Anarco-filosofía

por Erich Luna

A través de un enlace de John Protevi pude acceder hace unos días a Against Professional Philosophy, una web colectiva en contra de la filosofía profesional donde escriben anónimamente “X”, “Y y “Z”. Realmente fue una feliz coincidencia que, me parece, permite ampliar ciertas reflexiones hechas en torno a la educación filosófica y lo que (o no) es un filósofo. El colectivo expresa un verdadero amor por lo que conciben como filosofía real: una reflexión racional, sistemática y sinóptica sobre el ser humano y el mundo. Sin embargo, se sostiene que la filosofía profesional y académica actualmente puede presentar limitaciones a dicha empresa. Lo que voy a tratar de hacer aquí es un poco sistematizar se ha ido escribiendo en el par de años que el blog ha durado hasta el momento (y que está más centrado en el contexto de la academia norteamericana. Sin embargo, es posible extraer algunas críticas más generales, o discutir en qué contextos no funcionaría ciertas apreciaciones y por qué).

Lo primero es que con relación al componente anárquico de la anarco-filosofía es importante distinguir primero entre el anarquismo filosófico y el anarquismo político, donde lo primero se refiere a la tesis de que no existe una justificación racional para la autoridad, mientras que lo segundo alude a la militancia por abolir efectivamente en el mundo cualquier tipo de autoridad política. La anarco-filosofía, por su parte, consistiría en el arte de resistir y subvertir a la filosofía profesional y académica desde dentro, por el bien de la filosofía misma. Dado que las tres posiciones son diferentes, es posible articular en casi todas las combinaciones posibles dichos anarquismos (por ejemplo, estar comprometido con la anarco-filosofía sin estarlo con los otros dos anarquismos, o quizá con el filosófico y no el político, y así sucesivamente, excepto en el caso del anarquismo político que sí parecería requerir implícitamente del anarquismo filosófico).

La crítica de la anarco-filosofía va un poco en la línea de no ser “demasiado buena gente” y saber bien cuándo es importante hacer críticas públicas (anónimas o no) a cómo funciona el establishment académico filosófico, con los riesgos profesionales que ello pueda implicar (de ahí que uno deba ser estratégico en las batallas que decide librar), así como con problemas que van más allá (un ejemplo son las críticas que se hacen a la Segunda Enmienda de la constitución estadounidense aquí y aquí, junto con la pena de muerte). El objetivo es que la crítica pueda contribuir a mejorar las cosas, ya que no decir nada (si uno cree lo contrario) supone tácitamente avalar el status quo y la manera en que funcionan las cosas (un ejemplo de la misma web es la crítica que se hace al Journal of the American Philosophical Association, así como a los MOOCs y a ciertos procesos de estandarización). El proyecto es coherente consigo mismo y también ha operado discutiendo objeciones y respuestas con sus interlocutores.

A nivel cuasi cultural, la representatividad de grupos y el carácter beligerante que muchas veces toma el intercambio filosófico es también tomado en cuenta. Por ejemplo, el hecho de que la presencia de mujeres, personas de ciertas clases sociales, minorías étnicas y sexuales sea significativamente menor que en otras áreas (aquí hay un intento de explicación y de solución, aunque no lo encuentro muy satisfactorio. También importante ser consciente de no caer en idealizaciones). Pero el hecho de que el intercambio filosófico tome un tono agresivo en personas que se tienen por inteligentes, civilizadas y que han leído en Platón la diferencia entre la filosofía y la sofística, también da que pensar. La hipótesis que se plantea es que los filósofos asumen una posición que creen neutral (“cientista”, aunque la etiqueta realmente no me convence mucho. También se hace una lectura particular con la que tengo reservas sobre la división entre filosofía continental y analítica, así como de su legado en Norteamérica) y que consiste en una técnica de destruir argumentos (esto es comparado con tomar lo peor de la profesión de los abogados, pero sin que tenga un impacto práctico real). Sin embargo, ahí Javier y yo, tomando como insumo algunas ideas de Bryant, pensamos que tiene que ver con que la academia filosófica tiene la tendencia a devenir en falosofía (y donde el intercambio agresivo y beligerante es una versión sofisticada de sacar-el-falo). Lo que el autor busca enfatizar es que la mayoría de gente que estudia filosofía termina estando fuera de la academia porque no se siente interesada en dicha lógica. Quienes se quedan son sofistas de carrera y verdaderos filósofos, los menos, que hacen lo posible por sobrevivir en dicho medio produciendo cosas relevantes. Sin embargo, ahí creo que es más importante enfatizar lo terrible que es el colapsado mercado laboral y el sistema de carrera docente norteamericano, lo cual genera también una creciente proletarización, algo que también se ejemplifica aquí. En simple: la academia produce un número cada vez mayor de PhDs, cuyas posibilidades académicas son trabajos con salarios muy bajos y bastante explotadores.

