Introducción a la desigualdad en el Perú

Lo siguiente son los audios y la guía de la cuarta sesión del curso Ética de la Gestión del cual soy profesor este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de Gestión y Alta Dirección. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

Advertencia: la idea de esta sesión era hacer una sesión general, panorámica e introductoria. De ahí que se haya visto, en líneas generales, la historia del Perú centrándose en la desigualdad, con el fin que los alumnos puedan ver ciertas continuidades y rupturas, a través de los procesos. De esta forma se puede prestar atención a la dimensión histórica (y estructural) que posee la desigualdad en nuestro país.

***

[Introducción]

La colonia introdujo nuevos y fuertes elementos de desigualdad durante tres siglos.

[¡Antes no había un “pasado idílico”!]

Se dividió a las poblaciones en dos: una “república de españoles” y una “república de indios”

La colonización también generó significativamente la disminución de la población indígena.

Evangelización agresiva (hoy: “violencia cultural”). Cultura de superioridad: los españoles eran superiores porque gobernaban (poder político), controlaban los recursos (poder económico) y porque estaban “más cerca” de Dios (poder ideológico).

Esto generó luego la escasez de mano de obra indígena. Y esto era esencial, sobre todo, para la extracción de la plata.

Se buscó reubicar a  poblaciones indígenas dispersas para generar esa mano de obra “barata”. El resultado de esto fue la conformación de “reducciones” (con una autoridad indígena encargada de pagar la mano de obra y el tributo – Caciques).

No se pudo mantener la separación: aparecieron los mestizos y se dieron múltiples vínculos comerciales y culturales entre los grupos étnicos.

Se dieron varias revueltas indígenas contra el orden colonial, pero era locales (fragmentación). Pero cuando las presiones también cayeron sobre los mestizos y criollos, se genero una alianza mucho más grande (Rebelión de Tupac Amaru II).

Consecuencias de todo esto: desigualdades políticas, económicas y sociales. Prejuicios, trabajo forzado, fiscalidad, destrucción del liderazgo de los pueblos indígenas (y de sus élites)

Independencia: la liberación vino del exterior (San Martín y Bolviar).

Los indígenas peleaban en ambos ejércitos.

[1821-1895]

Los primeros años de la república fueron inestables, sin “proyecto”. Entre 1826 y 1854 hubo quince presidentes, todos ellos militares.

La independencia no modificó de manera esencial las reglas sobre la propiedad de los recursos: tierras, minas, concesiones comerciales. Lo que cambió fue quién “controlaba el botín”.

Lo que sí se produjo fue una reducción en la fiscalidad. Esto alivió a los indígenas, pero dejó al Estado sin recursos.

1839: Lima deviene la nueva capital (ya no Cuzco).

Este es un giro importante porque hasta ese entonces la Sierra había sido la “fortaleza” y el “eje” del país (mano de obra, recursos, textiles).

[Previamente Potosí había pasado a la administración del virrey de Buenos Aires en 1997]

[Cuando se vio que era necesario el tributo indígena para la manutención del Estado, se optó por reponerla con el nombre de “contribución indígena”]

Luego aparece el primer gran auge exportador: el guano (excremento de aves acumulado en islas costeñas). Y esto apenas necesitaba de la Sierra. Se explotó a los culíes chinos.

Las rentas se usaron para consolidar el poder de la capital.

[Se abolió la “contribución indígena”]

En la Sierra las relaciones tradicionales no fueron transformadas de manera sustantiva. Los mediadores que reemplazaron a la élite indígena fueron los “gamonales”. Ellos controlaban las oportunidades de los indígenas: acceso a tierras, educación, toma de decisiones, movilización colectiva. Las relaciones eran básicamente de patronazgo, clientelismo, explotación y protección.

Las haciendas devinieron centros de poder económico, cultural, político y militar.

Se trató de una monopolización del acceso al poder y a las oportunidades, a través de una red de obligaciones y posibilidades. Esto configuró una determinada cultura y actitudes en la población.

Cuando el guano colapsa (bienes sustitutos), se volvió a imponer la “contribución indígena” (1866) y esto generó resistencias que fueron controladas con represión.

