Neopositivismo

Luego de haber establecido una tipología basada en las apuestas filosóficas nucleares que constituyen las cuatro grandes ontologías filosóficas en el campo de las relaciones internacionales, Jackson dedica la siguiente sección de su trabajo a analizar los fundamentos básicos de la primera ontología filósofica (primera no solamente en el orden de exposición, sino también en el hecho de que es la que goza de mayor hegemonía en el campo): el neopositivismo. Recordemos que para Jackson los compromisos ontológicos preceden las aseveraciones sustantivas que el investigador empírico realiza. De hecho, dichos compromisos proveen las condiciones de inteligibilidad de las aseveraciones. Y es por eso que su análisis resulta importante para entender qué diferencias y discrepancias están en la base meta-teórica del campo.

En el caso del neopositivismo dichos compromisos subyacentes (fenomenalismo y dualismo mente-mundo) se expresan a través de la defensa de que lo que constituye la investigación científica es la propuesta y corroboración de hipótesis, suponiendo que las conexiones causales se manifiestan en correlaciones entre factores específicos en múltiples casos (de ahí la importancia de encontrar covariación). El dualismo mente-mundo posibilita la idea de corroborar hipótesis, en tanto se busca ver si dichas hipótesis se corresponden con el mundo. El fenomenalismo posibilita la causalidad de co-variación, la cual se desprende de asumir que lo que podemos conocer está limitado a lo que podemos observar, con lo que la causalidad debe ser inferida.

Sin esta ontología filosófica no tiene mucho sentido basar aseveraciones en correlaciones robustas, porque la inteligibilidad de dichas correlaciones está basada en apuestas filosóficas previas y fundantes. El dualismo moderno mente-mundo en el que se basa el neopositivismo tiene sus orígenes en lo que Jackson, siguiendo a Berstein, llama “ansiedad cartesiana”. El positivismo lógico tomó de la tradición empirista la idea de fundar aseveraciones con sentido en evidencia empírica (lo que caracterizaría a la verdadera ciencia experimental), pero manteniendo también la posibilidad de verdades analíticas basadas en la pura razón (por ejemplo, las matemáticas y la lógica). La investigación científica examina patrones en la realidad empírica y la filosofía contribuye a la ciencia evaluando el lenguaje que usamos para realizar investigación empírica. Lo que no puede ser verificable desde esta perspectiva, debe ser considerado como algo sin sentido alguno. En IR la influencia del positivismo lógico puede verse claramente en la década de 1950, donde una de las principales preocupaciones era poder operacionalizar conceptos y utilizar análisis cuantitativo de datos (Morton Kaplan, David Singer y Karl Deutsch serían ejemplo de esto). El problema, como se mencionó rápidamente antes, es que no era fácil desarrollar criterios para establecer experimentos que prueben el valor de verdad de las aseveraciones. El giro de Popper frente a este problema consistió en dejar de pensar en verficabilidad, para en su lugar hablar de falsación. El conocimiento aquí ya no demanda una absoluta certeza o justificación. Todo lo contrario: lo que tenemos son conjeturas potencialmente susceptibles de ser falseadas. El otro giro importante consistió en enfatizar que la observación también está mediada por nuestras teorías. Popper no tuvo una influencia posterior inmediata en IR. Luego de dicho período las ideas más influyentes en el campo fueron las de Thomas Kuhn e Imre Lakatos. Un problema central de IR al asumir estas ideas, y aquí concuerdo totalmente con Jackson, es que Popper, Kuhn Y Lakatos nunca pensaron que sus reflexiones sobre lo qué es la ciencia y sobre cómo funciones se aplicaba a las ciencias sociales (de hecho, solían mostrar un serio escepticismo sobre su estatuto científico. Su principal ejemplo era la física, debido a su rotundo éxito empírico).

Recordemos que el problema con Popper es que tampoco hay mucha claridad sobre cuándo algo ha sido o no falseado. Kuhn mostró que los científicos no suelen dedicarse a falsear sus conjeturas todo el tiempo. En la práctica normal de la ciencia, la investigación procede por problemas que presuponen como no problemático la mayor parte del background científico (no se cuestiona el paradigma de la comunidad científica). De esta forma, mucho de lo que el científico asume como cierto no lo es porque haya tratado de falsearlo, sino que más bien sucede por socialización. Cuando emergen muchos problemas sin resolver, los científicos abandonan el paradigma y revolucionariamente establecen otro, con diferentes presupuestos. Dichos cambios revolucionarios son la excepción a la regla, y las más de las veces requieren de nuevas generaciones. Esto expresa una crítica a Popper, en tanto que el cambio científico no es lineal y progresista, ya que opera bajo rupturas y discontinuidades. El problema es que aquí no queda claro si los nuevos paradigmas realmente eran mejores, ya que no es posible la comparación entre ellos. Para Kuhn, los paradigmas científicos mantienen entre sí relaciones de inconmensurabilidad (esto básicamente significa que la manera en la que una comunidad científica que opera bajo un paradigma A concibe el mundo no es inteligible para la comunidad científica que opera bajo un paradigma B).

