Prusia y la construcción del Estado

por Erich Luna

(Continuación del post anterior)

El Rechtsstaat prusiano puede ser descrito como una “autocracia liberal” al decir de Fukuyama, esto es, como un régimen que cuenta con una protección impersonal para los derechos civiles de los ciudadanos, aunque sin que estos gocen de derechos políticos y mecanismos de rendición de cuentas que puedan usar para con el gobierno, sobre todo en sus altas esferas ejecutivas. A pesar de ello, fue una excelente plataforma para promover el desarrollo económico e industrial (1871-1914) porque los derechos de propiedad y los contratos eran fuertemente respetados. El Kaiser era el gobernante “absoluto”, pero no podía arbitrariamente contravenir este tipo de derechos. De ahí el carácter liberal y, a la vez, autoritario del Estado prusiano.

Desde la línea teórica de Fukuyama anteriormente vista, es posible ver que la trayectoria alemana tuvo primero la construcción de un Estado y la efectividad del estado de derecho antes se que el sistema político se abriera democráticamente (Estado y estado de derecho antes que rendición de cuentas). La razón de desarrollar lo primero se debió sobre todo a que Prusia se encontraba en constantes conflictos bélicos y, como en el caso de China durante la dinastía Qin (221 a.c.), ello demandó la construcción de un Estado eficiente con un gobierno meritocrático (la guerra y no el desarrollo económico fue aquí, para bien o para mal, un incentivo mayor para la modernización del gobierno).

Luego de la paz de Westfalia de 1648, Alemania se encontraba poblada de señores de la guerra en un fragmentado territorio con una población muy reducida que era nominalmente unificado bajo el Sacro Imperio Romano Germánico. Las pequeñas entidades políticas en el territorio eran muy débiles para recolectar impuestos vía una burocracia, así como para constituir un ejército independiente, o incluso para hacer cumplir las leyes. Los líderes dinásticos de estos lugares contrataban mercenarios con dinero prestado y cuando se acaban los recursos, los mercenarios actuaban con discrecionalidad e impunidad (incluso destruyendo cosechas e infraestructura para que no sea provechada por sus rivales).

Federíco Guillermo, el Gran Elector, se dio cuenta que el futuro de Prusia requería de poder militar. Esto demandó una centralización de poderes fiscales y la disolución de milicias independientes. Todo fue centralizado bajo una burocracia que él controlaba. Este proceso continuó con su hijo Federíco Guillermo I de Prusia, donde el fortalecimiento del ejército fue una prioridad. Sin embargo, hubo un elemento cultural clave: los Hohenzollern se volvieron calvinistas y ello incentivó la incorporación de holandeses y hugonotes, lo cual hizo a la burocracia mucho más independiente de la sociedad. Además, el puritanismo hizo que Federíco Guillermo I fuese más intolerante con la corrupción. Finalmente, el calvinismo incentivó la creación de instituciones sociales educativas y para aliviar la pobreza. La modernización y fortalecimiento del ejército hizo que Prusia no fuese simplemente un país con un ejército, sino un ejército con un país.

Siguiendo (a mi parecer) el argumento de Tilly sobre la conformación de los Estados europeos, Fukuyama muestra que fue la necesidad bélica la que llevó a la modernización del ejército. Pero este ejército requería de recursos para ser mantenido y ello incentivo la modernización burocrática y administrativa. Sin embargo, cuando los conflictos inmediatos acabaron, hubo una breve repatrimonialización en el Estado donde ciertas familias cooptaron ciertas ramas de la burocracia, así como personas leales a Federíco el Grande. Dicha inercia fue rota por las derrotas bélicas posteriores, las cuales demandaron reformas post-napoleónicas. Solamente luego de ellas es que en Prusia se consolidó el Rechtsstaat (y es desde aquí que Moldbug toma el “cameralismo” y lo lleva a su fase “neo-“). En paralelo, la modernización burocrática iba a verse beneficiada con las reformas educativas de Humboldt donde los alumnos más brillantes podrían hacer una carrera en el Estado. El clima intelectual además era favorable a la meritocracia, debido a la importancia que la élite intelectual daba a la Ilustración y a la Bildung humana (Kant y el idealismo alemán son un claro ejemplo de esto).

El resultado fue un Estado moderno con capacidad estatal y una burocracia meritocrática bajo un estado de derecho que protegía la propiedad y los contratos de los individuos. Ello posibilitó un importante desarrollo económico e industrial por parte de Prusia durante la segunda mitad del siglo XIX (su funcionamiento es visto por algunos como estructuralmente similar, salvando las obvias distancias, a lo que se da hoy en Singapur). Sin embargo, dado que el derecho no era algo que formalmente sometía al ejecutivo, es más acertado decir que se gobernaba siguiendo la ley (rule by law) y no que se gobernaba bajo el principio de que no hay nadie por encima de la ley (rule of law). Aún así, los ciudadanos podían esperar un trato igual e impersonal cuando realizaban transacciones entre sí e incluso demandar que las instancias inferiores del gobierno actuaran de acuerdo a la ley. Lo importante de todo este proceso de modernización estatal es que la burocracia interiorizó a nivel organizacional que servía al Estado y no al gobernante de turno. Este referente empírico e histórico es lo más cercano a la caracterización que, en su Filosofía del derecho (1821), hacía Hegel de la burocracia como la “clase universal”, cuyos intereses eran universales, a diferencia de la particularidad de los intereses de los individuos y de la generalidad de los intereses de las corporaciones que se daban en la sociedad civil. El resultado fue una burocracia moderna y autónoma que trascendió a los diferentes regímenes (la unificación de Bismarck, la República de Weimar, el Tercer Reich y la República Federal de Alemania). Esto último puede sonar exagerado, pero realmente es impresionante. Y es que, si bien el nazismo purgó a los comunistas y a los judíos (entre otros grupos), la mayor parte de la burocracia se mantuvo. De los 53 mil servidores públicos, la desnazificación solamente excluyó a mil.

El caso de Prusia es importante porque, junto a China, muestra experiencias donde la guerra fue uno de los catalizadores fundamentales para construir un Estado moderno con una burocracia meritocrática y un ejército permanente. Esto no quiere decir que la guerra sea una condición suficiente. Sin embargo, nos muestra que Alemania tuvo una modernización estatal y una regulación jurídica impersonal hacia sus ciudadanos mucho antes que abriera su sistema político a la democratización y a los mecanismos de rendición de cuentas. Podríamos decir que en este caso, el patronazgo como un problema endémico del Estado dejó de ser una preocupación estructural. No tenemos razones para desear normativamente esta situación para otros casos contemporáneos donde el Estado no exista. Sabemos que cada experiencia histórica es única, pero sí podemos reconocer con la comparación histórica que la capacidad estatal y calidad del gobierno alemán, así como su burocracia meritocrática, debe mucho a su pasado autoritario y bélico. Esto muestra, al decir de Huntinton, que en lo concierne al desarrollo político, no siempre todas las cosas que nos gustan van necesariamente juntas.

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