Pero como, entre otras cosas, se habían construido ferrocarriles con créditos basados en las futuras ganancias del guano, la deuda pública pasó a ser un grave problema.

1879-1883: Guerra con Chile: costosa derrota y ocupación chilena en la costa y en la sierra central.

Las élites culparon a los indígenas por la derrota (“chivo expiatorio”). Un ejemplo de esta visión se encuentra en Ricardo Palma.

Una propuesta que gozó de popularidad fue la promoción de inmigración europea. La otra (por la inviabilidad de la primera) fue pensar que los indígenas podrían ser educados y civilizados.

Aún así, continuo en la práctica un patrón de crecimiento que no tenía necesidad de modernizar la sierra (¡mucho menos la selva!).

En 1895 se da una ley electoral que limitó el sufragio a los que sabían leer y escribir. La población alfabeta era básicamente costeña. Se redujo aún más la posibilidad conformar una élite política.

El Estado no tuvo planes desarrollistas. Fue en todo caso centralista (y esto también se explica, en parte, debido a que la gran mayoría de electores residía ahí).

En la medida en que pudieron sucederse posibilidades para exportar (modelo primario-exportador), no habían incentivos para cosas como buscar el crecimiento del mercado interno o la industrialización.

A lo largo de las décadas de la primera mitad del siglo XX, las políticas comerciales terminaron perjudicando a la sierra (a la agricultura y a la producción alimentaria).

De las 800 fortunas más grandes dejadas (por fallecimiento) entre 1916 y 1969, solamente el 12% eran de nacidos de la sierra (ninguna de la selva).

En 1940, el censo decía que había un 53% de blancos y un 46% de indios. Los indios vivían en comunidades rurales. Los mestizos en urbes grandes y en pueblos periféricos. Los blancos vivían en las principales ciudades, sobre todo en Lima. La emigración transformó esto.

Las políticas sociales y de bienestar funcionaban para un sector formal muy reducido que no pudo ampliarse a la velocidad con que crecían el sector urbano informal (sector que iba siendo integrado por campesinos indígenas). De la exclusión rural, se pasó a la exclusión urbana.

Ya en los 60s, la palabra mestizo no era “racial”, sino “cultural”: modernización (ciudadanía, progreso, español, educación, urbanización).

Ideal: asumir las tecnologías, costumbres y modos de vida modernos (de los blancos-mestizos), pero rindiendo tributo a su pasado, glorificando el pasado indígena. Lo aborigen se transforma en producto cultural: museos, folclore, turismo.

Ahora, en la sierra central y en la costa, los procesos económicos (algodón, azúcar, minería) sí generaron transformaciones importantes  en lo que a formas de producción y relaciones sociales se refiere. Se dieron relaciones salariales, sindicalización, politización y eventual movilización.

En la sierra sur se mantuvo el sistema tradicional (“gamonalismo”) que fue debilitándose progresivamente (problemas económicos y falta de respaldo político). De ahí que surgiesen oleadas de movilizaciones campesinas a lo largo de la mitad del siglo XX (tomas de tierra, un centenar de invasiones).

Las propuestas que se perseguían para hacer una reforma agraria y transformar estas relaciones económico-sociales tradicioanles fueon sucesivamente bloqueadas por el APRA (¡el partido del pueblo respaldó a las élites terratenientes y a los odrístas que antes había combatido!).

Esto iba de la mano con una crisis económica que contribuía a la imagen de que la oligarquía “había fracasado”.

1968: Golpe de Velasco Alvarado. La idea era realizar una reforma agraria seria para evitar mayores levantamientos y una eventual revolución. Esta reforma, iniciada en 1969, fue radical y marcó el fin del sistema de haciendas.

Hubo nacionalización y expropiación, pero poca redistribución de tierra entre los campesinos. En 1974 apenas el 9% de las tierras fue repartido entre las comunidades campesinas indígenas. El campesino empezó a percibir que lo que se estaba conformando era una “nueva hacienda”, una “hacienda estatal”. A pesar del radicalismo, fue un fracaso este intento de transformar y modernizar la sociedad en el campo.

