Algunas cuestiones en torno al das Man heideggeriano

por Erich Luna

Al margen de la relación que puedan o no tener el das Man heideggeriano y el gran Otro lacaniano, me gustaría ahora concentrarme en plantear algunas preguntas o temas que me suscitó esta última lectura del parágrafo respectivo de Ser y Tiempo y que creo sería interesante desarrollar más adelante. Si alguien conoce referencias últiles, no dude en recomendarlas.

§ 1. ¿Dasein e ideología?

Lo primero sería saber si es que el concepto de das Man podría contribuir, de alguna manera, a la reflexión en torno al concepto de “ideología”, pero desde la tradición marxista. La pregunta es si es que el quién que involucra al Dasein en su existencia cotidiana, léase “el uno”, podría ser pensado como una interpretación ideológica de su manera de ser (casi algo parecido a la lectura tradicional de la ideología como “falsa consciencia”, lectura que Žižek busca criticar y que ya hemos empezado a tematizar aquí). Pero, y a diferencia del marxismo, Heidegger puede llegar a pensar que “el uno” es el quién de la existencia impropia del Dasein en su existencia cotidiana. Sin embargo, no cree que ello es algo que pueda eliminarse o erradicarse, con lo que dicho concepto tendría también “un pie” en una visión de la ideología más a la Žižek (“la realidad misma ya es ideológica”). El uno heideggeriano es un existencial que no puede eludirse de una vez para siempre. Heidegger siempre va a afirmar que es un factum la caída y la existencia impropia. De esta forma, lo que parecería posible sería pensar en das Man como un una errónea interpretación que hace el Dasein de sí mismo, interpretación que puede ser erradicada o rectificada en determinados momentos particulares, pero no para siempre. La lucha contra la ideología podría ser vista como una tensión constante que busca resolverse, pero que es inevitable.

§ 2. ¿Filosofía e institucionalidad?

El concepto de das Man quizá podría servir para cuestionar la manera en la que se ha instituido, en parte, el quehacer académico. Es cierto que Heidegger fue un profesor universitario y que dicha intuición no necesariamente habría sido avalada por Heidegger. Estoy de acuerdo con que Heidegger fue un profesor, uno excelente. Pero, además, intento pensar la universidad y su reforma (más allá de si fue para bien o para mal). Sin embargo, hay algo más: Heidegger (sobre todo en Marburgo) ironizaba sobre cómo la filosofía se había vuelto institucionalizada y había perdido el contacto con las cosas mismas. No tengo la cita a la mano, la he estado buscando en los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo de 1925. Ahí, si no me equivoco, Heidegger sentencia con sarcasmo que “ahora la filosofía asiste a congresos”.

El uno heideggeriano podría justamente generar esta manera en la que se estructura el orden institucional académico. Y si, seguimos la idea fenomenológica de buscar lo “originario” (tesis que puede ser cuestionable, como en el siguiente parágrafo). Justamente, desde esta perspectiva, la filosofía deviene parte del discurso universitario, pierde su potencial crítico y encubridor y se dedica a cosas diferentes. Los conceptos heideggerianos de “curiosidad”, “habladuría” y “ambigüedad” podrían estar presentes en una lógica que busca proveer de información, especialización y erudición, pero a costa de sacrificar tajantemente cualquier potencial crítico o creativo. Hay maneras correctas y “serias” en las que se dan clases, se evalúa a los alumnos, se preparan ponencias, se obtienen grados, se dan exámenes, se discute, se filosofa. El filósofo en tanto profesional. ¿Podría haber entonces una especie de “filosofía impropia” frente a una filosofía “propia”? No me gustaría ir tan lejos, así como tampoco suscribiría la fuerte pretensión demarcatoria entre “ciencia” e “ideología” al interior del marxismo ortodoxo.

Lo que sí distinguiría serían dos actividades complementarias: una actividad mucho más ligada a la erudición y a la especialización (“filosofía en tanto un saber positivo y especialidad, como ser un profesor profesional de historia de la filosofía”) y una actividad mucho más reflexiva, creativa y crítica (“filosofía en tanto actividad o quehacer”). Podríamos intentar ejemplificar esto diciendo que el primer caso es el especialista heideggeriano que nos dice, desde un saber, qué dice Heidegger (ortodoxia). El segundo es el que filosofa de la manera en la que Heidegger lo hace o que es fiel al problema de Heidegger, a la “causa heideggeriana” (heterodoxia – verdadera fidelidad). Digo que son complementarias porque es muy difícil producir lo segundo sin lo primero. Sin embargo, lo primero es una condición necesaria, pero no suficiente. En este punto me parece que entran las expresiones sintomáticas que presenta Eduardo “de pasada”: ¿ Qué es “lo que se-supone-que-un-filósofo-haga”? ¿ Qué significaría “no-ser-propiamente-un-filósofo”?

Si queremos seguir con la analogía heideggeriana, quizá desde esta perspectiva los momentos filosófícos serían tan reducidos como los momentos de propiedad y resolución del Dasein. No habría pues, filósofo a tiempo completo (así como no habría Dasein auténtico 24/7).

§ 3. ¿Rigor o elitismo?

Si asumimos la actitud fenomenológica, entonces querremos ir ¡hacia las cosas, asuntos y cuestiones mismas! Ello implica no quedarnos satisfechos con lo que se dice o con discursos públicos y superficiales. Ir más allá de la corrección política (o mejor, más allá de la “corrección institucional”). Esto se ve sobre todo a partir del concepto de “habladuría” (Gerede), concepto que se asemeja al “mentar vacío” (leermeinen) husserliano. El problema que puede generar esto para nuestro tema en cuestión tiene dos aspectos:

1. El primero de ellos es si es que no podría incentivar la inacción o la imposibilidad de poder hacer algo al aumentar lo requisitos demasiado. Me explico: una cosa es querer ser rigurosa (¡y eso está bien!) pero podría haber un riesgo en querer esto “originario” con una radicalidad “castrante”. Si quiero entender a Heidegger, entonces tengo que entender a Husser y si quiero entender a Husserl y así… termino en los presocráticos (¡como Heidegger!), pero además tengo que saber alemán, griego, latín, etc. El problema es que una preocupación tan radical por lo originario haría de la tarea un imposible (y es por ello sintomático que, desde que Husserl habló de la “tarea infinita” de la fenomenología, nunca haya habido un libro de fenomenología terminado de manera exitosa). El estudiante puede terminar volviéndose un mero consumidor de libros, además de asumir una posición bastante histérica (“todo bien con lo que dices, pero te falta X”).

2. El segundo punto es que esta visión de la complejidad y originariedad de los fenómenos hace imposible la divulgación, so pena de ser una “estafa inauténtica”. Y, si bien es importante no perder de vista esto, lo que me resulta algo alarmante es que las disciplinas puedan perder la capacidad de interactuar, que es algo posibilidad bastante el hecho de que generen nuevas ideas y se planteen cosas diferentes. La filosofía queda atrapada en la historia de los libros del canon hegemónico del departamento de filosofía académica y se manfiesta en cursos, artículos y ponencias especializadas para un público especializado pertenecientes al discurso universitario. Me resulta problemático que la filosofía pierda sus vínculos con otras disciplinas o con otros asuntos extra-académicos. Díganme un sólo gran filósofo que se ha dedicado únicamente a leer libros de filosofía o a conversar solamente con filósofos.

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