¿Teoría política o filosofía política?

Cuando decidí estudiar un doctorado en ciencia política la razón principal radicaba en el hecho de que podía elegir como campo principal (major field) “teoría política”. Sin embargo, debido a que no soy un purista en las distinciones y límites entre las disciplinas, siempre me quedó la duda sobre qué diferencia podría haber entre haber optado por un grado en teoría política y no en “filosofía”. Como nunca he sentido que he hecho otra cosa que filosofía, busqué un poco sobre qué podría significar en la academia norteamericana dicha distinción y encontré este texto de Jacob T. Levy. Algo complementario que me llevó a interesarme en hacer un doctorado en ciencia política y no en filosofía tuvo que ver con la división entre filósofos continentales y analíticos. Si bien es cierto que lo más productivo para la filosofía es hacer como si dicha división no existiera, tomando de cada tradición lo importante para los problemas que uno aborda (como en los casos de Brandom y Habermas), mi formación e intereses principales estaban más vinculados a la tradición continental. Dicha tradición está presente en ambos departamentos, pero quizá un poco más en el caso de teoría política y por eso me incliné por estudiar lo segundo. Lo otro es que también por vocación o deformación profesional interesada en la interdisciplinariedad, quería además poder estudiar algo de ciencias sociales (lo que se permite en el caso de teoría política, ya que se exige un minor field adicional en otra área de la ciencia política). Por eso, luego de revisar su descripción, creo (y espero) haber tomado una decisión correcta. En todo caso, en lo siguiente espero ayudar a clarificar las dudas de lectores que estén pasando por la misma situación por la que yo pasé.

No creo que con esta presentación de la visión de Levy zanje la bizantina discusión sobre los límites y definiciones sobre lo que son y deben ser las disciplinas, pero creo que plantea un buen punto de partida para entender el contexto en el que uno se encuentra. Obviamente, ambas formaciones son importantes y tienen pros y contras. El objetivo del post no es decir qué sería mejor hacer. Depende de los intereses académicos y profesionales de cada persona. Asimismo, las descripciones tampoco pretenden ser deterministas. Simplemente buscan pensar tendencias, incentivos y refuerzos para con ciertas maneras de formular y abordar ciertos problemas, a partir de ciertos esquemas dentro de la conformación disciplinar de las instituciones académicas norteamericanas.

De acuerdo al autor, los teóricos políticos suelen formarse y enseñar en departamentos de ciencia política, mientras que los filósofos políticos lo hacen en departamentos de filosofía (aunque a veces los filósofos terminan enseñando en departamentos de ciencia política, mientras que el caso inverso no se suele dar). Los temas y debates suelen muchas veces ser similares y también suelen darse, por lo general, en las mismas revistas especializadas. Sin embargo, el entrenamiento que reciben es bastante diferente. Los filósofos estarán más formados en lógica, ética, filosofía moral, filosofía legal y estarán especializados en temas de filosofía política (y tendrán una formación adicional en epistemología, metaética, filosofía de la mente y filosofía del lenguaje). Los teóricos políticos en lugar de esta formación filosófica, tendrán una formación complementaria en alguno de los campos tradicionales de la ciencia política: Política norteamericana, política comparada, relaciones internacionales o derecho constitucional comparado (en mi departamento las áreas disponibles son política canadiense, política comparada, relaciones internacionales, políticas públicas y estudios sobre desarrollo). Como la formación de ambos es diferente, la consecuencia es que cuando ambos escriban sobre problemas y preguntas similares, los recursos y herramientas que usen serán también diferentes.

Los filósofos políticos tendrán un mayor nivel de abstracción que los teóricos políticos.  Los teóricos políticos prestarán más atención a las instituciones y a elaborar análisis normativos de los sistemas políticos en su conjunto, fuera de ser más proclives a pensar la distinción entre la ética y la política (los filósofos políticos suelen dedicarse mucho más a la ética y a pensar las aplicaciones de teorías morales en diferentes contextos o situaciones). Los filósofos políticos tienden a pensar más en situaciones hipotéticas no empíricas, a diferencia de los teóricos políticos que, por eso mismo, pueden ser más consciente de lo “impuro” que es el mundo frente a las abstracciones teóricas. Esto los hace más cercanos a los científicos sociales. Ello es importante en el caso de los teóricos políticos porque los estudios empíricos pueden contribuir a pensar cuestiones normativas (procesos históricos, instituciones, actores políticos, etc.). De esta forma, las reflexiones normativas de los teóricos políticos tienden a estar más limitadas (o enmarcadas) en contextos “impuros”. El costo es que los argumentos pierden rigor.

