Sobre Job

por Erich Luna

A ver, para dejar algunas cosas claras: soy ateo, no agnóstico. No es que diga “no sé” o “no opino” sobre Dios. Si hubiese una encuesta ciudadana, en ella marcaría “no creo que dios exista”. Segundo: no soy un estudioso de la biblia o de la religión católica (Raúl es acá el amigo especialista, el de las lecturas “sofisticadas”), creo que sé lo que un ciudadano que lee algunas cosas sabría sumando a ello las concepciones filosóficas de la divinidad, así como las críticas filosóficas a la religión y a Dios hechas por los grandes filósofos occidentales. Tercero: mi aproximación a estas cosas nunca ha pretendido ser “excesivamente” intelectualista o filosófica (en mi caso personal, creo que incluso pesan razones más “sentimentales” que “lógicas”). Siempre que las he pensado de manera “racional”, ha sido bajo la idea (y la forma) de que son argumentos que un ciudadano cualquiera podría entender sin necesitar una formación filosófica sólida (casi como lo que pensaba Kant de la gente común y corriente con la moral, vía la influencia de Rousseau en él, pero sin pretender una especie de “proselitismo del ateísmo”).

Entonces, no hay que buscar en estas reflexiones algo muy sofisticado. Se trata de una lectura sencilla, con preguntas, objeciones y argumentos “sencillos”. Sin embargo, aunque eventualmente todo ello podría ser criticado por un especialista como “superficial”, o quizá ser considerado como una “sátira” o “broma” por otros, no quiero que se piense que mi lectura pretende alguna de esas cosas. Todo lo contrario. A pesar de ser ateo, ese problema es un problema que me tomo con muchísima seriedad y por eso dicho libro bíblico siempre me ha llamado la atención. Podría decir incluso que quizá sea uno de los problemas medulares que estructuran mi posición atea.

¿Por qué me resulta el libro de Job tan interesante? Vayamos por partes:

1. El adversario (Satán)

No entiendo muy bien cómo se concebía a Satán aquí, pero definitivamente era algo muy diferente a lo que el cristiano promedio piensa hoy (sobre todo el peruano hiper conservador). No se trata de un ser malvado que vive en un lugar donde hay fuego y que tienta a todo el mundo. Acá Satán es un hijo de Dios que va a visitarlo. Y en su visita le cuenta sobre por qué Job le es fiel (para los que no leen la Biblia y solamente le creen al sacerdote, a la madre Angélica, al Super Libro, a la Casa Voladora, o peor:  a Cipriani, me remitiré al texto).

6 El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos. 7 El Señor le dijo: “¿De dónde vienes?”. El Adversario respondió al Señor: “De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá”. 8 Entonces el Señor le dijo: “¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal”. 9 Pero el Adversario le respondió: “¡No por nada teme Job al Señor! 10 ¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país. 11 Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te maldecirá en la cara!”. 12 El Señor dijo al Adversario: “Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él” . Y el Adversario se alejó de la presencia del Señor.

El argumento de Satán es básicamente el siguiente: Job es fiel porque le va bien en la vida. Si lo haces sufrir te maldecirá, no te será fiel, etc. Este argumento es muy interesante porque supone que los ricos son los que tienen razones para ser fieles a Dios y no los pobres. En la práctica, vemos que se dan ambas situaciones y la pregunta que permanece es por qué (sobre todo en América Latina, continente católico por antonomasia). Acá es donde mi concepción metafísica y onto-teológica de Dios (de un Dios “fuerte” y no “débil”) se hace presente en una pregunta, evidenciando el absurdo que genera el Libro: ¿Por qué Dios no le dijo a Satán “soy omnisciente y sé que no lo hará”? Yo sé que uno podrá decirme que en ese contexto y en esa tradición esa visión de la divinidad no existe, que es griega, u occidental, o metafísica o hiper filosófica, etc. Bueno, los creyentes hoy creen que su Dios es perfecto, así que no tengo problema con ese factum para leer a la luz de dicho concepto esta situación: no hay posibilidad que Dios tenga razones para poner a prueba algo de lo que ya sabe de antemano el resultado (el argumento onto-teológico de la perfección, asumido en toda su radicalidad, lleva a ese resultado). En todo caso, a pesar de esto, Job no maldice a Dios.

Es por eso que Satán pide un “segundo intento”:

“¡Piel por piel! Un hombre da todo lo que tiene a cambio de su vida. 5 Pero extiende tu mano contra él y tócalo en sus huesos y en su carne: ¡seguro que te maldecirá en la cara!”. 6 El Señor respondió al Adversario: “Está bien. Ahí lo tienes en tu poder, pero respétale la vida”.