Hacia 1980 se regresa a la democracia. Pero aquí también se inicia otro proceso: la violencia política (Sendero Luminoso), que surgió en Ayacucho, la región más indígena y desigual del Perú.

Sendero Luminoso no se fijó en los campesinos. Busco cooptar sobre todo a los jóvenes indígenas que emigraban a la ciudad en busca de educación en busca de educación y algo mejor que la vida rural de sus padres.

Llegó a controlar los comedores, las residencias universitarias, el transporte. Con esto se obtenía el respaldo de los estudiantes, sobre todo de los estudiantes más pobres.

Al comienzo, el Estado no le dio mayor importancia o atención. Luego, durante el primer gobierno de Belaunde, se mandó a las Fuerzas Armadas sin la inteligencia adecuada, generándose abusos hacia la población indígena, por parte de ambos bandos (en la práctica, los campesinos eran tratados como seres inferiores, incluso como “carne de cañón”). En zonas urbanas los migrantes empezaron a ser equiparados, prácticamente, a ser “sospechosos de terrorismo”.

Este proceso iba de la mano de una grave crisis económica (crisis de la deuda y luego ¡hiperinflación!) y de un desastre: El Niño, que produjo inundaciones en el norte y sequías en el sur, además de narcotráfico (a fines de los 80 la cocaína era la más grande exportación del país).

1980-1985: El primer gobierno de Belaunde: crisis de la deuda externa, fenómeno de El Niño, producción de droga, insurgencia de grupos armados y violación a los derechos humanos.

Se generó declive económico, descapitalización del empresariado, empobrecimiento, pesimismo, desafección. Aumentó la informalidad.

1985-1990: El primer gobierno de García: rechazo a las exigencias de los organismos financieros internacionales, posiciones nacionalistas, políticas “heterodoxas”, aumento del gasto público, corrupción y violaciones a los derechos humanos. Gran inflación, crisis económica e intento fallido de estatizar la banca. Aumento de los conflictos sociales.

Descrédito de la política y de los partidos, grupos insurgentes y narcotráfico.

1990-2000: crisis orgánica del sistema social y político. Rechazo al orden institucional, partidos, dirigentes. Incapacidad de la clase política. Aparecen los outsiders (sale elegido Fujimori) con discursos antipolíticos.

[“Outsider”: respaldo debido a que carece de partido y a que posee una etnicidad nipona (“marginal”)]

En contra de las ideologías, la “partidocracia”, las instituciones democráticas. Se aboga por el manejo técnico y pragmático de la gestión pública.

Fujimori usa esto, contando con el apoyo de los poderes fácticos nacionales e internacionales para dar el autogolpe de 1992. Hay apoyo popular a sus medidas.

Privatización, liberación, atracción de capitales extranjeros, reducción de aranceles.

Se logra disminuir a la inflación y desmantelar a los grupos insurgentes. Se despliegan políticas asistencialistas y redes clientelares (patronazgo, desde el Ministerio de la Presidencia, FONCODES y PRONAA).

Se genera la SUNAT y la SUNAD. La recaudación tributaria subió del 4.9 % del PBI al 13.4% en el período 1990-1995.

Se avanzó en infraestructura rural: carreteras, escuelas, clínicas, electrificación, planes de irrigación de pequeña escala.

[1994-1997: auge del oro. Las comunidades denunciaban que la minería se apropiaba de sus tierras. Fines de los 90s: aproximadamente cuarenta conflictos sociales en torno a la minería. Cuestiones medioambientales también: agua, alimentos, etc. Esto afectaba básicamente a la población indígena]

Casos de corrupción sistemática y violaciones a los derechos humanos.

Se adoptan políticas neoliberales y se aplican mecanismos ilegales para controlar a la población y reprimir a la oposición.

Crisis asiática de fin de siglo y destape de la corrupción: aumento de la oposición democrática (nacional e internacional).

2001: Transición democrática de Paniagua.

