Proletarización académica

Adjunct, contingent faculty members now make up over 1 million of the 1.5 million people teaching in American colleges and universities. Many of them are working at or under the poverty line, without health insurance; they have no academic freedom worthy of the name, because they can be fired at will; and, when fired, many remain ineligible for unemployment benefits, because institutions routinely invoke the “reasonable assurance of continued employment” clause in federal unemployment law even for faculty members on yearly contracts who have no reasonable assurance of anything. What would it take to put these faculty members on the national radar? What would it take to make their working conditions a major issue for the higher education establishment — not only AAC&U but also, and most important, accrediting agencies? Would a national summit in Washington do the trick, perhaps?

-Michael Bérubé

Si la situación sigue así, prefiero estar seis pies bajo tierra mejor que continuar vegetando de esta manera. Ser continuamente un genio para los otros y, más aun, estar constantemente atormentado por las más mezquinas miserias, a largo plazo es insostenible

-Marx a Engels, 1857

A Žižek suele gustarle concebir el concepto marxista de “proletariado” de la manera en la que Marx lo define “hegelianamente” en algún lugar de los Grundrisse: “sujeto sin substancia”. Al margen de si las categorías hegelianas están siendo usadas “correctamente”, hay algo interesante que se relaciona bastante con cómo Marx aborda la relación social que vincula al capitalista con el proletario. Me refiero al hecho de que el proletario tiene que vender su fuerza de trabajo (su capacidad de trabajar), debido a que no cuenta con medios de producción para proveerse de medios de subsistencia y, así, poder satisfacer sus necesidades (necesidades que, en buena medida, están histórico-socialmente determinadas).

¿No podríamos pensar en coordenadas análogas, acaso, la condición del académico, hasta cierto punto? Que no se me malentienda. No estoy equiparando ambas cosas (no quiero entrar por ahora en el campo de batalla bizantino donde se discute la relación y diferencia entre el trabajo manual e intelectual). Tampoco estoy pensando en tendencias o “leyes de la historia” para con los académico. Nada de eso. Tampoco me refiero a que las condiciones de vida de los académicos sean de las más paupérrimas, ni mucho menos (no se trata de una similitud material o empírica a ese nivel). Pero sí creo que hay algo en la “estructura formal” de la relación social y productiva que mantiene el capitalista y el proletariado, tal y como lo describe Marx en el primer tomo de El Capital. Es en este sentido que sí me parece que puede hablarse de una “proletarización académica”.

La similitud se posibilita cuando los académicos (a) no son dueños de sus “medios de producción”, ni (b) tampoco tienen garantizados sus “medios de subsistencia”. En la medida en que los académicos no tengan rentas, empresas o vivan del capital o la tierra, tendrán que vivir de su trabajo. Y para ello deben vender “libremente” su fuerza de trabajo en el mercado laboral (me refiero al momento histórico donde los académicos devienen asalariados). Obviamente no se trata de fábricas, pero sí de algo análogamente similar (si le creemos a Ken Robinson): me refiero a las universidades. El gran centro de producción académico sigue siendo la Universidad. Y a ella ingresan los académicos a trabajar, aceptando vender su fuerza de trabajo. Ahora, aquí surgen dos preguntas (1) ¿qué producen? y (2) ¿qué medios de producción necesitan, si se dice que no son dueños de ellos?

