Si la corrupción empodera, la corrupción absoluta empodera en sentido absoluto

(Continuación del post anterior)

En este punto tenemos suficientes elementos para poder constatar un problema para el político y la lógica de supervivencia que lo rige: hacer lo que es mejor para los gobernados podría ser terrible para mantenerse en el poder. Los políticos quieren el poder y quieren mantenerlo. Quieren controlar la mayor cantidad de recursos que puedan y tienen que mantener contenta a la coalición que los mantiene en el poder. Por eso es que, como ya se ha visto antes, es imperativo que el político pague a los que lo mantienen en el poder antes que gaste un centavo en el bienestar de los gobernados o en sí mismo. Si la coalición es grande, la tendencia a proveer bienes públicos aumentará. Pero si la coalición es pequeña, resulta mucho más eficiente dar beneficios privados a los miembros de la coalición. Son esos beneficios los que separan a los miembros de la coalición pequeña de las masas. En este punto Bueno de Mesquita y Smith ven una causalidad recíproca: el poder lleva a la corrupción y la corrupción lleva al poder. Por eso es que la corrupción absoluta da poder absoluto: permite mantener contenta a la coalición pequeña que mantiene al líder en el poder.

 Para nuestros autores, quien no esté dispuesto a ensuciarse las manos de esta manera es poco probable que pueda ser un líder exitoso, sobre todo uno autoritario. Si uno no está dispuesto a corromper, oprimir, reprimir y hasta matar, debe saber que hay una cola de personas que están detrás de uno y que sí están dispuestas a realizar dichas acciones (los ejemplos históricos aquí son variados: Genghis Kahn, Enrique V y Catalina II). En el mundo moderno si uno logra mantener una gran actividad extractiva (por ejemplo, minerales) y goza de buena salud, ello es lo más cercano a gozar de poder absoluto. En conclusión, los líderes que quieran poder absoluto tienen que ser corruptos. La razón más clara de ello es que para mantenerse en el poder tendrá que estar dispuesto a cometer acciones terribles, y como dichas acciones son ordenadas, las personas que las cometan no lo harán por una cantidad que no consideren suficiente. Por eso es posible mantener a la mayoría en la miseria bajo el dominio de una coalición dispuesta a todo con tal de mantener al líder en el poder y así poder seguir recibiendo bienes privados.

Como en las democracias las coaliciones son grandes, es más rentable proveer de bienes públicos y de promover transparencia gubernamental. De ahí que en el index de Transparencia Internacional sobre los países más corruptos no se encuentren democracias. Sin embargo, para nuestros autores esto no significa que los políticos en democracias no tengan incentivos para cometer actos de corrupción. Los impuestos en democracias son más bajos y hay mayor provisión de bienes públicos para promover la productividad. Sin embargo, lo importante es que los ingresos de los gobiernos son (por eso) mucho mayores. Los ejemplos aquí son Turquía e Irán. A pesar que el primer caso cobra menos impuestos que el segundo, al final del día el gobierno recibe mayores ingresos. Es cierto que es más costoso comprar a una coalición grande como si se tratase de un régimen autoritario y por eso es que no se hace. Sin embargo, existe una versión democrático de los bienes privados: las políticas tributarias y sociales que están dirigidas a quienes apoyan a determinados grupos políticos (por ejemplo, conservadores y liberales en EEUU). Los votantes, recordemos, votan por los líderes que creen que podrán beneficiarlos (aquí queda claro que las reglas de los sistemas electorales son claves para los incentivos que se dan en la competencia política). Un beneficio adicional que el gobierno democrático (y el autoritario) puede hacer es dejar que ciertas personas sean corruptas impunemente. Por ejemplo, funcionarios que ganan poco podrían ser corruptos y tolerados, lo cual los beneficia y los obliga a ser leales, ya que de lo contrario podrían ser claramente procesados (una medida común en Rusia que es más una suerte de “autoritarismo competitivo”, para usar la expresión de Levitsky y Way). Como puede verse, esta medida es perfecta porque el líder no tiene que darse el trabajo de pagar buenos salarios y porque cuenta con una medida potencialmente coercitiva, si es que la lealtad del funcionario corrupto se rompe.

Como un ejemplo paralelo de cómo la corrupción funciona y es incentivada en otras organizaciones, Bueno de Mesquita y Smith sostienen que esa es la razón por cual hay tanta corrupción en la FIFA y en el comité de las Olimpiadas. Como son coaliciones pequeñas, los países pueden corromper fácilmente a sus miembros para conseguir que los eventos sean en sus países. En el caso de las Olimpiadas, de acuerdo a la cantidad de votos que se requieren, cincuenta y ocho votos, se ha estimado que cuesta menos de 10 millones de dólares ganar. En el caso de la FIFA se requieren trece votos. Por eso es más caro ganar la sede del próximo mundial (la coalición es mucho más pequeña). Nuestros autores sostienen que si  la coalición aumentara en estas organizaciones (por ejemplo, que todos los atletas tengan voto), necesariamente la corrupción tendría que disminuir porque cada vez sería menos rentable. La misma lógica sucede en las organizaciones de Wall Street y en las organizaciones mafiosas.

Fuera de los ejemplos paralelos, la moraleja sigue siendo la misma: mantener contenta a la coalición debe ser la prioridad y como corolario nunca se debe dar por sentada la lealtad de la coalición. Enriquecerse a expensas de la cantidad necesaria para mantener a la coalición que lo mantiene a uno en el poder es uno de los peores errores políticos que se podrían cometer (el ejemplo clásico es Julio César y sus reformas). Si el líder quiere beneficiarse o beneficiar al pueblo, tiene que hacerlo con los recursos restantes luego del pago prioritario (lo que se llamó antes “dinero discrecional”), fuera de tener habilidad suficiente para ser exitoso en cualquiera de las dos empresas que uno se proponga. Hacer lo contrario y poner en segundo lugar a la coalición probablemente generará un coup d’état. El último problema restante aquí es que incluso si un líder autoritario quiere usar dinero discrecional para beneficiar a los gobernados, tiene el problema de no tener accountability o rendición de cuentas. Los gobernados no tienen derechos civiles y no pueden expresar lo que quieren. De ahí que uno tenga que ser muy cuidadoso en ver la manera de poder proveer de lo que efectivamente sea beneficioso. Khruschev y Gorvachev en Rusia son ejemplos de fracasos sobre esto, mientras que Deng Xiaoping representa el éxito junto a Lee Kwan Yew (y, como puede esperarse, hay muchos más fracasos que éxitos aquí).

A pesar de no ser la respuesta a todos los problemas sobre la corrupción, lo que nuestros autores mantienen es que si la coalición aumenta, la corrupción debería tender a disminuir.

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