2001-2006: Gobierno de Toledo: tuvo que afrontar la recesión económica y la corrupción. No había organización, ni apoyo para reformar las instituciones estatales.

Siguió primando una visión tecnocrática.

El Acuerdo Nacional, la descentralización de la administración pública y los programas de alivio a la pobreza no pudieron disminuir las crecientes protestas regionales y sectoriales. Consecuencia: elevados índices de desaprobación.

2006-2011: surge de nuevo un outsider: Ollanta Humala. Rechazaba el sistema y proponía un programa nacionalista. Contó con apoyo de la sierra y selva (donde el abandono del Estado ha sido histórico).

Esta amenaza generó interés por las desigualdades sociales, étnicas y regionales. Los empresarios empiezan a pensar en “inclusión”.

Se elige a García como “mal menor”. Salió elegido y abandonó sus promesas de “cambio responsable”. Tuvo una posición tecnocrática y neoliberal.

Mantuvo la política económica, promoviendo las inversiones destinadas a la explotación de los recursos naturales y de grandes obras. Sin embargo, no se preocupaba de las consecuencias sociales.

Insólito crecimiento económico con baja inflación y mayores ingresos fiscales.

2001-2010: el país creció 32% con Toledo y 40% con García.

El PBI creció 7.2% por año.

El empleo formal se incrementó en 39.9% y el informal en 18.2%.

La pobreza se redujo de 49% a 31% y la extrema pobreza paso del 17% al 12%.

La tasa de ingreso en zonas urbanas creció 25% y 32% en zonas rurales.

García fue adquiriendo cada vez más el apoyo de empresarios, autoridades eclesiásticas, medios de comunicación, expertos internacionales, agendas calificadoras de riesgo.

Se piensa que el Perú es un “modelo de éxito”.

Hay éxito, pero siguen las críticas al “modelo”: el crecimiento económico y las mejoras en los ingresos familiares no han acortado las brechas sociales, regionales y entre las zonas urbanas y rurales.

Ha habido un creciente malestar social expresado en conflictos y protestas sociales que ninguno de los dos gobiernos ha podido resolver de manera satisfactoria.

Zonas urbanas: demandas salariales y mejores condiciones laborales.

Zonas rurales y regionales: conflictos ambientales entre ciudadanos, empresas extractivas y gobierno. Como son locales, el gobierno suele ignorarlos, a menos que pongan en peligro a la inversión. En unos casos a cedido a las demandas sociales; en otros, ha usado represión, generando muertos y heridos.

El discurso oficial aquí ha sido lo que García llamó “El síndrome del perro del hortelano”.

El abandono del Estado, la distribución desigual y regional de los beneficios económicos hacen comprensible el hecho de que en medio esta bonanza económica, el Perú tenga altos índices de desaprobación de las autoridades, de los poderes públicos y de la democracia, de desconfianza, inseguridad y pesimismo frente al futuro.

Frente a esto, los críticos del “modelo” sostienen que agudiza la desigualdad y reduce muy lentamente la pobreza. La idea es mantener los equilibrios macroeconómicos, la inversión privada, la legalidad democrática, al mismo tiempo que se promuevan políticas redistributivas del Estado.

Los defensores del “modelo” sostienen que las políticas económicas actuales reducen la pobreza y facilitan la movilidad social, incorporando a más ciudadanos al mercado.

2011: Ollanta Humala obtiene 31% en las elecciones con propuestas radicales. Keiko Fujimori obtiene 23% reivindicando al gobierno autoritario de su padre. Los extremos congregaban al 55% del electorado.

Para ganar, Humala ofreció moderar su discurso y hablar de “crecimiento con inclusión social”. Queda ahora pendiente ver si podrá cumplir significativamente esa propuesta.

***

La bibliografía básica usada para esta sesión histórica fue: Thorp, Rosemary y Maritza Paredes, La etnicidad y la persistencia de la desigualdad. El caso peruano, Lima: IEP, 2011; y Cotler, Julio, “Introducción”, en: Cotler, Julio y Ricardo Cuenca (eds.), Las desigualdades en el Perú: Balances críticos, Lima: IEP, 2011.


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