Gramsci y la filosofía (3)

por Erich Luna

He visto ya (aquí y aquí) algunas consideraciones y apropiaciones de la manera en que Gramsci piensa a la filosofía y al quehacer filosófico. Hay dos tesis fundamentales que se han presentado hasta aquí y que es posible sintetizara partir de algunos pasajes claves del texto ya citado de Gramsci en el que me he estado basando:

(…) la mayoría de los hombres son filósofos en la medida en que operan prácticamente, y en su obrar práctico (en las líneas directivas de su conducta) está contenida implícitamente una concepción del mundo, una filosofía (40).

La tesis es pues, que los seres humanos en su vida cotidiana ya contienen ciertos conceptos y visiones filosóficas, en la medida en que poseen una concepción del mundo (recuerden, y esto ya lo he mencionado, que dicha manera de pensar a la filosofía es opuesta a la de Heidegger). A diferencia de una ruptura fuerte entre “ciencia” y “opinión”, por poner el esquema platónico; o del esquema marxista clásico de “ciencia” e “ideología”, Gramsci sostiene que lo que hay son grados de desarrollo filosófico y no “meras ilusiones” (y en esto resultad en parte profundamente hegeliano. Puede revisarse al respecto la Introducción de Hegel a sus Lecciones sobre historia de la filosofía). Esta manera de pensar a la filosofía, se complementa con el otro elemento esencial e indesligable de ella (para Gramsci, filosofía e historia forman un “bloque”):

La historia de la filosofía, tal como se acostumbra a entender, a saber, como historia de las filosofías de los filósofos, es la historia de las tentativas y de las iniciativas ideológicas de una determinada clase de personas para modificar, corregir, perfeccionar las concepciones del mundo existentes en cada época determinada y para modificar, por consiguiente, las normas de conducta conformes y relativas a dichas concepciones, esto es, para modificar la actividad práctica en su totalidad (40).

Aquí Gramsci presenta una tesis muy interesante y afín al espíritu crítico propio de la genuina tradición de pensamiento marxista. La idea es que no hay una “especulación puramente desinteresada”. Y, si bien esto no implica “cinismo” o una secreta “maquinación” de tipo conspirativista, lo cierto para Gramsci es que los filósofos tienen intereses en las cosas. Y en la teoría social y política moderna ello es evidente: los principales autores de dicho periodo nunca tuvieron pretensiones puramente “científicas” o “académicas” (podríamos poner como ejemplos a algunos de los filósofos modernos del canon: Hobbes, Locke, Rousseau, Hegel, Marx, entre muchos otros). Siempre tuvieron, al lado de sus reflexiones y aportes filosóficos, compromisos políticos y prácticos en muchos casos bastante claros. Nunca pensaron que su producción debería tener por función y puro debate exegético o hermeneútico en torno a sus textos.

Asimismo, Gramsci distingue “grados” (si tal expresión tiene sentido) en la filosofía y no solamente piensa este primer nivel de “sentido común” en el filósofo no profesional que se desarrolla hasta llegar al filósofo profesional (que nosotros podríamos ahora decir que deviene un “referente” o un “clásico” de la historia de la filosofía). También piensa un nivel mucho más “macro” o “colectivo” que va más allá del individuo y ello sí que resulta interesante, ya que nuestro sentido común académico, en lo que a la historia de la filosofía se refiere, suele muchas veces prestar atención únicamente a individuos y a libros, como si la historia de la filosofía fuera, sin más, la historia de los filósofos “profesionales” o peor: la historia de los libros de filosofía (algo de esta problemática traté de plantearla aquí hace tiempo, en relación a los medios y a partir de McLuhan). La idea es pensar la historia, también, a un nivel “colectivo”:

La filosofía de una época no es la filosofía de uno u otro filósofo, de uno u otro grupo de intelectuales, de uno u otro sector de las masas populares: es una combinación de todos estos elementos que culmina en una determinada dirección y en este culminar se convierte en norma de acción colectiva, es decir, en “historia” concreta y completa (integral) (40).

