Rousseau

Lo siguiente es el audio y la guía de la sexta sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

***

§ 1. Razón y sentimiento (crítica al liberalismo y al individualismo moderno)

“En un Estado verdaderamente libre los ciudadanos lo hacen todo con sus brazos y nada con el dinero; lejos de pagar para eximirse de sus deberes, pagarían por cumplirlos ellos mismos” (97).

“Contrapuso la inteligencia; el desarrollo del conocimiento y el progreso de la ciencia quela Ilustracióncreía constitutivos de la única esperanza de la civilización, los sentimientos amistosos y benévolos, la buena voluntad y la reverencia” (Sabine, pág. 440)

La base común de la sociabilidad es el sentimiento y no la razón.

Reacción innata al sufrimiento de los demás.

El egoísta calculador no es un ser humano “natural”: es el fruto de una sociedad pervertida.

Emociones y sentimientos comunes.

Familia, maternidad, labranza, reverencia religiosa, vida común.

Hay un rechazo al Derecho natural, a la utilidad y al egoísmo universal.

Se opone a Locke (y a Hobbes):

La comunidad no es una cooperación de egoístas.

La visión individualista de los liberales supone individuos “originarios” (calcular,  felicidad, propiedad).

Lo que son lo sacan de la comunidad/ sociedad (influencia de Platón, la πόλις).

De ella obtienen sus facultades mentales y morales.

La categoría fundamental es ser ciudadano.

La sociedad tiene cosas comunes, vínculos.

Idioma, intereses, bienestar.

Incluso nuestras ideas egoístas e intereses privados surgen de las comunidades en las que vivimos.

La virtud moral se da con más pureza en la gente vulgar.

Preeminencia de la tradición y la costumbre por sobre el juicio privado.

Lealtad, patriotismo, bien común.

El ser humano nació para la libertad y vive encadenado en las sociedades existentes.

Prima el comercio, el dinero, la distinción entre ricos y pobres.

Se ha olvidado la virtud.

Las artes y las ciencias corrompen la mora.

Requieren de lujo y ocio.

Proceden del deseo de comodidad superflua y de la satisfacción de caprichos.

Genera mucha desigualdad (por los talentos para buscarlas) e injusticia (se requiere mucho dinero y trabajadores).

Rousseau reivindica la vida de la πόλις.

Dicha vida se funda en la virtud, no en la ciencia, las artes, la comodidad o la propia conservación.

Buena ciudadanía y “alma sencilla”.

Rousseau es republicano porque cree que los hombres por naturaleza son libres e iguales.

Ciudades-estado, pequeñas ciudades-república (sus miembros se conocen o pueden llegar a conocer).

Intereses comunes, confianza común.

Autogobierno de los ciudadanos. No hay gran diferencia entre los gobernantes y los gobernados.

Imperio de la ley.

Costumbres y un severo código moral.

Estricta vigilancia mutua entre los ciudadanos.

Virtud ciudadana.

Abandonar los deseos privados por el bien de todos.

“No es posible concebir la sociedad como el equilibrio de intereses conflictivos si se quiere que los hombres sean libres, y no títeres de grupos de interés en el poder. El requisito de una sociedad civil sana no es ilustración, sino una severa educación moral” (Bloom, pág. 531).

§ 2. Estado de naturaleza: el ser humano “natural”.

La política es artificial (moderno, al igual que Hobbes y Locke).

La vida política surge por la necesidad de conservación.

El hombre en estado de naturaleza no es como el Hobbes: la envidia, la avaricia, la desconfianza, la razón y el deseo insaciable de adquisición es fruto de vivir en la sociedad civil.

[Es como decir que la racionalidad calculadora y el egoísmo de los actores estratégicos no es algo “natural”. Ello sería resultado de vivir en sociedad]

¿Cómo hallar a ese ser humano “natural”?

Investigando los rezagos de ello en las sociedades primitivas y salvajes (una especie de “proto-antropología”).

Introspección.

El ser humano “natural”:

No tiene razón, no tiene habla, no tiene vida social.

Es un animal como los demás que “vagabundea” buscando alimento.

Simples necesidades, evita el dolor.

No concibe la muerte contra nosotros (ad “temor a la muerte violenta”).

Es ocioso y busca satisfacer sus necesidades naturales inmediatas (ad “hombre industrioso”).

Tiene dos pasiones fundamentales:

Deseo de conservación.

Piedad o comprensión del sufrimiento de otros seres de su especie.

No tiene virtudes, no las necesita.

Hace lo que hace porque le gusta.

Tiene una cierta “bondad”, no “hace daño”.

[Rousseau mantiene un poco la idea del “buen salvaje”. Los hombres naturales son “inocentes” como los niños]

Es un estado de igualdad e independencia.

No hay familia, ni esclavitud (no hay tales derechos).

