El desenkantamiento del caviar y el análisis del anti-caviar

“Deberías revisar eso en tu análisis”

Mentada de madre entre lacanianos

Este semestre estoy asistiendo como alumno libre al curso que Carlos Meléndez está dictando en la especialidad de Ciencia política de la PUCP. El curso tiene por título genérico “Temas en política comparada 2”, pero el tema concreto es estudiar a los partidos políticos y sus relaciones con los electores a partir de ciertas teorías sobre los vínculos políticos y el comportamiento electoral. Pensaba escribir sobre el curso cuando éste terminara, cosa que resumía (¡y discutía!) las ideas de cada clase (una por una) a partir de mis notas de clase. Sin embargo, la última clase (la primera mitad de la séptima sesión), algunas ideas que se presentaron me hicieron pensar en algunas cosas ligadas a algunos aspectos filosóficos, casi al modo de mi post sobre los anti-caviares (que espero ampliar y profundizar más adelante).

Esta manera de pensar algunas cuestiones relativas a la relación entre la reflexión filosófica y el estudio de otras disciplinas (en este caso, ciencia política) me parece que va muy en la línea de lo que dijo Bryant en una de las últimas entrevistas que le hicieron:

Returning, then, to the question of daily practices, I find that the last place I look to stimulate my machines are philosophical texts.  A return to philosophical texts only comes later.  Rather, I believe it’s necessary to look to that which is outside philosophy to get these machines running.  Thus I spend a lot of time reading about mathematics, various sciences (especially biology and physics), ethnography and sociology, literature, and watching documentaries.  These encounters provide the alterity, it seems, to get the machines of theory and concept-building running.

Después de haber revisado las teorías y visiones clásicas sobre los partidos, los sistemas de partidos y la agencia política de las élites (sesiones 1-5), la idea era ahora enfocarse en el elector, pero “desde abajo”. Esto implica adoptar un individualismo metodológico con influencias de la teoría de la elección racional. La pregunta guía es la siguiente: ¿cómo ve la política y el voto un elector?

La teoría clásica sobre el cálculo del voto de Riker y Ordeshook (“A theory of the calculus of voting“, de 1968) parte del supuesto de que el elector es racional. A partir de aquí voy a presentar muy breve y esquemáticamente las ideas esenciales de la teoría. Asimismo, voy a tratar de presentar los argumentos de la manera más sencilla y accesible posible.

En el caso del voto, la idea es que un elector votará cuando su “recompensa” sea mayor a cero. Si votar es “igual” o menor a cero, entonces votar es irracional. La idea es que el elector racional votará, siempre y cuando los beneficios de hacerlo sean mayores a los costos. Esto, además, debe tener en cuenta a la probabilidad de que el voto del elector importe.

Ejemplos de costos son el tiempo que dediquemos a votar, el adquirir y procesar la información, la movilización, el dejar de trabajar e incluso correr el riesgo de padecer un accidente. La es que votar será racional cuando los beneficios sean mayores a los costos. Obviamente, en el caso de elecciones democráticas y competitivas habrá por lo menos una oferta de dos o más candidatos, con lo que el elector deberá decidir su voto. Bajo este esquema, el elector votará por el que le genere mayor utilidad.

¿Cómo abordar la magnitud de la utilidad? Hay aspectos que dependen esencialmente del individuo y aspectos que no dependen de él. El elector racional elegirá determinar positivamente su utilidad buscando el mayor beneficio posible. Es muy raro que en lugar de eso opte por una determinar su elección de manera negativa. Un ejemplo que se puso de esto fue el de un obrero que vote en una elección, sin voto secreto, en contra de su patrón (a mí en realidad me hizo recordar a las elecciones apristas no secretas donde nadie se abstiene y donde suele haber “unanimidad”).

Como determinaciones independientes al individuo, se contemplaron también dos. La primera es la negativa, que son los costos de la elección racional. La positiva es lo que se denomina “deber”. Desde esta perspectiva, el elector racional podría elegir como racional el cumplir con su deber. Por ejemplo, si uno es militante de un partido que sabe que va a perder, aún así podría votar por él y sentirse bien (se puso el ejemplo del voto de Sheput por Toledo en la primera vuelta). Casos análogos serían el votar por la lealtad al sistema político, el cumplimiento del deber cívico o la recompensa social.