Por eso, finalmente, los niveles o grados de análisis que propone Gramsci serían: (1) la filosofía de los filósofos, (2) la concepción de los grupos dirigentes (“cultura filosófica”), (3) la religión de las grandes masas. Como al realidad es compleja, también se admite como posibilidad obvia el que existan grados de combinación de estos niveles (acá quizá podríamos usar la clásica expresión marxista del “desarrollo desigual y combinado” :P, pero pensado para el campo filosófico e intelectual de los individuos, de los grupos, de las élites y de las épocas).

En todo caso, al margen de lo anterior (y retomando lo ya dicho), para Gramsci es muy importante, para la relevancia histórica de la filosofía, el grado en que ésta haya tenido cierta “eficacia práctica”. Creo que esto es complicado por la dificultad con la que podría medirse esto, además de que la propia tradición filosófica puede tener efectos prácticos mucho tiempo después también, vía redescubrimientos o apropiaciones. Aristóteles y la escolástica son un claro ejemplo de ello. A pesar de ello, y pensado en un nivel más “coyuntural”, Gramsci cree que parte de este peso se expresa en el grado de “crítica” o “disidencia” para el mundo con el que cada filosofía surge:

Si es cierto que toda filosofía es la expresión de una sociedad, debe reaccionar sobre la sociedad, determinar ciertos efectos, positivos y negativos; la medida en que reacciona es, precisamente, la medida de su alcance histórico, de su cualidad de “hecho histórico” y no de “elucubración” individual (43).

Gramsci estaría en contra, pues, de privilegiar el quehacer académico como si fuese el quehacer filosófico fundamental, o peor, el quehacer filosófico por antonomasia. La filosofía, los filósofos, no pueden “aislarse” de la sociedad en la que viven. Es la tensión que mantienen con ella la que enriquece y hace histórica (en sentido eminente) a su reflexión.

¿Y cómo queda, entonces, lo que podríamos llamar la “diferencia específica” del filósofo profesional frente a los demás? Gramsci permanece bastante hegeliano en su respuesta:

El filósofo profesional o técnico no sólo “piensa” con mayor rigor lógico, con mayor coherencia, con mayor espíritu de sistema que los demás hombres sino que conoce  toda la historia del pensamiento, es decir, sabe cuál ha sido el desarrollo del pensamiento hasta él y está en condiciones de tomar los problemas en el punto en que se encontraban después de haber sido objeto del máximo número de intentos de solución, etc. Tiene, en el terreno del pensamiento, la misma función que tienen los especialistas en los diversos terrenos científicos (43-44).

El filósofo profesional en Gramsci es, pues, alguien que sabe cómo razonar (habilidades más lógico-formales-argumentativas), pero su principal “valor” consiste en que él es alguien formado en la historia de la filosofía. Todos los hombres piensan, pero el filósofo profesional es alguien que piensa con un conocimiento de la historia del pensamiento y en ello residen lo esencial de lo que puede aportar a la sociedad. Esto lo lleva a comprender la génesis y desarrollo de ideas, conceptos, argumentos, visiones del mundo, problemas, preguntas, cuestiones. Todo ello con vistas comprender cómo es que él, y podemos parafrasear a Nietzsche, ha llegado a ser lo que es, en tanto filósofo. Sin embargo, debe quedar claro que esta formación no es un fin en sí mismo (y esto lo empecé a pensar sobre todo vía Bryant, hace ya un tiempo, aquí y aquí), sino que siempre está con vistas a pensar el mundo actual, lo que Mariátegui llamaba “la escena contemporánea”. Podríamos decir, finalmente (y parafraseando a Heidegger), que la filosofía genuina no tiene como problema el relacionarse con el mundo (como si fuese algo radicalmente “externo” a él), sino que desde ya, la filosofía-está-ya-siempre-en-el-mundo.

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