El ser humano se diferencia de los animales porque tiene (1) una voluntad libre.

No está determinado por sus instintos.

Puede elegir, aceptar, rechazar (y es consciente de este “poder”).

Además, esta dotado de (2) perfectibilidad.

Puede mejorar siempre (y gradualmente) sus facultades y transmitir estas mejoras a toda la especie.

Se trata pues, de un “animal libre” que está marcado por una gran potencialidad y por muchas posibilidades.

“El hombre natural es, entonces, una bestia perezosa que se complace en la sensación de su propia existencia, que se preocupa de su conservación y se compadece de los sufrimientos de sus congéneres, que es libre y perfectible” (Bloom, pág. 534).

§ 3. El origen de la desigualdad.

Las catástrofes naturales (contingencia, accidentes, azar) lo llevan a establecer mayor contacto con los demás.

Desarrolla habla.

Establece vínculos familiares.

Se genera la posibilidad de “fricción” o “conflicto” entre los seres humanos.

No hay Estado, ley o derecho.

Cada uno es juez y parte.

La piedad se debilita y empieza a fortalecerse el “amor a sí mismo”.

De estos conflictos surge la propiedad privada.

Cultivar la tierra, trabajo.

Surge la previsión, aumentan los deseos.

Surge la desigualdad.

Diferentes capacidades y talentos la generan.

Esto se desarrolla hasta generar un conflicto entre los que tienen y los que no tienen.

El hombre se ha vuelto vanidoso, busca el dinero y el honor. Vive para los demás.

Surge el “amor propio” (vanidad).

Los ricos sugieren un contrato (la sociedad civil) para proteger su propiedad.

Paz, consentimiento, pacto, autoridad.

La desigualdad se hace legal.

La explotación de los pobres se mantiene a través de la fuerza pública.

El hombre era libre por naturaleza, pero se vuelve esclavo.

La ley se hace a favor de los ricos.

Se necesita una severa educación moral para transformar estas pasiones de la sociedad civil.

La sociedad no puede fundarse en el derecho natural.

Construir eso es el proyecto del El Contrato social de Rousseau.

La virtud como medio para obtener la libertad.

§ 3. El contrato.

La solución básica es el “contrato social”.

Todo pactante se da por entero a la comunidad con todos sus derechos y propiedades.

Cada individuo se da al conjunto.

De esta manera nadie se subordina a alguien en particular.

El individuo deviene un miembro de la comunidad política (“ciudadano”).

El conjunto de individuos con vínculos deviene una “comunidad política”, un “pueblo” (es el soberano).

“Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual, uniéndose cada uno a todos, no obedezca, sin embargo, más que a sí mismo y quede tan libre como antes” (22).

“Estas cláusulas, bien entendidas, se reducen todas a una sola: a saber, la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a toda la comunidad. Porque, en primer lugar, al darse cada uno todo entero, la condición es igual para todos, y siendo la condición igual para todos, nadie tiene interés en hacerla onerosa para los demás” (22).

Para generar un orden político de paz y libertad, se forma una asociación de hombres libres; esta asociación no es un agregado de personas sino una personalidad moral y colectiva; es decir, un contrato social, el cual implica que los intereses particulares son subordinados al bien general, existen vínculos sólidos de convivencia y se forma la comunidad, un “yo común” una especie de identidad común dada por una “voluntad general”.

De esta manera, el ser humano pierde su libertad individual pero gana la libertad civil, ya que se somete a leyes para ser un ciudadano miembro del pueblo, gracias a ello, el ser humano pasa de una desigualdad natural a una igualdad jurídica.

Es el ciudadano quien formula la ley, y por ende tiene que cumplirlas. Por ello es que el autogobierno se pone bajo la voluntad general de cada pueblo, quien no cumple este compromiso renuncia a su libertad.

Consecuencia: constitución de la comunidad, pueblo (vínculos sociales de pertenencia), yo común.

Cada hombre deviene miembro: ciudadano (de ahí la “ciudad”).

Se pierde la libertad natural, pero se gana la libertad civil y la libertad moral.

El pueblo deviene el único soberano.

 

El súbdito y los soberanos son los mismos, pero bajo diferentes aspectos.

Todos se ponen bajo la dirección de la voluntad general.

§ 4. La voluntad general y el gobierno.

El ciudadano acepta someterse al Estado y a la ley.

Lo que desea el Estado, la comunidad, es lo que se debe desear.

Es la voluntad general.

Ella hace leyes generales que aplican a todos los ciudadanos.

Desea lo que todos podrían desear.

Puede obligar a los demás a ser libres.

Que no sucumban a sus pasiones o intereses egoístas.

La “voluntad general” se caracteriza por buscar el bien común y formar el vínculo social, busca la utilidad pública y no tiene a equivocarse ya que instituye la ley general que todos deben cumplir.

