Sueños dogmáticos

El estudiante de filosofía, por lo menos la encarnación que con la que me he topado por acá las más de las veces, suele ser bastante soberbio. Suele pensar, como todo joven revolucionario ingenuo, que la historia parece empezar con él. Se cree muy inteligente y especial (tiende a ser “quejón”, “criticón” y “ninguneador”). Lee muchos libros, escribe poco y no publica o da conferencias (ya que éstas nunca pueden cumplir sus estándares de perfección). Suele ser muy crítico de sus profesores, pues piensa que no son tan buenos para lo que él merece, o que quizá antes sí eran buenos, pero ya no (sea flojera, trabajo burocrático, etc). Además, nuestro novel y prometedor estudiante, por tener este particular “carácter”, suele llevarse mal con casi todos ellos.

De todo esto, nuestro estudiante desprende dos críticas bastante comunes:

(1) los profesores antes eran más académicos y ahora son más burócratas y esto porque se han dedicado (por ponerlo de alguna manera) a “gobernar” la universidad en lugar de “pensar” filosóficamente (de académicos a burócratas)

(2) los profesores son “argolleros” porque no aprecian o reconocen el talento de nuestro novel estudiante, ya sea porque “se llevan mal con él”, ya sea porque son “discriminadores” (racial, étnica o socioeconómicamente), ya sea porque sus temas de interés son diferentes.

En pocas palabras, parece que nuestro estudiante demanda que la universidad sea guíe solamente por una “meritocracia pura” para poder hacer una carrera académica en la universidad, así como la necesidad de que dicha élite intelectual elegida meritocráticamente pueda dedicarse al “pensamiento puro”. A esta visión, con muchas más cosas que no viene al caso señalar aquí, es a la que he denominado (con Eduardo), el “sueño dogmático”.

Creo que esta visión está esencialmente equivocada. Y no porque yo sea un “mero apologeta” de las decisiones de los profesores, a los que les tengo gran estima, respeto y aprecio, sino por razones que a mi juicio son mucho más estructurales. Me gustaría mirar estos problemas como síntomas de cuestiones menos voluntaristas y más institucionales. El problema de fondo, con la visión anteriormente expuesta, radica en el ingenuo ideal de universidad: la comunidad ideal de investigadores (¡casi como el Reino de los Fines!) regida puramente bajo la meritocracia. Creo que sería mejor pensar no solamente que la universidad es (y debe ser) una institución académica, sino que también es (y será) una institución política. Ello hace que tenga sus propias instituciones políticas de autogobierno.

Y acá es donde se profundiza mi punto en relación crítica a la visión anterior. Toda institución quiere preservarse y adaptarse y, de hecho, las élites que gobiernan quieren mantenerse gobernando. Hasta aquí, esto es política 101. Pero en la universidad los “ciudadanos” más importantes (en el sentido de que tienen voz y voto y la posibilidad de postular a cargos de gobierno) son los profesores. Son los profesores los que adquieren derechos políticos pasivos y activos, esto es, capacidad de votar y de ser votado. Pero cuando digo profesor no me refiero a cualquier profesor contratado de Tiempo Parcial por Asignaturas (TPA, es el grupo al que pertenezco), ya que ellos solamente tienen (básicamente) “derechos económicos”. Son los profesores Ordinarios los que adquieren estos derechos: ser miembros de la comunidad universitaria (no solamente en el sentido académico, sino si quieren, en el sentido de ser “ciudadanos” de la “comunidad política”). Y acá los profesores ordinarios se distinguen en tres grupos: Ordinarios Auxiliares, Ordinarios Asociados y Ordinarios Principales. Los profesores van ascendiendo en estos rangos a través de múltiples factores (factores que desarrollaré en otro post), como tiempo de dictado, publicaciones, investigaciones, grados académicos, etc. Ahora bien, donde esto se pone interesante es en dos puntos:

(1) Ascender en estos rangos da, al margen del prestigio académico, de ganar más dinero o de la posibilidad de concursar a cuestiones académicas, la posibilidad de poder tener puestos de “gobierno” en las instituciones de la universidad. Por ejemplo, solamente un profesor Ordinario Principal es elegible para Decano de una Facultad.

(2) Parte del puntaje que se toma en cuenta, en los concursos, para promover la carrera de un profesor tiene que ver con los cargos de “gobierno” de la universidad.

Creo que se nota un poco la condición del profesor entonces: para ascender en la carrera académica de profesor no basta desarrollar lo académico, sino también lo político. Y, además, al desarrollar la carrera de profesor lo que más inmediatamente uno gana son derechos políticos, tanto activos, como pasivos. Vemos entonces como se desvanece la ilusión de nuestro novel estudiante: su universidad está atravesada por relaciones políticas y no porque ello sea imperfecto, propio de universidades “en desarrollo”. No, ello es constitutivo e inherente a la institución universitaria tal y como la conocemos (aunque habría que comparar con otros casos, obviamente).

