Marxismo als ob y la democracia local

[Lo siguiente es la parte final de la entrevista a un conocido analista extranjero]

– “Lo siguiente que quería preguntarle es qué opinión tiene usted sobre la democracia en nuestro país”.

– “Lo que yo veo con claridad es que la democracia en general tiene un serio problema y es el siguiente: los que compiten en las elecciones necesitan muchos recursos para ganar elecciones, al mismo tiempo que necesitan de muchos votos para ganar elecciones. Si la mayoría de personas tienen pocos recursos, es decir, mientras la sociedad sea más desigual, en ese caso tendremos que el político necesita recurrir a los ricos por sus recursos para utilizarlos en una campaña que persiga el voto de los pobres. Esta situación genera un conflicto de interés en el político que gana la elección. Tiene que elegir entre traicionar a sus electores o a sus financistas. Este problema solamente se disolvería si los intereses de los financistas fuesen similares y conmensurables con los de la mayoría de votantes. Sin embargo, soy escéptico de que realmente tiendan a coincidir ambos intereses. Por eso la estrategia es, o traicionar a los votantes (no cumpliendo las promesas), o fingir que se cumplen, cuando el verdadero objetivo es cumplir los objetivos de los financistas”.

– “¿Y qué intereses tendrían los financistas?”.

– “Digamos que no es probable que sean altruistas o que sus intereses sean meramente ideológicos. Las guerras de religión son de otra época. Es simplemente una inversión que tiene como objetivo ser lo más rentable posible”.

– “¿Y cree que eso se da en nuestro país?”

– “Por supuesto. Mire cómo los grandes inversionistas financian las campañas de diversos políticos que tienden a ofrecer cosas similares. Y si gana alguien medio progresista, como fue en su caso, lo moderan. Pero además el dinero que recibió siendo progresista debe devolverlo con favores. Y por eso los conflictos de interés son inevitables: concesiones, licitaciones, contratos a gente cercana a los financistas. De esa forma el dinero regresa y con intereses. ¿Realmente cree que alguien donaría su dinero para mejorar la calidad de vida de los que no tienen nada?”.

– “Suena como algo terrible…”.

– “Y lo es. Pero en su país hay algunos elementos que lo hacen más terrible.”

– “¿Cuáles son esos elementos?”

– “Lo que el estribillo politólogico local repite todo el día aquí para ganarse la vida: que las instituciones son débiles, que los partidos son débiles y que el Estado tiene poca capacidad. Las consecuencias de todo esto para esta dinámica democrática inmanente e inminente son una catástrofe. La razón: el ámbito de lo público pierde total autonomía frente al campo económico. El Estado no tiene capacidad de intentar orientar el capital para algunos intereses estatales o nacionales. Lo que se genera aquí es un absoluto despotismo del capital. ¿Y qué significa esto? Significa que en este contexto el marxismo es absolutamente cierto en su versión más ortodoxa y simplificadora: el Estado es el Estado de la clase dominante. Usted puede decir que ahora uno mira científicamente la sociedad de manera más pluralista, donde lo político puede explicar cosas y demás. Y eso está bien. Pero mi tesis no sugiere que el marxismo es cierto en todos los casos por igual. Lo que sugiere es que en su país lo político, lo público y lo estatal es cero autónomo. Por eso aquí el marxismo es como si (un als sob kantiano) fuese absolutamente verdadero”.

– “¿No cree que está exagerando? Muchos analistas hablan de la agencia de los actores y de otras variables…”