En esta discusión, lo que hace Lakatos es criticar tanto a Popper y a Kuhn y redefinir los términos de la discusión hablando de la sucesión de programas de investigación. En esta visión histórica de la ciencia existen discontinuidades (a favor de Kuhn) y no hay posibilidad de falsear algo de manera definitiva (contra Popper). En lo que Lakatos se distingue de Kuhn es que la inconmensurabilidad es susceptible de ser trabajada bajo un “diccionario” o registro de segundo orden donde sea posible comparar los contenidos y ver hasta qué punto los programas son inconsistentes. De esta forma (contra Kuhn), Lakatos posibilita hablar de progreso y y racionalidad científica (a favor de Popper). La continuidad científica se replantea como incrementos en capacidad explicativa. La diferencia es que el progreso científico aparece de manera retrospectiva, a través de una reconstrucción racional de una historia interna. El problema, como ya se mencionó líneas más arriba, es que que la recepción de toda esta discusión de la filosofía en la ciencia en IR no resultó muy provechosa. Kuhn sirvió para legitimar que las escuelas o corrientes se pensaran como paradigmas inconmensurables, impidiendo diálogo entre ellas. Sin embargo, el principal malentendido es que la disciplina interpretó falsamente esta discusión como una que establece la demanda de fundamentos sólidos para poder realizar investigación científica sustantiva.

La otra apuesta filosófica, el fenomenalismo, defiende la idea de que es la experiencia, entendida en sentido amplio, la que funda el conocimiento de algo. Para conocer algo es necesario experimentarlo, sea con nuestros sentidos, o con instrumentos de observación más sofisticados. Aunque en el caso del neopositivismo ello no sea el caso, la apuesta fenomenalista también potencialmente abarca las aproximaciones en primera persona que destacan la importancia de la experiencia vivida, inmediata y dada, como en ciertas aproximaciones fenomenológicas a y en ciertas aproximaciones antropológicas. El punto de la apuesta filosófica fenomenalista en la ontología filosófica neopositivista es el rechazo a ir más allá de la experiencia para fundar y producir conocimiento (uno de los filósofos de la ciencia más importantes aquí es Bas van Fraassen). Y si bien esto puede funcionar como una concepción de la ciencia relevante, en el caso de las ciencias naturales, la pregunta es cómo funciona esto cuando nos interesa estudiar el mundo social. En el mundo social las entidades dependen de conceptos, pero el neopositivismo considera que con un equipo de observación adecuado, es posible experimentar entidades sociales como la “democracia”.

Otra herencia que el neopositivismo tiene de la filosofía moderna, es la idea humeana según la cual no es posible acceder a los “poderes ocultos” de la naturaleza. Nuestra experiencia sensible no puede acceder a la causalidad que podría existir entre diferentes entidades. De ahí que lo que veamos sea una conjunción constante entre dos estados de cosas, sobre las cuales inferimos (en base a su repetición habitual) relaciones causales (covariación). En el neopositivismo este legado se expresa en la búsqueda de cojunciones constantes entre factores. Lo que se busca son regularidades empíricas que luego puedan ser explicadas y esperadas con cierta probabilidad estadística. La versión contemporánea de esto fue establecida por Carl Hempel como el modelo de explicación nomológico-deductivo.

En la ciencia política, King, Keohane y Verba representan claramente la posición neopositivista cuando conciben la causalidad como un concepto teórico independiente de la data que se está usando. La causalidad es inferida porque no podemos controlar los factores en el mundo social. Por ejemplo, si queremos ver si el régimen democrático hizo que dos países democráticos no entrasen en guerra, no podemos regresar en el tiempo y volver autoritario a un país para ver qué pasaría. Pero además, como no podemos ir más allá de las experiencias que observamos de regularidad, no existe una base cien por ciento sólida para afirmar qué hubiera pasado si las cosas hubiesen sido diferentes. Entonces, como no podemos observar situaciones contra-fácticas en el mundo social concreto, no sabemos realmente que hubiese pasado, fuera de hipótesis o conjeturas. La conclusión es que no podemos percibir causalidad. Solamente podemos inferirla (de ahí la importancia de comparar casos en ciencia política, así como los intentos más actuales de hacer experimentos). Este sentido común sobre la conjunción constante vale tanto para estudios cuantitativos de N-grande, como para estudios cualitativos de N-pequeño. Jackson acá afirma algo bastante interesante: contra lo que se piensa, la diferencia entre lo cualitativo y lo cuantitativo tiene que ver con métodos, pero no con metodología, en el sentido mencionado en la entrada anterior. Por eso los críticos de KKV para Jackson no son tan radicales, debido a que se mueven dentro del mismo horizonte neopositivista (por ejemplo, Alexander George, Andrew Bennett, Charles Ragin, Gary Goertz, James Mahoney, Henry E. Brady, David Collier).  Dicho debate se mueve al nivel de herramientas y técnicas, pero no cuestiona el propósito de la investigación científica. Es una discusión sobre métodos neopositivistas. Lo que nos permite obtener una inferencia causal en nuestras hipótesis es, para el neopositivista, la evidencia de covariación sistemática en los casos.

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