Pluralismo científico en las relaciones internacionales

Uno de los objetivos de Jackson a la hora de haber realizado una tipología de ontologías filosóficas (neopositivismo, realismo crítico, analiticismo y reflexividad) para distinguir las apuestas filosóficas básicas (dualismo mente-mundo, monismo mente-mundo, fenomenalismo y transfactualismo) que se encuentran a la base de las diferentes maneras de investigar en IR, es clarificar qué puede significar investigación científica en el campo de las relaciones internacionales. Lo que Jackson quiere enfatizar es que lo que subyace a los múltiples sentidos en que la ciencia puede ser entendida aquí es que por lo menos la empresa científica es en todos los casos sistemática, pública y productora de conocimiento sobre el mundo. Sistematicidad alude a que tiene que existir consistencia entre las presuposiciones y las conclusiones. Esto es clave no solamente para cuestiones sustantivas, sino que es igualmente importante para premisas metodológicas (en el sentido de Jackson: lógica de investigación científica y no métodos o técnicas). Esto es lo que da sentido a la controversia científica. De otra forma, lo que habría sería la demanda por algo ilegítimo, lo cual carecería de sentido (por ejemplo, que un neopositivista cuestione toda investigación no positivista por no dedicarse a formular hipótesis susceptibles de ser falseadas). En segundo lugar, el carácter público de la ciencia requiere que la comunidad científica relevante a la que se dirige la investigación pueda comprender y evaluar el conocimiento que se está produciendo. Esto demanda explicitación (por ejemplo, la explicitación del significado de un término que está siendo usado). Finalmente, el conocimiento producido se refiere al mundo y no demanda ningún acceso místico o compromiso ético para ser entendido. Obviamente mundo puede ser entendido de maneras diferentes, en base a metodologías diferentes, pero eso debe considerarse controlado con el criterio de sistematicidad. A pesar de las intenciones de Jackson, esta visión “general” de la ciencia me parece que es mucho más weberiana y, por ende, mucho más cerca del analiticismo.

Entonces, dadas las diferencias básicas fundadas en las apuestas filosóficas, lo que resulta es que la ciencia tiene que ser entendida como irreduciblemente pluralista. Debe rechazarse la búsqueda por fundamentos últimos y universalmente aceptables, para pasar a una situación “post-fundacional”, donde lo principal sea (como siempre fue y debió ser) producir conocimiento sustantivo sobre las relaciones internacionales. Este post-fundacionalismo no implica que “todo vale”. Simplemente exige que los investigadores expliciten lo más posible los compromisos filosóficos para que la audiencia pueda apreciar con justifica las aseveraciones o el conocimiento que se está proponiendo en cada caso, ya que los estándares no van a ser iguales debido a que dependen de la ontología filosófica. Pero para no cerrar la posibilidad de intercambio y diálogo en la disciplina, Jackson considera que es necesario construir un vocabulario que pueda mediar entre las diversas posiciones. De esta forma se ofrece una salida a la resignación que uno podría tener para con la inconmensurabilidad entre posiciones. Su libro en tanto tipología de ontologías filosóficas busca hacer de vocabulario mediador en la disciplina.

Los componentes filosóficos de cada metodología son llamados, como ya se ha visto, apuestas o compromisos. Jackson defiende que en última instancia estos compromisos no tienen un fundamento último o definitivo.Esto quiere decir que no hay un argumento último para establecer la validez definitiva de una ontología filosófica por sobre otra. Lo único que se demanda es explicitar estos compromisos últimos que para Jackson en última instancia son un cuasi acto de fe. El vocabulario que Jackson propone para mediar el campo no tiene fines de evaluación entre ellos. Lo que busca es clarificar las semejanzas y diferencias que existen entre diversas posiciones metodológicas. Esta tipología ideal de ontologías filosóficas puede mapear lo que se realiza en IR. Las principales diferencias que se desprenden para la discusión es cómo justifican el conocimiento que producen, cómo entienden las explicaciones causales y cómo es que comparan diferentes casos. Es a partir de estos entendimientos básicos que los resultados de usar ciertas técnicas o métodos devienen significativos.

