una reseña de los principales fines que podrían estar en juego en los tres casos, y diferentes cursos de acción a tomar, basados en cierta evidencia y razones. Lo que hace es reconstruir rápidamente ciertos argumentos comunes y diferentes ante problemas, con el fin de mostrar que tipo de valores, creencias causales y evidencia fáctica están presuponiendo.

Para el caso de Irak, es entendible que el fin sea la seguridad, pero de ese fin no se sigue necesariamente que la mejor manera de realizar dicho sea haya sido con la invasión (de hecho, puede verse aquí una carta abierta donde varios académicos de IR se opusieron a la invasión). Una primera opción entonces era invadir, al margen de si habían aliados para ello o no (esto basado en que las Naciones Unidas es bastante débil). Las razones aducidas: Hussein apoyaba terroristas; contaba con un arsenal de armas de destrucción masiva (esto va de la mano con la idea de que es un dictador que no puede dejar de tener una comportamiento agresivo); y porque la invasión contribuiría a la implementación de un régimen democrático en Irak, lo cual generaría relaciones más pacíficas con EEUU y Occidente. La segunda opción solamente se diferencia de la primera en que demanda de aliados para poder costear la guerra entre varias partes, considera que la invasión debe contar con legalidad y legitimidad (la aprobación de las Naciones Unidas). La cooperación en enfrentar a Irak sería un paso en una mayor cooperación en la guerra contra el terrorismo. La tercera opción es mucho más diferente. Primero demanda tener mayor información sobre las armas porque la invasión debilitaría bastante a EEUU por los tremendos costos en los que incurriría (fuera de que se incurriría en una práctica imperialista y de dominación hegemónica que no resulta ya atractiva). Por eso debería ser considerada como última medida, si es que las inspecciones necesarias corroboran que se trata de una amenaza seria. Finalmente, la cuarta opción rechaza la invasión debido a que Irak no tiene capacidad para amenazar a los Estados Unidos, y tampoco ayuda a grupos terroristas. Además, se argumenta que la muerte de civiles sería inmoral e injustificable, y que cualquier invasión que no sea para la auto-defensa es ilegítima y sienta un mal precedente en el sistema internacional.

En el caso de Corea del Norte, Chernoff identifica también varias políticas alternativas que han sido recomendadas. La primera es usar medios coercitivos e intervención militar para imponer un cambio de régimen en Corea del Norte (promoviendo un mayor aislamiento). Con esto se buscaría evitar el desarrollo de armas nucleares y el abuso de derechos humanos. Las principales razones para argumentar esto es que Corea del Norte pronto tendrá armas para atacar a los Estados Unidos; que la vía militar es la única que podría remover al grupo que se encuentra en el poder; y que los Estados que no cumplen con normas internacionales no pueden realmente ser reformados con ningún tipo de trato benevolente (además, tratar con ese tipo de líderes debe ser considerado como inmoral). La segunda opción mantiene el aislamiento, sin intervención militar, buscando que el colapso económico termine generando un cambio de régimen. Aquí las razones que subyacen son que Corea del Norte sin ayuda de Occidente simplemente colapsará; que no ha habido ninguna guerra importante en Corea desde 1953, y que la presión internacional puede por sí sola evitar la agresión de Corea del Norte (además, se insiste en que el mal comportamiento no debe ser recompensado). La tercera opción implica ciertas concesiones condicionales y limitadas. Si hay buen comportamiento por parte de Corea del Norte, entonces es posible dar ciertas concesiones (y verificando en cada momento que los acuerdos son efectivamente cumplidos de facto y no solamente de jure). Aquí lo que se argumenta es que si Corea del Norte se vuelve dependiente de las concesiones, podría moderarse justamente para no perder esas concesiones. Otra razón importante es que la economía ya ha colapsado y eso no ha reducido significativamente el poder  de Kim Jong-il, y ahora de Kim Jong-un (además, si la política es concertada en bloque, es posible tener resultados consistentes porque todas las partes seguirán una misma línea). Finalmente, la cuarta opción es establecer buenas relaciones con Corea del Norte, incluso si los beneficios no son proporcionales para las diferentes partes. La idea básica es que si se le trata igual que a los otros países, entonces Corea del Norte se empezará a comportar como los otros países. Aquí la idea es que reduciendo las tensiones, se podrá desincentivar el mantenimiento de un ejército tan grande. Además, la confianza incentivará la cooperación y la influencia occidental hará que el pueblo norcoreano demande reformas. Finalmente, si Corea del Norte tiene armas nucleares, ello generará estabilidad en la región y cooperación pacífico, debido a su efecto disuasivo.

Con el caso de China una primera política posible es atacar a China. Esto se basa en la idea de de que todos los Estados buscan la hegemonía el sistema internacional, y China ha ido exhibiendo expansión económica y militar en las últimas décadas. Además, cuenta con la población más grande del mundo. Dado este crecimiento, los Estados Unidos tienen incentivos para llevar a cabo una guerra preventiva antes que China sea más poderosa que los Estados Unidos. En términos más ideológicos, algunos aducen que la represión de China no ha disminuído, que el comunismo es incompatible con lo que defiende los Estados Unidos y Occidente, en términos de democracia. Estas diferencias harían de China un Estado revisionista y los Estados revisionistas son más proclives en ir a la guerra. La segunda opción es contener a China Esta opción reconoce que la integración de China en el sistema económico ha sido pacífica, y que como Chine se beneficia de dicha integración, tenderá a comportarse de manera cooperativa. Una tercera opción es reducir las tensiones, buscando más bien competir con China de manera más vigorosa. La productividad de Estados Unidos debería aumentar y buscar que China tenga que cumplir con normas y leyes internacionales. La cuarta opción es integrar a mucho más a China en las instituciones internacionales y en la economía mundial. Esto buscaría que China sea más próspera en el futuro, con el fin de que también se vuelva más democrática. Esto supone que cómo uno trata a China influye en el rol que China adopte en el sistema y que la integración de China socializará a su élite en las normas del sistema internacional. Finalmente, la guerra debe evitarse por el hecho de que ambos cuentan con armas nucleares y los efectos serían demasiado destructivos para ambos.

Lo que he querido hacer con este resumen simplificado de Chernoff (en el capítulo hay unas tablas muy útiles donde incluso trata de mostrar qué razones son comunes a las diferentes alternativas, algo que por espacio no he podido hacer acá) es básicamente presentar que existen diferentes políticas para perseguir fines similares. El punto de Chernoff con esto es constantar que la decisión política supone por lo menos (1) hechos, (2) creencias causales y (3) valores. Los tres elementos pueden estar implícitos muchas veces en la deliberación política. Sin embargo, suelen ser los hechos lo que asume como dado y la discusión tiende a versar más sobre qué causa qué y sobre qué es más valioso que qué. Qué razones pueden persuadirnos más para tomar una decisión concreta es algo que requiere de una teoría de las relaciones internacionales, donde ciertas cosas que son muchas veces asumidas como sentido común pueden ser corroboradas o refutadas desde una aproximación mucho más científica al problema.

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