La filosofía en la era de su producibilidad digital

Comparto el texto y el audio de la ponencia que di en el Coloquio “Redes de la filosofía. Filosofía en las redes” el miércoles 3 de octubre en la PUCP.

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Ponencia

Pregunta de Victor Krebs

Pregunta de Wilbert Tapia

Respuesta de Rosemary Rizo-Patrón

Mi respuesta

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 La filosofía en la era de su producibilidad digital

 Quiero empezar agradeciendo esta invitación y manifestando bastante entusiasmo por este evento. Es excelente abrir la posibilidad de un espacio tradicional, como un coloquio, para pensar la relación de la filosofía con nuevos medios y tecnologías que van más allá de lo tradicional. Lo que me gustaría presentar para discutir y reflexionar hoy tiene que con las ideas que Martin Weller desarrolla en su último libro The Digital Scholar. How Technology is Transforming Scholarly Practice (London: Bloomsbury Academic, 2011), pero adaptándolas al campo de la producción filosófica. Lo que quiero es, muy brevemente, algunas ideas, con el fin de poder discutirlas.

 La filosofía tiene condiciones materiales

 Lo que quiero decir con esto es que la actividad filosófica supone una serie de condiciones para que pueda surgir como actividad y como resultado de dicha actividad. Esto no solamente tiene que ver con que el filósofo pueda tener medios de subsistencia (la idea de que primero hay que literalmente vivir, para luego literalmente filosofar). Se trata de que también la filosofía requiere de ciertos medios de producción. Y si bien en casos extremos siempre se ha hablado de la filosofía como una actividad que puede hacerse en cualquier lugar, nos interesa destacar que cotidianamente, por lo menos en nuestra época y medio, implica algunas cosas. Por ejemplo, y aunque suene trivial: libros, lapiceros, papeles, aulas, etc.

 Si existen medios de producción para la filosofía, me interesa sugerir que si estos medios tienen una historia, nuevos medios pueden también surgir y servir de condición para el quehacer filosófico. Lo que hemos tenido en la historia de la filosofía, hasta hoy, han sido esencialmente textos de filosofía: una historia de libros, artículos y ensayos de filosofía. ¿No podría ser posible que con nuevos medios, la historia de la filosofía pudiese incluir en su seno a una producción filosófica que no utilice estos medios? ¿No podría haber una era hypertextual de la filosofía? ¿Una era audiovisual? ¿Podría ser posible que el filósofo pudiese no tener que estar “suturado” (para usar una expresión cara a Badiou) a la figura del escritor?

 ¿El texto mismo podría perder su hegemonía con estos nuevos medios, dando lugar a medios tales como audio y video? La idea es que ambos medios podrían ser susceptibles de devenir también potencialmente filosóficos y ello en un sentido no accesorio. Los blogs, como ejemplo, expresan esto muy bien: un post puede tener texto, enlaces, comentarios, audio, video, un hallazgo, una sugerencia, una apelación a contribuciones, etc. En el caso de las redes sociales, lo tradicional era que los filósofos y académicos generasen vínculos en conferencias, investigaciones, en correspondencia, etc. Hoy esto cambia a través de blogs, de Twitter, de Facebook, etc. Esto posibilita una relación digital, con una reputación e identidad online. Esto puede a que sea más fácil compartir, además de también incentivar la colaboración en futuros proyectos.

 El medio es el mensaje

 Marshall McLuhan fue quien sostuvo la tesis según la cual el medio es el mensaje. La idea aquí es que los nuevos medios no son importantes solamente por el contenido que pueden tener. Es mucho más importante, en un nivel más fundamental, la transformación que dicho medio tiene en nuestras relaciones con la realidad, con los demás, con los otros medios y con nosotros mismos (“experiencias”, “extensiones”). En ese sentido, escribir y leer libros es una experiencia (fenomenológica, si se quiere) particular, pero escribir y leer en otros medios tiene diferencias sutiles, aunque no por ello menos relevantes, y ello puede ser importante para la propia producción y formación filosófica.

