La herencia colonial africana

por Erich Luna

(Continuación del post anterior)

Luego de haber visto algunas tendencias y observaciones generales sobre América Latina (aquí, aquí y aquí), Fukuyama pasa a hacer lo mismo para con África. Si bien hay muchos casos diversos y complejos (democracias estables, cleptocracias autoritarias, Estados fallidos, etc.), lo que le interesa al autor es ver qué patrones son más recurrentes. Uno de ellos es lo que algunos científicos sociales denominan “neopatrimonialismo”. Lo que caracteriza a esta forma de gobierno es que externamente aparenta ser un Estado moderno, con una constitución, Presidente, ministros, sistema legal y demás pretensiones de impersonalidad. Sin embargo, lo que sucede de facto es que el gobierno funciona cooptando y redistribuyendo recursos para la familia y los amigos. Otro elemento qe destaca de esta lógica es su fuerte personalismo. En el contexto de la independencia de los países de la región, la política estuvo centrada a través del presidente, figura que reemplazo nominalmente (aunque no realmente) a la del “Gran hombre”. En ambos casos lo que hay es una persona a la que se le debe lealtad. Esta lógica neopatrimonial utiliza los recursos estatales clientelarmente, con el fin de conseguir apoyo político. Sin embargo, a pesar de lo personalistas que puedan ser los gobiernos, la debilidad de sus Estados (y de sus burocracias) impide que que estos puedan proveer de bienes y servicios públicos a la gran mayoría de ciudadanos, que puedan hacer cumplir la ley, cobrar impuestos o monopolizar el uso de violencia legítima en el territorio (recuérdese las innumerables guerras civiles, los movimientos separatistas, rebeliones, golpes de Estado, etc.).

Para entender esta debilidad estatal estructural, Fukuyama considera necesario remontarse a los legados coloniales de la región. A diferencia de América Latina donde los colonizadores diezmaron a la población e instauraron sus sistemas mercantilistas y autoritarios donde lo social y lo ético no estaban disociados, en el caso de África la colonización empezó muy tarde y no duró mucho. Los colonizadores (influenciados por el racismo biologicista decimonónico) aquí fueron exitosos en desmantelar las fuentes tradicionales de autoridad, pero no pudieron consolidar algo estable en su lugar. Dado que los colonizadores se dieron cuenta que no podían extraer mucho y que el clima tropical era inhóspito, así como la geografía (salvo por pocos casos como Sudáfrica) el resultado fue dejar a la región sin nada cercano a instituciones políticas serias en la décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

El otro elemento clave del legado colonial son las brechas étnicas. Fukuyama argumenta que los conflictos étnicos no son algo tradicional heredado, sino el resultado de la colonización moderna (los grupos étnicos modernos comprenden miles de personas y su referencia a los antepasados es mucho más distante, a diferencia de las sociedades segmentadas estudiadas por la antropología). La autoridad colonial contribuyó a la construcción de dichas divisiones en función a qué grupos le serían más útiles para fines militares o de conquista. Estas divisiones modernas se han ido manteniendo y reconfigurando hoy en función a la división de recursos que se asignan clientelarmente (por ejemplo, si el presidente es de la etnia de uno, es más probable que uno reciba trabajo, obras públicas, etc.). Todo esto tiene su origen en la institución colonial del gobierno indirecto.

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