Modernizaciones

(Continuación del post anterior)

El crecimiento económico aumentó aceleradamente a inicios del siglo XIX, con la llamada Revolución Industrial y el desarrollo del capitalismo. Fukuyama considera que antes de dicho cambio, el mundo vivía bajo las condiciones que Malthus había descrito sobre las poblaciones (incluyendo la profecía según la cual el crecimiento poblacional superaría a los recursos disponibles en el largo plazo). Estos cambios económicos y estructurales dieron lugar al surgimiento de nuevos grupos y actores sociales (por ejemplo, obreros y sindicatos) que se movilizaron para demandar, fuera de salarios y mejores condiciones laborales, participación en el sistema político, apoyando a nuevos partidos políticos (donde ello era legal surgieron casos como el Partido Laborista inglés y el Partido Socialdemócrata de Alemania. Donde era ilegal, como en Rusia, surgieron partidos comunistas “subterráneos”). Las transformaciones del capitalismo también aumentaron las comunicaciones y el transporte. Esta “forma temprana de globalización” permitió que las ideas se difundan mucho más, así como los diseños institucionales. En este contexto de acelerada transformación urbana e industrial, los órdenes políticos se volvieron altamente problemáticos, debido a que las instituciones que existían hasta ese momento funcionaban para sociedades rurales y agrícolas.

Ahora bien, lo que resulta fundamental aquí es que dichos procesos de modernización no se dan necesariamente juntos, ni tampoco de manera armoniosa o “en bloque” (en pocas palabras, que no todas las cosas que nos gustan siempre van juntas). En esto Fukuyama sigue la intuición básica de Samuel Huntington. Cuando se fueron dando estos cambios durante el siglo XIX, Inglaterra se volvió el caso paradigmático de la modernización. Lo que sucedió esquemáticamente ahí fue que los cambios económicos generaron movilización social, nuevas ideas y nociones de legitimidad, y demandas de participación política. Dicho proceso fue articulado teóricamente y etiquetado como la “teoría de la modernización” (cuyo precedente clásico es, entre otros, Max Weber). Dicha teoría sí presuponía que todas los elementos de la modernización iban juntos. Como dijimos antes, Huntington cuestionó esto en El orden político en las sociedades en cambio de 1968, argumentando que si bien los cambios económicos generan movilización social, si las instituciones políticas no tienen la capacidad y/o voluntad para canalizar dichas demandas, el orden político colapsaría (esta lógica de la institucionalización me parece el complemento a la lógica del populismo de Laclau. Dicho vínculo, presentado a partir de un trabajo de Carlos Meléndez se encuentra aquí). La inestabilidad política, entonces, no sería algo tan presente en sociedades muy modernizadas o muy tradicionales. El principal problema estaría en las sociedades con diferentes elementos de modernización que entran en tensión (el caso clave sería la modernización económica sin modernización política).

Fukuyama concuerda con el argumento principal: la inestabilidad tiene que ver cierta debilidad o falta institucional. Lo que cuestiona es que Huntington haya pensado que las “sociedades tradicionales” hayan sido estables por ignorar los procesos de colonización y de cambios institucionales previos a la primera mitad del siglo XX, que es donde se centra su análisis. Reconocer los procesos históricos permite mantener la relación entre inestablidad política y debilidad o ausencia de instituciones, sin necesariamente tener que apelar a la modernización económica. Esto permite ampliar el alcance de la teoría institucional, sin caer en simplificaciones o mistificaciones sobre “lo tradicional”. Otra crítica hacia Huntington es que pensaba que el conflicto surgía con las sociedades que estaban saliendo de la pobreza (una posición económica intermedia entre pobreza y riqueza). Fukuyama considera que en realidad hay una relación bien fuerte entre inestabilidad y pobreza, lo cual además genera un círculo vicioso: los gobiernos débiles no pueden controlar la violencia y aliviar la pobreza, lo cual reincide en la debilidad del gobierno para gobernar. La fortaleza de las instituciones y del gobierno sería tan importante, que cuando llega a existir, las divisiones étnicas no se vuelven un problema para la estabilidad política (como en el caso de Suiza). Finalmente, la modernización económica acelerada también puede darse sin violencia y conflicto, si las instituciones políticas son modernizadas. Los casos de Taiwan y Korea del Sur muestran que sus gobiernos autoritarios pudieron estar a la altura de las expectativas de crecimiento y trabajo de los ciudadanos (y donde luego la democratización pudo darse). China hoy ejemplificaría este caso (aunque lo de la democratización está más que en suspenso). Esto no quita que en otros casos la relación sí esté mucho más presente (como en el Medio Oriente a mediados del siglo XX). Incluso, para Fukuyama es posible decir que hasta cierto punto la Primavera Árabe responde a la lógica de Huntington: gobiernos autoritarios con nuevos grupos sociales movilizándose para demandar participación en el sistema político (recordemos que para Bueno de Mesquita y Smith, en realidad el asunto de las revueltas tiene que ver, en el caso de Egipto, con la disminución de recursos para pagar a la coalición). 

Podemos ver que a pesar de las críticas, la intuición huntingtoniana básica se mantiene: la modernización no es un proceso homogéneo donde lo económico, lo social, lo cultural y lo político van armoniosamente juntos. La investigación en torno a las instituciones política debe hacerse en relación con los otros elementos, pero reconocimiento el potencial grado de influencia que puede tener en los otros ámbitos. En los países donde prima la violencia, la pobreza y el conflicto, lo que se requiere con urgencia para Fukuyama es un gobierno con capacidad administrativa para gobernar. Los Estados, para poder ser limitados por el derecho y la democracia, primero necesitan existir (tal es la máxima Huntingtoniana: la existencia de un gobierno precede lógica y ontológicamente a su limitación). De ahí la importancia por la construcción y fortalecimiento del Estado, donde el establecimiento de burocracias ejecutivas centralizadas y modernas resulta fundamental.

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