El Islam y la izquierda: Debate entre Michael Walzer y Andrew March

por Erich Luna

Reseño a continuación el excelente debate que recientemente han tenido Michael Walzer y Andrew Marcho sobre la relación entre el Islam y los intelectuales de izquierda. Aunque cada uno debe formarse una opinión, me parece que la intervención de Walzer es argumentativamente superior, sin que ello zanje absolutamente el debate.

Michael Walzer ha publicado recientemente un artículo en Dissent donde plantea unas reflexiones importantes sobre los problemas que tiene la actual relación entre el Islam y la izquierda, teniendo en cuenta como contexto a los últimos (lamentables) sucesos en Francia. El punto principal es que los actuales intelectuales izquierdistas (Hardt, Negri, Butler, Žižek) tienen problemas para comprender el fenómeno del fundamentalismo religioso en el mundo contemporáneo, dado que escapa a los actuales marcos y presupuestos sobre los procesos de secularización por los que nuestra época ya habría atravesado (el “mundo post-secular”); y porque, más que “el opio del pueblo”, la religión uno de los grandes estimulantes para la acción y movilización. El impase de los intelectuales tiene que ver con (1) la acusación de ser “islamofóbico”, si es que uno toma una posición crítica contra los actos de violencia y terrorismo que ciertos actores musulmanes y fundamentalistas realizan. Si a esto se suma (2) el relativismo cultural y la (3) crítica al imperialismo norteamericano (“el enemigo de mi enemigo es mi amigo”), tendremos suficientes elementos para potencialmente “pasar por agua tibia” ciertos actos. Frente a esto, Walzer se opone por igual a cualquier fundamentalismo religioso militante, sea de la religión que sea.

La izquierda teme la acusación de islamofobia, pero también simpatiza con los muslmanes debido que suelen ser minorías discriminadas en Europa y en los Estados Unidos, y ahora mucho más por los sucesos recientes y por el surgimiento y crecimiento de partidos más derechistas en Occidente. Para Walzer, si bien es importante para la izquierda luchar contra la opresión, esto trasciende religiones y etnias (su ejemplo es que más crímenes se cometen en EEUU contra los afroamericanos que contra los musulmanes). La crítica de la izquierda debe ayudar a distinguir entre los diferentes grupos de musulmanes y en destacar sus contribuciones a la humanidad para no caer en una simple equivalencia de “musulmán” (o, peor, “árabe”) con “terrorista”. Incluso, entre las posiciones ateas y progresistas más seculares, la crítica a la religión y teología islámica (por ejemplo, en el caso del feminismo), fuera de las demás religiones, también debe ser promovida y discutida públicamente. Lo que para Walzer sí debe ser inaceptable es que la violencia del fundamentalismo pueda (o deba) ser justificada bajo una explicación, o que uno se haga de la vista gorda para no ser acusado de ser prejuicioso (el relativismo cultural de algunos intelectuales impide una crítica sobre la orientación normativa de creencias y prácticas, occidentales y no-occidentales). Esto se expresa muchas veces en la izquierda cuando la victimización de los grupos musulmanes se hace vía la explotación capitalista occidental en el mundo (lo análogo se hace con la idealización de Hamas y Hezbollah debido a que están en contra de Israel y, por ende, de los Estados Unidos). Fuera de si esas son las causas, lo que la izquierda no puede dejar de ver es que esas movilizaciones no son izquierdistas.

Lo que Walzer quiere es defender la idea de que valores como la libertad, el pluralismo religioso, la democracia y la igualdad de genero tienen pretensiones normativas de universalidad, por más que su origen haya sido occidental (y que son valores que hoy la izquierda también defiende como suyos). Y lo más importante, la izquierda como tal es heredera de la Ilustración secular. De esto Walzer deduce que las banderas de la izquierda deben ser de lucha universal contra cualquier tipo de opresión que contravenga esos ideales. Por eso para el autor lo correcto es apoyar la intervención en contra de actos fundamentalistas violentos y apoyar a los grupos musulmanes que también mantienen dicha oposición. Para el caso concreto del Islam, la lucha ideológica en la esfera pública debe contribuir a que la visión hegemónica sobre dicha religión pueda distinguir entre creyentes fundamentalistas y no fundamentalistas (o “moderados”), siendo los últimos con quienes es posible compartir los valores de origen occidental con pretensiones universalistas. Walzer piensa que no se trata de un choque de civilizaciones a lo Huntington, debido a que existe la posibilidad de mantener esos valores más allá de Occidente, e incluso (podríamos decir), contra ciertas prácticas de los propios gobiernos occidentales.

