Desigualdad y economía II

 Lo siguiente son los audios y la guía de la séptima sesión del curso Ética de la Gestión del cual soy profesor este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de Gestión y Alta Dirección. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

En esta sesión y las siguientes se tocan algunos aspectos sobre la economía en el Perú, buscando pensarla en relación al problema de la desigualdad, con el fin de posibilitar una reflexión ética más fundada. Estas aproximaciones son bastante básicas e introductorias, propias de un curso que tiene ese carácter dentro de la especialidad. El propósito es, como ya se dijo, poder contextualizar mejor la reflexión filosófica a la luz de dichos aspectos.

*** 

[Introducción]

§ 1. PBI y bienestar individual.

El crecimiento económico no es un buen indicador del aumento del bienestar de la gente.

En muchos casos, ni lo es del “progreso del país” o de su “desarrollo”.

El PBI per cápita se ha expandido precariamente, a penas equivale al alcanzado tres décadas atrás (2005).

“Las políticas de estabilización y ajuste aplicadas a partir (…) [1975] han sido un fiasco en términos de ampliación y diversificación de la capacidad productiva, de dinamización y persistencia del crecimiento económico, de generación de empleo y mayores ingresos, etc. Si bien se logró sanear las cuentas externas y aplacar la inflación, estas metas macroeconómicas esenciales se lograron a costa de estos otros requerimientos macroeconómicos y, sobre todo, generando desequilibrios mesoeconómicos y sociopolíticos que actualmente entrampan seriamente la viabilidad y sostenibilidad de la economía e incluso de la gobernabilidad de nuestra sociedad” (pp. 34-35).

1951-1975: el crecimiento económico ascendió en 5,6%. El crecimiento por habitante fue de 2,7%.

1976-2003: el crecimiento económico es de 1,8%. El crecimiento por habitante fue de 0,3%.

Schuldt afirma que siempre los gobiernos hablarán de crecimiento “en general” (y no resaltando cómo se da el PBI per cápita) porque, en términos “abstractos”, suena mejor decir que se crece “más”, a decir que se crece “menos”.

Sin embargo, el principal problema con el PBI en nuestro país, es según Schuldt (quien sigue a Hunt): su inestabilidad.

1951: +6,7%

1958: -3,0%

1960: +5,9%

1961: +5,4%

1962: +6,1%

1966: +5,1%

1974: +5,4%

1977: -2,1%

1978: -6,3%

1982: -2,7%

1983: -11,5%

1986: +9,6%

1987: +5,4%

1988: -11,4%

1989: -11,5%

1990: -7,1%

1994: +10,8%

1995: +6,7%

La volatilidad del PBI tiene costos sociales y familiares importantes que muchas veces no se toman en cuenta.

En comparación con América Latina, el Perú ha tenido una de las volatilidades más altas:

1960s: En AL era de 3,3%. En Perú, 2,5%.

1980s: En AL era de 4,7%. En Perú, 8,4%.

1990s: En AL era de 3,3%. En Perú, 5,2%.

¿Variables? Ingreso masivo y huída de capitales, el Niño (y demás desastres naturales), ciertas políticas económicas.

Muchas de estas políticas económicas fluctuantes se deben a lo que Hirschman llamaba “fracasomanía”.

La “fracasomanía” es la actitud de las élites políticas que, al asumir el gobierno, consideran que todo lo anterior fue un fracaso y que es necesario “empezar de cero”.

Y estos cambios de política pueden generar efectos importantes en la volatilidad del PBI.

Recordemos que esta volatilidad, además, puede tener efectos en la vida de las personas.

Un ejemplo simple:

Imaginemos que nuestro país crece en dos años 10%, pero el primer año se crece 10% y el segundo, 0%.

Ahora imaginemos que nuestro país crece durante dos años seguidos 5%.

Cuantitativamente sería lo mismo: crecer 10% en dos años.

Sin embargo, a un nivel cualitativo, las cosas son diferentes:

“(…) cada uno de estos casos viene acompañado de procesos económicos, políticos y psicosociales muy distintos, ya que crecer durante un bienio a una tasa estable, cerca al 5% (…) otorga sentido de seguridad a la población, genera expectativas relativamente confortables y no fragmenta el tejido social” (pág. 40).

Las expectativas y el nivel de vida cambian sustantivamente.

Con una tasa elevada, las personas son optimistas sobre el futuro (si no, miren a Alan García a quien le dijeron hace poco, básicamente, que vivía en otra realidad).

Esto puede hacer que las personas aumenten su gasto, se endeuden y consideren sus puestos de trabajo como algo seguro.

Las caídas abruptas del PBI elevan los niveles de pobreza.

Se deteriora la distribución del ingreso.

Incrementan el desempleo y el sub-empleo.

Aumentan las tasas de interés y las deudas impagas.

Aumentan las protestas y movilizaciones sociales.

Se pierde capital humano, social y físico. Hay un escaso aprovechamiento de la fuerza laboral y del potencial productivo físico (maquinarias, equipo).

Se terminan vendiendo empresas, desnacionalizando la economía (Inka-Kola, Backus).

Pero, frente a esto, los sectores de ingresos altos tiene mecanismos de defensa: ahorros, stock de moneda extranjera, propiedad inmueble, acciones, seguros de enfermedad y de vida, bienes duraderos, “voz”, “relaciones”, “contactos”, etc.

Estos cambios también debilitan al Estado: debilitan a sus burocracias, a sus instancias, al Poder Judicial.

También a la sociedad civil, a sus gremios, a sus sindicatos. El capital social se deteriora y no hay organizaciones que puedan canalizar demandas y conflictos de manera institucionalizada.

En conclusión, el descenso del PBI afecta a la sociedad de una manera exponencial.

