Los investigadores marxistas

por Erich Luna

Cuando los investigadores marxistas lograron por fin tener el documento secreto de los capitalistas, entendieron por qué Marx no había tenido razón: la burguesía había estudiado a Marx y entendido que el proletariado era el sujeto revolucionario. Así que reformaron al capitalismo para que ya no produzca proletariado y que, en su lugar, lo que emerja es una cantidad inmanejable de lumpenproletariado. De esa forma, dejaban inexistente a la clase revolucionaria y lo que generaban era una enorme masa de sujetos sin papel histórico. Con ello dejarían a los intelectuales atrapados para siempre en debates bizantinos sobre el comunismo que ellos mismos se encargarían de financiar y publicar. De esa forma podrían mantener el control. Los investigadores no pudieron más que reconocer que ese era realmente el significado de que la historia había llegado realmente a su fin.

Lo que prosiguió al hallazgo fue un acalorado debate entre los dos investigadores sobre si debían o no dar a conocer tal documento. La razón principal era moral: que la verdad prevaleciese y que hiciera libres a los intelectuales. La crítica a dicha posición radicaba en que era muy cristiana y que era una acción propia de un neohegeliano de izquierda (algo peor que una mentada de madre entre marxistas que se respetan). No servía de nada cambiar la conciencia de los intelectuales. Lo importante era cambiar la realidad y no su correcta interpretación. Así que la primera opción fue descartada porque hubiese ido en contra de sus radicales principios.

La segunda opción era de condescendencia (el anverso de la propuesta cristiana): no debía decirse nada porque se destruiría el ideal. Y si bien los intelectuales no conseguirían nada, aunque sea sus vidas tenían sentido y sus teorías eran interesantes. Un mundo sin teoría crítica no sería deseable. Lo que buscaban con eso era no quitarles lo único que tenían: el capital simbólico (además de sus buenos salarios anuales por ser profesores ordinarios, baja carga lectiva, viajes, conferencias, publicaciones, años sabáticos… quizá todo podría estar a la par en importancia que ser reconocidos por los inteligentes de izquierda como gente muy inteligente y muy de izquierda). Pues, ¿qué podrían hacer ellos en un mundo capitalista si no escribir todas esas huevadas? Habían estudiado muchos años (como unos 8 años por lo menos) y esperado mucho para ascender en sus carreras (por lo menos otros 8 años). La misericordia que sentían hacia tan inútiles y endebles seres, superados solamente por su arrogancia, los hizo contemplar esta opción: la mentira para sobrellevar la inhumana verdad. Sin embargo, rechazaron este énfasis por la importancia que daba a seres humanos de carne y hueso. Ellos eran marxistas y el mundo es la historia de las clases. No se iban a generar problemas por personas de carne y hueso. Una cosa es ser materialista y otra tener piedad de un par de intelectuales.

Así que para ser fieles a sus principios resolvieron hacer lo que era inevitable (como buenos marxistas): no le dirían a nadie, pero no por ser anti-cristianos o porque les interesaba la vida de los intelectuales de izquierda. Lo harían porque esa era la necesidad histórica. Los capitalistas habían hecho trampa por leer el guión de la historia y eso había sido muy inteligente. Eso los hacía mejores y legitimaba su victoria. Los marxistas no creían en el honor, pero aceptaban que la historia no estaba de su lado. Mantendrían la fe en que al final todo resulte de acuerdo al plan, aunque eran ahora bastante escépticos. Saludaron la inteligencia capitalista y empezaron a pensar cómo podrían pagarles con el mismo equivalente general. No pudieron más que reír de felicidad cuando encontraron la salida perfecta frente a la sucia afrenta de dejarlos sin sujeto revolucionario. Destruyeron el documento y salieron felices los dos a hacer lo que debían hacer. La historia parecía que podría volver a estar de su lado.

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