Hemos visto entonces, que no es tan sencillo decir que los profesores pasan de “académicos” a “burócratas” porque “son flojos” o porque “ya no les interesa pensar” y demás tonterías. La estructura institucional de nuestra universidad incentiva esto y restringe lo otro. Y el segundo punto que presentamos al inicio también parece empezar a complejizarse en la misma línea.

Y es que, si lo que gana un profesor al hacer carrera de profesor, carrera que es académica Y política, tiene que ver con la posibilidad de elegir y ser elegido; y si ligamos eso con la idea de que las élites políticas quieren mantenerse en el poder (si quieren podríamos buscar adaptar la “hegemonía” gramsciana o quizá algo de los “AIE” althussereanos, pero eso será motivo de otro post), entonces puede evidenciarse que la promoción de una carrera académica no puede hacerse por motivos puramente académicos (y ello no porque se trate de una falla del sistema: el sistema promueve esto). Pensemos en las humanidades: los profesores tienen una larga vida y sus carreras académicas también lo serán. Estamos hablando de una persona que podría estar vinculada a la universidad 30, 40, 50 años o más. Si reconocemos esto…. ¿Qué sentido tendría para la élite promover la carrera de alguien que termine siendo disidente de dicha élite en materia política? No se trata de algo tan burdo como “argollería”, se trata de lineamientos políticos. Y acá no quiero ser reduccionista y sigo a Bourdieu: se trata de muchas más variables. No solamente lineamientos políticos, sean éstos intra o extra universitarios, sino también lineamientos de temas de interés, de relaciones sociales, etc, etc. Desde esta perspectiva vemos pues, que el sistema mismo promueve dicha asimilación de lo similar para formar parte de lo similar. No tendría sentido que un estudiante que se lleva mal con quienes promueven las carreras académica, fuese promovido. Ello sería admitir la posibilidad de la disidencia y de votos no alineados. Y ello, en política,  no es lo que se busca.

Estas son intuiciones y reflexiones que he venido teniendo sobre la universidad y sus instituciones. No quiero que se piense que pienso que tal tipo de estudiante es un idiota. Simplemente creo que es ingenuo. No quiero que se piense que critico a los profesores. Al contrario: parece que bajo esta lógica se actúa “racionalmente”. Mi interés va por una reflexión crítica (en sentido constructivo) hacia la institucionalidad universitaria. Siento mucho interés por el problema de la educación en nuestro país y abordar el tema de las instituciones de la universidad y de la lógica que opera es muy importante para comprender problemas o cuestiones sintomáticas desde una perspectiva mucho más compleja. Ello permitirá mejorar la universidad y la educación, así como hacernos conscientes de las múltiples variables que operan y atraviesan nuestras relaciones e instituciones.

Queda obviamente pendiente, y acá agradezco los comentarios de Raúl y Eduardo, prestar atención a cómo se da el peso a lo académico en todo este asunto. Porque no se trata de ir al otro extremo y decir que lo académico no vale nada. Lo otro es qué tanta influencia pueden tener variables económicas (como la condición fáctica de contar con recursos limitados) para comprender estos fenómenos. También, gracias a los comentarios de Omar, deben de buscarse las diferencias con las universidade públicas y las privadas-empresam, así como con las mejores instituciones académicas extranjeras. Todo ello con el fin de ver dónde puede haber mayor “autonomía” de lo académico, si es que ello es posible.

En todo caso, queda constancia de lo compleja que es la situación.

(Volver a Filosofía, academia y nuevas tecnologías)

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11 responses to “Sueños dogmáticos

  • Argus

    De acuerdo. Solo agregaría lo siguiente: creo que es muy importante que profesores de larga trayectoria académica gobiernen la universidad. Solo alguien que ha pasado mucho tiempo en las aulas y en contacto directo con los alumnos puede conocer las necesidades reales de los mismos. Dejar el gobierno de la universidad en manos de administradores que no han pisado un aula en su vida sería un error gravísimo. Precisamente, la idea estupida de la “universidad-empresa” parte de los “genios” que jamás han pisado un aula, cuya experiencia laboral se limita al sector empresarial, pero que tienen poder de decisión en las universidades. Permitir que esto ocurra en la PUCP sería suicida!!

    Ahora, lo que se tiene que hacer para que este paso de los profesores antiguos al gobierno de la universidad no afecte la calidad de la educación, es implementar una política mucho más activa de contratación de “nuevos talentos”: profesores jóvenes de excelente formación académica que se dediquen a tiempo completo a la enseñanza y a la investigación. Si descuidamos este segundo elemento, la calidad de la educación de las nuevas generaciones de filósofos va ha ser afectada.

    • Erich Luna

      Hola Argus

      Concuerdo con que es importante que profesores con trayectoria tengan parte en el gobierno de la universidad. Sin embargo, creo que debe haber una profesionalización de la burocracia y gestión que sea independiente y eficiente, aunque esté (en última instancia) en función de fines académicos.

      También concuerdo con la importancia de invertir en jóvenes académicos. Sin embargo, recuerda que también hay variables políticas en juego. Eso es lo que ha querido desarrollar el post.

      Saludos,
      Erich

  • MarcoTrigoso

    Muy interesante; sin embargo, me parece que dejas de lado una variable muy importante en este “rechazo” del estudiante hacia los profesores. La directriz de la carrera, por ejemplo, la especialidad de Literatura que ahora más que nunca se acerca a los Estudios culturales y no al análisis literario. Claro que aquí habría cabos sueltos que identificar como “qué se toma por análsis literario”, pero me parece es un punto muy importante, pues supones que las especialidades se enfocan en sus puntos de trabajo.

  • Erich Luna

    Hola Marco

    Ese “rechazo” que señalas es cierto que también constituye una variable a tomar en cuenta. Pero también matizaría esto porque todo departamento tendrá una orientación y siempre los alumnos querrán ver más cosas que las que se ofrecen.

    ¿La posición histérica (menciono el término lacaniano por tu alusión a los Estudios Culturales :p)?

    No conozco el caso de literatura, pero podrías escribir en tu blog al respecto. Con gusto lo leería para comparar casos. Quizá en tu caso la cuestión sea más evidente porque se ha estado dando un giro en los temas que se tratan en la especialidad. Esto todavía no está pasando en filosofía.

    Saludos,
    Erich

  • El final de una época « Sagrada Anarquía

    […] De otro lado, estos años me han hecho reparar en el valor de la oportunidad. Finalmente, dictar en la universidad desde tan jóvenes (yo empecé a los 21 años) es una oportunidad que los profesores con más experiencia nos han dado. Seguramente, tampoco hay que ser mezquinos, vieron en nosotros algún potencial, pero, en el fondo, siempre asumieron algún nivel de riesgo al darnos la confianza. Agradezco mucho eso, enseñando he aprendido inmensamente y, hay que decirlo, lo he hecho más en el terreno personal que en el académico. El filósofo no es por formación instruido en la humildad, de hecho, por el contrario, su formación suele exacerbar su vocación, normalmente previa, por la soberbia. En ese sentido, estar plenamente al tanto del rol de la oportunidad es algo que, indirectamente, mesura el carácter y apacigua la vana gloria. Eso no quita, por supuesto, que haya lo que se suele llamar “argollas” y demás, pero, en mi experiencia, cada vez más se buscó un sistema transparente de asimilación de JPs y, cuando no se hizo vía concurso, las más de las veces se incorporó al profesorado a personas muy capaces. Sobre el tema del profesorado y la institución universitaria, dicho sea de paso, Daniel ha escrito unas líneas muy interesantes. […]

  • 5 sueños dogmáticos en los que un estudiante de filosofía no debe caer « Vacío

    […] (Continuando con la reflexión sobre los “sueños dogmáticos”) […]

  • serfilosofa

    Me sorprende coincidir en muchas cosas contigo, pues creía prejuiciosamente, lo reconozco, que toda la odisea que implica estudiar y pretender vivir de la filosofía o haciendo filosofía en estos tiempos, era una realidad solo para los que estudiamos en universidades públicas en donde es muy triste ver en primer año una cantidad interesante de cachimbos para luego a mitad de año el aula vaya quedando cada vez más vacía, lo cual demuestra las equivocadas ideas, perspectivas o pretensiones de los alumnos a la hora de decidir ser profesionales de la filosofía y todo lo que ello implica. Incluso creo que se debería hablar más al respecto a los alumnos de pregrado que muchas veces están más preocupados en terminar de leer los libros para poder aprobar sus exámenes. En fin creo se puede decir mucho más todavía al respecto. En relación a esto yo tengo por publicar un pequeño artículo que trata sobre los prejuicios al respecto del “filosofo” que son con los que yo me he topado en el día a día de mis relaciones de trabajo, sociales, familiares, etc. hace un mes que pude crear mi blog y allí escribo de lo que me parece interesante. Así que creo que somos muchos los que compartimos esta especie de “ruta” que esperamos nos lleve a algo y, si es a ser filósofos, pues mejor. Un abrazo¡¡¡

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