El problema agente-estructura en las relaciones internacionales: conclusiones

Como se podido apreciar a lo largo de esta serie de entradas, el objetivo de la investigación de Wight es mostrar que en el campo de las relaciones internacionales se ha tendido a privilegiar lo epistemológico y lo metodológico a costa de lo ontológico (un argumento que se desprende del compromiso de Wight con el realismo crítico de Bhaskar, así como con la cuestión del positivismo en IR). El problema agente-estructura expresa dicha preocupación ontológica, preocupación presente en la teoría social y en la teoría de las relaciones internacionales, a partir de la constatación de que los seres humanos actúan (agencia) y dan forma a las circunstancias (estructura) en las cuáles su acción tiene lugar y de las cuales es condición de posibilidad (algo que tiene su primera gran expresión en Marx). Es, en pocas palabras, el problema de cómo coexisten la creatividad y la restricción a través de la acción social. Es esta primacía de la ontología la que lleva a Wight a pensar que los conflictos fundamentales entre las teorías son mucho más ontológicos que epistemológicos o metodológicos.

Una consecuencia importante en IR de reconocer este debate es que la distinción clásica entre lo doméstico y lo internacional es bastante problemática y rígida. Los agentes en el mundo social se encuentran inmersos simultáneamente en diversas estructuras, donde algunas son domésticas y otras son internacionales y donde dichas estructuras posibilitan y restringen diferentes tipos de actividad, constituyendo diferentes intereses e identidades). Demarcar lo internacional como análisis a expensas de lo doméstico (como en el realismo estructural de Kenneth Waltz) termina siendo reduccionista, omitiendo dinámicas importantes. Es en este sentido que Wight considera que en lugar de análisis doméstico o análisis internacional a lo que se apunta es a una suerte de “sociología global”.

Para hacer esto, Wight distingue entre la investigación estructural y la investigación histórica. La investigación y teorización estructural (como la realizada en el libro de Wight) tiene por objeto resultados potenciales, a partir del conocimiento de los poderes y tendencias de los diferentes mecanismos y estructuras (un vocabulario tomado, otra vez, del realismo crítico). A diferencia de esto, la investigación histórica es la que lidia con eventos y objetos actuales en el tiempo. Pero para poder hacer plenamente inteligible lo actual, resulta necesario también comprender las configuraciones estructurales que hace posibles los resultados que vemos en el mundo. Es como si para Wight la investigación estructural (abstracta y teórica) estableciese los mecanismos causales posibles y la investigación histórica (¡y empírica!) estableciese que combinación particular es la que explica un fenómeno concreto.  Esta distinción permite a Wight mantener la validez de ambos tipos de investigación, pero sobre todo recordar que en IR los problemas no se resuelven con pura especulación teórica.

La propuesta de Wight no es la de una teoría general de las relaciones internacionales (en sentido sustantivo). Es todo lo contrario: bajo su marco, dicha teoría general es imposible. El mundo social es un sistema abierto y complejo donde los patrones que observamos no son reducibles a una única teoría. De ahí que contra visiones que consideran como virtudes epistémicas la simplificación y la reducción (por ejemplo, lo que Waltz entiende por una buena teoría), Wight abogue por teorías que puedan incluir la complejidad caótica del sistema internacional. La teoría no puede ser una identidad que asume el investigador en sus años tempranos de formación y que debe de mantener, no importa lo que estudie (ello genera una tergiversación de lo que debe ser lo epistemológico y una orientación a investigar en base a métodos y no a problemas concretos).

El poder causal de la agencia es dependiente de la estructura (aunque dicho poder no sea reducible a ésta) y la estructura es dependiente de la agencia para su existencia (aunque tenga poderes causales que no reducibles a los individuos). No hay absoluta independencia entre ambos términos, aunque dicha distinción pueda ser útil analíticamente en ciertos contextos. Ambos componentes son constituivos y co-existen en toda práctica social. Wight considera que existen cuatro planos en los que dicha práctica social tiene lugar:

1. Plano de transacciones materiales con la naturaleza (medio ambiente, constitución biológica, objetos socialmente producidos y condiciones sociales con efectos materiales, tales como la guerra y la pobreza).
2. Plano inter/intra-subjetivas (el campo del lenguaje, significado, reglas y normas compartidas).
3. Plano de roles sociales (el número y tipo de roles que uno ocupa, con los poderes que ello conlleva).
4. Plano de subjetividad personal (tiene que ver con las especificidades más particulares del individuo).

Esta tipología no resulta del todo clara, pero Wight planea como ejemplo ser presidente de un país. Tratando de hacer más comprensible lo críptico del ejemplo, sería posible decir lo siguiente: El aspecto de las condiciones materiales tendría que ver, por ejemplo, con las capacidades materiales (económicas, militares, etc.) que tiene el Estado que uno está presidiendo. El segundo plano tiene que ver con que ser presidente es posible por normas, significados y reglas que lingüísticamente compartimos en una comunidad. Son lo que hacen que algo como “ser presidente” sea posible. El tercer nivel depende del segundo, pero alude al hecho concreto de ejercer ese rol social. Si bien los que no somos presidentes entendemos lo que ello significa, asumir ese rol social genera en el agente ciertos poderes causales que no dependen solamente de la comprensión lingüística (por ejemplo, poder declarar la guerra a otro Estado). Finalmente, el plano de la subjetividad personal parece aludir a que incluso con todas las variantes anteriores, dentro de una misma comunidad, en un plano de tiempo breve donde lo material, lo simbólico y el rol concreto son constantes, existe una cierta particularidad en el individuo (no sé si se refiere a la “idiosincracia” de cada uno), la cual hace que cada presidente sea diferente, en cierto sentido. Obviamente el ejemplo está simplificando algunas cosas, ya que el ser-presidente y las acciones que éste decida estarán afectadas por los mismos planos, pero en la esfera extra-estatal.

Cada uno de los cuatro planos de actividad tiene su propia lógica estructural y las relaciones complejas entre dichos planos varía de acuerdo al tiempo y al espacio. Sin embargo, los cuatro planos son necesarios para la vida social. Qué plano o qué combinación de planos tendrá más peso para explicar un fenómeno particular es algo que debe de ser resuelto empíricamente. Y es que, aunque la ontología tenga primacía, dicho conocimiento sobre lo que es no puede ser deducido a priori de una pura teoría.

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