7 El Adversario se alejó de la presencia del Señor, e hirió a Job con una úlcera maligna, desde la planta de los pies hasta la cabeza. 8 Job tomó entonces un pedazo de teja para rascarse, y permaneció sentado en medio de la ceniza. 9

Su mujer le dijo: “¿Todavía vas a mantenerte firme en tu integridad? Maldice a Dios y muere de una vez”. 10

Pero él le respondió: “Hablas como una mujer insensata. Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿no aceptaremos también lo malo?”. En todo esto, Job no pecó con sus labios.

A pesar del terrible daño físico al que es sometido, Job se mantiene en su fe y afirma que debemos aceptar de Dios lo bueno y lo malo. Él cree que ambas cosas provienen de Dios, algo que hoy el creyente promedio no parece suscribir (lo bueno viene de Dios y lo malo del diablo. Si uno es muy progresista y el infierno se le hace anticuado, probablemente dirá: todo lo bueno viene de Dios y lo malo viene del hombre). En ambos casos, Job me parece aquí muy coherente. Y es que, decir que el diablo o el hombre son causas del mal no supone una pregunta más: ¿Quién creo al diablo y al hombre? (El argumento onto-teológico de la causa primera, asumido con radicalidad, lleva a eso) En ambos casos Dios. Y Job, al margen de si piensa o sabe esto, se comporta como si lo supiese.

2. Los amigos.

Job termina lamentando el haber nacido, después de haber padecido todo ese sufrimiento, algo que muchos creyentes deben haber sentido a lo largo de la historia, ya que, si en algo abunda la historia humana, es en sufrimiento.

11 ¿Por qué no me morí al nacer? ¿Por qué no expiré al salir del vientre materno?

Elifaz de Temán argumenta que Dios nunca castiga a los buenos. Solamente los que son malos padecen los castigos de Dios. No existe posibilidad para el sufrimiento del inocente.

Más adelante, Job reanuda su lamento exigiendo que Dios le diga en qué se equivoco. Lo más trágico del asunto es el absurdo de su sufrimiento: Job sufre porque las pruebas del adversario, pruebas que Dios no debió aceptar pues, al ser suprema justicia, debió saber que eran eminentemente injustas (por lo menos eso es lo que me parecen a mí).

20 Si pequé, ¿qué daño te hice, a ti, guardián de los hombres?

¿Por qué me has tomado como blanco y me he convertido en una carga para ti?

Lo interesante del asunto es que en verdad no hay una razón legítima para el sufrimiento de Job.

Bildad complementa lo dicho por Elifaz: Dios no puede ser injusto, no puede tergiversar el derecho, ni la justicia.

La respuesta de Job aquí es central:

2 Sí, yo sé muy bien que es así: ¿cómo un mortal podría tener razón contra Dios?

Nadie puede tener razón contra Dios porque él es Dios. Él es la autoridad y la justicia y uno debe obedecer. No se puede equivocar. Lo central, y que no debe perderse, es que aquí el sufrimiento no es legítimo, sino absurdo. Ni Job, ni sus amigos pueden contemplar la posibilidad de que la situación haya sido permitida por Dios, so pena de que se pruebe que Job no maldecirá. Ese es el absurdo. Y es tan absurdo como razón, tanto en esa época, como hoy (e incluso hoy mucho más): ¿O acaso alguien osaría argumentar que el sufrimiento en el mundo podría deberse a pruebas de Satán que Dios acepta de buena gracia, a pesar de saber los resultados? Por eso la réplica de Job sigue siendo fabulosa:

2 Diré a Dios: “No me condenes, dame a conocer por qué me recriminas”.

3 ¿Es un placer para ti oprimir, despreciar la obra de tus manos y favorecer el designio de los malvados?

8 Tus manos me modelaron y me hicieron, y luego, cambiando de parecer, me destruyes.

Y frente a esto, el argumento de Sofar hace del libro de Job algo muy interesante. Lo que su amigo sostiene es que Dios tiene que saber quién es injusto y por eso no puede castigarlo, a menos que sea efectivamente injusto. Nadie puede pensar la situación en la que se encuentran. Job es el único que está en el margen, pero no puede dar el paso conceptual.

7 ¿Puedes tú escrutar las profundidades de Dios o vislumbrar la perfección del Todopoderoso?

10 Si Dios pasa y aprisiona, y si convoca a juicio, ¿quién se lo impedirá?

11 Él conoce a los hombres falsos, ve la maldad ¿y no la sabrá discernir?