En torno a (1) puede decirse que el académico mantiene una relación contractual y salarial por una determinada jornada de trabajo. ¿Qué implica ésta? Básicamente dictar cursos. Se le paga por las horas que dicta. Pero no se le paga por las horas que toma preparar su clase, corregir exámenes, brindar alguna asesoría o algo adicional. Se asume que la hora remunerada es suficiente. Al mismo tiempo, los académicos que no son nombrados no cuentan con derechos laborales como vacaciones o gratificaciones demás beneficios. Reciben ocho sueldos al año y están con la incertidumbre de lo que pueda suceder (más o menos cursos, sea en esa universidad o en otra). Uno puede dictar la mayor cantidad de horas posible, pero lo más probable es que ello implique cursos que a uno no le interesan mucho, además de incentivar un trabajo mucho más mecánico y menos reflexivo por parte del docente (piensen cuántas personas producen cosas relevantes con cargas lectivas extremadamente severas de cursos no muy estimulantes). Además, sobre todo en humanidades y sociales, existe un “ejército de reserva universitario” tan grande (léase, personas que trabajarían lo mismo por esa cantidad o menos) que no hay mucha maniobra de negociación. Sin embargo, y aquí viene lo más extremo del asunto, hay otras cosas que el académico produce, pero por las que no recibe remuneración en lo absoluto: libros, artículos para revistas especializadas o compilaciones de artículos, ponencias y conferencias en congresos especializados, reseñas y presentaciones de libros, etc. Imaginen el tiempo que toma todo eso y por lo que no se recibe ningún tipo de salario (salvo por alguna beca, financiamiento  o concurso excepcional). No quiero con esto decir que pueda ser de otra manera fácilmente, sé que el tema es complejo. Solamente señalo que para el caso particular de cada persona, ello resulta perceptible de esa manera trágica.

Sobre (2) lo que debe desterrarse es la idea naive e ideológica de que los académicos, sobre todo los humanistas y científicos sociales, no requieren de “medios de producción” (o de algo análogo). Esto siempre termina en una remisión al mundo clásico donde se enfatiza el hecho de que uno puede filosofar “aprisionado” o “encarcelado” (¡Y de hecho Gramsci fue un ejemplo vivo de eso el siglo pasado!).  Sin embargo, es necesario prestar atención a las condiciones materiales para la producción académica. Y acá es necesario mencionar varias cosas: libros, fuentes bibliográficas y académicas especializadas (estos insumos suelen ser las más de las veces comprados también por ellos mismos, a partir del sueldo que reciben por lo dicho en el punto 1), medios para poder escribir: el medio escrito e impreso sigue siendo hegemónico en este rubro (y esto va desde computadoras hasta papel y lápiz). Asimismo, espacios de discusión e interacción con otros académicos (y esto puede ir desde oficinas hasta auditorios). Los académicos sí necesitan de esas cosas para aumentar sus posibilidades para producir algo relevante en el mundo académico.

Mientras los académicos dependan de la universidad, análogamente a los proletarios, que necesitan de las fábricas para producir, la relación será salarial y buscará lucrar con, y a costa de, ellos. La preguntas que surgen son:  ¿qué cosa lucran? ¿por qué lo establecido por (1) es relevante? ¿esto genera capital? Habría que analizar eso con mucho más detalle, pero en el caso de las universidades privadas, así éstas no tengan  fines de lucro, esto es mucho más claro por el hecho de que existen compradores/ consumidores: los alumnos que pagan por un servicio. La universidad para proveer ese servicio, esa mercancía (“educación superior” o “profesional”) requiere de muchos insumos. Pero uno determinante es el personal docente (¡por el momento!). No sé si sean ellos los que únicamente, o los que de manera determinante, generen “el capital” de la universidad. Sin embargo, lo cierto es que son muy relevantes para que ésta funcione y haga lo debe hacer. El otro tema es que la dependencia implica otro nivel que va más allá de este marco: el académico depende de la universidad no solamente por sus medios de subsistencia materiales. También requiere medios de subsistencia “simbólicos” para el ámbito académico, léase prestigio y bienes de ese tipo. Y este tipo de capital es el que suele poseer la universidad. Con esto no se quiere desmerecer la investigación efectiva y los mértitos intelectuales. Lo que se quiere es insistir en que también existen relaciones de poder, relaciones políticas, sociales y económicas que atraviesan a la institución permanentemente. Las pregunta concretas son: ¿qué tipo de reformas institucionales deberían hacerse al interior de la institución académica?; ¿Qué tipo de espacios extra-universitarios pueden institucionalizarse que puedan suplir (o resolver), en la medida de lo posible, esta situación?