 Esto se relaciona con las críticas que la filosofía contemporánea hace a distinciones como “forma y contenido” o “pensamiento y lenguaje”. Si creemos que no existen “ideas” que luego “viajan” en un medio como el lenguaje, tenemos que pensar esto para la propia producción filosófica. Escribir en un papel o en un procesador de textos no es algo que simplemente se hace “después” de “tener una idea filosófica”. El soporte mediático y material es consustancial a la reflexión filosófica. De ahí que los límites y posibilidades de la producción filosófica estén también ligados con las condiciones materiales, productivas y mediáticas de la filosofía. ¿Por qué una clase de filosofía tiene que durar 2 horas, o 4, etc.? ¿Por qué un curso debe durar 4 meses?  ¿Por qué uno debe llevar unos 4 cursos por semestre? ¿Por qué las monografías suelen tener un extensión determinada? ¿Y las ponencias, conferencias, reseñas? ¿Y los libros? Si bien no considero que hay una explicación reduccionista a los medios (un determinismo tecnológico), lo cierto es que sí tienen un peso en este tipo de límites y restricciones. Por ejemplo, una revista impresa tiene un límite material de páginas y por ello exige un límite de palabras a sus artículos. Pero si una revista académica electrónica no tiene esos límites, ¿ello no nos haría repensar los límites y condiciones de lo que podría ser un artículo de filosofía? Y lo mismo podría decirse de manera análoga con los demás ejemplos que acabo de mencionar. ¿No tendremos hoy diferentes límites para la enseñanza de la filosofía?

 Algunos de los mensajes que los nuevos medios y nuevas tecnologías tienen para la formación y producción filosófica

 Lo primero que podemos decir es que ahora hay más que “texto”. Ser pasa a diferentes tipos de medios: imágenes, texto, video o audio. Se trata de archivos digitales que pueden ser articulados y compartidos. El producto filosófico en lo que podríamos llamar su fase digital no tiene los límites materiales de extensión de los artículos y de los ciclos de publicación (que responden, también, a ciclos económicos de impresión). Lo mismo con las conferencias y ponencias (como este espacio que tenemos ahora): su duración tiene que ver con juntar a personas en un espacio por un determinado tiempo. Los artículos digitales y las conferencias digitales no tienen que seguir la lógica tradicional. Esto puede ser grabado y colgado en la web, para ser reproducido luego y servir a diferentes audiencias en distintos lugares y en distintos momentos.

 La distribución digital de la producción filosófica también se distingue de la tradicional, en la medida en que ahora ésta se encuentra ampliada a una red más masiva y global. Antes la filosofía estaba mucho más restringida a las bibliotecas, conferencias, cursos y seminarios, a la academia y a la universidad.  Con las redes sociales digitales existe la posibilidad de un diálogo continuo para compartir ideas, colaborar en proyectos de investigación, reseñar trabajos, discutir y obtener feedback constructivo. La filosofía, de esta manera, puede también surgir y tener presencia en la web, con lo que su delimitación al campo universitario se ve puesto en cuestionamiento. Esto implica pensar en la posibilidad de producción filosófica extra-universitaria, pero también de instituciones universitarias que adopten nuevas tecnologías para la producción de conocimiento (y ambas cosas, de hecho ya se vienen haciendo).

 Un rasgo esencial que caracteriza a la producción intelectual y académica con los medios digitales es lo que podría llamarse “aperturidad” (openness): ahora compartir puede ser la actividad por defecto. Se trata de poder compartir contenido como artículos, materiales para la enseñanza, presentaciones, discusiones, seminarios, datos. Y es que, si los costos para diseminar esto han disminuido dramáticamente, uno puede defender la tesis de que hay hoy más incentivos para compartir opiniones, propuestas, sugerencias y ver a dónde nos lleva esto. Esto genera una lógica diferente a la tradicional, pero posible: publicar o soltar ideas y productos tentativos, primero, para que sean luego filtrados por el sistema, en lugar de que el filtro preceda a la publicación.