Esta idea de añadir algo como “deber” a la ecuación fue lo que me pareció más interesante. Lo normal y cliché es pensar que los modelos de elección racional solamente buscan utilidad y optimizar “sin más” (esta es la crítica básica que la filosofía hace de la racionalidad isntrumental). Sin embargo, en este caso se añade la variable de “deber” que, si bien es laxa y casi parece un “cajón de sastres” donde todo puede entrar, hace que parte de la racionalidad de un elector pueda estar influenciada por ideas y valores no tan “inmediatistas”, “cortoplazistas” o “materiales” (estoy tratando de parafrasear esto porque el texto tiene formalizaciones que son difíciles de transcribir en el wordpress). Quizá la “fórmula clásica” podría escribirse así (en verdad no estoy tan seguro):

R = [Px B – C] + D

¿Por qué, hasta aquí, es que este modelo me interesó? Porque trata de formular los aspectos que podrían pesar más o menos en la toma de decisión de un elector racional para emitir un voto. Se trata de ver si nuestro voto importa (cuestiones de probabilidad), si vamos a obtener beneficios individuales, de si vamos a tener costos bajos y de si vamos a cumplir con nuestro deber.

¿Qué me llamó la atención para con la filosofía de esto? La coincidencia de justo estar dictando la Fundamentación para una metafísica de las costumbres de Kant (no me voy a detener a explicar lo desarrollado por Kant. He escrito unos posts aquí que pueden ayudar a una primera lectura del texto). En todo caso, el punto es que Kant distingue entre los “imperativos hipotéticos” y el “imperativo categórico”. El primer tipo de imperativo no es moral y se caracteriza por establecer una racionalidad instrumental de medios y fines (tanto en lo que concierne a la felicidad, como a la solución técnica de problemas). El segundo tipo de imperativo es el propiamente moral y se caracteriza por ser el cumplimiento del deber (una acción hecha por el deber). Kant nos invita a preguntarnos si es que las máximas que motivan nuestras acciones son máximas que buscan cumplir el deber, o si es que albergan puros motivos egoístas o instrumentales.

Lo interesante es que este modelo presenta una estructura básica para tratar de ver esto.  Y es que, los imperativos hipotéticos pueden verse como las determinaciones positivas que dependen del sujeto (beneficio, utilidad, etc), mientras que el imperativo categórico está presente bajo la categoría de “deber”. De esta manera, este modelo busca ver qué tanto peso tiene en nuestras elecciones el beneficio (“imperativos hipotéticos”) y el deber (“imperativo categórico”). En este rubro de “beneficio” podemos quizá agrupar por “parecidos de familia” algunos autores (que obviamente tienen diferencias significativas). No pretendo equipararlos superficialmente, sino agruparlos: Hobbes, Hume, Smith, Mandeville, Bentham, Mill, Stuart Mill.

Ahora bien, lo único que no cuadra en el esquema (y que ya uno debería haber notado) es que el imperativo categórico kantiano no es una determinación independiente del sujeto (eso sería heteronomía), sino que la ley moral yace en nosotros. Esto se debe a que la ley moral universal es racional y es propia de todo ser racional, ya que la ley es parte de su razón (práctica). Sin embargo, podemos descentrar (o “sacar fuera”) del sujeto el deber con filósofos poskantianos, mostrando que el deber no tendría que ser necesariamente algo “a-histórico”, “formal” o “inmanente” y poder pensar así mejor sus orígenes y características esenciales (y aquí hago una agrupación análoga a la primera): Hegel (a través de la formación, la eticidad, la tradición y los poderes éticos del Estado-nación moderno), Marx (a través de la superestructura ideológica o de la ciencia revolucionaria), Nietzsche (a través de valores impuestos o elegidos que tienen una genealogía y una voluntad), Foucault (a través de mecanismos de dominación, disciplinamiento y vigilancia), Heidegger (a través de asumir la identidad del “se” o “uno”) y Lacan (a través del orden simbólico y del Otro). Ahora podemos pasar a pensar de manera general en algunos electores locales.

El elector típicamente fujimorista será mucho más pragmático que ideológico. El peso principal en su elección estará en los beneficios concretos (tanto particulares, como generales) y no en el “deber”. El elector típicamente de Fuerza Social, si tal cosa sigue existiendo, tendrá mucho más peso en el “deber”. Esto me regresa un poco a las reflexiones sobre “caviares” y “anti-caviares” en el Perú: los caviares tienen un peso muy concentrado en el “deber”, mientras que los anti-caviares concentran el peso de sus elecciones en el “beneficio”.

