Obtener y gastar

(Continuación del post anterior)

Una vez que el gobernante llega al poder con una coalición adecuada y con dinero, tiene que saber cómo usar el dinero para mantener a la coalición contenta. Lo clave es que mantener a la coalición contenta es siempre lo prioritario, desde el punto de vista de la supervivencia política. Solamente después de eso es que el líder puede interesarse en hacerse rico o, quizá, en gastar recursos en el pueblo (dependiendo de sus intereses y prioridades). Con relación a éste último, ambos extremos pueden ser provechosos para la permanencia del líder: si la calidad de vida del pueblo mejora constantemente (China), o si está extremadamente deteriorada (Korea del Norte). Los líderes democráticos, debido a que dependen de una coalición más amplia, sí tienden a estar más preocupados de mejorar la vida de la gente. Pero no por vocación cívica o humanista. Es una cuestión puramente de supervivencia política. Lo mismo con los autócratas. No es que sean malas personas (necesariamente), es que realmente para ellos es más beneficioso políticamente hacer las cosas de esa manera.

Luego de pagar el dinero que mantiene a la coalición contenta, existe dinero que Bueno de Mesquita y Smith llaman “dinero discrecional” y que el líder puede usar para lo que considere mejor (quedárselo o usarlo en bienes públicos). Y en ciertos casos, dicho dinero puede ser usado de manera benevolente, como en Singapur (sin embargo, y a pesar de Thomas Hobbes, Lee Kuan Yew es la gran excepción a la regla). Las democracias tienen mecanismos institucionales que hacen depender al líder de una coalición más grande y por eso los intereses del político están más vinculados a los intereses de los ciudadanos.  Si la coalición no cambia de tamaño (pasar de un gobierno autoritario a uno democrático), no importa mucho cuánto dinero exista. Ello no tendría por qué necesariamente redundar en beneficiar  a las grandes mayorías. Como lo han venido reiterando Bueno de Mesquita y Smith, dar ayuda a países autoritarios sin obligarlos a hacer reformas institucionales no los democratizará nunca (y, además, los autores saben que hay interés en que ciertos gobiernos sean o no democráticos, pero ese análisis se hará después).

Por eso si el dinero disminuye, el problema para el autócrata no es la gente, sino el no poder pagar a la coalición. Para nuestros autores, ello explica la caída de regímenes como los de Egipto y Túnez en el 2011. Por eso en las crisis económicas es importante poder conseguir dinero como sea: préstamos, ayuda internacional, etc. Fracasar en hacerlo permite a otros ofrecer dichos recursos a la coalición, generando golpes internos o debilitando la defensa del régimen frente a movilización social (y recordemos que para nuestros autores la revolución social, si triunfa, es más por debilidad del gobierno que por la fortaleza del movimiento). En democracias, el mal desempeño económico también es una pesadilla y requiere de salidas rápidas, ya que los votantes lo tomarán en cuenta en la siguiente elección, premiando o castigando al gobierno, dependiendo del caso.

Los líderes, como vimos, quieren impuestos para contar con recursos y si no tienen una actividad extractiva significativa, tienen que mejorar la productividad del país (infraestructura, salud, educación, etc.). Como puede verse, el argumento no es que el gobernante mejora la productividad de la gente porque así los beneficia, desarrollando sus capacidades o haciéndolos mejores porque eso es lo que se debe hacer. Aumentar la productividad genera más ingresos, lo que genera más impuestos y eso es lo que quiere el líder político. Y si se tiene que mejorar la vida de la gente para eso, el límite es darle lo que necesiten, pero siempre menos de lo que los pueda hacer potencialmente disidentes o rebeldes. La regla es que nunca se debe gastar en política social, si antes no se ha mantenido contenta a la coalición. El beneficio de “la gente” (los que están fuera de la coalición, para ser más precisos) solamente es posible con dinero discrecional luego de haber pagado a los que mantienen al líder en su lugar (los que están dentro de la coalición).

Todos líder político se debería preguntar cuánta educación es adecuada. Un poco más, y surgirán cuestionamientos al gobierno. Por eso Bueno de Mesquita y Smith insisten en que cuando se defienden gobiernos autoritarios por sus sistemas de salud y educación universal hay que mirar con cuidado qué es realmente lo que el gobierno está produciendo. Un alfabeto saludable para hacer qué tipo de trabajo. Y esto va de Cuba a China. Las mejores universidades del mundo se encuentran en países democráticos. Y por eso los hijos de los líderes autoritarios no se educan en sus países (Oxford es la universidad predilecta para ellos). Pero incluso, dentro de regímenes autoritarios con buenas universidades, nuestros autores afirman que sus fortalezas siempre serán actividades que sirvan al líder. De ahí que disciplinas críticas, como las ciencias sociales, tenderán a estar relegadas, para bien o para mal. Lo mismo con la salud pública. En los regímenes autoritarios siempre estará más orientada a los miembros que compongan la fuerza de trabajo, en desmedro de la salud infantil. Y si se piensa en Cuba como contraejemplo, Bueno de Mesquita y Smith defienden que eso es una herencia del régimen de Batista cuando su coalición era más grande. La tendencia que los autores quieren defender es que los beneficios sociales estarán más presentes en gobiernos que dependen de una coalición más amplia. Finalmente, con la infraestructura la situación es similar. En regímenes autoritarios es importante conectar el país para generar riqueza (además, es fácil ganar dinero extra al construirlos), pero sin conectar demasiado a los que están fuera de la coalición. La regla, cuyo ejemplo definitivo es Mobutu: caminos para el mercado y para salir del país. Nada más.

Es cierto que la situación de miseria en estos indicadores puede ser vista como reversible desde la perspectiva de otros países democráticos y con mejor situación económica. Y lo es. El punto para Bueno de Mesquita y Smith es que los líderes políticos tienen pocos incentivos para ello.  Las democracias al depender de coaliciones amplias tienen más incentivos para proveer más y mejores bienes públicos incluyendo cierta libertad (derechos civiles, políticos, sociales, etc.). La misma tendencia también se da con la ocurrencia de desastres naturales (basta comparar la respuesta de Chile e Irán). En los gobiernos autoritarios muere más gente porque en democracia salvar vidas es políticamente rentable. Incluso los líderes más autoritarios prefieren padecer más daños para así atraer más ayuda internacional, la cual beneficiará al líder y a su coalición (Cfr. Sri Lanka en 2004). Las democracias no generan estos resultados que nos parecen deseables por meros principios o valores. El motor principal es que la supervivencia política de los líderes depende de ello, debido a que el tamaño de la coalición es mayor.


4 responses to “Obtener y gastar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: