El Estado absolutista

Lo siguiente es el audio y la guía de la tercera sesión de prácticas del curso de Teoría del Estado del cual soy asistente este semestre. La tercera sesión tuvo por eje la discusión de una selección de textos de El Estado absolutista de Perry Anderson. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

***

[Introducción]

Las crisis económicas y sociales que se dieron en Europa (siglos XIV y XV) tuvieron como resultado político al Estado absolutista.

[Ejemplos: Luis XI en Francia, Fernando e Isabel en España, Enrique VIII en Inglaterra, Maximiliano en Austria]

Se rompió con la sociedad medieval, con el sistema de feudos y con la fragmentación que era correlativa. Lo que se dio fue proceso de centralización.

[Las teorizaciones de Marx y Engels eran insuficientes para dar cuenta de este tipo de Estado]

“Las monarquías absolutas introdujeron unos ejércitos y una burocracia permanentes, un sistema nacional de impuestos, un derecho unificado y los comienzos de un mercado unificado” (pág. 11).

Pero estos cambios que rechazaban la servidumbre tradicional no abolieron las relaciones feudales que sí se seguían dando en el campo.

Esto requería de la transformación de las condiciones sociales del trabajo. Existían todavía grandes terratenientes (coerción privada extra-económica, dependencia personal, combinación del productor inmediato con los instrumentos de producción, etc).

En esta modernidad temprana, la clase que era económica y políticamente dominante era la misma: la aristocracia feudal.

El absolutismo fue un aparato reorganizado y potenciado de dominación feudal. Se buscaba mantener a las masas campesinas en su posición social tradicional. Era el “caparazón político de una nobleza amenaza”.

Feudalismo: unidad orgánica de economía y política distribuida en una cadena de soberanías fragmentadas. Servidumbre, explotación económica y coerción político-legal. Los señores prestaban homenaje y servicios de caballería a uno supremo, señor que era el que reclamaba el dominio último de la tierra.

Las progresivas transformaciones económicas y sociales generaron el surgimiento de una nueva clase social que era antagónica en sus intereses a la aristocracia tradicional: la burguesía mercantil.

Esta burguesía, gracias a avances técnicos y comerciales, estaba desarrollando las manufacturas pre-industriales en un volumen considerable.

Se utilizaron avances tecnológicos urbanos como factores de producción.

Seiger para separar la plata del mineral de cobre (nuevo flujo de metales en la economía internacional).

Cañones de bronce (la pólvora devino en el arma de guerra decisiva).

Tipos móviles (imprenta).

Galeones de tres mástiles y con timón a popa (los océanos devinieron navegables para las conquistas ultramarinas).

Además, se da un resurgimiento del derecho romano.

Esto favoreció el desarrollo del capital libre en la ciudad y en el campo. La razón: en el derecho civil romano existía la figura de una propiedad privada absoluta e incondicional. También es importante la tradición de equidad que le era propia, los cánones racionales de prueba y la idea de una judicatura profesional.

Los conceptos jurídicos se justificaron porque empezó a darse una producción e intercambio de mercancías con niveles semejantes o superiores a los de la Antigüedad.

La recepción del derecho romano en el Renacimiento era afín a la expansión de las relaciones capitalistas de las ciudades y del campo.

Pero también había razones políticas para esta adopción. Los gobiernos monárquicos habían incrementado sus poderes centrales.

El sistema legal romano tenía, además del derecho civil (ius) que regulaba transacciones económicas entre ciudadanos, el derecho público (lex) que regulaba las relaciones políticas entre el Estado y sus súbditos. Aquí resulta clave la idea de la soberanía imperial.

El auge de la propiedad privada “desde abajo” se vio equilibrado con el aumento de la autoridad pública “desde arriba”. El derecho romano pudo servir a los intereses de integración territorial y centralización administrativa.

Los burócratas-juristas fueron los defensores del centralismo real en los comienzos del Estado absolutista.

El principal efecto de la modernización jurídica fue el reforzamiento de la clase feudal tradicional.

De ahí que toda la modernización institucional del Estado absolutista padecía de un arcaísmo subterráneo.

Ejército: no era obligatorio. Los mercenarios seguían teniendo un papel constante y central (los suizos).

“Los ejércitos franceses, holandeses españoles, austriacos o ingleses incluían a suabos, albaneses, suizos, irlandeses, galeses, turcos, húngaros e italianos” (pág. 25).

Podían tener estos ejércitos “nacionales” hasta dos tercios de mercenarios extranjeros.

Esto se debía a que los nobles no querían armar en masa a sus propios campesinos.

Los Estados absolutistas, además, mantenían la lógica feudal de la guerra: era racional desarrollarla debido a que permitía aumentar la riqueza. La tierra solamente se puede re-dividir, pero no extender indefinidamente.

El primer impuesto de alcance nacional en Francia fue para financiar a las primeras unidades militares regulares de Europa.

A mediados del siglo XVI el 80% de las rentas de España se destinaban a gastos militares.

En las vísperas de 1789 dos tercios del gasto francés se dedicaban a las fuerzas militares.

Siglo XVI: solamente veinticinco años sin operaciones militares de largo alcance en Europa.

Siglo XVII: solamente siete años sin grandes guerras entre Estados.

Burocracia: era una propiedad vendible a individuos privados. Se podía, así, adquirir cargos.

El Estado pudo obtener así rentas de la nobleza y de la burguesía mercantil.

Impuestos.

También se gravaron impuestos para los pobres. Esto generó muchas veces revueltas campesinas.

La clase señorial no tenía que pagar impuestos directos. Todo recaía en los pobres.

Comercio.

El mercantilismo alentaba exportar bienes y prohibía exportar metales preciosos y moneda. Buscaba generar un mercado interno unificado para esta producción de mercancías.

El Estado intervenía en la economía. Esto se oponía a la tesis del laissez faire. Era una teoría belicista que hacía hincapié en la necesidad y rentabilidad de la guerra.

Modelo de suma cero en economía: proteccionismo.

Diplomacia.

Modelo de suma cero en política: belicismo.

Política exterior de conquista.

El sistema interestatal que surgió con estas unidades políticas generó la posibilidad de la diplomacia.

Pero más que sentimientos “nacionalistas”, la lealtad estaba en la dinastía y no en la tierra, propiamente.

El Estado era patrimonio del monarca.

El mecanismo supremo de la diplomacia era el matrimonio: unión que contribuía al engrandecimiento y a la expansión de los Estados.

También podía generar conflictos y guerras de sucesión.

“La aparente paradoja del absolutismo  en Occidente fue que representaba fundamentalmente un aparato para la protección de la propiedad y los privilegios aristocráticos, pero que, al mismo tiempo, los medios por los que se realizaba esta protección podían asegurar simultáneamente los intereses básicos de las nacientes clase mercantil y manufacturera” (pág. 35).

Realizó algunas funciones parciales en la acumulación originaria necesaria para el triunfo final del modo de producción capitalista.

Este capitalismo no industrial (capital mercantil y manufacturero) podía generarse en los límites de este marco feudal reorganizado.

“La centralización económica, el proteccionismo y la expansión ultramarina engrandecieron al último Estado feudal a la vez que beneficiaban a la primera burguesía. Incrementaron los ingresos fiscales del primero al proporcionar oportunidades de negocio a la segunda” (pág. 36).

“La dominación del Estado absolutista fue la dominación de la nobleza feudal en la época de la transición al capitalismo. Su fin señalaría la crisis del poder de esa clase: la llegada de las revoluciones burguesas y la aparición del Estado capitalista” (pág. 37).


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