Excepciones latinoamericanas

por Erich Luna

(Continuación del post anterior)

A pesar de existir fuertes tendencias y legados en la región, Fukuyama señala importantes casos que constituyen excepciones a la regla. El primer caso es Costa Rica: una isla pequeña con agricultura tropical (café y plátanos) y con recursos y clima similar a los de El Salvador, Nicaragua y Guatemala, pero que en las últimas seis décadas no ha tenido golpes militares, dictaduras, guerras civiles, escuadrones de la muerte e intervenciones norteamericanas. Desde 1948 es una democracia estable con elecciones competitivas y alternancia de los partidos en el poder.  Dado que los elementos estructurales aquí parecen similares, Fukuyama considera que la diferencia en la trayectoria de dicho país se debió mucho más a las decisiones individuales de sus líderes políticos. En concreto, la coalición política de Calderón era de izquierda, pero moderada. Y cuando fue acusado de ganar las elecciones ilegítimamente, establecieron un tribunal electoral mucho más moderno. Asimismo, cuando los rebeldes conservadores sacaron a Calderón, implementaron una agenda cercana a la suya y luego restauraron el poder a Ulate, el ganador legítimo. El gobierno entrante aceptó formar una asamblea constituyente que fortaleció el tribunal electoral y que extendió el voto a las mujeres. Pero lo más importante para Fukuyama es que en 1949 la constitución abolió el ejército. Esto implicó que la coalición conservadora aceptara renunciar a tener el instrumento coercitivo básico del poder oligárquico en la región. Esto también influyó el desarrollo de una izquierda que renunció a la lucha armada en pro de una agenda social demócrata y reformista. Los principales actores políticos aceptaron regirse bajo las mismas reglas.

El contrapunto a dicho caso, es decir, un país que cumple los requisitos de las teorías estructurales (geografía, clima, población, etc.), y cuyos resultados son opuestos es Argentina. En sus orígenes, su desarrollo fue rápido dado que sus políticas fueron fuertemente liberales, sin las restricciones del mercantilismo de los Habsburgo. Tampoco contaba con élites, como las de Perú y México, que eran herederas de dicho legado social. Sin embargo, hacia la primera mitad del siglo XX Argentina se convirtió en una país de alta polarización política. No contaba con divisiones fuertes en la sociedad, pero las generó junto al personalismo y a la movilización clientelista (algo que dura hasta nuestros días). Las razones de este viraje tienen que ver, para Fukuyama, primero con la gran concentración que había en la propiedad de la tierra (para inicios del siglo XX 50 familias controlaban el 13% de la tierra en Argentina y los terratenientes más grandes tenían ingresos superiores a los presupuestos de los principales ministerios estatales). El otro factor a considerar es la manera ambivalente en que se fue dando la adhesión a las instituciones. Entre 1880 y 1930 tuvo un importante crecimiento económico con una industrialización incipiente. De este proceso surgieron nuevos grupos que demandaban participación en el sistema político. Con la crisis económica de los 30s se abre un período de conflicto donde militares buscaron el poder político con fraude, represión e ilegalidad. Para Fukuyama este quizá fue el principal error de la oligarquía, a diferencia de Costa Rica: el no querer jugar bajo las mismas reglas. El estado de derecho fue severamente debilitado

Lo importante del peronismo que resultó de dicho proceso es que no es clasificable bajo rígidos parámetros de izquierda y derecha. Es cierto que había apoyo a los trabajadores y política social redistributiva, pero el líderazgo militar y las técnicas de movilización tenían rasgos corporativistas cercanos al fascismo.  Perón construyó un partido donde su liderazgo carismático pesaba más como vínculo de lealtad que cualquier programa o ideología coherente (algo que Laclau aceptaría, considerando al populismo como una lógica política y no como un programa ideológico, político o económico concreto). Este legado se expresa en el hecho de que Menen haya tenido políticas neoliberales y los Kirschner políticas más populistas de izquierda. Con Perón se instituyó mucho más fuerte la importancia del liderazgo carismático, pero también la práctica de realizar políticas atractivas en el corto plazo, pero desastrosas en el largo plazo.  Lo que vemos aquí es que frente a condiciones estructurales favorables, fueron las élites (militares, oligarcas, líderes obreros, etc.) quienes tomaron decisiones que redundaron en la una polarización política.

Lo que le importa a Fukuyama con estos dos casos no es refutar una aproximación estructural o materialista para pensar el desarrollo político. Lo que quiere enfatizar es que, dado que el asunto es complejo, resulta claramente insuficiente en casos como estos donde se ve el peso que las decisiones de las élites pueden tener en los futuros legados institucionales. En ambos países es posible imaginar situaciones contra-fácticas donde Costa Rica sigue un camino parecido al de sus vecinos y donde Argentina realiza la profecía de los factores estructurales.

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