El futuro post-intencional

Como vector de exploración especulativa, el eliminativismo de la teoría del cerebro ciego de R. Scott Bakker resulta terroríficamente interesante (cfr., Neurópata). Antes de irme a hacer el doctorado, presente una conferencia en la PUCP en torno a lo él que denomina “apocalipsis semántico”. No he seguido al detalle todas las discusiones posteriores desde los materiales sobre los que articulé una presentación de sus ideas, pero recientemente he visto cierta discusión en la blogósfera, a partir de uno de sus últimos posts donde hace unos breves apuntes sobre lo que él denomina el “futuro post-intencional”. Dicho post es una breve ampliación complementaria a lo que ya ha venido abordando (por eso recomiendo leer mi texto antes, o las fuentes a las que remito ahí).

El epígrafe de Dawkins es la pista que guía la reflexión. En él se afirma que antes de Darwin realmente teníamos respuestas incorrectas sobre qué es el ser humano, o cuál es el sentido de la existencia. La naturaleza no tiene por qué ser igual aquí los prejuicios cotidianos no científicos de las personas. Bakker cree que la ciencia podrá refutar la psicología intencional folk que los seres humanos usamos en nuestra vida cotidiana para pensarnos como agentes con creencias, deseos, voluntad, razones, etc (dicha eliminación es lo que para Fodor constituiría la “gran catástrofe”). Lo que debe reconocerse es que los seres humanos no tienen un accesso epistémico privilegiado a sí mismos y por eso es que la descripción científica puede ser explicativa para entender cómo funcionamos, así como lo es para explicar el funcionamiento de las demás entidades de la naturaleza.

Hoy en día sabemos que hay mucha mayor información que procesamos y de la cuál no somos conscientes, y de la que no éramos conscientes antes. El punto de Bakker, si tiene razón, es que la ciencia podría explicar mejor nuestro funcionamiento, tomando en cuenta esa mayor información, pero sin recurrir a un vocabulario intencional. El registro intencional no puede ver esa información (se requiere de la ciencia para aprehender dicho procesos). De ahí que no pueda dar cuenta de su propio funcionamiento y de sus propios límites por estar enmarcado en ciertas condiciones (esa es la idea básica de que el cerebro es “ciego” sobre ciertos ciertos procesos de funcionamiento suyos). Lo que Bakker concluye de esto es que cualquier teoría filosófica intencional que quiera presentarse como fundamento para poder explicarnos terminará siendo ciega a estas variables y, por ende, dogmática. Por ejemplo, en la filosofía continental esto se vería para Bakker desde el descubrimiento de la intencionalidad por parte de la fenomenología, así como desde la crítica a la ciencia como principal discurso explicativo para las cuestiones fundamentales. Todo intento por tener un discurso filosófico intencional metacientífico que acceda a un registro no naturalista para comprendernos estará condenado al fracaso y solamente será un grito desesperado por tratar de convencernos de que somos especiales y que la ciencia no puede dar cuenta de nosotros, ya que no toma el registro intencional (en la misma tradición continental, dichos intentos han tenido estatutos trascendentales, existenciales, lingüísticos, etc.).

La discusión posterior tiene como punto interesante el comentario en el que Bakker sintetiza la manera en la que llegó a su hipótesis del cerebro ciego:

This idea hit me while pulling together my introduction for my dissertation (on fundamental ontology) in 1999. I had decided to dive into neuroscience, confident that I could some kind of empirical support for my ‘brilliant’ ontological (in the phenomenological sense) thesis. It ended up destroying my dissertation, and my mental health – until my hobby, fiction writing, suddenly landed me book deals around the world. Metacognition, I had realized, could not be anything what philosophical reflection needed to be. It’s deliverances were the product of strategic scarcity, elements in specialized problem-solving regimes that simply did not include divining the nature of the intentional phenomena that provided the spine of my whole dissertation project. That was the end of my philosophy career, and the founding insight for what I then called the ‘Blind Brain hypothesis,’ a hypothesis that I think is clearly in the process of being confirmed. Far from problematizing that original kernel, the march of brain science has been filling it in, suggesting new ways to extend the insight.

¿Es realmente posible que la ciencia pueda reemplazar al vocabulario intencional y realizar la profecía eliminativista? El principal problema, a mi juicio, es cómo entender la posibilidad del discurso científico sin ciertos elementos intencionales, lógicos y normativos. Dentro de las principales respuestas en línea a su teoría especulativa, se encuentran las de Terrence Blake y Edward Feser. A ellas me dedicaré en los siguientes posts. Ello nos pondrá en una mejor posición para hacer un balance de la promesa eliminativista.


2 responses to “El futuro post-intencional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: