El Federalista

 Lo siguiente es el audio y la guía de la séptima sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

***

§ 1. Introducción.

 Los federalistas están en contra de los regímenes despóticos (cfr., Montesquieu). Pues consideran que estos suprimen la libertad.

Ellos creen que suprimir la libertad no es la solución, pues es la esencia del ser humano.

Ahora bien, desde la tradición republicana (cfr., Rousseau) las facciones corrompen a la república.

Son intereses propios promovidos por grupos organizados. Sin embargo el faccionalismo siempre va a existir, pues los seres humanos siempre van a ser diferentes. Por ello, es necesario crear un balance entre las diferencias (se trata de buscar remediar los efectos, ya que se considera imposible abolir las causas).

Y no consideran la democracia participativa como una solución. Solamente se puede aplicar en sociedades muy pequeñas. (El único caso exitoso es Atenas y no duró mucho).

Los federalistas presentan como remedio a este problema el gobierno representativo.

Aquí se delega la facultad de gobierno a ciudadanos elegidos por el resto de ciudadanos.

Ahora todos tienen derechos políticos, pero hay un filtro para la posibilidad de competir en política.

§ 2. ¿El Federalista?

Convención de 1787

Hamilton buscó la manera de que se aprobara la Constitución.

Planeó ensayos cortos, publicados en la prensa de Nueva York, para defender las virtudes de la constitución.

Se buscaba convencer a los delegados.

Se publicaron los ensayos en forma de libro y se distribuyó entre la gente culta.

Es un texto coyuntural que buscar ir más allá.

Defiende un asunto concreto, pero busca dar validez duradera a lo que se sostiene ahí.

Hamilton escribió 51 ensayos, Madison escribió 29 y Jay, 5.

Pseudónimo: Publius (en honor a un cónsul romano republicano).

El Federalista busca “brindar un relato congruente, exhaustivo y verdadero dela Constitución y del régimen que, se pensaba, engendraría ésta” (Diamond, 620).

Se defiende la Unión que daría prosperidad política (gobierno republicano).

La Confederación es débil.

Unión y republicanismo son los puntos esenciales de El Federalista.

Los norteamericanos ya vivían con gobiernos republicanos y confederados.

El Federalista critica a la confederación, pues piensa que el principio en el que basan sus gobiernos republicanos y su unión confederada es viejo y falso.

§ 4. El Federalista I – Hamilton.

Uno de los obstáculos más formidables a una nueva constitución: resistencia de ciertos hombres a disminuir el poder.

Los juicios falsos pueden darse en hombres sensatos y buenos.

Además la verdad misma puede defenderse por ambición, avaricia, etc.

Los partidos políticos mismos están marcados por una intolerancia.

En política y religión el proselitismo por la fuerza no funciona.

Todo puede torcerse:

Energía y eficacia en el gobierno – poder despótico.

Proteger los derechos del pueblo – popularidad a expensas del bien público.

Ha sido más recurrente esta degeneración: de la demagogia a la tiranía.

Objetivo: Defensa del Estado de la unión.

§ 5. El Federalista II – Jay.

América es un país unido, fértil y vasto.

La providencia le ha dado variedad de tierras y productos.

Es el patrimonio de los hijos occidentales de la libertad.

Es un pueblo unido, que desciende de los mismos antepasados, habla el mismo idioma, profesa la misma religión, mismos modales y costumbres.

Lucharon juntos por la independencia y la libertad.

Es  un pueblo partidario de la unión y de la libertad.

Se formó el congreso de Filadelfia con hombres prudentes, experimentados y de distintos lugares.

Su interés era la libertad y la prosperidad pública.

§ 6. Críticas más comunes a la nueva constitución.

Los que criticaban la nueva constitución sostenían que de un gobierno central sería contrario a gobiernos libres y republicanos.

Además: el país era territorialmente enorme.

Recuerden que Montesquieu (Y Rousseau) pensaba los gobiernos más libres y republicanos solamente podían darse en territorios pequeños.

Riesgo de despotismo: Los países grandes son propensos a la guerra y a que sus ciudadanos se desinteresen de los asuntos públicos porque devienen muy complejos (Esto último era el miedo de Rousseau).

El gobierno representativo en un país grande distancia mucho a los representantes de sus representados y termina incentivando a que los primeros terminen velando, básicamente, por sus propios intereses privados y egoístas.

Lo único que se puede hacer es tener lo que se tiene: gobiernos republicanos y libres, confederados para cosas muy puntuales.

Lo otro es centralizar el gobierno, hacer una gran república (y ello sería anti-republicano).

§ 7. Defensa de la Constitución.

Que sea algo nuevo no es algo malo.

Los norteamericanos se han abierto un camino en la historia (revolución y confederación).

La nueva constitución busca realizar exitosa y plenamente lo que la confederación no ha podido.

Se trata de crear un gobierno sin modelo previo, de ahí que haya escepticismo.

Entonces, ¿Qué tipo de república?

Publio defiende la república democrática.

Los muchos y la mayoría.

Sufragio universal de los ciudadanos.

No se trata de una “democracia pura” (pocos ciudadanos que se autogobiernan).

La república se caracteriza, según Publio, por tener un esquema de representación.

Con El Federalista empieza a acuñarse la idea de que una república es una democracia representativa.

La república no se opone a una democracia.

Se trataría más bien de una “democracia impura”.

En ambos la soberanía residen en los ciudadanos (en “los muchos” y no en “los pocos”).

La democracia representativa es la manera de salvar el gobierno popular en el mundo moderno.

Benjamin Constant va a suscribir una tesis análoga cuando distinga entre la liberta de los antiguos y la libertad de los modernos.

Los antiguos tuvieron gobiernos populares a través de democracias puras.

Los europeos han tenido gobiernos, parcial o totalmente, representativos, pero no populares.

Son los norteamericanos los pueden innovar en esa combinación: gobierno representativo y popular.

La utilidad del principio representativo depende del tamaño del país.

A esto hay que añadir el progreso de la “ciencia política”, ciencia que ahora comprende la eficacia de muchas cosas:

Distribuir el poder en distintos departamentos.

Frenos y contrapesos legislativos.

Tribunales integrados por jueces que deben mantener buena conducta.

Representación del pueblo en la legislatura (sufragio).

“Ampliación de la órbita” de todos estos “sistemas”.

¿Qué problemas posibles tiene el gobierno popular representativo?

1. El pueblo puede perder el control de su gobierno, que los gobernantes subviertan el régimen.

Esto se evita haciendo que los representantes sean elegidos por los ciudadanos y que, por ende, dependan de éstos.

2. Las mayorías podrían gobernar opresivamente a través de representantes sumisos.

Esto se evita con la división de poderes.

Hay que proteger a la sociedad de los representantes.

Pero también hay que proteger a grupos de la sociedad de otros grupos.

Hay que evitar la “tiranía de la mayoría”.

Personal legislativo, ejecutivo y judicial.

Frenos y contrapesos (como la posibilidad de veto, apelación, etc).

La ambición y el poder se contrarrestan a sí mismas.

3. Las mayorías podrían gobernar de manera insensata a través de representantes sumisos (el gobierno pierde fuerza y estabilidad).

Publio pide que los electores elijan a los representantes con más sabiduría y virtud.

A todo esto hay que añadir otro punto esencial: ensanchar la “órbita republicana”.

Territorio extenso.

Distancia entre el pueblo y el gobierno.

Se necesita separación de poderes y principio de representación.

§ 8. El Federalista X – Madison.

Es el espíritu faccioso el que corrompe la república.

Facción: cierto número de ciudadanos que actúan por una pasión o interés común que es adverso a los derechos e intereses de los demás ciudadanos, de la comunidad en su conjunto.

Suprimir la libertad no puede ser una solución, ya que es algo esencial de la vida política como tal.

La razón humana, al ser falible, genera múltiples opiniones, intereses, etc.

El gobierno protege las facultades diferentes, que dan lugar a propiedades diferentes.

La más fuerte discordia es la desigualdad en las propiedades.

Ningún hombre es juez imparcial de sus intereses.

Las causas del faccionalismo no pueden desparecerse. Solución: proteger a la comunidad política de sus efectos.

Poner el bien público y los derechos privados a salvo de una facción.

O se impide que exista el interés o se impide la organización de quienes tienden dicho interés.

Una democracia pura (sociedad pequeña de ciudadanos que se reúnen y administran el gobierno) no puede erradicar el espíritu sectario.

Por eso han sido breves y luego conflictivas y violentas.

La igualdad de los teóricos no contempla la desigualdad de posesiones, pasiones y opiniones.

El gobierno representativo es el remedio.

Se delega la facultad de gobierno a un pequeño número de ciudadanos elegidos por el resto.

Representantes prudentes que pueden discernir mejor el interés del país.

Patriotas, amantes de la justicia.

Los representantes pueden llegar a comprender mejor el bien público que el pueblo mismo.

Pero puede darse lo opuesto: corruptos que se hagan del voto del pueblo y de ahí traicionen los intereses públicos. La solución se da con la segunda razón:

La república puede comprender un número más grande de ciudadanos y territorio.

Los representantes no son en número exactamente proporcionales. Pero se pueden elegir en repúblicas grandes de entre mayores candidatos y ello aumenta la probabilidad de mejores candidatos.

Cada representante será elegido por un número mayor de electores, con lo que será más difícil timar a la gente.

Pero si se amplía demasiado la base de electores, el representante perderá contacto local y no podrá representar los intereses.

Pero si su base se reduce demasiado se ata al representante a los intereses locales y se le incapacita para comprender los fines nacionales.

Mientras más grande es el territorio, hay más facciones y se hace más difícil que una gane mayoría.

“De lo anterior se deduce claramente que la misma ventaja que posee la república sobre la democracia, al tener a raya los efectos del espíritu de partido, la tiene una república grande en comparación a una pequeña y la poseela Uniónsobre los Estados que la componen. ¿Consiste esta ventaja en el hecho de que sustituye representantes cuyos virtuosos sentimientos e ilustrada inteligencia los hacen superar los prejuicios locales y los proyectos injustos? No puede negarse que la representación dela Unióntiene mayores probabilidades de poseer esas necesarias dotes. ¿Consiste acaso en la mayor seguridad que ofrece la diversidad de partidos, contra el advenimiento de que uno supere y oprima al resto? La creciente variedad de los partidos que integranla Unión, aumenta en igual grado esta seguridad. ¿Consiste, finalmente, en los mayores obstáculos que se oponen a que se pongan de acuerdo y se realicen los deseos secretos de una mayoría injusta e interesada? Aquí, una vez más, la extensión dela Uniónotorga a ésta su ventaja más palpable.

La influencia de los líderes facciosos puede prender una llama en su propio Estado, pero no logrará propagar una conflagración general de los restantes. Una secta religiosa puede degenerar en bando político en una parte dela Confederación; pero las distintas sectas dispersas por toda su superficie pondrán a las asambleas nacionales a salvo de semejante peligro. El entusiasmo por el papel moneda, la abolición de las deudas, por el reparto de la propiedad, o a favor de cualquier otro proyecto disparatado o pernicioso, invadirá menos fácilmente el cuerpo entero dela Uniónque un miembro determinado de ella; en la misma proporción que esa enfermedad puede contagiar a un solo condado o distrito, pero no a todo el Estado.

En la magnitud y en la organización adecuada dela Unión, por tanto, encontramos el remedio republicano para las enfermedades más comunes de ese régimen. Y mientras mayor placer y orgullo sintamos en ser republicanos, mayor debe ser nuestro celo por estimar el espíritu y apoyar la calidad de Federalistas” (pp. 40-41).

§ 9. El Federalista XXIII – Hamilton.

Los fines del gobierno federal:

Defensa común de sus miembros, conservación de la paz pública (por conflictos externos o internos).

Organizar ejércitos, equipar flotas, dictar sus reglas y operaciones. Estos poderes deben existir sin limitación alguna (cita página 94).

Fuerzas nacionales.

Reglamentación del comercio con otras naciones y entre los mismos Estados federales, la dirección de las relaciones políticas y comerciales con las naciones extranjeras.

§ 10. El Federalista 24 – Hamilton.

El poder de reclutar tropas se confiere a la legislatura, no al ejecutivo.

La legislatura es un organismo popular de representantes elegidos periódicamente.}

Mayores comunicaciones, mayores posibilidad de peligro y amenaza.

Aumentar las guarniciones fronterizas en tiempos de paz.

Un pueblo comercial requiere de una marina: astilleros, arsenales, fortificaciones, guarniciones. Cuando la marina deviene poderosa, las guarniciones devienen dispensables.

[Conclusiones]


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