Dado de que la voluntad general surge de la reunión de ciudadanos con interés particulares y comunes, busca llegar a lo común anulando los interese particulares mediante las conversaciones entre ciudadanos en asambleas públicas participativas.

Con ello se promueve la igualdad y  libertad política no muy desligada de la libertad económica. Así,la Repúblicadebe tener una identidad con un bien común.

Para Rousseau no tiene sentido una comunidad con diferencias, de lo contrario, no existe una voluntad general acordada en las asambleas públicas donde se tiende a minimizar intereses privados de ciudadanos, no de representantes.

“Al fin, pues, de que el pacto social no sea un vano formulario, implica tácitamente el compromiso, el único que puede dar fuerza a los demás, de que quien rehúse obedecer a la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo; lo cual no significa sino que se le forzará a ser libre (…)” (26).

Libertad humana: obedecer a las leyes que uno se prescribe.

Compromiso: obedecer a la voluntad general.

Busca el bien común.

Forma el vínculo social.

Es recta.

Tiende a la utilidad pública.

Instituye la ley, que es general.

¿De dónde surge?

De la voluntad común de los ciudadanos.

Lo que subyace a la diversidad de intereses particulares.

Surge de la opinión pública individual de cada ciudadano (no partidos, no agrupaciones).

La ley se instituye en una asamblea pública.

[Para Rousseau la voluntad general surge de la asamblea de los ciudadanos. Esa es la verdadera voz del pueblo. Esa es la verdadera opinión pública. Rousseau pensaría que el Instituto de Opinión Pública de la PUCP debería llamarse Instituto de Opinión Privada porque lo que se hace es preguntarle a cada uno qué piensa (voluntad particular) y lo que hace al final es un recuento estadístico. Para Rousseau eso no es público. La verdadera opinión pública sería juntarlos a todos a discutir los temas y a llegar a conclusiones comunes… esa sería la opinión pública]

El cuerpo ciudadano en general es el que hace leyes (sanciones y castigos).

Su soberanía es inalienable.

El gobierno representativo es una mala forma de gobierno.

Se delega el poder legislativo a voluntades personales.

Si el Estado es grande, debería haber representación en circunscripciones lo más pequeñas posibles y con mandato imperativo, consulta constante y posibilidad de revocatoria.

El contrato social genera un pueblo, una comunidad.

La libertad “natural” (animal) es reemplazada por la libertad civil (humana y moral).

Es infalible.

La voluntad general lo obliga  a uno a ser libre.

“En otros términos, la coacción no es realmente coacción porque cuando un hombre quiere individualmente algo distinto de lo que el orden social le da, no quiere sino su capricho y no sabe en realidad cuál es su propio bien ni cuáles son  sus propios deseos” (Sabine, pág. 450).

¿Obligar a un hombre a ser libre es hacerle obedecer ciegamente a la masa o al “partido”?

El deber es lo fundamental.

Lo privado se subordina a lo público (importancia de la tradición republicana).

“Tan pronto como el servicio público deja de ser el principal asunto de los ciudadanos, y tan pronto como prefieren servir con su bolsa antes que con su persona, el Estado está ya cerca de su ruina. ¿Hay que ir al combate? Pagan a tropas y se quedan en sus casas. ¿Hay que ir al consejo? Nombran diputados y se quedan en sus casas. A fuerza de pereza y de dinero, tienen en última instancia soldados para sojuzgar a la patria y representantes para venderla” (97).

“Cuanto mejor constituido está el Estado, más se imponen los asuntos públicos sobre los privados en el espíritu de los ciudadanos. Hay, incluso, mucho menos asuntos privados, porque al proporcionar la suma del bienestar común una porción más considerable al de cada individuo, le queda menos que buscar en los afanes particulares. En una ciudad bien guiada, todos vuelan a las asambleas; bajo un mal gobierno, a nadie le gusta dar un paso para dirigirse a ellas; porque nadie toma interés en lo que allí se hace, y porque finalmente las atenciones domésticas lo absorben todo. Las buenas leyes obligan a hacer otras mejores, las malas traen otras peores. Tan pronto como alguien dice de los asuntos del Estado: ¿a mí qué me importa?, hay que contar con que el Estado está perdido” (98).

El pueblo es soberano.

El gobierno es un órgano delegado.

Hay mayor participación (“democracia directa”, “asamblea comunal”).

Se critica al gobierno representativo.

“La soberanía no puede ser representada, por la misma razón que no puede ser enajenada; consiste esencialmente en la voluntad general, y la voluntad no se representa; o es ella misma, o es otra; no hay término medio. Los diputados del pueblo no son, por tanto, ni pueden ser sus representantes, no son más que sus delegados; no pueden concluir nada definitivamente. Toda ley que el pueblo en persona no haya ratificado es nula; no es una ley. El pueblo inglés se piensa libre; se equivoca mucho; sólo lo es durante la elección de los miembros del Parlamento; en cuanto han sido elegidos, es esclavo, no es nada. En los breves momentos de su libertad, el uso que hace de ella bien merece que la pierda” (98).

