Italia y el equilibrio de baja confianza

(Continuación del post anterior)

Sobre Italia, Fukuyama sostiene que en los siglos siguientes a Federíco II, el sur italiano mantenía una persistente debilidad en lo que respecta a una autoridad central que pudiese evitar la explotación de los campesinos por parte de la aristocracia (como en Hungría y Polonia). Sin embargo, el clientelismo imperante  hoy es un fenómeno mucho más reciente que debe verse a la luz de la unificación de 1861. Las revueltas campesinas y el caos incentivaron a que la burguesía del norte que controlaba el gobierno nacional pactase con la oligarquía del sur (esto tiene que ver para Fukuyama con lo que Gramsci llamaba “bloque histórico”. Sobre las trayectorias divergentes entre el sur y el norte de Italia puede revisarse, entre otros trabajos, el clásico libro de Robert Putnam). En tal contexto de debilidad estatal surge la mafia como respuesta organizacional (y privada), ofreciendo protección de derechos de propiedad a individuos (y la coerción necesaria para hacerlos cumplir), ya que la sociedad no podía recibirlos del Estado.

El problema de depender de una organización como la mafia para garantizar dichos derechos individuales es que diferentes organizaciones pueden competir violentamente por ofrecer ese servicio, y los beneficiados pueden pasar fácilmente a ser víctimas de extorsión (por ejemplo, ofrecer protección a cambio de una amenaza que la propia organización busca generar). Adicionalmente, las ramificaciones de dicha organización han tendido a actividades históricamente ilegales, como el tráfico de drogas y las prostitución. Su existencia se debe pues, a la debilidad estatal, pero también al hecho de que la sociedad no cuenta (por ello) con derechos garantizados, lo cual además se expresa e una baja confianza social. El resultado es un clima de violencia y miedo, donde los niveles de confianza van disminuyendo cada vez más.

En torno a la debilidad estatal italiana, podría pensarse como contraejemplo el caso del fascismo italiano. Sin embargo, Fukuyama recalca que aún durante el gobierno de Mussolini no fue posible para el Estado penetrar el sur para reorganizarlo sustantivamente. Dada la existencia de las mafias, la lucha contra ellas fue importante, pero terminó con la incorporación de muchos de sus líderes en las filas del fascismo (no se les mató o encarceló masivamente). El resultado esperable, entonces, fue que reaparecieran luego de acabada la Segunda Guerra Mundial. Asmismo, los partidos de derecha (Monarquistas, UQ y DC) tuvieron éxito electoral y reforzaron las relaciones de patronazgo existentes. De estos partidos fue la DC quien lo hizo de una manera moderna (clientelismo), con un partido organizado y jerárquico. Para acentuar esto, en el caso del sur italiano también se dio una modernización sin desarrollo (como en Grecia), es decir, un proceso de urbanización sin industrialización efectiva para transformar sustantivamente la estructura social de la región. El resultado fue similar: un mayor incentivo para ingresar al sector público que al sector privado, con el fin de tener mayor seguridad económica y personal. El gasto público iba de la mano de una alta corrupción y de contratos con la mafia, la cual aseguraba el triunfo del partido de gobierno (la DC).

La izquierda tuvo muy poca participación en el gobierno hasta que colapsó la Unión Soviética. A partir de aquí el Partido Comunista fue disuelto en 1991 y dio lugar al Partido Democrático de la Izquierda (PDS). La DC no contaba con mucha aprobación, debido a corrupción y la criminalidad. Esto incluso se vio reflejado en el surgimiento de la Liga Norte, partido que buscaba la separación del norte italiano para ya no tener que ver con su subvención, crimen, violencia y corrupción. Sin embargo, para este momento la mafia se había expandido a todo el país, debido al incremento del tráfico de drogas durante de las décadas de 1970 y 1980. Durante los 80s y 90s la lucha entre la mafia y las partes no corruptas del Estado italiano llegaron a excesos de violencia, con múltiples asesinatos a altos funcionarios, fiscales y jueces. El descontento social hizo que los ciudadanos terminasen dejando sin apoyo a la DC, la cual hacia 1994 dejó de ser la fuerza política principal.

Lo que hizo la derecha en este punto fue reorganizarse a través de la figura de Silvio Berlusconi quien construyó una base de apoyo usando los recursos de su imperio corporativo (periódicos, televisión, equipos deportivos). Su coalición, que incluía remanentes de la DC, Alianza Nacional (AN), la Liga Norte y su organización Forza Italia, gobernó en múltiples ocasiones durante mediados de la década de 1990 y durante la primera década del siglo XXI. Berlusconi públicamente tenía un discurso de liberalización a lo Reagan y Thatcher, donde el gobierno debía ser eficiente como una empresa. Sin embargo, su gobierno mantuvo la misma mentalidad clientelar, aunque bajo nuevas técnicas mediáticas. De ahí que la corrupción y la poca independencia del poder judicial hayan seguido presentes en la política italiana.

La razón principal de por qué no pudo haber una reforma institucional importante en el gobierno tiene que ver para Fukuyama con Umberto Bossi, el líder de la Liga Norte. Lo que hizo Bossi fue concentrarse en temas populistas como el rechazo a la inmigración, ya que su base social eran los pequeños empresarios y profesionales del norte. La izquierda en el gobierno lo hizo un poco mejor y mostró intentos de reformas, pero la falta de consenso entre la sociedad y los otros partidos sobre la importancia de modernizar el Estado para acabar con el clientelismo hizo que dichos intentos no fueran más que modestas propuestas.

Mientras no se den esos cambios, no solamente el clientelismo y la corrupción prevalecerán, sino que la confianza también seguirá siendo baja. Y para Fukuyama la confianza es esencial (recordemos que ha dedicado uno de sus primeros libros a dicho tema). Las razones son múltiples: la cooperación es posible, los trámites burocráticos para los intercambios económicos son más simples y menos engorrosos, el crimen incrementa los costos de vida (seguridad privada), fuera de la inseguridad. Finalmente, la capacidad del Estado para hacer cumplir la ley es baja, pero esto se ve reforzado por el incentivo a no cumplirla, debido a la desconfianza generalizada de que los demás la cumplirán (problemas fundamentales de acción colectiva). Pagar impuestos, como en el caso griego, termina siendo una cosa que hacen principalmente los estúpidos, o los que no pueden evadirlos. Se trata pues, de un equilibrio de bajo nivel donde el círculo vicioso se refuerza: nadie confía en las instituciones, en los demás y, peor, en los intentos de reformas institucionales necesarios.

Anuncios

5 responses to “Italia y el equilibrio de baja confianza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: