Constant

Lo siguiente es el audio y la guía de la octava sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

 ***

§ 1. Características básicas de la libertad de los modernos.

 [Vamos a ver un discurso de Constant muy importante: Sobre la libertad en los antiguos y en los modernos (1819)]

[La razón por la cual me interesa revisar este texto con ustedes es porque me parece que expresa de manera bastante clara la visión moderna e ilustrada sobre la modernidad, así como su diferencia con la antigüedad, en materia política. Esto va a ser clave, como mencioné tangencialmente la sesión pasada, para poder aproximarnos mejor a Hegel. Lo central es ver el conflicto o antagonismo entre la “continuidad” de la tradición (antigüedad) y la “ruptura” del progreso (modernidad). Constant va a sostener que “no hay vuelta atrás”. Hegel va a reconocer la tensión, pero va a buscar resolverla a través de una mediación y no de una “ruptura total”]

¿Qué entiende un inglés, un francés o un norteamericano por la palabra “libertad” (los “modernos”)?

[Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau, Madison, Hamilton y Jay]

El derecho de no estar sometido sino a las leyes (no al capricho o arbitrio de una persona).

No poder ser detenido, ni preso, ni muerto, ni maltratado por la voluntad arbitraria (no puede haber violencia arbitraria contra uno).

Derecho de decir su opinión (libertad de creencia y de expresión).

Derecho de escoger su industria, de ejercerla (libertad para elegir una profesión).

Poder disponer de su propiedad (derecho de propiedad privada).

Movilizarse sin necesidad de requerir un permiso (libertad de tránsito).

O tener que dar cuenta o razones.

Derecho de reunirse con otros individuos (libertad de asociación).

De acuerdo a sus intereses, caprichos e inclinaciones.

Derecho de influir en la administración del gobierno, en el nombramiento de funcionarios-

Vía, votación representación, petición o consulta.

[Se trata de libertades civiles y políticas y, sobre todo, de la libertad en un sentido “negativo”, como “libertad de…”]

§ 2. La libertad de los antiguos.

¿Cómo era la libertad de los “antiguos”? (¡Según Constant, que es lo que nos interesa, en tanto reflexión moderna sobre la especificidad de la propia condición moderna!)

Ejercer colectiva y directamente la soberanía entera.

Deliberar en la plaza pública sobre la guerra y la paz.

Concluir con los extranjeros tratados de alianza.

Votar las leyes.

Pronunciar las sentencias.

Examinar las cuentas, los actos, las gestiones de los magistrados.

Hacerlos comparecer antes todo el pueblo, acusarlos y condenarlos, o absolverlos.

Elemento central: la sujeción completa del individuo a la autoridad de la multitud reunida (libertad colectiva).

Las acciones privadas estaban sometidas a vigilancia (independencia individual, opiniones, industria, etc.).

Las leyes regulaban las costumbres.

[Lo colectivo era más importante que lo individual. El todo era anterior a las partes. Recuerden como Aristóteles expresa esto al decir que “la πόλις es anterior al ciudadano”. Tal es un rasgo de la vida política del mundo antiguo: la comunidad de miembros. Esto se reitera con la sentencia aristotélica que afirma que el ser humano vive en comunidad. Solamente las bestias y dioses viven en soledad. Tal es el sentido del ζooν πoλίτικoν aristotélico]

El individuo era soberano en los negocios públicos, pero “esclavo” en sus relaciones privadas.

Si llega a estar sometido al cuerpo colectivo puede llegar a ser despojado de dignidades, desterrado, condenado a muerte.

[Sócrates podría ser el ejemplo paradigmático]

No había noción de derechos individuales.

Eran “máquinas”, cuyos resortes y ruedas dirigía la ley.

En los modernos el individuo es independiente en su vida privada, pero no es realmente soberano.

Constant quiere explicar el origen de estas distinciones y diferencias sobre la libertad.

La extensión de las antiguas repúblicas.

Espíritu belicoso: los pequeños pueblos entraban en continuos roces y conflictos.

La guerra era el precio para la existencia, la seguridad y la independencia.

La esclavitud era necesaria por ello (“desigualdad”).

§ 3. La libertad de los modernos.

El mundo moderno es diferente en los tres aspectos anteriores:

Los Estados son mucho más extensos (“tamaño”).

Los seres humanos son una gran masa homogénea en naturaleza, aunque se estructure en diversos modos de organización social (“igualdad”).