El neopositivismo básicamente considera conocimiento a las conjeturas no falseadas y evalúa las aseveraciones probando hipótesis. La causalidad es entendida como una generalización empírica y la comparación busca encontrar covariación con el fin de llegar lo más posible a leyes generales. El realismo crítico da estatuto de conocimiento a las mejores aproximaciones que tenemos para conocer el mundo (inferencia a la mejor explicación) y evalúa el conocimiento viendo en qué medida se accede a disposiciones causales del objeto mismo que van más allá de las apariencias, fuera de presentar argumentos trascendentales e investigación en laboratorio (esto último creo que no es correcto, ya que el argumento trascendental solamente da una especulación formal de cómo debe ser el mundo, pero no otorga ningún tipo de conocimiento sustantivo). La comparación aquí se hace para elucidar poderes causales. El analiticismo da estatuto de conocimiento a lo instrumentalmente útil y construye narrativas analíticas (con modelos y contrafácticos) para evaluar el conocimiento. La comparación se hace para especificar configuraciones particulares en casos singulares (comparación individualizante). Finalmente, la reflexividad busca generar una mayor autoconsciencia vía la teorización de las condiciones sociales del propio investigador. Aquí la comparación se hace para des-naturalizar e (idealmente) contribuir a la promoción de cambio social.

Luego de revisar el trabajo de Jackson, uno puede reconocer fácilmente que el constructivismo no ha sido incluido como una ontología filosófica. Las razones de Jackson tienen que ver con el hecho de que el constructivismo en IR es una teoría social u ontología científica sustantiva. No es una metodología en el sentido de Jackson. Uno puede reforzar esto señalando que Wendt, por poner como ejemplo a uno de los teóricos constructivistas más influyentes en IR, basa su teoría social de las relaciones internacionales en la ontología filosófica del realismo crítico. Lo mismo debe decirse de otras teorías sustantivas como el realismo (por ejemplo, Waltz) y el institutionalismo neoliberal (por ejemplo, Keohane). No tiene sentido preguntar por el estatuto científico de dichas teorías porque son sustantivas y no metodológicas. En lugar de eso, la cuestión clave en esa discusión es el estatuto científico del neopositivismo que comparten la mayoría de los representantes más importantes de dichas tradiciones teóricas. Y dado que IR, en tanto campo, lo que existe es una clara hegemonía neopositivista, es mucho más demandante para quien no va a seguir una lógica de investigación neopositivista el explicitar mucho más claramente el modo de investigación científico que uno se propone realizar. Las metodologías no expresan escuelas o corrientes en IR. Son ontologías filosóficas que explicitan lo que está tácito en argumentos concretos (una misma persona puede usar diferentes metodologías, así como un mismo libro puede tener diferentes argumentos basados en diferentes ontologías filosóficas). Sin esta explicitación, lo que una metodología considera decisivo puede ser considerado por otra como irrelevante.

Las metodologías no son comparables de manera directa porque los estándares son inmanentes a cada metodología. El mismo problema ocurre con el ideal de la síntesis. Dado que los compromisos son excluyentes entre sí (dualismo o monismo, fenomenalismo o transfactualismo), no es posible tener todos al mismo tiempo. En ambos casos, por más buenas intenciones que existan, el resultado será una suerte de imperialismo metodológico. La respuesta de Jackson a esta diversidad en IR, entonces, no es la de una gran síntesis o de criterios para evaluar las metodologías entre sí. Lo que defiende Jackson es un pluralismo comprometido. Esto implica la difícil posición de rechazar el aislamiento entre tradiciones, pero sin buscar un fácil eclecticismo que combine problemáticamente supuestos de las diferentes ontologías filosóficas, sin mayor examen crítico. El objetivo de este compromiso pluralista es entablar conversaciones que generen sofisiticaciones, especificaciones y diferenciaciones mucho más finas, a través del intento por traducir la investigación a otros registros. Es el reto de la diversidad es entonces uno  de traducción. El ideal es más el de un diálogo o un encuentro fructífero y no el de un choque de “civilizaciones metodológicas”. El ideal es más bien el de una constante clarificación y demarcación de los límites y alcances que cada tipo de lógica de investigación científica puede realizar. Es por eso que Jackson es consciente de que su vocabulario meta-teórico es provisional, más un medio de clarificación que un fin (el verdadero fin es producir conocimiento sustantivo sobre las relaciones internacionales).