Andrew March responde a Walzer aquí, sosteniendo que la lectura de los intelectuales izquierdistas que hace Walzer supone una especie de “mala fe” en ellos. La actitud básica es que los intelectuales de izquierda no pueden tener buenas razones para ser favorables al Islam y que por eso existe otra razón: evitar la islamofobia y alinearse con quien se oponga al imperialismo norteamericano. El otro problema con este argumento es que se dice que la izquierda no puede comprender a la religión en nuestra época, pero cuando habla del Islam, se habla en términos de fundamentalismo como algo ideológico que debe combatirse y no como algo religioso. El desenlace es que no se explica por qué surge el fundamentalismo. Si las consideraciones históricas, políticas y económicas no son importantes, para March lo que queda en la práctica es más una discusión moral entre intelectuales occidentales que una genuina preocupación por las luchas concretas en el mundo. Decir que la izquierda tiene un problema con el Islam caería en la típica descalificación de siempre demandar mayor explicitación sobre la posición que uno, en este caso Walzer, está defendiendo. En lugar de todo esto, lo que March quiere es discutir cómo pensamos al Islam en tanto problema moral e intelectual para la izquierda.

Lo primero es que el Islam puede contribuir que la izquierda liberal revise sus presupuestos: sobre la base de la libertad, auto-representación y autonomía de origen occidental que la izquierda defiende es posible considerar que algunos pueblos puedan tener un proceso que no mantenga una secularización similar a la occidental. Un análisis político contextual es mucho más fructífero aquí que la imposición de principios formales y apriorísticos. Otro problema importante aquí es que el debate debe estar más al nivel de qué horrores e injusticias tienen prioridad en la izquierda, y que denunciar la opresión de las mujeres, o la muerte de los herejes es causa trivial para enjuiciar a la izquierda porque es obvio que los intelectuales occidentales progresistas no avalarían eso. Lo que para March se evidencia en la reflexión de Walzer es que es profundamente ignorante de la luchas políticas por parte de la izquierda en los países musulmanes (izquierda que, lamentablemente, no tendría en el corto plazo un futuro muy favorable frente al fundamentalismo). En realidad, Walzer está más interesado en ver qué tanta condena hacen los intelectuales occidentales por internet a actos de violencia. Por eso, más que apoyar la guerra que está librándose, la izquierda debería optar con lago más constructivo para con el Islam. Incluso la defensa de la autonomía de los musulmanes por emanciparse iría en la línea de la propia teoría que Walzer a ido construyendo a lo largo de su vida: que las comunidades deben luchar por sí mismas para alcanzar sus máximas aspiraciones morales. Finalmente, para March en lo que cae Walzer es en un narcisismo moral que le hace enfatizar los crímenes que otros cometen para perder de vista los crímenes que uno mismo comete (aludiendo a las acciones del gobierno norteamericano). Y es la actitud contraria, para March, la que permite a la izquierda ser crítica con Occidente y no un mero miedo de ser tildado de islamofóbico.

Frente a todas estas críticas, Michael Walzer responde a March diciendo que él nunca ha sugerido mala fe en los intelectuales de izquierda, aunque sí cree que muchos pecan de tener miedo a ser considerados islamofóbicos o políticamente incorrectos. La única excepción para él es March, porque lo elogia al inicio y al final de su intervención tremendamente crítica. Sobre las críticas, defiende no haber apelado al capitalismo, al colonialismo y al imperialismo como causas del fundamentalismo religioso porque esas variables se usa para explicar todo, desde un levantamiento izquierdista, hasta uno derechista (con lo cual, por eso mismo, dichas variablesn no terminan explicando nada). Lo siguiente es que los intelectuales a los que alude sí son relevantes en el medio, y no es simplemente una discusión fútil en internet, señalando irónicamente además que su discusión con March se da en línea. Walzer, además, considera que sí es importante apoyar al gobierno en causas que sí considere justas, como lo hizo al cuestionar desde la izquierda a la Unión Soviética estalinista hace ya varias décadas. Eso, como podría esperarse, no excluye poder ser críticos también con las acciones del gobierno de uno. En el tema del debate, para Walzer el problema no ha sido quejarse de que la izquierda no se oponga a los crímenes fundamentalistas. El problema es que no se expresa y se prefiere simplemente mencionar los crímenes norteamericanos. Y por más de que uno sea crítico de EEUU, el punto de Walzer es que es más realista que EEUU pueda hacer algo contra ISIS, en lugar de movimientos locales débiles. Una vez más, ello no excluye apoyar simultáneamente a las fuerzas políticas progresistas de los países que padecen fundamentalismos islámicos, en lugar de esperar cínicamente a que las cosas se resuelvan por sí mismas a su debido tiempo sin intervención. Lo que concluye Walzer es que izquierdas hay muchas, y él hace mucho que no se encuentra en la misma izquierda de March.

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