“No siendo la ley otra cosa que la declaración de la voluntad general, es evidente que en el poder legislativo el pueblo no puede ser representado; pero puede y debe serlo en el poder ejecutivo, que no es más que la fuerza aplicada a la ley” (99).

“Sea como fuere, en el instante en que un pueblo se da representantes, ya no es libre; ya no es” (100).

Rousseau nos muestra una imagen antiliberal, en defensa dela República, de lo público sobre lo privado y de la asamblea como el resultado de la voluntad general del pueblo.

No deben haber partidos, grupos de interés o faccionalismos. Se debe promover la voluntad general y no voluntades o intereses meramente particulares.

Tampoco debe existir una desigualdad social o económica relevante para que pueda existir de facto (y no solamente de jure) la libertad política o civil.

El más pobre no debe necesitar venderse a un rico.

El más rico no debe poder comprar a un pobre.

La soberanía es además indivisible.

No hay separación de poderes.

Hay delegación y derivación de funciones, pero el poder soberano es una unidad.

Se debe buscar generar buenas costumbres, además de buenas instituciones.

Se desarrollan intereses comunes.

En un inicio puede ser necesario un legislador con capacidad extraordinaria que proponga leyes que el pueblo tenga que aprobar (como con Maquiavelo).

Rousseau piensa en Moisés y en Licurgo.

Debe construir un régimen político.

Puede apelar a la religión o a lo divino con estos fines.

Igual la teoría no puede ser abstracta: hay que prestar atención al contexto (como con Montesquieu).

Clima, territorio, extensión, carácter.

Tradiciones, costumbres.

Rousseau señala factores que van a influir en el régimen político como la extensión del territorio, la población, la madurez de los pueblos, las costumbres y el determinismo geográfico.

Se requiere de un territorio no muy grande, igualdad de costumbres, unión geográfica. Relaciona un territorio pequeño con democracia.

Es probable que no exista una verdadera democracia por la dificultad en reunir a un pueblo y lograr su total participación.

 

§ 5. Conclusiones

Rousseau sobre las dificultades de la democracia:

“Además, ¿cuántas cosas difíciles de reunir no supone [la democracia]? En primer lugar, un Estado muy pequeño en que el pueblo sea fácil de congregar y en el que cada ciudadano pueda fácilmente conocer a todos los demás; en segundo lugar, una gran sencillez de costumbres que evite la multitud de asuntos y las discusiones espinosas; luego, mucha igualdad en los rangos y en las fortunas, sin lo cual la igualdad no podría subsistir mucho tiempo en los derechos y en la autoridad; finalmente poco o nada de lujo, porque o el lujo es efecto de las riquezas, o las hace necesarias; corrompe a la vez al rico y al pobre; al uno por posesión y al otro por ambición; vende la patria a la molicie, a la vanidad; priva al Estado de todos sus ciudadanos para hacerlos esclavos unos de otros y todos de la opinión” (72-73).

“Puede decirse que del estado de naturaleza parten dos caminos y que no se encuentran; uno de ellos conduce a la sociedad civil, el otro a la condición de hombres como Rousseau. Uno de ellos da de cara al futuro y a una transformación del hombre. El otro anhela apasionadamente un retorno a la naturaleza. No hay solución armoniosa al problema humano; hay opciones insatisfactorias a la tensión mutua: el estadista contra el soñador o el poeta. Se excluyen entre sí. Quedamos con la sensación de algo incompleto o imperfecto en la idea que Rousseau tiene de la vida humana. La sociedad civil no satisface muchas de las cosas que hay de más profundas en el hombre. El soñador no puede vivir bien con sus congéneres. Y, en el estado de naturaleza, donde no había ocurrido aún esta escisión, el hombre no era realmente hombre. Pero Rousseau resistió las tentaciones a las que sucumbieron sus sucesores. Teniendo conciencia de que la moral del hombre se adquiría al costo de sacrificar sus más dulces sentimientos naturales y en parte sólo es un medio para la conservación del Estado, no trató de que esa moral fuera absoluta, con exclusión de todo lo demás que es humano. No enseñó que la historia, pese a todo su poder, superaría la fuerza de la naturaleza del hombre. No creyó que el hombre pudiera volverse enteramente social. Y no desdeñó la importancia de la política para entregarse a anhelos románticos del pasado perdido. Todas estas posibilidades se encuentran en su pensamiento, pero a cada una de ellas no le dio más que lo que debía. Por esta razón creemos que Rousseau presentó el problema humano en toda su variedad con mayor profundidad y aliento que ninguno de sus sucesores.” (Bloom, pp. 547-548).

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