Las reglas de la política

¿Todos los políticos son iguales, como reza el dicho popular? El trabajo sobre “selectorate theory” de Bueno de Mesquita y Smith (The Dictator’s Handbook. Why Bad Behaviour is Almost Always Good Politics, New York: Public Affairs, 2011) resulta interesante como punto de partida y contraste para analizar la lógica intrínseca de la política. La idea básica es que los Estados no tienen intereses, solamente las personas tienen intereses. Esto quiere decir que el interés de un Estado es en realidad el interés de la persona que se encuentra a a la cabeza del Estado (el “interés nacional” o el “bien común” no serían más que ficciones). La fuerza que guía a la política es, pues, el cálculo auto-interesado de los gobernantes. Estos cálculos son los que determinan cómo es que un gobernante gobernará. Desde estos estándares, la mejor manera de gobernar implica (1) acceder al poder, (2) mantenerse en el poder y (3) controlar la máxima cantidad posible de ingresos públicos. Los líderes políticos, entonces, hacen lo que hacen porque quieren llegar al poder, mantenerse en el y controlar el dinero. Todo tipo de análisis político para estos autores debe ser abordado desde este punto de vista: la supervivencia de los líderes políticos.

Pero a estos supuestos debe añadirse uno más: los líderes no pueden gobernar de manera unilateral. Ningún líder puede gobernar solo, ni siquiera el más absolutista de los absolutistas (cfr., Luis XIV en relación al ejército y a la aristocracia). Por eso, el panorama político se divide para nuestros autores en tres grupos de personas: (1) el selectorado nominal, (2) el selectorado real y la (3) coalición ganadora. El selectorado nominal alude al grupo de personas que tiene posibilidad legal de elegir al líder. En una democracia liberal el selectorado nominal son los ciudadanos mayores de edad con derecho a voto. Se trata del grupo potencial de apoyo a un líder (los intercambiables). Todos ellos tienen la posibilidad legal de influir en la decisión final que elegirá al líder político. El selectorado real es el grupo que efectivamente elige al líder. Por eso su apoyo es verdaderamente influyente. Siguiendo con el ejemplo anterior, el selectorado real aquí consistiría en el grupo de personas que efectivamente votó por el candidato que salió elegido. Son ellos quienes realmente eligieron al líder (los influyentes). Y finalmente, el tercer grupo es el más importante de todos: la coalición ganadora. Dicha coalición está compuesta por el grupo de personas que apoyan al líder y sin cuyo apoyo sería posible la supervivencia política del líder. En nuestro ejemplo, se trataría de los votantes que definen una elección (los esenciales). Estos últimos podría decirse que constituyen la condición suficiente de la supervivencia política.

El argumento principal de Bueno de Mesquita y Smith es que la diferencia principal entre las organizaciones políticas, cómo operan y lo que ocurre en ellas, es el tamaño de los tres grupos de personas que conforman el espectro político de su teoría. Esto quiere decir que la diferencia en la manera cómo gobierna un dictador y un demócrata elegido depende de esos grupos y no fundamentalmente de algo moral o normativo. Lo que se busca es romper con la ficción de políticos democráticos buenos y autócratas malvados, defendiendo la idea de que el cambio en el número relativo entre intercambiables, influyentes y esenciales es lo que generará el mayor impacto posible en los resultados políticos. Entonces, la elección entre beneficiar a los más pobres o beneficiar a unos cuantos ricos no depende de la benevolencia del líder (como los intelectuales progresistas podrían denunciar muchas veces). Lo que está detrás en ambos casos es la necesidad de mantener contentos a quienes apoyan al líder. Si uno requiere de muchos, como en democracia, tenderá a hacer obras que beneficien a las mayorías que necesita. Si uno depende de pocos, se encargará de proveerles de lo que necesiten. Dime de cuántos depende que llegues y te mantengas en el poder, y te diré qué es lo que deberías hacer. No hay mayor ciencia que esa.

Todo líder que quiera sobrevivir manteniendo contentos a los que le dan su apoyo necesita dinero. Por eso es que necesita saber cómo conseguir dinero, principalmente para la coalición ganadora de los esenciales. Y dependiendo de su tamaño es que deberá calcular cuánto debe pagar a la coalición, cuando puede quedarse el líder y cuánto puede destinar lo público. La clave es que uno siempre pueda mantener tranquilos a sus esenciales, dándoles lo que necesitan. Si los esenciales creen que podrían estar mejor si apoyaran a otro candidato, no dudarán en hacerlo. Por eso el político que quiera gobernar o mantenerse en el poder tendrá siempre que hacerles la mejor oferta.  Por otro lado, los esenciales pueden contar con los actuales beneficios del líder y ser tentados por nuevos ofrecimientos. Sin embargo, siempre tendrán dudas sobre si esas promesas se mantendrán una vez que el nuevo líder llegue al poder (además, quien está en el poder es el que en ese momento controla los ingresos públicos). La incertidumbre, hasta cierto punto, está presente en ambos lados. Si los intercambiables son muchos y los esenciales pocos, el líder tiene mayor discrecionalidad y puede pagar poco. Ya depende de ellos si usan ese dinero como Lee Kwan Yew o Deng Xiaoping, o si es que simplemente lo depositan en su cuenta bancaria (algo bastante recurrente en África).

Luego de esto los autores derivan cinco reglas de la política, comunes para demócratas y/o autócratas:

1. Mantener la coalición ganadora (los esenciales) lo más pequeña posible. Esto les da más control y discrecionalidad sobre los recursos (cfr., Kim Jon Il). La versión democrática se puede ver en el interés de los políticos por mantener distritos electorales que los favorecen (gerrymandering).

2. Mantener el selectorado nominal (los intercambiables) lo más grande posible. Con muchos intercambiables uno podrá reemplazar a cualquiera que dé problemas (cfr., Vladimir Ilyich Lenin). La versión democrática se puede ver en el interés de los políticos que promueven la inmigración.

3. Controlar el flujo de ingresos públicos. La manera más efectiva de manejar esto eses hacer ricos a los esenciales aunque eso perjudiqué al resto de la población (cfr., Asif Ali Zardari). La versión democrática se puede ver en las peleas políticas sobre la tributación de los Estados.

4. Pagar al grupo de personas clave de manera suficiente para tener garantizada su lealtad ¡pero ni un centavo más!(cfr., Robert Mugabe). La versión democrática se ve en los políticos progresistas que promueven programas sociales.

5. No tomar dinero destinado al grupo de personas clave para mejorar la vida de la gente. La gente hambrienta no está en capacidad de sacar a nadie del poder, a diferencia de los esenciales (cfr., Than Shwe). La versión democrática se ve en los políticos conservadores que promueven bajar los impuestos a los ricos y reducir los programas sociales.

Demócratas y autócratas viven bajo estas reglas porque ambos políticos comparten las reglas de la política: ambos quieren llegar al poder y mantenerse en él. La diferencia es que los demócratas están prohibidos muchas veces de continuar, aunque les encantaría poder seguir. Los demócratas tienen diferentes limitaciones y por eso tienen que ser más creativos. Pero en promedio son menos exitosos en mantenerse en el poder, a pesar que suelen por lo general producir mayor bienestar en la sociedad que gobiernan.

Parece, pues, que todos los políticos son en el fondo iguales.

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