Job responde ahora con fuerza el hecho de que él sí siente que ha sido fiel y justo y pide que Dios mismo le dé razones:

18 Estoy preparado para el juicio, yo sé que la razón estará de mi parte.

Más adelante reitera esto de una mejor manera:

11 Dios me entrega al poder del injusto, me arroja en manos de los malvados.

12 Yo estaba tranquilo y él me destrozó, me tomó por el cuello y me hizo pedazos.

17 Sin embargo, no hay violencia en mis manos y mi plegaria es pura.

Job llega incluso a cuestionar el supuesto de base de toda la situación argumentativa:  que como Dios es justo, el mundo debe serlo, indignándose sobre la situación de injusticia que se vive en el mundo:

7 ¿Cómo es posible que vivan los malvados, y que aun siendo viejos, se acreciente su fuerza?

9 Sus casas están en paz, libres de temor, y no los alcanza la vara de Dios.

La conclusión: Dios no escucha las plegarias… ¡existen, pero es indiferente!

12 De la ciudad, salen los gemidos de los moribundos, las gargantas de los heridos piden auxilio, ¡pero Dios no escucha sus plegarias!

Elihú critica la idea de que el mundo no sea justo, si es que Dios lo es. De esta forma sostiene que Job tiene que ser responsable de su sufrimiento (¡Intenten imaginar qué pensarían de Dios todos ellos si se enteraran de la prueba y del adversario!).

3. Dios.

Finalmente, después de varios discursos aparece Dios. Y sus intervenciones se caracterizan por no decir la verdad. Lo que hace es hacer gala de su gran poder, preguntándole a Job dónde estaba cuando el estaba creando el mundo y cosas análogas.  Básicamente demuestra que el es el señor, la autoridad y que no hay posibilidad de cuestionarlo (un Dios bastante déspota, como el que afana a los conservadores). Finalmente consigue que Job reconozca que no vale nada (aunque todos sabemos que fue Dios quien le ha dado ese valor, en primer lugar).

4 ¡Soy tan poca cosa! ¿Qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano.

En su segunda intervención Dios sigue sin responder lo que Job busca. Se dedica a seguir en lo mismo y a mencionar a Behemot y a Leviatán, un par de monstruos terribles (de aquí Hobbes toma los nombres de ambos para pensar la destrucción y construcción del orden político, respectivamente). Lo triste es que no se aclara nunca por qué se dio el sufrimiento. Job asume que Dios tiene razón y que él tenía la culpa, yendo en la línea de lo que decían sus amigos. Se echa la culpa (asumo esto, en la medida en que deja de cuestionar) de la manera siguiente:

2 Yo sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti.

3 Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro.

4 “Escucha, déjame hablar; yo te interrogaré y tú me instruirás”.

5 Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos.

6 Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

Luego de esto, Dios se vuelve contra los amigos de Job y los reprocha por no decir la verdad ¡aunque el propio Dios nunca la dijo!

7 Después de haber dirigido estas palabras a Job, el Señor dijo a Elifaz de Temán: “Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no han dicho la verdad acerca de mí, como mi servidor Job”.

Después de esto nos dicen que Job tuvo muchos más bienes y que llegó a ser dicho, feliz, etc. Me parece terrible que nunca se revele a los seres humanos la existencia del adversario o de la prueba. Al no hacerse presente, la teoría de la justicia en el mundo es la única viable. Job llega a asumir la culpa y Dios habla como si esa fuese la teoría verdadera. Sin embargo, a pesar de que ambos asumen esas ideas, los amigos que de verdad las creen son castigados. Y todo esto porque la situación se funda en un absurdo.

4. Una mejor manera de leer el libro para comprender mejor el absurdo en el que se funda el sufrimiento.

El sufrimiento de Job se funda en un absurdo que nunca sale a la luz, absurdo inconsistente con una visión metafíscamente fuerte de Dios. La mejor manera de corroborar lo terrible que es el libro es leerlo de otra manera…

Hagan el siguiente experimento: lean el libro completo, pero desde que Job ya ha padecido el sufrimiento (desde el capítulo tercero). Luego, lean las pruebas y teorías y el diálogo con Dios. Pero al final, y solamente al final (después de haber leído hasta el capítulo 42), lean el principio (capítulos primero y segundo), para enterarse de por qué sufrió Job. El resultado es espeluznante: partimos del factum del sufrimiento de alguien que busca entenderlo. Sus amigos tratan de hacerle ver que lo merece, él no lo cree. Dios aparece y le demuestra que él es insignificante y que Dios tiene el poder y la autoridad. Job asume su finitud. Dios castiga a sus amigos.

Pero al final… uno se entera que el sufrimiento de Job se debe a una prueba que un adversario le propuso a Dios, casi al modo de una apuesta, apuesta que Dios nunca tuvo que tomar, pero que sin embargo tomó, apuesta cuyas razones nunca explicó a ningún ser humano.

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