Realismo crítico

La segunda ontología filosófica de la tipología de Jackson para IR es el realismo crítico. Los dos compromisos fundamentales de dicha posición, recordemos, son el dualismo mente-mundo y el transfactualismo (este compromiso es el que distingue al realismo crítico del neopositivismo). En las relaciones internacionales, el realismo crítico ha tenido una influencia significativa a partir de las contribuciones de Alexander Wendt. Debe también señalarse de antemano que el realismo crítico es influyente en IR, pero que su posición es marginal en los debates actuales en la filosofía de la ciencia (para una discusión en línea extensa sobre esto pueden revisarse los comentarios a este post de Kieran Healy). Lo que Jackson quiere enfatizar es que es el presupuesto del dualismo mente-mundo el que permite concebir la separación entre ontología y epistemológica en términos de lo que hay en el mundo y cómo lo conocemos. Esta distinción implica que la ontología sea entendida en términos de “ontología científica”, ya que se concibe que lo que hay es una cuestión que responde la ciencia. Y la epistemología es lo que nos permite justificar cómo es que estamos conociendo lo que hay, y qué significa conocerlo (esta concepción puede verse expresada los análisis de Colin Wight, lo cual no debería sorprender porque él es un realista crítico). Jackson quiere argumentar que esta distinción básica es un presupuesto filosófico y que solamente así es posible separar la ontología de la epistemología de esa manera.

El compromiso con lo que Jackson llama transfactualismo implica que el conocimiento válido puede ir más allá de las experiencias y acceder a mecanismos causales y generativos más profundos. Con el transfactualismo es posible ir más allá de correlaciones o conjunciones constantes (buscando covariación) y poder hablar de poderes causales. Por ejemplo, para el caso de la teoría de la paz democrática, el realismo crítico no buscaría meras correlaciones entre democracias que no se hacen la guerra. Probar esa hipótesis implicaría ver qué disposiciones (o propiedades causales) tienen las democracias que posibilitan causalmente que no se suelan dar guerras entre ellas. El transfactualismo implica que la realidad está estratificada y que el conocimiento va más allá del dominio actual y empírico para ir hacia el real (esta tripartición es de Bhaskar). La estrategia de investigación que se infiere de esta ontología es lo que se conoce como razonamiento abductivo: partir de fenómenos observados hacia los principios y factores que dan lugar a dichos fenómenos observados.

El problema que aborda el realismo crítico es el de los inobservables. La investigación científica muchas veces trata con entidades que no pueden ser percibidas directamente. La cuestión es cuál es el estatuto de dichos términos: ¿son ficciones teóricas útiles instrumentalmente? ¿O realmente refieren a algo que va más allá de nuestra experiencia (son reales, aunque no observables)? En las ciencias naturales esto tiene que ver con el estatuto de entidades como “quarks”. Pero en las ciencias sociales, uno también puede plantear la cuestión de los inobservables para entidades como “estructura social”. Si dichas entidades tienen un poder explicativo, de lo que se trata es de saber si existen realmente. En las ciencias sociales, la posición instrumentalista se encuentra representada por Milton Friedman. El realismo sostiene que si las entidades tienen un poder explicativo, no tiene mucho sentido asumir que no existen solamente porque no pueden ser directamente observadas.  Esa es la inferencia abductiva (algo bastante trabajado por Charles Sanders Peirce): ir más allá de lo observado para poder explicar lo que observamos. Genera conjeturas en lugar de conclusiones (siendo esto último lo que generan la inducción y la deducción). Es un proceso mucho más “creativo” que “automático”. Lo que se hace es explicar vía la conjetura de algún proceso, entidad o propiedad que da cuenta de lo que observamos. Y los realistas críticos toman esta conjetura como algo que realmente existe y no como una ficción teórica útil y meramente instrumental. Si dichos términos teóricos contribuyen a generar explicaciones científicas importantes, los realistas críticos consideran razonable considerar a dichos términos como refiriendo a algo real.  Aunque sean inobservables, es posible llegar a detectarlos con instrumentos especializados (y dicho proceso en las ciencias naturales no está exento de debate y polémica). Sin embargo, el hecho de que exista progreso científico y que las entidades puedan variar, así como las teorías, genera escepticismo para con la convicción del realista crítico sobre el estatuto ontológico de los inobservables.

