Gobierno indirecto

por Erich Luna

(Continuación del post anterior)

Las organizaciones tribales tienen segmentos que mantienen la paz y limitan el poder. Pocos jefes tribales (o “Gran hombre”) tienen el poder y la autoridad para ser tiránicos con los miembros de dichos grupos. Muchas sociedades tribales, recuerda Fukuyama, muchas veces son bastante igualitarias y tienen reglas claras sobre la regulación del comportamiento de las personas, así como métodos para hacer cumplir dichas reglas. Los casos de violencia y crueldad en África asociados a casos como los de Somalia o Sierra Leona en la década de 1990 se alejan de dichas estructuras. De ahí que para Fukuyama dichos casos sean mejor comprendidos no apelando a algo tradicional o sumamente antiguo. En lugar de ello es fructífero entender dichos resultados como estando íntimamente vinculados al colonialismo. Es la historia del colonialismo europeo la que incluye brutalidad sistemática hacia las poblaciones indígenas. La principal herencia del legado colonial aquí son Estados débiles sin capacidad para poder ejercer autoridad sobre la población de gobiernan. El vacío de dicha debilidad estatal no fue, para Fukuyama, algo llenado por prácticas tradicionales o ancestrales. Todo lo contrario: dicho espacio fue ocupado por una generación que se organizó para sacar ventaja de la economía global explotando recursos naturales. Es cierto que dichos Estados pueden ser violentos las más de las veces, luego de las independencias, pero (para usar las útiles expresiones de Michael Mann) dicho poder “despótico” es muchísimo más fuerte que el poder “infraestructural” de los Estados europeos.

Lo que instituyó la colonial, y cuyo legado fue una severa debilidad estatal que se ve hasta hoy, se llevó a cabo a través del gobierno indirecto. Lo que hicieron los colonizadores (como el inglés Lugard) fue dejar a la administración en manos de jefes locales elegidos por los ingleses (eran jefes que respondían en última instancia a los ingleses). La idea básica era que dichos jefes locales podrían gobernar bajo sus propias tradiciones y costumbres (lo que algunos llamaban “leyes nativas”), con lo que el costo institucional de la colonia disminuía sustantivamente, pudiendo ser el proceso mucho más eficiente. La búsqueda de estas fuentes fue un incentivo para que la colonización impulsara a la antropología como disciplina, como en los casos de Meek y Evans-Pritchard. Lo que sucedió fue que en muchas regiones los colonizadores no pudieron encontrar a dichos jefes tribales y tuvieron que crearlos. El prejuicio era que todo africano pertenecía a una tribu y con eso lo que terminaron haciendo fue crear tribus donde estas no existían (el estilo de los franceses de gobernar directamente tampoco produjo un resultado muy diferente, su aproximación fue mucho más generalista y liderada por la burguesía, lo cual tampoco pudo funcionar por razones opuestas).

En lugar de modernizar las relaciones sociales, el espíritu del gobierno indirecto era el de congelarlas bajo una imaginada configuración de relaciones de poder. Y como los colonizadores europeos necesitaban de autoridad muchas veces inexistente para poder comprar la tierra, los jefes locales sirvieron (como si fuesen señores feudales) a este proceso donde una autoridad podía alinear propiedad comunal. Otra razón clave de estos jefes, de acuerdo a Fukuyama, fue que también podían servir para cobrar impuestos (con armamento moderno y el apoyo coercitivo de los colonizadores). Fukuyama, siguiendo a Mamdani, concluye que el resultado fue que dichos jefes se volvieron mucho más autoritarios que el Rey Zulu. Podían expropiar tierra, cobrar impuestos, hacer leyes formales y castigar crímenes (una especie de micro sistema dictatoria a nivel local, sin frenos y contrapesos).

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