7 responses to “Pluralismo científico en las relaciones internacionales

  • Luis García

    Hola Erich:

    Una consulta. ¿Hay algo similar a lo de Jackson para la política comparada? Me refiero a un intento de construir una tipología.

    Saludos

  • Erich Luna

    Hola Luis

    Muchas gracias por tu comentario. Honestamente no creo que haya algo similar para política comparada. Desde mi modesta opinión, la impresión que tengo es que, a diferencia de política comparada, relaciones internacionales es bastante más plural teóricamente. O sea, fuera de teorías surgidas al interior de IR como liberalismo y realismo, el constructivismo y luego teoría crítica, feminismo y post-estructuralismo (por poner etiquetas que también son bien laxas) hacen que el abanico teórico sea potencialmente mucho más amplio. Eso a nivel de teorías, digamos, sustantivas Asimismo, la referencia a autores clásicos también es mucho más recurrente.

    Pero la otra diferencia, es que IR también tiene interés en filosofía de la ciencia (social) y también en teoría social (a mí me sorprendió bastante la influencia que Bhaskar y otros teóricos de la estructuración han tenido, por ejemplo, en el constructivismo). Eso creo que permite que un libro como el de Jackson exista. Dada la diversidad de posiciones, es posible hacer una tipología basada en compromisos filosóficos muy básicos y aún así encontrar autores más o menos en cada cuadrante. Esto no quiere decir que toda aproximación teórica tenga el mismo grado de influencia e impacto. Por eso Jackson es explícito con que el neopositivismo es lo más recurrente de la disciplina (digamos que sería la posición hegemónica en el campo académico).

    En política comparada, para bien o para mal, no he visto ese tipo de diversidad. Yo diría que es básicamente neopositivista. Porque la gran división es sobre lo que Jackson llama “métodos”, y es entre KKV y los autores que responden a KKV (la cosa se plantea como, o más “cuanti” o más” cuali”, lo cual no es una taaaan real división, honestamente). Y también hay mucho más interés en tener condiciones ideales similares a las que aspira el positivismo. De ahí el creciente interés por métodos más “experimentales”.

    Esto no quiere decir que un sub-campo sea mejor a otro (ambos tienen cosas extraordinarias que ofrecer, con libros ineludibles), o que en política comparada no sea posible hacer lo mismo (finalmente la división entre política comparada y relaciones internacionales es institucional y no epistémica). Simplemente me parece que es menos diverso en ese aspecto. Por eso es que es posible encontrar en IR un nicho de discusión mucho más teórico y con mucha mayor vinculación a temas ontológicos, epistemológicos y meta-teóricos. Es en esos aspectos por los que complemente bien teórica política (política comparada también lo puede hacer, pero quizá en otros aspectos menos directos).

    Saludos,

    • Luis García

      Hola Erich, y muchas gracias por tu respuesta

      De acuerdo. El neo-positivismo es la ontología hegemónica en la política comparada, sino la única. Eso me lleva a la pregunta ¿qué sucedería si las otras ontologías fueron también apuestas en la política comparada? ¿Qué nuevas teorías (de rango medio) aparecerían?