 Esto quiere decir que con estos medios es posible que, en algunos casos, pueda disminuir la autoridad monopólica de los canales tradicionales: editoriales, bibliotecas, universidades y demás. Hoy es posible hacer también una producción filosófica de libre acceso[1], es decir, filosofía hecha por filósofos y potencialmente disponible para cualquiera, en cualquier lugar y en cualquier momento. Se trata de una producción mucho más accesible y modificable.. Otra persona puede utilizar lo que uno produce y transformarlo para su propia producción o llevarlo incluso a un ámbito extra-universitario. La producción filosófica deviene en su fase digital (1) rápida (fácil de configurar y usar), (2) barata (no se requiere pagar o autorización) y (3) fuera de control (más allá del control institucional). La digitalización del contenido posibilidad que éste sea fácilmente reproducido y distribuido. EL hecho de que se vaya configurando una red social global cuestiona, además, los filtros tradicionales.

 Filosofía, nuevas tecnologías y universidad: tensión y/ o complementación

 La producción filosófica digital amplía su campo de acción, sus condiciones de producción y discusión, yendo más allá de las redes de la institución universitaria. El caso límite, ahora potencialmente posible, es que un intelectual digital podría no estar necesariamente afiliado a una institución académica[2] y aun así ser respetado de sus áreas de especialización, áreas que también van ampliándose y que pueden ir más allá de lo que la currícula y el canon universitario define como lo relevante. A través de medios digitales, como por ejemplo un blog, uno puede interactuar con diferentes audiencias e ir construyendo un capital simbólico (para usar la expresión de Bourdieu) paralelo al de la universidad. Pero esto supone tener una actitud de apertura. Ello implica compartir ideas, trabajo en proceso, experimentar con nuevos medios, experiencias en redes sociales.

 Aun así, todo esto debe pensarse no ingenuamente, ni siendo dogmáticamente optimistas (utopía científico técnica moderna, donde todo lo bueno va junto) o pesimistas (nostalgia reaccionaria por “los buenos tiempos”). Es mejor pensar en oportunidades y posibilidades. El campo académico tiene condiciones materiales y si estas cambian, es posible que la práctica académica (y, por ende, la producción filosófica) pueda cambiar. En nuestro caso, esto se extiende a la enseñanza de la filosofía. Ahora bien, los libros y las revistas académicas tradicionales seguirán existiendo sin ninguna duda, así como también las clases y medios pedagógicos tradiconales. Lo importantes es que ya no monopolizarán a priori al quehacer filosófico. Un ensayo en línea, un blog, un podcast, una colección de videos. todo ello puede servir también para la producción filosófica y la diseminación de la filosofía. En la misma línea, la educación de la filosofía puede tener otras manifestaciones que vayan más allá de las estructuras institucionales y del soporte material y mediático tradicional que ha tenido. Pero no debe verse aquí, necesariamente, una lucha irreconciliable. En pocas palabras, en nuestro siglo las “obras completas” de un filósofo ahora pueden ir más allá del texto tradicional[3].

 En el caso de las actividades tradicionales, éstas pueden implementarse en nuevos medios y tecnologías. Por ejemplo, los textos y resultados de investigaciones filosóficas pueden situarse en revistas de libre acceso y webs individuales, las clases y el contenido docente puede ir en proyectos educativos y en webs como. Las ideas y propuestas pueden madurarse en la web, así como el debate y la discusión. Y todo esto tampoco tiene que atraer grandes audiencias. Esto puede generar nichos o audiencias mucho más breves.

 Finalmente, estas actividades pueden vincularse a la institución académica, también, como una función de compromiso público. La universidad puede abrazar las nuevas tecnologías y experimentar nuevas maneras de enseñar, producir y difundir conocimiento. Ejemplos de esto son los proyectos OpenLearn de la Open University y los Open CourseWare de MIT (de los que Eduardo podría hablarnos con más detalle). También podríamos incluir aquí el proyecto sobre el impacto de las ciencias sociales del LSE. Y en nuestro medio más local, proyectos como los de El Talón de Aquiles y Aula Abierta también son ejemplos de estas nuevas posibilidades.

