Desigualdad, cultura y reconocimiento

Lo siguiente son los audios y la guía de la quinta sesión del curso Ética de la Gestión del cual soy profesor este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de Gestión y Alta Dirección. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

***

[Introducción]

§ 1. Etnicidad y racismo.

Para entender la desigualdad en América Latina no basta prestar atención a lo económico. Son esenciales ciertas “bases no materiales”: las mentalidades y “culturas de la desigualdad”.

Esto se ha expresado, sobre todo, en términos de exclusión étnico-racial (como se vio en la sesión pasada).

Esto sirve para “clasificar”, “separar”, “subordinar” (jerarquías sociales).

Las categorías étnicas y raciales suelen estar asociadas (¡y esto desde hace mucho tiempo!) a un acceso restringido a recursos (de diversa índole: desde económicos, hasta políticos).

Tradicionalmente, al asociar lo étnico-racial a lo económico-social y político, se buscaba legitimar la desigualdad en la medida en que ésta era “natural”.

Un punto clave aquí es la ciudadanía: de prácticamente no tener derechos (Flores Galindo: “República sin ciudadanos”) a tener algunos (López: Ciudadanos reales e imaginarios). Pero de lo que se trata es de iguales derechos (ciudadanos libres e iguales: democracia).

¿Cómo empezar a estudiar esto?: interacciones jerárquicas en la vida cotidiana. ¿Cómo explicarlas?

1. La tesis del “racismo colonial” (Flores Galindo y Manrique): el racismo peruano tiene una “larga duración”. La idea es que con la independencia no cambiaron sustantivamente la estructuras de dominación colonial (elites criollas y gamonalismo).

Las transformaciones sociales se habrían empezado a dar hace varias décadas (desde Velasco), pero las mentalidades no habrían todavía cambiado.

2. La tesis del racismo como una construcción moderna (Oliart y Méndez): en el siglo XIX se reformula el discurso sobre las razas con discursos europeos (“racismo científico” y teorías darwinistas).

3. La tesis del racismo como un arcaísmo (Tanaka): en los últimos cuarenta años se ha dado una democratización social que hecho que las desigualdades ahora sean predominantemente socioeconómicas y no raciales. Esto no quiere decir que no siga sucediendo, pero sucede mucho menos que antes. La idea es desarrollar instituciones y normas que impidan que este tipo de prácticas regresen o se fortalezcan.

4. La tesis del racismo poscolonial: el racismo es una construcción contemporánea para impedir la democratización.

Lo importante de esta discusión, que involucra muchos más autores y trabajos, es que pensar la tensión que existe a la hora de pensar la “continuidad” y la “ruptura” con respecto a la desigualdad, la etnia y la cultura en nuestro país.

El punto es que dicho problema sigue presente y es de vital importancia en nuestro país.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003) destaca en sus conclusiones que el 75% de las víctimas fatales del conflicto armado interno tenían el quechua u otras lenguas nativas como idioma materna. Los peruanos que comparten estos rasgos, de acuerdo al censo nacional de 1996, son solamente el 16% del total.

El racismo y la discriminación estuvieron también presentes en las prácticas violentas de los actores involucrados (violencia física y simbólica). Recordemos como Thorp y Paredes señalaban el desplazamiento de “indígena” a “sospechoso de terrorismo”.

Ahora bien, el otro elemento fundamental que se asocia a la etnia, además de la cultura (“modernización”), es el espacio, el territorio, la geografía. El “indio” es el que vive en el campo, en el mundo rural (frente a la ciudad y lo urbano).

Los Andes como el lugar “natural” del “indio”. De ahí busca inferirse, muchas veces, cualidades que son fruto del ambiente (una especie de “determinismo geográfico”): aislamiento, tristeza, vacío, tenacidad, dureza, silencio, inmovilidad.

Algunos han asociado la idea de los Andes como una dificultad y un obstáculo, proyectando esto hacia los indígenas: los indígenas como un obstáculo para el desarrollo del país.

Es frente a este tipo de discursos que los procesos migratorios resultan tan interesantes y relevantes para el país. Son estos procesos los que transforman de manera sustantiva el país y las imágenes y estereotipos de las etnias.

Aquí se supera la exclusión étnico-racial, pero en el ámbito económico. Estos desarrollos y transformaciones han sucedido sin virtualmente presencia o apoyo del Estado. No han habido políticas públicas para ofrecer condiciones favorables al desarrollo de emprendimientos familiares e individuales de migrantes (créditos, asesorías, fomentos a la exportación, protección frente a las importaciones, etc.).

La tesis de Ames, frente a las diversas posiciones, es que debemos trascender las dicotomías (racismo/ no racismo) y la rigidez de los análisis (una herencia colonial insalvable). Hay que buscar las formas y mecanismos a través de los cuáles el factor étnico racial se expresa, re-crea y actualiza. Así podremos comprender nuestra compleja y contradictoria situación contemporánea: procesos de democratización social que coexisten con situaciones de discriminación y exclusión).

Lo que sí no se puede negar es que existe una disputa desigual en nuestro país: una disputa desigual por los recursos materiales y simbólicos. No todas las partes pueden hacer valer por igual sus derechos, reclamar que se cumpla la ley o poder defender sus intereses de manera exitosa.

§ 2. Reconocimiento y políticas de la identidad.

Antes la clase social solía ser el eje principal de análisis. Hoy ha perdido esa debilidad, debido a que las luchas y demandas no solamente buscan redistribución o bienes materiales. Ahora también resulta importante el reconocimiento. De ahí que se hable de políticas de la identidad.

Ya no son solamente demandas económicas o sociales. Ahora hay muchas más demandas por género, raza, etnicidad, religión, orientación sexual, pertenencia a un territorio (regionalismo).

En general, podemos decir que ha cobrado mucha importancia la identidad y que se ha ido dando una progresiva politización de la cultura.

Se ha ido pasando del universalismo economicista de la lucha de clases (¡Proletarios del mundo, uníos!) hacia el particularismo de las reivindicaciones culturales.

Pero… las identidades podrían ser elegidas y “esencializadas” por cuestiones netamente tácticas (los campesinos podrían tratar de convertirse en “pueblos indígenas”).

Críticas de Hobsbawn: (1) las identidades colectivas se definen negativamente, antagónicamente (“nosotros” y “ellos”); (2) los seres humanos tienen múltiples identidades y la política de la identidad asume que hay una que es la “verdadera”; (3) solamente tratan de sí mismos y para sí mismos.

Riesgos: “cultura nacional”, xenofobia, “limpiezas étnicas”.

Pero existe la posibilidad ideal de la interculturalidad, de una política del reconocimiento que sea democrática y de una ciudadanía multicultural (Charles Taylor y Will Kymlicka).

En el Perú esta discusión es más académica y no suele tener una repercusión en políticas estatales.

Tubino ha señalado que en Perú no se trata en todos los casos de “minorías étnicas”. Aquí hay “pueblos” (sociedades con cultura propia, un territorio propio y un proyecto histórico compartido). Los pueblos tienen derecho a la autodeterminación.

De las políticas de asimilación y mestizaje del Estado, se ha pasado a resaltar las diferencias (Estado pluricultural).

¿Por qué no hay movimientos indígenas en el Perú, como sí los hay en Ecuador y Bolivia?

Degregori: se debe a la historia latifundista que equiparó a “indio” con “siervo”, además de una política de “blanqueamiento cultural” por parte del Estado. Ahora nadie quiere ser indio. La influencia marxista, con su análisis clasista, también podría haber contribuido a evitar una especie de “conciencia indígena”.

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