Por Mariátegui

Mariátegui es, sin duda, uno de los pensadores peruanos más importantes. En mi último post mencioné que he conseguir el último libro de Osmar Gonzales (Ideas, intelectuales y debates en el Perú, Lima: Editorial Universitaria/ Universidad Ricardo Palma, 2011). Me gustaría tomar algunas citas importantes de los 4 artículos dedicados al Amauta, empezando con el primero de ellos (“José Carlos mariátegui. 7 Ensayos y el año mágico: 1928”), con el fin de poder reflexionar a partir de ellas.

Ya he presentado, en algunos posts anteriores, algunas ideas que he tenido (creo que podrían ser tildadas incluso de “intuiciones” ya que no he buscado bibliografía, ni he pretendido sistematizar nada) sobre cómo se puede distinguir: (1) el “saber” de un autor y (2) la actitud que éste tuvo para con los problemas. Una persona puede aprender lo que otro ha dicho y/o puede aprender a  aproximarse a las cuestiones de la manera en que otro lo ha hecho. Si bien ambas cosas pueden ser complementarias (creo personalmente que lo son), ello no quita que sean cosas diferentes. Creo, desde mi modesta perspectiva, que la especialización academicista privilegia este “saber” (1), mientras que la “apropiación crítica” (no me gusta esta expresión, tengo que encontrar otra) privilegia la “actitud” (2). Asimismo, creo que lo que yo considero la “verdadera fidelidad” a un autor consiste en que prime lo segundo (lo cual no implica exclusividad) y que se comprenda su “causa” (si tal expresión tomada de la “causa freudiana” que Lacan reivindica, pudiese exportarse a otros ámbitos, disciplinas, polémicas temas o autores ). Una manera bastante naive de expresar esto podría ser, quizá, decir que si dichos fallecidos héroes del pensamiento estuviesen vivos hoy, es bastante seguro que no pensarían lo mismo.

Es en relación a estas ideas previas que me interesa reflexionar en torno a la figura del Amauta: José Carlos Mariátegui (y el título del post alude, obviamente, al Pour Marx de Althusser. Para los desprevenidos, dicho título fue traducido de manera infame por Marta Harnecker como “La revolución teórica de Marx”). ¿En qué puede consistir su manera de aproximarse a las cuestiones (lo que podríamos llamar la genuina “actitud mariateguista”)? ¿No es ahí donde radica su verdadera contribución crítica a la tradición marxista y cualquier tradición de teoría crítica? ¿No es aquella genuina actitud la que lo hizo el “primera marxista latinoamericano” como lo sentenció otro grande, José Aricó? ¿No es también necesario intentar reflexionar sobre lo que podría ser la “causa mariateguista” sobre la que habría que “regresar” (y en analogía con Lacan y Freud, nuestro regreso a Mariátegui debe ser a través de los nuevos aportes teóricos y referentes, y que éstos no solamente pertenezcan a la “tradición marxista”)? ¿No consiste la verdadera fidelidad al Amauta en ser fiel a ambas cosas (a la “actitud” y a la “causa”)? ¿No es en esto dónde podría radicar su vigencia e, incluso, su universalidad?

Los planteamientos de Mariátegui nos siguen ofreciendo pistas para interpretar y actuar en nuestra contemporaneidad. Y no porque fuera un vidente, sino porque trató siempre de descubrir los rasgos fundamentales de su época, absorbiendo e interpretando con una curiosidad infinita todas las manifestaciones de la humanidad. Su obra, extensa y profunda, es un caleidoscopio de lo que acontecía en el mundo. Ahí están sus crónica acerca de la situación internacional, sus debates intelectuales, su análisis de la realidad peruana, su balance de la historia, su bosquejo de los personajes más relevantes, su propuesta ideológica, hasta llegar a la propia acción política. Es decir, su mente, sus ojos y su corazón se alimentaban de lo que observaba y sentía con una sensibilidad a flor de piel arropada de muchas lecturas y conversaciones (518)

