Pluralismo científico en las relaciones internacionales

por Erich Luna

Uno de los objetivos de Jackson a la hora de haber realizado una tipología de ontologías filosóficas (neopositivismo, realismo crítico, analiticismo y reflexividad) para distinguir las apuestas filosóficas básicas (dualismo mente-mundo, monismo mente-mundo, fenomenalismo y transfactualismo) que se encuentran a la base de las diferentes maneras de investigar en IR, es clarificar qué puede significar investigación científica en el campo de las relaciones internacionales. Lo que Jackson quiere enfatizar es que lo que subyace a los múltiples sentidos en que la ciencia puede ser entendida aquí es que por lo menos la empresa científica es en todos los casos sistemática, pública y productora de conocimiento sobre el mundo. Sistematicidad alude a que tiene que existir consistencia entre las presuposiciones y las conclusiones. Esto es clave no solamente para cuestiones sustantivas, sino que es igualmente importante para premisas metodológicas (en el sentido de Jackson: lógica de investigación científica y no métodos o técnicas). Esto es lo que da sentido a la controversia científica. De otra forma, lo que habría sería la demanda por algo ilegítimo, lo cual carecería de sentido (por ejemplo, que un neopositivista cuestione toda investigación no positivista por no dedicarse a formular hipótesis susceptibles de ser falseadas). En segundo lugar, el carácter público de la ciencia requiere que la comunidad científica relevante a la que se dirige la investigación pueda comprender y evaluar el conocimiento que se está produciendo. Esto demanda explicitación (por ejemplo, la explicitación del significado de un término que está siendo usado). Finalmente, el conocimiento producido se refiere al mundo y no demanda ningún acceso místico o compromiso ético para ser entendido. Obviamente mundo puede ser entendido de maneras diferentes, en base a metodologías diferentes, pero eso debe considerarse controlado con el criterio de sistematicidad. A pesar de las intenciones de Jackson, esta visión “general” de la ciencia me parece que es mucho más weberiana y, por ende, mucho más cerca del analiticismo.

Entonces, dadas las diferencias básicas fundadas en las apuestas filosóficas, lo que resulta es que la ciencia tiene que ser entendida como irreduciblemente pluralista. Debe rechazarse la búsqueda por fundamentos últimos y universalmente aceptables, para pasar a una situación “post-fundacional”, donde lo principal sea (como siempre fue y debió ser) producir conocimiento sustantivo sobre las relaciones internacionales. Este post-fundacionalismo no implica que “todo vale”. Simplemente exige que los investigadores expliciten lo más posible los compromisos filosóficos para que la audiencia pueda apreciar con justifica las aseveraciones o el conocimiento que se está proponiendo en cada caso, ya que los estándares no van a ser iguales debido a que dependen de la ontología filosófica. Pero para no cerrar la posibilidad de intercambio y diálogo en la disciplina, Jackson considera que es necesario construir un vocabulario que pueda mediar entre las diversas posiciones. De esta forma se ofrece una salida a la resignación que uno podría tener para con la inconmensurabilidad entre posiciones. Su libro en tanto tipología de ontologías filosóficas busca hacer de vocabulario mediador en la disciplina.

Los componentes filosóficos de cada metodología son llamados, como ya se ha visto, apuestas o compromisos. Jackson defiende que en última instancia estos compromisos no tienen un fundamento último o definitivo.Esto quiere decir que no hay un argumento último para establecer la validez definitiva de una ontología filosófica por sobre otra. Lo único que se demanda es explicitar estos compromisos últimos que para Jackson en última instancia son un cuasi acto de fe. El vocabulario que Jackson propone para mediar el campo no tiene fines de evaluación entre ellos. Lo que busca es clarificar las semejanzas y diferencias que existen entre diversas posiciones metodológicas. Esta tipología ideal de ontologías filosóficas puede mapear lo que se realiza en IR. Las principales diferencias que se desprenden para la discusión es cómo justifican el conocimiento que producen, cómo entienden las explicaciones causales y cómo es que comparan diferentes casos. Es a partir de estos entendimientos básicos que los resultados de usar ciertas técnicas o métodos devienen significativos.

