Ayuda extranjera

por Erich Luna

(Continuación del post anterior)

Los demócratas tienen que proveer de políticas públicas a sus ciudadanos para mantenerse en el poder, debido a que la coalición es de gran tamaño. Y las políticas de transparencia disminuyen la posibilidad de contar con dinero discrecional. En este punto Bueno de Mesquita y Smith introducen el elemento internacional. Los políticos deben comportarse “demoníacamente” en temas de política exterior. Y es en este nivel donde todos los países se asemejan, sean democráticos o no democráticos (el estado de naturaleza en su fase interestatal). El incentivo de los demócratas para ello es simple: la política doméstica recibe sus incentivos a través de una coalición de gran tamaño. Y estos mismos incentivos pueden llevar a los líderes políticos a tener que explotar a grupos extranjeros, con el fin de mantener contentos a sus ciudadanos y así sobrevivir políticamente.

En los gobiernos autoritarios de coalición pequeña la ayuda extranjera nunca se usa para lo que se espera (sea que lo que esperemos lo consideremos “bueno”, “malo”, o “más allá del bien y del mal”). Por ejemplo, Pakistán recibió de EEUU 6.6 billones de dólares para combatir a los talibanes entre 2001 y 2008. Solamente 500 millones fueron invertidos en el ejército. Pero, ¿acaso eso significa que las organizaciones que dan dinero lo están simplemente “tirando a la basura”? ¿Son tontos o engañados? ¿O quizá están también recibiendo algo a cambio? La respuesta es que lamentablemente la ayuda extranjera no tiene como motivo principal aliviar la miseria o pobreza. El dinero que se da a gobiernos corruptos no es por ignorancia, negligencia o estupidez. Está diseñado para que sea así. Su motivo principal es mantener la supervivencia política de los líderes autoritarios, ayudándolos a que puedan seguir pagando a la pequeña coalición. A cambio, dichos líderes apoyan las políticas de los gobiernos u organismos donantes.  Como ejemplo tenemos a la Liberia de Doe que recibía durante la Guerra Fría 50 millones anuales para que mantuviese una posición anti-URSS. Cuando acabo la Guerra Fría, Liberia no tenía nada que ofrecer. EEUU dejó de pagar y Doe cayó. Como la coalición es pequeña, es rentable para la política exterior de los países comprar autócratas en lugar de líderes democráticos, debido a que es mucho más barato (y en los países más pobres, el precio es todavía menor).

Es cierto que cierta ayuda mejora la vida de cierta gente. Y ello a veces se manifiesta más en contextos de desastres naturales. Sin embargo, para nuestros autores no debe perderse de vista el motivo político esencial: la supervivencia política. Si la ayuda realmente hiciera la diferencia, la intervención norteamericana en dichos asuntos no sería tan repudiada por la ciudadanía en países como Egipto y Pakistán. Esa lógica se extiende a todos los demás países, incluso los escandinavos y Japón. Debe mencionarse esto para que no se asuma que simplemente los Estados Unidos es el único país “malo” de la película. Otro ejemplo es que parte de los beneficios para los países de formar parte de los diez países temporales que participan cada dos años en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es que dichos países reciban más ayuda internacional. A cambio solamente tienen que alinear sus votos según los intereses de turno.

Los resultados de tanta ayuda para aliviar la pobreza desde la Segunda Guerra Mundial deberían hacernos ver que no fracasan por diseño. Simplemente, la ayuda internacional no tiene como prioridad mejorar la vida de la gente. Incluso, puede incentivar la represión de libertades porque los líderes políticos autoritarios necesitan menos de la gente para mantenerse en el poder. El resultado más perverso es que la lógica política termina incentivando a los autócratas a no arreglar los problemas de sus países, ya que así dejarían de recibir ayuda. Para nuestros autores, esto explica por qué misteriosamente Pakistán se demoró tanto en atrapar a Bin Laden. El gobierno quería recibir algo más que las gracias por parte de los Estados Unidos.

Lo que sí es posible afirmar para Bueno de Mesquita y Smith es que luego de tantas experiencias, lo que haría la ayuda eficiente es otorgarla cuando los objetivos han sido cumplidos, o cuando se emprenden reformas económicas y políticas efectivas que darían mayores libertades y beneficios a los ciudadanos. Sin embargo, el problema estructural aquí es en muchos casos las democracias realmente no quieren crear más democracias. Los líderes autoritarios son más baratos para comprar y conseguir que acepten seguir las políticas e intereses de los gobiernos con más recursos. Y si esto es así, y aquí viene la conclusión trágica, es por nosotros. El largo plazo para los políticos democráticos es la siguiente elección. Y si los ciudadanos quieren una mejor situación económica (por ejemplo, que la gasolina sea más barata) antes que el desarrollo de los países más autoritarios y pobres, entonces es poco probable que la política exterior de los países democráticos con poder vaya a cambiar. Y si el líder democrático decide hacer lo contrario, habrá alguien que sí querrá hacer lo que debe hacerse para mantenerse en el poder.

Después de lo anteriormente visto, es posible para nuestros autores concluir que la ayuda es una herramienta para comprar influencia y políticas determinadas.  La democracia cumple su promesa: da a la gente lo que realmente quiere. El problema es que a veces los ciudadanos no se dan cuenta de lo que realmente están pidiendo.

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