China en perspectiva milenaria

por Erich Luna

El reino del medio siempre se pensó como el centro. Y proyectando anacrónicamente nuestras categorías podríamos decir que ha tenido durante muchos siglos un gran Estado moderno y una gran población con cierta homogeneidad, fuera de un gran porcentaje de la producción global y de un importante legado cultural. Cuando se asume esa perspectiva milenaria, resulta evidente y necesario ver el llamado siglo de las humillaciones como eso, un siglo.

Por eso resulta mucho más que cómico el que la gente mire coyunturalmente sus reformas y posicionamiento como grandes logros (que lo son), enfatizando simplemente recetas económicas o análisis simples a favor del capitalismo y en contra del comunismo. Lo que se pierde de vista es que este progreso es al mismo tiempo una suerte de regreso, un volver a donde siempre estuvieron. Quizá ese fue el problema de Hegel (y de los filósofos modernos etnocéntricos en plena etapa de colonización): diagnóstico a oriente con desconocimiento y en el proceso de dominación occidental. El resultado: pensar que el Estado moderno sucedió en Occidente y que China era un pueblo sin historia. Lamentablemente para Hegel, los principales rasgos del Estado moderno weberiano ya estaban presentes en China en la unificación de la dinastía Quin en el siglo 3 antes de Cristo (burocracias meritocráticas, poder militar subordinado al poder político, control del territorio, etc.). Lo que no había era estado de derecho (y en cierto sentido, podríamos decir siguiendo a Fukuyama que todavía eso no existe propiamente en China). Sin embargo, gracias a Huntington podemos pensar que no todo lo que consideramos como bueno tiene que necesariamente ir junto. Los aspectos burócraticos y coercitivos del Estado moderno tuvieron su primera manifestación en China. Su articulación con estado de derecho y gobiernos que rinden cuentas (un híbrido contingente, pero exitoso hoy: la democracia liberal) es algo mucho más reciente, excepcional y de origen occidental.

Gramsci propuso pensar al partido comunista como el príncipe maquiaveliano en su fase moderna. En el caso de China, la imagen es totalmente pertinente. El partido comunista chino es el emperador moderno. La pregunta es si con la progresiva modernización capitalista, estará a la altura para poder continuar con el mandato del cielo.

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