 En todo caso, y siguiendo a Weller, los dos principales rasgos de la digitalización de la producción filosófica sería sobre todo: (1) bajo costo y (2) una audiencia pequeña, pero impredecible. La idea de pensar en una posible digitalización de la actividad filosófica no quiere decir, como he venido diciendo, que lo otro sin más será eliminado. Sin embargo, sí quiere decir que la digitalización implica más que nuevas maneras de hacer lo mismo. La digitalización implica también nuevas posibilidades que posibilitan los nuevos medios, pero también la redefinición y articulación de viejos nuevos y nuevos medios. Pero el punto, como ya se ha ido dando a entender, no es pensar que una cosa reemplaza a la otra. Lo importante es que los distintos medios y campos se retroalimentan y se redefinen mutuamente. Esto lo pienso en la línea de lo que Marshall McLuhan tenía en mente cuando hablaba de hibridación mediática. Por ejemplo, publicar en una revisa digital de libre acceso de filosofía puede verse como un espacio que puede complementar la manera tradicional de medir las citaciones y el impacto de los trabajos de un académico. Llevar cursos y lecturas en línea como algo complementario a las clases y discusiones universitarias. Pero esto exige pensar las condiciones y posibilidades de los medios: ¿Cómo enseñar filosofía, dentro y fuera de la universidad, si existen estos nuevos medios y tecnologías?

 ¿Nuevos criterios?

 Como sabemos, hoy en día la cantidad de información disponible en línea es muy grande. Por poner algunos ejemplos, Wikipedia tiene más de 3 millones y medio de artículos, Facebook tiene más de 500 millones de usuarios activos, Youtube tiene más de 91 millones de videntes. Estos medios para socializar, compartir, crear contenido y buscar información inevitablemente tienen una influencia decisiva en la educación. Frente a este contexto, lo que Weller proponer es pensar en una pedagogía de la abundancia. Esta es una pista interesante. De lo que se trata es que ahora podemos tener acceso a artículos, videos, podcasts, slidecasts, blogs, etc. Y no solamente es contenido, también es poder discutir y comentar, acceder a redes sociales, etc. Toda esta situación exige repensar la pedagogía, ya que con estas nuevas tecnologías hay abundancia en recursos e información. Hay abundante contenido y abundante contenido gratis. Además, es fácil de compartir. Esto nos invita a pensar que tipo de formación filosófica complementaria a la formación académica tradicional es posible y deseable hoy. Asimismo, también esto nos invita a repensar el rol del docente.

 El filósofo digital, de esta forma, se caracteriza sustancialmente por lo siguiente una identidad en línea, diseminada en múltiples redes sociales, servicios, productos y plataformas. Puede generar productos de libre acceso e informales (para la academia tradicional). Usa, prueba y experimenta con nuevas tecnologías y comparte los productos que éstas generan. Las nuevas redes para la filosofía tienen algunas características importantes. Es posible ahora participar en eventos que están a grandes distancias. En estos eventos, medios como Twitter o Facebook sirven como un “canal trasero” (backchannel) de comunicación (como en el caso de este evento). Los eventos ahora amplifican la cantidad de participantes y el alcance del académico. La conferencia puede ser reproducida después de haberse dado y llegar a más personas. Pero frente a estas situaciones existe escepticismo por los medios académicos tradicionales y se presentan dos grandes barreras.

 La primera barrera que debe vencerse es la de pensar que la digitalización de la filosofía puede ser una actividad que vale la pena y que puede ser apreciada. De la misma manera que escribir y leer pueden ser usados para cosas académicas o no académicas, es posible que blogs y redes sociales puedan tener también ambos tipos de uso. La “seriedad”, sea lo que ello pueda significar, no es inherente a un medio.Y para poder llegar a esto, uno tiene que usar este tipo de medios y tecnologías (es decir, se tiene que ir más allá de una crítica ludita y de una defensa tecnófila). La segunda tiene que ver con cómo medimos y evaluamos calidad en estos nuevos formatos. El método por excelencia en el campo académico es la revisión entre pares. No es fácil conseguir equivalentes, pero sí es posible empezar a pensar en ciertas alternativas análogas: publicar en revistas digitales, dar conferencias virtuales, tener citaciones, contadores de visitas al sitio del académico, contadores de descargas a los artículos del académico. También podría pensarse en medir el impacto que uno podría tener en discusiones en línea, en foros blogs, redes sociales, etc. Finalmente, cartas de recomendación e impacto en el mundo real (referencias en la prensa).