Su tendencia uniforme es hacia la paz.

La guerra y el comercio son medios para poseer lo que se desea.

Uno es través de la voluntad de ambos, mientras que el otro se da por la violencia de uno.

El cálculo, propio del comercio, requiere de un desarrollo de la razón. La guerra se debe fundamentalmente al impulso.

[Tesis básicamente ilustrada. Modernidad y civilización (“razón”) versus antigüedad y barbarie (“impulsos”, “pasiones”)]

Los pueblos antiguos y comerciantes (como Atenas) son la excepción a la regla.

No había brújula.

En los modernos el comercio es lo ordinario (economía política, de mercado, “capitalista”).

El objeto, la tendencia universal y la verdadera vida de las naciones.

Las naciones buscan el descanso y la comodidad (bienestar privado).

[Lo que Nietzsche denunciará, en su crítica a la modernidad, como el “lamentable bienestar”]

La guerra para los antiguos aumentaba esclavos, tributos y tierras.

En la modernidad, la guerra cuesta mucho más (no es “rentable”).

Podríamos decir que los costos son muy altos.

El comercio, la religión, los progresos intelectuales y morales de la especie humana han generado que ya no existan esclavos en Europa.

Los hombres libres son los que ejercen las profesiones, son los que proveen lo que necesita la sociedad.

[Si todos tienen derechos y son iguales, entonces nadie puede esclavizar a nadie. Esto genera una sociedad de individuos y trabajadores libres (necesario para constituir un sistema económico de libre mercado, capitalista).

Ya no existen ciudadanos por un lado y trabajadores por otro (como en la antigüedad clásica donde el ciudadano era el hombre “público” y su esposa, sus hijos y sus esclavos eran “privados”/ el οἶκος). Ahora la escisión se da en cada ser humano y no en grupos diferentes de seres humanos]

Abolir la esclavitud elimina el ocio del que gozaban los ciudadanos atenienses.

No es posible ir a deliberar todos los días a la plaza pública.

[Piensen esto para lo que requería ocio: filosofía, ciencia, política, religión. Ahora esas cosas van a tender a profesionalizarse y a especializarse. Pero lo esencial aquí es que la participación del ciudadano ateniense se hace imposible, básicamente, porque ya no hay esclavos.

Por eso considero que resaltar la importancia de los griegos para nuestra vida política puede devenir profundamente “reaccionario” o “utópico” (en el sentido marxista) porque es materialmente imposible ser un “ciudadano activo a tiempo completo” si es que uno tiene que trabajar.

Piensen ahora esto en un contexto como el nuestro con altos índices de pobreza y bajos índices de educación, además de una obvia precariedad laboral.

Añorar la virtud cívica griega expresa la nostalgia de una vida que hoy es imposible porque requiere de la esclavitud y de la exclusión de la gran mayoría de la vida pública (a menos que uno tenga confianza en que la técnica y la ciencia moderna pueda proveer de esa base material hoy, tanto para garantizar la subsistencia, como para coordinar una eficiente y efectiva participación política masiva)]

Regresando a la condición moderna de trabajador libre asalariado que debe buscar su subsistencia.

[¿Qué puede incentivarlos a interesarse en la política y a gastar su tiempo en emitir un voto “informado” que vale igual que uno “desinformado” cuando podrían dedicar ese tiempo a trabajar para mantener a su familia o a ustedes mismos?

Claro, de hecho es fácil hacerlo cuando tu profesión es estudiar la política. Eso sería análogo a un economista diciendo que es necesario que todos se preocupen de la economía o de un filósofo diciendo que todos se preocupen de la filosofía]

La extensión de los Estados modernos ha disminuido la porción de “importancia política” de cada ciudadano.

Su influencia personal es imperceptible en la voluntad social.

Antes la voluntad de cada uno podía llegar a tener una influencia “real” (o “efectiva”).

El ejercicio de la voluntad era un placer vivo y repetido.

Era valioso: podían hacer sacrificios por conservar sus derechos políticos.

[El voto hoy no hace diferencia. 1 voto de 30 millones “vale muy poco”]

El comercio inspira a los hombres un vivo amor por la independencia individual.

Socorre sus necesidades, satisface sus deseos.

Sin intervención de la autoridad.

Los modernos no pueden gozar de la libertad de los antiguos: participación activa y constante del poder colectivo.

La libertad moderna se compone del goce pacífico y de la independencia privada.