Otro tema importante que se señala es que muchas veces el sistema de revisión de pares para las publicaciones puede torcerse para que las antipatías y animadversiones mencionadas líneas más arriba puedan expresarse en rechazos y filtros, haciendo que lo personal se superponga a lo académico. Y por eso el autor propone una serie de reformas para que el sistema pueda funcionar: que los jóvenes académicos puedan mandar sus artículos o libros a varias revistas o editoriales, y si son aceptados en varios lugares, que luego ellos puedan decidir dónde publicarlos; que los filósofos consagrados ya no publiquen en journals y editoriales académicas y que, en su lugar, auto-publiquen online todo lo que van haciendo (excepto en las colecciones y ediciones especiales de ciertas publicaciones que funcionan solamente bajo invitación); que quienes revisan hagan públicos sus nombres y que ello sea opcional para quien envía el artículo. Además, si quien debe revisar el artículo no cumple con la fecha límite, su nombre debe hacerse público a quien manda el artículo y a los otros que ya lo han revisado. Finalmente, se sugiere que el editor de J-APA implemente dichas reformas (luego de esta presentación se presentan algunas objeciones y respuestas en las que no me voy a detener porque en general me parecen sugerentes esas reformas, si no para todo el sistema, por lo menos para ciertos casos).

Dado que el verdadero filósofo para el colectivo es el que no se preocupa por puramente por lo que espera el establishment (el Otro académico), buscando resistir y subvertir (lo que se ha acuñado como anarco-filosofía), la pregunta qué surge es cómo podría ser esto posible. A pesar de que formalmente se exige la discusión racional, muchas veces prima hegemónicamente una noción de progreso filosófico que hace necesariamente absurdas ciertas posiciones. Los autores cuestionan este supuesto y defienden el derecho a tener posiciones filosóficas impopulares, siempre y cuando estas puedan estar bien sustentadas, so pena de no avalar ningún tipo de opresión intelectual. Y estartégicamente, se plantea un número de estrategias al modo en que James C. Scott habló de las “armas de los débiles” (Básicamente actividades de crítica que sean secretas, al mismo tiempo que se aparenta simpatía y se gana el favor de los estudiantes).

Ser un profesor nombrado realmente presenta condiciones laborales muy atractiva. Sin embargo, el punto es que sea un medio y no un fin, que es la producción y actividad filosófica misma. De ahí que se diagnostique que la subordinación de la universidad a la administración ha ido minando las condiciones laborales dignas, aumentando la explotación y haciendo muy difícil que la gran mayoría pueda conseguir un trabajo digno dentro del establishment académico, generando dudas sobre cuál debería ser el propósito de realizar estudios doctorales en filosofía y lo importante que es distinguir el aspecto profesional del intelectual en el estudio académico de la filosofía, debido al creciente academicismo desde la posguerra (lo cual se expresa muchas veces en el caso de los grandes congresos internacionales). Pero el principal riesgo es que la dificultad de conseguir una buena universidad para estudiar, buenas recomendaciones, buenas publicaciones y un buen trabajo termina generando una cultura de miedo que complica la posibilidad de hacer críticas que deben hacerse, fuera de poder luchar colectivamente por dichos cambios. Los autores por eso problematizan la idea misma de tener que rankear los departamentos de filosofía, dado que lo que se hace es subordinar la actividad filosófica a números  (como publicaciones) e indicadores (rankings de departamentos por área). Los autores infieren que este énfasis es por una lógica de productividad a secas que el propio sistema universitario demanda cada vez más. Como boicotear ese sistema imperante no es algo que quede claro.

¿Es posible un “afuera” donde la filosofía exista? Las tres cuestiones que se identifican son básicamente si es posible ganarse la vida, si es posible tener una comunidad filosófica de interlocutores y si es posible que el trabajo que uno haga afuera de la academia llegue a tener un impacto filosófico. Sobre el dinero, las posibilidades verosímiles son ser mantenido por otra persona, o conseguir un trabajo normal con un horario diurno (y donde el tiempo para el trabajo intelectual tendría que darse muy temprano, antes de ir a trabajar, o en la tarde o noche, cuando uno regrese). Formar una comunidad también es algo difícil fuera de la academia y está sujeto a cómo uno pueda conectarse con internet con gente valiosa para los proyectos de uno, lo cual incluye también (con poca probabilidad de éxito) a filósofos profesionales. Y con el impacto, la vía online alternativa es blogs, academia.edu, y autopublicar journals o libros. Como puede verse, el costo consiste en reducir el tiempo dedicado al trabajo intelectual y renunciar prácticamente a cualquier tipo de reconocimiento simbólico o social que la academia daría. El anarco-filósofo puro sacrifica el reconocimiento profesional a cambio de una radical libertad especulativa e intempestiva.

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