***

Pueden revisarse los siguientes enlaces sobre este fenómeno, en relación también a otros más, pero en países del primer mundo:

“Precarity everywhere” de Nick Srnicek

“Among the Majority” de Michael Bérubé

(Volver a Filosofía, academia y nuevas tecnologías)


10 responses to “Proletarización académica

  • jorgejhms

    Desde mi punto de vista (y otros marxistas como Carlín lo sostendrían) tecnicamente son proletarios. Finalmente, la definición más simple de proletario es “toda aquella persona que vende su fuerza de trabajo dado que no posee medios de producción” y, tal como expones, los académicos calzan dentro de esa definición.

    El problema, creo yo, es que los académicos se encuentran dentro del ruburo de “servicios”. En otras palabras, no participan de una industria que produza mercancías a ser intercambiadas en un mercado, sino, productos intangibles e inmateriales. El dictado de una clase, es algo que se ejecuta en un momento y espacio determinado y no puede ser reproducido en las mismas condiciones (eventualmente se podría grabar, pero no sería lo mismo ya que perdería la posibilidad de interacción, q es valiosa en si misma). Otros productos como artículos y publicaciones, enfrentan el problema de que, al ser una sociedad informacional (en los terminos que plantea Castells), dichos productos son conocimiento puro. Y desde mi punto de vista, al existir la internet, dejan de ser mercancias, al ser potencialmente infinitas y no poder ser intercambiadas (en un mundo inmaterial o virtual no existe escasez, algo puede ser copiado sin mayor costo medible. Al no existir escasez, no existe intercambio de mercancías. Y si no existe intercambio -mercado- no hay capitalismo en dicho espacio). Eso deriva a que las ganancias obtenidas por dichos productos no pueden ser muchas, a menos que se limite su distribución, lo cual es opuesto a la idea de una publicación científica.

    Entonces, es un tipo de proletario en una situación particular, agravada por el hecho del cambio de modelo de desarrollo (Castells) que estamos transcurriendo en estos momentos. Así que podríamos decir….

    académicos del mundo, uniós!

    • Erich Luna

      Hola Jorge

      Muchas gracias por tu comentario.

      1. Concuerdo que bajo la definición “minimalista” o “formal” (vender la fuerza de trabajo por no contar con medios de subsistencia) los académicos serían, de alguna manera, proletarios.

      2. Concuerdo con que producen, en buena medida, servicios.

      3. Concuerdo con que la producción de conocimiento en sus múltiples manifestaciones mediáticas, sean grabaciones, videos, textos o lo que fuese, puede ser digitalizada y compartida con muy bajo costo.

      Ahora bien, 3 me parece que suele ser el objetivo principal del académico, léase producir conocimiento. Y esto puede hacerse desde estas nuevas plataformas. Traen una serie de ventajas, que creo implican un mayor control de los medios de producción, pero implican una pérdida de cierto prestigio o capital simbólico que la universidad posee. Habría que ver como remediar eso.

      Para poder hacer 3 se requiere de medios de subsistencia y esto se puede hacer a través de un trabajo en la universidad, o de un trabajo no académico que provea de condiciones materiales para poder producir conocimiento. El punto en cuestión es si la universidad puede seguir siendo ese espacio, debido al crecimiento del número de académicos que no pueden ser incorporados al sistema institucional con todos los derechos. Para esta gran mayoría (lo “no nombrados”) parecería que es mucho mejor trabajar en otro lugar y producir en momentos de ocio.

      En el corto plazo parece que hay dos opciones: organizarse y buscar mejorar sus condiciones laborales, algo bastante difícil (tanto en universidades públicas, como en universidades privadas) o trabajar fuera de la universidad. Esto no es algo tan claro o seguro, pero quizá abre más posibilidades.

      De todas formas, esta salida “reformista” no impide la proletarización, solamente la hace más “aceptable” para académico🙂

      Saludos y sigue participando,
      Daniel

  • Javier Urbina

    Me ha gustado mucho tu texto Daniel y me motiva a compartir algunas ideas.

    1. Las universidades (las privadas, no las públicas, las cuales son una situación algo diferente) son un negocio. Como tal, sus servicios responden a los intereses lucrativos de sus accionistas y a las expectativas de sus clientes (los alumnos y sus papás que pagan). Eso está bien, es normal que así sea.