      Finalmente, si bien la comparación de N-pequeño y el process tracing no escapan del neopositivismo como bien señalas, creo también que en la medida que la política comparada se acerca a la historia o a la etnografía requiere de un esfuerzo de “interpretación”. Tal vez se trata de un “coqueteo” con otras ontologías más que una apuesta filosófica seria.

      Saludos,

      • Erich Luna

        Hola Luis

        Ambos estamos de acuerdo con que el neopositivismo es lo mayoritario, tanto en Política Comparada como en Relaciones Internacionales. Y recuerda que acá no estoy diciendo que eso sea algo malo en sí. Solamente lo señalé para enfatizar que, a pesar de eso, IR es teóricamente más plural.

        Sobre tu primera pregunta, es cierto que uno puede concebir esa posibilidad de diferentes aproximaciones no positivistas en política comparada. Pero creo que eso exige discutir qué significa comparar. Sé que suena un poco tonto, pero en realidad podría ser que en eso se juega todo. Y es que, si lo que unifica el sub-campo de la política comparada es el “comparar” y no algo sustantivo específico (lo que estamos comparando), entonces dependiendo de qué pueda ser comparar es que el sub-campo podrá ser más o menos plural en los sentidos que estamos conversando.

        Piensa que si comparar tiene el propósito de, y acá estoy simplificando groseramente, encontrar qué variables causan qué cosas en varios casos, comparar medio que sirve para controlar cosas, pudiendo asumir otras como constantes (el ideal de contar con “ceteris paribus”). Y sobre que las aproximaciones más “cualis” se acercan más a la historia y a la etnografía y que también pueden utilizar métodos más “interpretativistas”, sí estoy totalmente de acuerdo. Y no creo que es incompatible (de hecho, el tono de muchas respuestas a KKV es de complementariedad más que de rechazo). Esto quiere decir que dentro del horizonte neopositivista, no es que los métodos todos sean iguales, y de hecho hay diversidad de proyectos, dentro de esa variedad. Pero hay menos pluralidad a nivel más ontológico porque la misma idea básica de lo que es el proyecto científico es la más o menos la misma.

        Por eso si uno asume una posición como la del realismo crítico, comparar puede funcionar pero para encontrar mecanismos causales o poderes que van más allá de lo que observamos. Y la idea de predecir se debilita mucho, así sea estadísticamente, porque el mundo se concibe explícitamente como un sistema abierto. Lo mismo podría decirse desde quienes hacen teoría de la complejidad, o que asumen teorías de sistemas donde las dinámicas pueden ser no-lineales y donde pueden haber feedback loops positivos o negativos. En este caso, la idea del ceteris paribus se vuelve altamente complicada.

        La razón por la cual hablé primero del método es porque si nos vamos a lo sustantivo (lo que se está comparando), ahí no sé qué se esperaría de la apertura del sub-campo. O sea, si me dices de que se comparan (por ejemplo) burocracias estatales con métodos y teorías tomadas de una antropología no positivista, eso suena bien y puede ser una buena investigación. Pero, ¿sería política comparada o antropología política (comparada)? Digo esto no para defender purismos disciplinarios, sino que más bien me interesa destacar ahí que la división se me hace medio difícil abordar. Por ejemplo, James C. Scott es bastante apreciado por algunos en política comparada, ¿pero lo que hace realmente sigue algo de los cánones de dicha tradición? Por eso creo que si lo que unifica institucionalmente el núcleo comparativo es más un horizonte neopositivista, ampliar dicho horizonte puede ser posible. Sin embargo, más provechoso me parece que sería hacer algo que muchos investigadores buenos hacen, tanto en el Perú y en el extranjero: investigar guiados por problemas (problem-driven) y no por métodos (method-driven). Y a partir de eso, uno puede recurrir a diferentes literaturas teóricas y metodológicas sobre ese problema en cuestión. Y de hecho, eso puede llevar a discutir cuestiones ontológicas, epistemológicas y a reflexionar sobre los supuestos que constituyen lo que uno tiene por una buena práctica científica.

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