Frente a estas distinciones, los elementos principales de Levy para distinguir a la filosofía política de la teoría política en la academia norteamericana son el rigor y la riqueza. El ejemplo paradigmático de rigor sería la Teoría de la justicia de John Rawls, mientras que las Esferas de la justicia de Michael Walzer ejemplificarían a la riqueza. En un caso prima la construcción sofisticada de una teoría y en el otro, la articulación y descripción de diferentes contextos e historias sin presentar argumentos al modo del primer caso. Los argumentos rigurosos buscan ser correctos e idealmente definitivos (en la línea de una demostración matemática. De ahí que las tradiciones principales sean la kantiana y la utilitarista), los argumentos ricos no son refutados de la misma manera, pero requieren que uno comparta ciertas intuiciones básicas, aunque uno igual siempre puede aprender algo de ahí o sacar ciertas lecciones aún si no comparte dichas intuiciones.  Por eso es que los filósofos políticos pueden más radicales en la situaciones que plantean y en las propuestas normativas que derivan (por ejemplo, defender que los ricos de Occidente son responsables de no dar su riqueza para impedir la muerte de los pobres en el Tercer Mundo). Los teóricos políticos pueden mantener intuiciones morales básicas sobre virtudes políticas familiares (por ejemplo, aversión a la crueldad) y construir reflexiones a partir de ello. Adicionalmente, los teóricos políticos tienden a estar más interesados en la historia del pensamiento político (la carencia de un interés similar en los filósofos se debe en sus orígenes a la influencia de la filosofía analítica. Digo esto en sentido descriptivo y sin ningún tono peyorativo). Los extremos de este espectro de posiciones reciben burlas de ambos lados: los filósofos acusan a los teóricos de no decir nada propio sin decir primero que pensaron los clásicos, mientras que los teóricos acusan a los filósofos de no tener consciencia histórica y hacer pasar como algo nuevo algo que ya fue dicho hace mucho, o que lo que escribió Rawls antes de 1971 sea para los filósofo meramente parte de la historia del pensamiento político. Cuando los filósofos políticos apelan a la historia, es para poder encontrar argumentos y no para investigar a las personas, a los grupos y a las influencias que enmarcan dichas reflexiones filosóficas.  La relación de los teóricos políticos con la historia es más orgánica y les permite discutir el pasado a la luz del presente, y viceversa, aunque con el riesgo de ser poco ordenado y riguroso.

Otra diferencia importante tiene que ver con el canon al que apelan. Mientras que Kant está mucho más presente entre los filósofos políticos, autores como Tocqueville o Montesquieu lo están en el caso de los teóricos políticos. Los teóricos políticos suelen también un mayor interés en los políticos, activistas, panfletos y en los trabajos menores de los filósofos clásicos. Por su parte, los filósofos se concentran mucho más en la versión más acabada de los argumentos de los filósofos y en una lectura más detenida (mayor profundidad). Los teóricos se interesan por una visión más amplia de la obra y adicionalmente por las convicciones políticas del autor, por su correspondencia, sus interlocutores inmediatos y por el contexto histórico (mayor amplitud). Sin embargo, existe una excepción: dentro de los teóricos políticos existe un grupo significativo influenciado por la obra de Leo Strauss (y, por ende, por Bacon y Maimonides). Consideran que lo que hacen es filosofía, pero ésta se realiza mucho más a partir de una lectura detenida y “entre líneas” de los filósofos clásicos. Asimismo, suelen ser críticos de las ciencias sociales.

A pesar de las grandes diferencias, cuando ambos académicos salen de sus departamentos, donde no siempre ocupan posiciones centrales o trabajan temas afines a la mayoría, y se encuentran en eventos similares, existe la posibilidad de que puedan encontrar a un otro que los entiende.


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