Creo que aquí Gonzales enumera muchas cosas clave, aunque para algunos puedan ser atacadas de cuestiones “subjetivas” o “no metodológicas”: descubrir los rasgos fundamentales de la época (creo que esto puede conectarse con la idea hegeliana de la filosofía como captación de la época en pensamiento), absorber e interpretar con una curiosidad infinita (podríamos reformular esto en términos de θαυμάζειν) todas las manifestaciones de la humanidad, lo cual es importante en una época que tiene el riesgo de caer en una pura especialización inconexa. Más allá de saber o de no saber todo, se trata de no perder el interés en la totalidad. Asimismo, acá no se trata de la pura “observación”, la sensibilidad (o el corazón, algo que también le era caro a Pascal, referencia clave para marxistas contemporáneos como Althusser, Badiou y Žižek, por mencionar algunos) es esencial, tanto para las lecturas (los textos), como para las conversaciones (la polémica y los diálogos). No se trata solamente de leer libros con una “actitud técnica”, propia del la “fría” especialización: se trata de leerlos con sensibilidad y con relación a la interacción que tenemos con los demás (recordemos que Mariátegui no era académico (no era un homo academicus, al decir de Pierre Bourdieu), no estaba marcado por las instituciones universitarias y esto se expresa incluso en la diferencia de estilos entre los 7 Ensayos y El Perú contemporáneo de García Calderón, como bien lo hace notar Gonzales). Mariátegui pues, está mucho más cerca del Lebenswelt y de la Öffentlichkeit,  que del objetivismo, de la especialización, de la academia y del discurso universitario, tanto en la “forma”, como en el “contenido”.

Hasta aquí tenemos algunas intuiciones sobre la “actitud”. En relación a la “causa”, creo que sería necesario empezar por su obra cumbre: 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana.

Mariátegui concibió su libro como una lectura marxista de la realidad peruana. Como él mismo lo señalaba, no se trataba de un recuento inocente de la historia peruana, tampoco de una interpretación sin identificación ideológica, por el contrario, era un libro que se ubicaba conscientemente en un pensamiento ideológico y un proyecto político, era la expresión convencida y confesa de la filiación marxista de su autor, quien además subrayaba su sueño: asistir a la construcción del socialismo en el Perú. 7 Ensayos es el primer libro escrito por un autor tan resonante como Mariátegui en transmitir claramente una convicción política. Esto en sí mismo significó una revolución en el pensamiento social peruano (522).

No hay acá, ningún “falso” interés en la “pura” neutralidad u objetividad (algo de esto lo desarrollé hace ya un tiempo cuando empecé a escribir sobre los 7 Ensayos, en relación a la famosa “Advertencia“). No existe aquí este sentido que hoy prima donde se afirma que estamos en “el fin de las ideologías”, en una era “posideológica”. En nuestra época, a crítica a dicho sentido común ha sido hecha por muchos, aunque quizá una de las más resonadas sea la de Slavoj Žižek (sobre todo desde la publicación de El sublime objeto de la ideología). Asumir una identidad polítca, una convicción política y un proyecto político son elementos centrales de la “causa mariateguista”: la construcción del socialismo en el Perú. Hay pues, un elemento de fidelidad, compromiso y decisión, y esto no implica de ninguna manera que dichos comportamientos sean acríticos (“dogmatismos”, “ortodoxia”). Se trata de todo lo contrario.

Es por eso que dicho que me parece que Gonzales sintetiza muy bien las ideas que trato de expresar, en lo que respecta al antagonismo entre el “saber” y la “actitud”, con el fracaso de la apropiación de Mariátegui por parte de la izquierda política nacional:

Los debates al interior de los diferentes partidos de izquierda se realizaban teniendo a la palabra de Mariátegui como una afirmación de verdad más que como un estímulo para la reflexión, como lo quería él mismo. Mientras más literales a las mariateguianas escrituras éramos, más leales a su legado nos sentíamos. Releer a Mariátegui de manera libre y creativa es la mejor forma de volver a las fuentes que nos ha legado. El propio Mariátegui era consciente de que las ideas no son inmutables, las dijera quien las dijera, y que solo eran luces que nos indicaban un camino al cual había que forjar persistentemente, día a día. Como diría Gonzales Prada, los intelectuales pueden ofrecer una luz, pero jamás deben convertirse en lazarillos (532-533).

Mariátegui debe ser eso, un estímulo para la reflexión (una lectura crítica, libre y creativa). Pero dicha reflexión para estar en consonancia con su “actitud” no deben pretender una “falsa neutralidad” o un “estéril academicismo”, pues están en consonancia con una sensibilidad que tiene convicciones y compromisos. En pocas palabras, dichas ideas no pueden estar desvinculadas de la “causa” a la que sirven: la construcción del socialismo en el Perú. Y, obviamente (y para conectar esta conclusión con Basadre), es necesario pensar que ambos términos de la “causa” (“socialismo” y “”Perú) son, tanto un problema, como una posibilidad nuestra.


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