El neopositivismo básicamente considera conocimiento a las conjeturas no falseadas y evalúa las aseveraciones probando hipótesis. La causalidad es entendida como una generalización empírica y la comparación busca encontrar covariación con el fin de llegar lo más posible a leyes generales. El realismo crítico da estatuto de conocimiento a las mejores aproximaciones que tenemos para conocer el mundo (inferencia a la mejor explicación) y evalúa el conocimiento viendo en qué medida se accede a disposiciones causales del objeto mismo que van más allá de las apariencias, fuera de presentar argumentos trascendentales e investigación en laboratorio (esto último creo que no es correcto, ya que el argumento trascendental solamente da una especulación formal de cómo debe ser el mundo, pero no otorga ningún tipo de conocimiento sustantivo). La comparación aquí se hace para elucidar poderes causales. El analiticismo da estatuto de conocimiento a lo instrumentalmente útil y construye narrativas analíticas (con modelos y contrafácticos) para evaluar el conocimiento. La comparación se hace para especificar configuraciones particulares en casos singulares (comparación individualizante). Finalmente, la reflexividad busca generar una mayor autoconsciencia vía la teorización de las condiciones sociales del propio investigador. Aquí la comparación se hace para des-naturalizar e (idealmente) contribuir a la promoción de cambio social.

Luego de revisar el trabajo de Jackson, uno puede reconocer fácilmente que el constructivismo no ha sido incluido como una ontología filosófica. Las razones de Jackson tienen que ver con el hecho de que el constructivismo en IR es una teoría social u ontología científica sustantiva. No es una metodología en el sentido de Jackson. Uno puede reforzar esto señalando que Wendt, por poner como ejemplo a uno de los teóricos constructivistas más influyentes en IR, basa su teoría social de las relaciones internacionales en la ontología filosófica del realismo crítico. Lo mismo debe decirse de otras teorías sustantivas como el realismo (por ejemplo, Waltz) y el institutionalismo neoliberal (por ejemplo, Keohane). No tiene sentido preguntar por el estatuto científico de dichas teorías porque son sustantivas y no metodológicas. En lugar de eso, la cuestión clave en esa discusión es el estatuto científico del neopositivismo que comparten la mayoría de los representantes más importantes de dichas tradiciones teóricas. Y dado que IR, en tanto campo, lo que existe es una clara hegemonía neopositivista, es mucho más demandante para quien no va a seguir una lógica de investigación neopositivista el explicitar mucho más claramente el modo de investigación científico que uno se propone realizar. Las metodologías no expresan escuelas o corrientes en IR. Son ontologías filosóficas que explicitan lo que está tácito en argumentos concretos (una misma persona puede usar diferentes metodologías, así como un mismo libro puede tener diferentes argumentos basados en diferentes ontologías filosóficas). Sin esta explicitación, lo que una metodología considera decisivo puede ser considerado por otra como irrelevante.

Las metodologías no son comparables de manera directa porque los estándares son inmanentes a cada metodología. El mismo problema ocurre con el ideal de la síntesis. Dado que los compromisos son excluyentes entre sí (dualismo o monismo, fenomenalismo o transfactualismo), no es posible tener todos al mismo tiempo. En ambos casos, por más buenas intenciones que existan, el resultado será una suerte de imperialismo metodológico. La respuesta de Jackson a esta diversidad en IR, entonces, no es la de una gran síntesis o de criterios para evaluar las metodologías entre sí. Lo que defiende Jackson es un pluralismo comprometido. Esto implica la difícil posición de rechazar el aislamiento entre tradiciones, pero sin buscar un fácil eclecticismo que combine problemáticamente supuestos de las diferentes ontologías filosóficas, sin mayor examen crítico. El objetivo de este compromiso pluralista es entablar conversaciones que generen sofisiticaciones, especificaciones y diferenciaciones mucho más finas, a través del intento por traducir la investigación a otros registros. Es el reto de la diversidad es entonces uno  de traducción. El ideal es más el de un diálogo o un encuentro fructífero y no el de un choque de “civilizaciones metodológicas”. El ideal es más bien el de una constante clarificación y demarcación de los límites y alcances que cada tipo de lógica de investigación científica puede realizar. Es por eso que Jackson es consciente de que su vocabulario meta-teórico es provisional, más un medio de clarificación que un fin (el verdadero fin es producir conocimiento sustantivo sobre las relaciones internacionales).

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