En el Perú se han dado, por lo menos, cada 10 años. Esto genera un empresario, un trabajador y un consumidor pesimistas (debido a los repetidos fracasos, a las continuas expectativas frustradas). La autoestima de las personas se ve severamente afectada.

Surge también lo que se llama “desempleo oculto”: personas que están en edad de trabajar, pero que ya no lo buscan porque han perdido las esperanzas de obtenerlo. Entre 1970 y 1996 fue en promedio 10,5%. El desempleo abierto anduvo por el 9%.

Esta coyuntura incentivó la migración al extranjero del segmento de subempleados de la economía.

Los hijos de las familias también abandonan los colegios, los institutos y las universidades para que trabajen o ingresen a otros centros de educación de menores tarifas.

Aumentan también la corrupción, la delincuencia, la drogadicción, el maltrato familiar, la prostitución, etc.

La inseguridad invade los hogares y se instala en la sociedad.

“(…) es preferible crecer a una tasa sostenible más baja que experimentar crecimientos ostentosos y artificialmente gestados, que generalmente también conducen a caídas dramáticas, como lo ilustran las experiencias pasadas en el país. Consecuentemente, asegurando la estabilidad en el manejo económico, en teoría, se pueden evitar o suavizar, tanto los crecimientos muy acelerados, como los decrecimientos muy bruscos” (pág. 44).

Ahora bien, otra cuestión muy importante es que el PBI no toma en cuenta solamente, ni principalmente, aspectos ligados al bienestar de la gente.

Schuldt afirma que en la jerga económica se denomina YPD (Ingreso personal disponible). Se trata del dinero del que disponen las familias (neto de impuestos directos y otros descuentos) para destinarlo al gasto de consumo personal y, si alcanza, para ahorrar.

El PBI puede aumentar al mismo tiempo que el YPD se mantiene igual o decrecer.

En el Perú no hay datos medir esto. De ahí que Schuldt proponga utilizar la variable del consumo privado (CP).

§ 2. Descentralización estatal.

El desarrollo económico del Perú se explica por su geografía y por su historia.

Las regiones, los recursos naturales, los fenómenos climáticos han condicionado la organización económicas en diferentes épocas.

¿Cómo entender la dinámica centralista que hemos tenido? Hay que prestar atención a dónde están localizadas las actividades productivas, las distancias y los costos de transporte, la estructura de mercados en el espacio, las economías de escala, las economías de aglomeración, la demanda, la propiedad del espacio.

Hay desigualdades en torno al crecimiento y a la redistribución.

Hay concentración económica y centralización estatal.

Una descentralización fiscal que se quiera exitosa va a requerir de un Estado más grande y de una economía espacialmente más integrada.

[El PBI de Lima constituía el 50% del PBI del país, en la década de 1970, 48% en los 80s, 46% en los 90s y 47.5% en la primera década del siglo XXI.

En promedio, el PBI de Lima es dos veces mayor que el del resto de regiones del país.

En general (1970-2008), la sierra crece más que la selva, la costa más que la sierra, y Lima crece mucho más que el resto de la costa.]

¿Qué es la descentralización estatal?

Es la desconcentración y transferencia de las funciones del Estado de los niveles más altos a los más bajos.

Supone los principios de subsidiariedad, equidad y responsabilidad fiscal.

En el Perú hay:

1 Gobierno Central cuyo ámbito es todo el territorio nacional.

25 gobiernos regionales que coinciden con 23 departamentos, una provincia constitucional y Lima Metropolitana separada de Lima Provincia.

195 gobiernos municipales provinciales.

2008 gobiernos municipales distritales.

¿Cuáles son los problemas de la descentralización?

Los problemas de origen son:

1. Haber iniciado la descentralización fiscal sin haber resuelto el problema de la regionalización.

2. No haber planteado una estrategia de descentralización con metas políticas, fiscales y administrativas.

3. No haber tomado en cuenta el problema de la desigualdad de los desarrollos regionales.

Los problemas de proceso son:

1. La débil descentralización administrativa. No permite capacidad de gestión y gasto.

2. No tener una instancia de coordinación económica y administrativa en los distintos niveles de gobierno.

3. La distorsión generada por el gran incremento del impuesto a la renta (bajo la forma del canon) en el sector minero y petrolero. Los gobierno regionales y locales no estaban preparados institucionalmente para un incremento tan grande de los recursos fiscales.

Del 2002 al 2007 aumentó la transferencia a los gobiernos descentralizados de 2,5 mil millones a 7, 2 mil millones.

4. Proceso lento de toma de decisiones para el gasto y la inversión (debido a la tensión entre la corrupción y las normas para prevenirla).

En el 2001 se hizo la descentralización, pero no hubo una evaluación adecuada.

No se integraron varios departamentos en regiones.

Esto hubiese creado bases económicas y mercados grandes para atraer inversión, para aprovechar economías de escala y crear bases tributarias.

Además, mayores recursos fiscales con los mismos recursos humanos y administrativos tendrá como un efecto cuasi inevitable la incapacidad para gastar o invertir los recursos adicionales.

Para remediar esto Gonzales de Olarte propone:

1. La transferencia de personal del gobierno central a los gobiernos descentralizados junto con la transferencia de funciones.

2. Establecer una carrera pública descentralizada con una escala de sueldos acorde con las responsabilidades técnicas y políticas que asumen los gobiernos regionales y locales.

3. Crear un sistema de administración pública descentralizado que contempla normas, procedimientos y coordinaciones entre los diferentes niveles de gobierno.

Pero hay condiciones buenas, puede resultar prometedora la descentralización, si es que es bien llevada:

Hay un ciclo económico en expansión de largo plazo, hay estabilidad macroeconómica, hay recursos fiscales, hay corrientes doctrinarias e ideológicas favorables a ella.

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