En la multitud el individuo casi no advierte la influencia que ejerce.

“El ejercicio de los derechos políticos no nos ofrece, pues, sino una parte de los goces que los antiguos encontraban: y al mismo tiempo los progresos de la civilización, la tendencia comercial de la época, la comunicación de los pueblos entre sí han multiplicado y variado al infinito los medios de felicidad particular” (pág. 76).

Antes, con sacrificar la independencia individual por los derechos políticos, uno daba “menos” y obtenía “más”.

Si los modernos hacen esto,  terminaría desprendiéndose de “más” por “menos”.

“El objeto de los antiguos era dividir el poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria: eso era lo que llamaban libertad. El objeto de los modernos es la seguridad de sus goces privados; y ellos llaman libertad a las garantías concedidas por las instituciones de estos mismos gocen” (pág. 76).

[Antes lo privado se subordinaba a lo público. En el mundo moderno es lo público lo que se subordina a lo privado]

La independencia individual es la primera necesidad de los modernos (por eso critica a Rousseau).

[Esto es clave para la vida política moderna que empieza a configurarse: una sociedad de individuos (¡No una comunidad de miembros!). La realidad primordial de dicho orden es el individuo. Lo esencial de la sociedad moderna, para Constant, es el liberalismo (económico y político)]

“Ninguno tiene derecho a arrancar al ciudadano de su patria, al propietario de sus bienes, al negociante de su comercio, al esposo de su esposa, al padre de sus hijos, al escritor de sus meditaciones estudiosas, y al viejo de sus hábitos o costumbres. Todo destierro es un atentado político, todo destierro pronunciado por una asamblea por pretendidos motivos de salud pública es un crimen de esta asamblea contra la misma salud pública, que no consiste sino en el respeto de las leyes, en la observación de las fórmulas, y en sostener las garantías” (pág. 83-84).

Constant es tajante sobre la diferencia entre la antigüedad y la modernidad:

“La libertad individual, repito, he aquí la verdadera libertad moderna: la libertad política es la garantía y, por consiguiente, es indispensable. Pero pretender de los pueblos en nuestros tiempos que sacrifiquen, como los antiguos, la totalidad de su libertad individual a la política, es el medio más seguro de apartarlos de una para quitarles bien pronto la otra” (pág. 86).

La libertad ahora es diferente y el gobierno también.

El moderno defenderá la libertad individual.

Los derechos políticos deben darnos más tiempo para nuestros intereses privados.

[Por eso es que se rechaza la democracia directa y participativa de los antiguos y se defiende al gobierno representativo]

El gobierno representativo.

La nación se descarga sobre algunos de lo que no quiere o no puede hacer por sí misma.

Personas que defienden los intereses de otros.

Se requiere una vigilancia activa de los ciudadanos hacia sus representantes.

[Parece una emrbionaria “accountability social” propia de la sociedad civil hoy]

Los ciudadanos modernos no deben renunciar a la libertad política, pues ella es condición de garantías que posibilitan lo esencial de la libertad moderna: la felicidad individual, la vida privada.

[Los derechos civiles y políticos que garantizan los derechos básicos del individuo no pueden negociarse en pro de cualquier cosa]

“La obra del legislador no es completa cuando ha dado solamente tranquilidad a un pueblo: aun estando éste contento, falta todavía mucho por hacer. Es necesario que las instituciones acaben la educación moral de los ciudadanos. Respetando sus derechos individuales, manteniendo su independencia, no turbando sus ocupaciones, debe, sin embargo, procurarse que consagren su influencia hacia las cosas públicas; llamarles a que concurran con sus determinaciones y sufragios al ejercicio del poder, garantizarles un derecho de vigilancia por medio de la manifestación de sus opiniones y, formándoles de este modo por la práctica a estas funciones elevadas, darles a un mismo tiempo el deseo y la facultad de poder desempeñarlas” (pág. 92-93).

 

[Lo público no es lo central de la vida moderno. Se trata de todo lo contrario: la política no es la esencia del ser humano moderno. La sociedad moderna subordina lo público a lo privado. Todos son libres e iguales. Los derechos y garantías individuales son el pilar de la sociedad moderna: liberalismo.

La política ya no es lo que era antes y parece ser que ya no hay marcha atrás.

Tal es la diferencia fundamental entre la antigüedad y la modernidad, de acuerdo a Constant.


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