El realista crítico investigaría la estructura social como un inobservable susceptible de detección. Pero acá la diferencia es que los realistas críticos contemplan que las estructuras sociales no solamente están definidas por los efectos que puntualmente generan. También para ellos es importante abordar el rango de posibilidades que pueden generar (digamos, sus capacidades). El problema es que las posibilidades no llevadas a cabo, posibilidades que no generan efectos, implicarían un elemento no detectable en el inobservable (recordemos que solamente se detectan las entidades no observables con sus efectos vía instrumentos especializados). No he leído suficiente sobre realismo crítico para tener una opinión más fundada sobre este punto, pero por lo menos la interpretación de Wight sí hace pensar en un tipo de discurso sobre lo social donde existe un conocimiento sobre los poderes causales de estructuras sociales como rango de posibilidades (lo que llama “investigación estructural”). Y ello suena un poco al ideal del discurso trascendental de describir las condiciones de posibilidad (Jackson también destaca la importancia de argumentos trascendentales en el realismo crítico). En todo caso, esto es posible para Jackson porque el realismo crítico está comprometido con el transfactualismo.

En esa línea, otra contribución importante del realismo científico, es que investigar las propiedades o disposiciones de un objeto es parte importante de dar cuenta de su comportamiento. Esto es lo que Wendt llama “preguntas constitutivas” y para el realismo crítico es un tipo de tarea científica. Las relaciones constitutivas estructuran entidades y contribuyen a que estas sean lo que son. De ahí que también puedan ser tenidas como investigaciones causales, ampliando así (contra el neopositivismo) el sentido de lo que puede ser causal. Por eso es que los mecanismos causales aquí son entendidos de manera diferente al nepositivismo. Incluso en casos como los de George y Bennett, cuando ellos hablan de mecanismos causales lo hacen como variables intervinientes. Su importancia se da dentro de una covariación sistemática con pretensiones de ley. Para el realismo crítico la correlación es irrelevante, a menos que estemos en un laboratorio con controles. Como ese no es el caso en el mundo actual, pues es un sistema abierto, los poderes causales podrían no hacerse empíricamente manifiestos en todos los casos (lo que tenemos son “complejos causales”).

Si el realismo crítico compara casos, lo hace no para aislar (como en el neopositivismo), sino para individualizar los casos y realizar narrativas. De ahí que predecir no sea un criterio epistémico para la ciencia. El mundo es concebido como un sistema abierto y por eso para ellos es insuficiente quedarse en el dominio de lo empírico, donde se encuentra circunscrito el neopositivismo. Lo que sucede en el ámbito de lo actual es un resultado complejo donde interactúan muchos elementos y donde, para el caso del mundo social, no tenemos manera de aislar lo que queremos investigar para determinar poderes causales (el experimento como la construcción de un sistema cerrado). Eso no quiere decir que la ciencia no pueda ser posible en el mundo social, pero sí que la predicción no va a ser posible. En el mejor de los casos, lo que la ciencia puede hacer es explicar por qué sucedió lo que sucedió, fuera de explicitar lo que pudo pasar, pero no lo que va a pasar. Este interés por lo posible va de la mano con su interés emancipador. No hay necesidad en que todo tenga que necesariamente ser como es. Conocer en el mundo social que las cosas pueden ser de otra forma y que los agentes puedan no comprender por qué las cosas son como son son contribuciones de la ciencia. Llevar a cabo la transformación de una situación susceptible de ser cambiada es una tarea política.


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