    2. ¿Qué produce el docente?, te preguntas. Básicamente dictar cursos y producir material bibliográfico-académico, te respondes. Además, haces un largo tránsito sobre cuánto gana, deja de ganar o le gustaría ganar, lo cual me parece un despliegue fantasmático antes que una respuesta a tu pregunta. De todos modos, pienso que ninguna de tus repuestas responde a tu pregunta. Creo que el intelectual (de cualquier rama) es tal porque produce CONOCIMIENTO CRÍTICO. Si lo hace dentro a fuera de la universidad, dentro o fuera del aula de clases, es lo que lo hace docente o no, en el sentido estricto de la palabra.

    3. Me interesa sesgar mi comentario por el lado del intelectual (siguiendo también tu post anterior). El intelectual puede “vender” su fuerza de trabajo en la universidad y enseñar lo que de la gana: historia, marketing, creatividad o política. Pero no creo que de eso se desprenda exactamente una alienación y un alineamiento con la universidad y su lógica empresarial. Uno necesita un sueldo para vivir, eso es real. Necesita trabajar y la universidad le otorga un valor al saber del intelectual, lo vuelve docente.

    4. Mi idea final parte de preguntarse: ¿qué hace el intelectual con su conocimiento crítico? Puede no hacer nada y, caballero nomás, se dedica a enseñar alineando su pensamiento a la lógica universitaria. O quizá hace de su conocimiento crítico una herramienta para intervenir en otros espacios laborales y además enseña en la universidad. O también puede generar espacios alternativos a la academia oficial y emancipar su pensamiento de lógicas empresariales y precauciones políticas.

    5. Pienso que la figura de proletarizar al docente es excelente porque evidencia su sometimiento a la lógica universitaria, no sólo económicamente sino a nivel de su pensamiento crítico. Creo que no está mal que los intelectuales trabajen en la universidad, pero también pienso que con la clase de sistema educativo empresarial que tenemos es imperativo que aquellos docentes con un pensamiento crítico real generen espacios alternativos de pensamiento, donde las ideas se emancipen de las lógicas empresariales y sean escuchadas por aquellos que en realidad se interesan por pensar de otra manera.

    • Erich Luna

      Hola Javier

      Gracias por tus comentarios.

      1. El Perú tiene tres tipos de universidades: universidades públicas, universidades privadas con fines de lucro y universidades privadas sin fines de lucro. Obviamente el tercer tipo suena raro y problemático, pero se supone que existe. Casi parece una contradicción vulgar marxista entre una infraestructura económica propia de universidad privada con fines de lucro y una superestructura ideológica e institucional propia de universidad pública. En todo caso, el híbrido existe y, como toda mezcla, tiene ventajas y desventajas de ambos modelos universitarios.

      2. Estoy de acuerdo con que la producción sea de conocimiento crítico (aunque qué signfique crítico es materia de debate importante). En todo caso, cuando puse los ejemplos, me refería al medio en el cual éste se expresa y ello es fundamental. No se trata de un desplieguie fantasmático. Es un esfuerzo por pensar material y concretamente la situación con el fin de buscar salidas relevantes. Decir “conocimiento crítico” no es una de ellas. Ok, es conocimiento crítico, pero de qué manera se expresa: ¿libros? ¿en qué editoriales? ¿revistas? ¿ponencias? ¿en dónde? ¿en qué horario? ¿con el auspicio de quién? Estas preguntas no son nimiedades: son básicas para comprender de manera efectiva las condiciones materiales, sociales, institucionales y políticas de la producción académico-intelectual.

      3. Uno necesita de medios de susbsistencia para vivir. Estoy de acuerdo y, en nuestro contexto, ello se hace esencialmente a través de relaciones salariales (vender fuerza de trabajo sin medios de producción= proletarización). La idea es explicitar que la universidad tiene esa lógica, y que los académicos deben ser lo más “autoconscientes” de sus supuestos y condiciones estructurales. Pero podrían trabajar en cualquier otro lugar, sin ninguna duda.

      4. Completamente de acuerdo, existen diversas posibilidad: (1) reproducir el sistema en el cual se encuentra inmerso; (2) intervenir crítica y constructivamente en él con el fin de transformarlo; (3) generar espacios diferentes. Las dos últimas me parecen las más pertinentes.