 Publicaciones

 Un anexo adicional, ¿Alguna vez se han preguntado por qué uno escribe artículos que demandan esfuerzo y tiempo para ser publicados en revistas sin recibir una remuneración a cambio? Incluso hay casos donde los autores tienen que pagar para ser publicados en ciertas revisas o bases de datos. Y estas revistas, finalmente, son vendidas a través de suscripciones. Suena como un buen negocio (para las revistas).Casi parece que los académicos somos tan pre modernos que ni siquiera hemos entrado en relaciones salariales. No tenemos medios de producción, pero no vendemos libremente nuestra fuerza de trabajo por un salario, en su defecto, la vendemos a cambio de algo así como un “salario simbólico” con vistas a aumentar nuestro capital simbólico.

 En todo caso, las etapas  del modelo convencional de publicación es el siguiente:

  1. Los académicos, financiados por una institución, investigan.
  2. Escriben artículos.
  3. Mandan sus artículos para que sean revisados por el editor y otros académicos.
  4. Se acepta, se rechaza o se manda a modificar el artículo en cuestión.
  5. Se publica el artículo en la revista (esto puede tomar mucho tiempo).
  6. El artículo es difundido  en las bibliotecas e instituciones que están suscritas a dicha revista (círculo restringido de interlocutores).

 ¿Por qué esto es así? Los académicos hacen gratis la producción, edición y revisión del contenido que luego se vende. Frente a esta situación, el modo de producción de libre acceso presenta otra lógica que puede servir también a los académicos.

 Hay varias ventajas:

  1. Las revistas de libre acceso tienen más citaciones, descargas y visitas.
  2. El tiempo de publicación es menor. Hay autores que ven sus artículos publicados un par de años después de haberlos mandado.
  3. El autor tiene la propiedad de su artículo (CreativeCommons).
  4. Se puede generar mayor interés en publicar en medios alternativos, debido a que generan mayor satisfacción y resultados creativos que en medios tradicionales.

 Esta lógica también puede contribuir a que estudiantes y docentes puedan producir textos en publicaciones diferentes.

 Conclusiones

 Para cerrar esta breve ponencia, y poder pasar así a la discusión, me gustaría sintetizar lo que he desarrollado de la siguiente manera:

  1. La filosofía tiene condiciones materiales y medios para su producción.
  2. Los medios no solamente son una forma externa, sino que posibilitan una experiencia particular que redefine las posibilidades de la producción filosófica.
  3. Los medios de producción tradicionales y digitales se articulan y redefinen mutuamente en la línea de lo que McLuhan llama hibridación mediática.
  4. En la fase digital, el compartir, el colaborar, la disminución de costos y la amplificación de lo producido son rasgos fundamentales.
  5. La formación filosófica requiere de nuevos criterios en un contexto de abundancia de información y de redes sociales.  Esto vale tanto para la relación del docente con alumnos (facilitador), como para lo que deba poderse medir como “calidad”, con el fin de contribuir a una carrera académica.
  6. La lógica de la publicación también está abierta a nuevas maneras.
  7. El libre acceso plantea la formación y producción autodidacta como un complemento educativo y profesional al campo académico universitario tradicional.
  8. De lo que se trata es de ir más allá del optimismo o pesimismo ingenuos y reconocer que existen nuevas posibilidades.

 Lo que sí queda claro es que no podemos seguir haciendo filosofía como si nada de esto existiese.

 Muchas gracias.


[1] Cuyo límite es la brecha digital, brecha que plantea otros problemas y temas en relación a la desigualdad y el acceso a información. Sin embargo, dicha cuestión fundamental excede los límites de esta presentación.

[2] Quizá podríamos hablar de “intelectuales independientes” análogamente, aunque salvando las distancias, a los políticos independientes que hacen política sin pertenecer a un partido político.

[3]El ejemplo de un filósofo de este tipo, a pesar no ser muy joven, es Slavoj Žižek que tiene además de libros, múltiples conferencias en video, grabaciones de audio, entrevistas, documentales y películas.


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