– “Pero fíjese realmente… ¿qué podría suceder en un contexto de grandes capitales, políticos inexpertos, organizaciones políticas triviales, instituciones políticas débiles y Estados incapaces (y prácticamente confesionales)? Pues que el Presidente electo se someta al poder económico y mediático del capital, que sus gabinetes en las carteras relevantes tengan gente que pertenece al sector privado y cuya función es facilitar que el Estado promueva los intereses de este sector. No son funcionarios de carrera o gente interesada en algo ‘público’. Son un grupo de personas que representan los intereses del capital. Nada más. No les interesa que el Estado se modernice o fortalezca en ámbitos que no sean los de su interés (lo que llaman con orgullo sus ‘islas de eficiencia’). Los que quisieran hacer algo que vaya más allá de esos intereses son asignados a carteras irrelevantes o son expectorados en el mediano plazo. Eso es en buena cuenta la idea de un Estado “capturado” por el capital. No se trata de si hay o no inercia o “piloto automático”. Se trata de que los intereses del capital están bien representados en los medios, en la mayoría de ministros relevantes, de altos funcionarios y de lobbistas, así como en la gran mayoría de políticos ‘profesionales’ y partidos que les dicen organizados… pero que en realidad son históricamente corruptos y ambiciosos, cooptando instituciones democráticas fundamentales como el Poder Judicial. De ahí que, en buena cuenta, lo que elija o no el ciudadano es irrelevante. A lo mucho pondrá un par de congresistas de su devoción (y que terminen abandonando su partido y conformando una bancada ad hoc de “algo”) y un presidente que (probablemente) no cumpla lo que ofreció. El capital no necesita ganar elecciones. Ya ganó lo fundamental. Por eso los populismos son recurrentes: implican un líder que se hace de las mayorías contra el establishment político e institucional. Y los ciudadanos pueden apoyar sus medidas autoritarias y plebiscitarias, si llegan al punto de pensar que la democracia es incapaz de hacer lo que ofrece. La pregunta es si es que realmente puede hacer lo que ofrece. El despotismo del capital en un ámbito político y público tan poco autónomo no produce más que pesimismo en mí. Digamos que es algo trágico e irónico que en un país tan neoliberal como el suyo, donde se cuestiona cualquier cosa que se acerque al progresismo como terrorismo (incluyendo a las izquierdas ‘modernas’ o neoliberales), sea realmente el economicismo marxista más burdo el que pueda dar cuenta de su situación. Quizá por eso los análisis políticos cotidianos suyos me resultan tan inútiles. En su país parece realmente que la política es obsoleta”.

– “Pero si el diagnóstico es leninista… ¿Qué hacer?”

– “Aquí se pone interesante… su país es irrelevante en materia económica y de aseguridad global, así que no hay mucho que se deba hacer. Las otras opciones fuera de una democracia neoliberal y subordinada al capital son (1) populismo latinoamericano y eventual crisis económica, (2) utopías paleo reaccionarias de izquierda sobre el buen vivir y demás ecologismos inviables, y (3) acelerar el proceso. Esta última posición plantea la posibilidad de (a) un techno comercialismo libertario donde la mercantilización vaya en aumento y donde las relaciones patrimoniales y coloniales sobre las que está fundada la dominación del capital actual también se disuelvan (algo que iría enccontra del interés de todas las clases al parecer…); o de (b) una política radical de planificación y desarrollo tecnológico que tenga por fin la emancipación de sus ciudadanos (derechos y liberates que redunden en su calidad de vida). Sin embargo, requieren idear algo que vaya más allá de un keynesianismo insostenible”.

– “¿Y usted qué cree más viable o deseable?”

– “Yo hace tiempo que he perdido el interés sustantivo en estas cosas. Mi trabajo está dirigido a comprender las condiciones de posibilidad de la obsolescencia humana en el marco de procesos anarco cosmológicos. En ese nivel la vida humana es irrelevante a menos que uno sea un teólogo, más clásico o más secular. No me malinterprete, no es que sea un fascista que promueva genocidios. El punto es que no se trata de promover algo. Los procesos son más grandes que nosotros y la ilusión de que realmente podemos hacer algo es lo más patético de todo esto. Nuestros días están contados. Sea el colapso demográfico, ecológico o cosmológico, sea la guerra o sea el advenimiento de una singularidad tecnológica (fuera de la singularidad capitalista). En todos los escenarios estamos más que jodidos. ¿O realmente usted pensaba que tendría elecciones cada 5 años y que serían felices para siempre?”.

[Fin del fragmento]

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