      5. Concuerdo con que nuevas ideas pueden requerir de nuevas lógicas.

      Saludos,
      Daniel

      • Javier Urbina

        He leído tus comentarios y replico:

        1. Entiendo que “teóricamente” haya tres tipos de universidades en el Perú. Sin embargo, no creo que la altruista universidad sin fines de lucro no esté orientada (en gran medida) por intereses económicos, no solamente porque de la ganancia depende la perduración de la universidad y el mejoramiento de su calidad educativa (mejores docentes con mejor sueldo, mejor infraestructura, equipos, carreras, etc.), sino también porque la universidad es un GRAN negocio y un espacio de poder, lo cual es atractivo en sí mismo. Por ello, considero que a pesar de tu aclaración mi punto se mantiene y la distinción entre universidad con o sin fines de lucro se vuelve innecesaria para el debate que estamos teniendo.

        2. Mi mención al “conocimiento crítico” es únicamente la respuesta a tu pregunta “¿Qué produce un docente?”, la cual queda sin respuesta en tu texto. El laberinto de las horas pagas e impagas no es una respuesta a la pregunta, aunque no deja de ser un embrollo real. Mi comentario pretende diferenciar al docente del intelectual, porque no todo docente es intelectual y viceversa, por lo que la categoría de “conocimiento crítico” como producción me parece útil para esbozar una posible frontera. ¿Cómo se expresa? No me parece una nimiedad preguntárselo, pero es la segunda pregunta. Primero es necesario motivar esa “autoconciencia” que mencionas, con el fin de evidenciar que, frente al contexto de la educación superior peruana y sus intereses, existe la posibilidad de generar espacios alternativos de pensamiento disidente. Lo económico es siempre una excusa y la expresión viene de suyo con el trabajo.

        3. ¿Qué es el conocimiento crítico? Me parece un debate alucinante, porque en la era de la “pluralidad de las ideas válidas y respetables” nada parece ser propiamente crítico o disidente. Pensar este tema implica diseccionar las lógicas del saber y la verdad asumiendo sus consecuencias políticas y éticas. Quizá profundizar en la temática de la verdad desustancializada y desfundamentalizada sea en sí mismo un movimiento trasgresor. ¿En cuál universidad lo hacemos?

  • Erich Luna

    Javier:

    1. La distinción es relevante. No para justificar o hacer apología de algo. Simplemente creo que debe hacerse porque son instituciones diferentes. Claro que hay relaciones de poder y relaciones política y ambición, como en todos lados. Pero si las reglas son diferentes, los incentivos y las restricciones de los actores van a ser diferentes. No todos los fines son los mismos, ni tampoco los medios para llevar a cabo esos fines (para empezar: la carrera docente no es igual. Tampoco las instituciones políticas de gobierno de la universidad).

    2. Lo que haces es ditinguir al “docente” del “intelectual”, dicendo que lo que caracteriza a éste último es producir “conocimiento crítico”. ¿El docente que no es intelectual produciría “conocimiento no-crítico”? ¿No produciría conocimiento en lo absoluto? Yo estaba preguntando qué cosas se le exige producir en base a la relación salarial que establece con la universidad. Y en el plano normativo es sobre todo investigación y conocimiento. Pero en los hechos, a la gran mayoría se le contrata, se le PAGA, por dictar cursos. Nada más. No se les da un sueldo por escribir libros o investigaciones.

    3. Creo que te pones muy “radical con una R innecesariamente mayúsucula”. ¿O sea que no hay gente que en los distintos rubros del conocimiento sea crítica o disidente, si es que liberal? Me parece falaz porque no creo que todo tenga que reducirse a sus consecuencias éticas y políticas, necesariamente. Creo que puede haber conocimiento crítico y valioso de personas con las que no comulgo, ni ética, ni políticamente, de la misma manera que puedo comulgar con un montón de personas en temas éticos y políticos y, al mismo tiempo, cuestionar el conocimiento que producen.

    Tu última oración no se entiende (“verdad desustancializada”, “desfundamentalizada” “movimiento trasgresor”).

    Saludos,
    Daniel

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