Gramsci y la filosofía (5)

por Erich Luna

Para terminar este breve “saga” de posts (las anteriores entradas se encuentran (aquíaquíaquí y aquí), me gustaría sobre todo centrarme en la manera cómo Gramsci diferencia a los intelectuales, frente a lo popular, en términos de rasgos y características que mantienen cierta primacía en cada uno de los dos grupos sociales. Antes de hacer esto es necesario, sin embargo, retomar y sintetizar la tesis principal de Gramsci a lo largo de estos apuntes:

(1) la filosofía no es algo exclusivo de profesionales, sino que incluso se extiende a todo ser humano pensante (aquí se ve una fuerte influencia hegeliana); y

(2) es más relevante que la filosofía se haga mundo, que transforme las mentalidades y el mundo (que devenga histórica). Podríamos pensar que esta es su manera de ser fiel a la undécima tesis de Marx sobre Feuerbach:

Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

Lo único que habría que aclarar es que desde la perspectiva de Gramsci, transformar el mundo no es hacer algo distinto a la filosofía. Todo lo contrario: la transformación (u objectivación de la filosofía, si utilizamos la “jerga hegeliana”) del mundo es la plena realización de la filosofía, de acuerdo a Gramsci. De lo que se trata es que la filosofía devenga historia y vida.

Lo relevante es que nace un nuevo modo de concebir el mundo y el hombre y que esta concepción no está ya reservada a los grandes intelectuales, a los filósofos de profesión sino que tiende a hacerse popular, de masas, con un carácter concretamente mundial, modificando (aunque sea para dar lugar a combinaciones híbridas) el pensamiento popular, la momificada cultura popular (142).

A partir de esto (y a modo de clarificación y profundización), Gramsci va a sostener que en el elemento popular de la sociedad prima el “sentir”, aunque no siempre se dé el “comprender” o el “saber”. En cambio, en el caso de la élite intelectual se daría lo contrario: se trataría de un grupo social donde lo que prima es el “saber”, frente al “comprender” y el “sentir” (lo que no queda para nada claro en este fragmento, ni en esta antología, es qué puede significar aquí la expresión “comprender”).

Creo que aquí Gramsci rescata el espíritu del joven Marx cuando, en su Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (si alguien conoce una web con una mejor edición del texto, compara el enlace. Esta fue la única que encontré yo), aborda la relación de la “filosofía” con el “proletariado”:

Así como la filosofía encuentra en el proletariado su arma material, así el proletariado halla en la filosofía su arma espiritual, y apenas la luz del pensamiento haya penetrado a fondo en este puro terreno popular, se cumplirá la transformación del alemán en hombre.

Ambos elementos se necesitan mutuamente y son esenciales:

El cerebro de esta emancipación es la filosofía y su corazón es el proletariado (las cursivas son mías).

Gramsci parece seguir una pista análoga. En lugar de hablar de “proletariado” y de “corazón”, habla del “elemento popular” y del “sentir”. En lugar de hablar de “filosofía” y de “cerebro”, habla de “intelectuales” y de “saber”. Así pues, de lo que se trata es de que ambos grupos y ambas disposiciones puedan articularse y mantener un nexo orgánico que pueda configurar un bloque. El intelectual debe construir saber, pero debe tener también pasión, así como vínculo sentimental con lo popular, con el pueblo-nación.

Sólo si la relación entre los intelectuales y el pueblo-nación, entre los dirigentes y los dirigidos -entre los gobernantes y los gobernados- viene dada por una adhesión orgánica en la cual el sentimiento-pasión se convierte en comprensión y, por tanto, en saber (no mecánicamente sino de modo vivo), sólo en este caso, decimos, la relación es de representación y se produce el intercambio de elementos individuales entre gobernados y gobernantes, entre dirigidos y dirigentes, es decir, sea realiza la sola vida de conjunto que es fuerza social; se crea el “bloque histórico” (152-153).

No simpatizo con la idea del marxismo clásico que piensa al intelectual o a la élite como la “vanguardia ilustrada”. Este rol de élite por parte de los que saben, algo que viene desde Platón, creo que debe ser abandonado. Sin embargo, ello no quita que sí sienta particular interés por la figura de que los intelectuales y académicos tengan compromisos (con ideas, valores, proyectos políticos, etc). Estoy de acuerdo con la distinción que hace Weber entre el científico y el político en sus conferencias de 1919. Sin embargo, no hay que olvidar que Weber fue un científico extraordinario, pero no hay que olvidar que siempre mantuvo compromisos políticos. De lo que se trata, creo, es de pensar la posibilidad de mantener ambos compromisos (el académico y el político).

Ahora bien, el otro punto que me parece esencial es el de si es posible esta especie de “nexo orgánico” entre el intelectual (en nuestro caso, del “filósofo”) con lo popular (en nuestro caso, lo “extra-académico”). El punto es pensar qué tipo de potencial “exceso filosófico” no puede surgir (o es, en todo caso, muy difícil que surja) dentro de la academia (aunque aquí, asumo, hay que ver las instituciones a un nivel mucho más particular, prestando atención a sus diferencias). En qué medida ello reconfigura los problemas, las cuestiones, los intereses, las maneras de leer, de escribir y sobre todo de pensar, es algo que queda abierto.

Quizá se trate de pensar el la institución académica y en el discurso universitario como condiciones de posibilidad de la producción intelectual (y en nuestro caso, filosófica). Sin embargo, hay que preguntarse si es que dichos elementos no operan al mismo tiempo como condición de imposibilidad de otro tipo de una producción intelectual (o filosófica) determinada. Recordemos pues, para terminar, que la tradición de teoría crítica de la sociedad tiene sus orígenes, no solamente en Marx (y luego en el marxismo). La fuente principal puede buscarse en los “jóvenes hegelianos”, quienes desarrollaron sus ideas (en buena medida) fuera del ámbito académico. Un espacio que surgirá y que le permitirá a varios marxistas (y Marx incluido) poder trabajar y producir ideas va a ser la prensa escrita (Gramsci y Mariátegui también ejercieron esta profesión).

¿Podríamos pensar hoy en potenciales espacios y medios que incentiven y posibiliten reflexión filosófica crítica, creativa y vinculada con el mundo?

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