Lo más importante es que la crítica anti-caviar se sustenta en la idea de que los caviares son hipócritas porque, si bien dicen de jure que actúan por “deber”, de facto actúan por “beneficio” (como los anti-caviares). El anti-caviar no cree que existe sinceridad en las ideas y valores del caviar, cree que se sustentan en ideas “trasnochadas” (de izquierda) y que esconden su verdadero propósito: la búsqueda de su propio auto-interés egoísta. Es en este punto donde los anti-caviares manifiestan un matriz kantiana radical, oscura y perversa (¡”dark kantianism”!). Conciben que la moral como Kant, es decir, como una ética que actúa por el deber. Sin embargo, y a diferencia de Kant, no creen que ello es posible (Kant tampoco es tan optimista, pero aunque sea contempla la posibilidad de). Esto es central porque implica sostener que no puede haber una acción genuinamente moral y desinteresada (siempre hay algo “detrás”). Por eso es que adoptan la careta del cinismo político (“todos roban”, “que robe, pero que haga obra”, “que robe, pero que reparta” y un largo etc.) pero con la pretensión de que no hay otra posibilidad para la acción. El “deber” para ellos nunca puede ser real, sino que siempre expresa una “careta” para dominar o imponer o buscar el propio interés. Es por eso que este cinismo se presenta como post-ideológico (tal y como Žižek lo critica en la figura de Sloterdijk) y expresa una idea análoga a la célebre frase atribuida a Dostoyevski que podríamos parafreasear así: “si el deber no existe (y por lo tanto, no existe la voluntad santa, la única que puede ser considerada como genuinamente moral), entonces solamente el beneficio está permitido (so pena de ser un caviar ‘conchudo’ o ‘cojudo’)”.

Obviamente lo cuestionable de la tesis anterior es que se toma como gratuito que el “beneficio” sea evidente por sí mismo. Desde una perspectiva poskantiana lo que los otros autores empiezan a configurar, y que quizá Lacan y Žižek (a través de él) logran desarrollar mejor a través de su manera de concebir al sujeto, es que el ámbito del “deber” (entendido desde el orden simbólico y el Otro) termina estructurando el campo del “beneficio”. Desde esta perspectiva no puede haber algo post-ideológico porque lo que persigue el “cínico” (en este caso, el anti-caviar neoliberal mariateguista) es algo estructurado por el ámbito de la ideología (“deber”).

Podemos ver como, desde el ataque kantiano del anti-caviar hacia el caviar, el contra-ataque caviar hacia los anti-caviares se da dese Lacan.  Lo que todavía no tengo idea es cómo pensar dentro de ese modelo formal de elección lo “imaginario” y, mucho menos, lo “real”.


8 responses to “El desenkantamiento del caviar y el análisis del anti-caviar

  • La ideología peruana « Sagrada Anarquía

    […] es asunto bien curioso, porque es pragmáticamente contraintuitivo. Como lo ha sugerido Daniel, aunque a través de una línea de razonamiento algo diferente, lo que uno supondría es que las […]

  • Zimmerman

    Daniel, pero Kant nunca afirma que los imperativos categóricas tengan que darse anulando cualquier otro imperativo hipotético. Corresponde a cada uno integrar los mandatos de la moralidad con sus propios intereses personales. De esa forma, un caviar que se gana la vida (compra caviar) defendiendo verdaderamente los derechos humanos está reconciliando sus distintos imperativos hipotéticos (fines en la vida como comprar un carro, etc.) con fines que también tienen contenido moral (defender los derechos humanos).

    A fin de cuentas, el asunto de si lo hace por deber o para satisfacer sus propios fines es cosa que sólo uno puede imputarse a sí mismo (jamás a otros), y sobre lo cual jamás tendremos certeza.

    En ese sentido, la crítica del anti-caviar está viciada de arranque, porque el caviar no tiene por qué decir que lo hace “por deber”. Ya es bastante que sea “conforme al deber”, algo que el anti-caviar ni siquiera logra, pues su menosprecio por la dignidad humana, y actuar consecuente, derivará posiblemente en muchas acciones contrarias al deber (asesinatos, desapariciones, torturas, etc.; o al menos el apoyo mediante una indiferencia a este tipo de tácticas).

    Saludos.

    • Erich Luna

      Hola Martín

      Gracias por tu comentario.

      Yo no he dicho (o no he pretendido decir) que Kant pensara que los imperativos categóricos tengan que darse anulando a los imperativos hipotéticos. De hecho, lo único que buscaba hacer es señalar algunos elementos kantianos que, interpretados de otra manera, podrían quizá servir para pensar algunas cosas.

      Por eso es que señalé que es interesante que exista una exigencia muy grande por parte del “cínico político” anti-caviar hacia el caviar. Kant contempla la posibilidad de la moralidad, pero en este caso (me refiero al del anti-caviar) me parece que la concepción de la moralidad es compartida, pero negada como imposible. Por eso siempre el caviar que se jacta de actuar por deber es un hipócrita. Siempre habrá algún interés por ahí.

      Recuerda que un sentido común anti-caviar es que los caviares se erigen ilegítimamente como la “consciencia moral” de la sociedad, cuando “no representan a nadie”.

      Y es justamente el anti-caviar el que pretendería obrar conforme a un “deber” (porque le conviene). Pero parecería que la acción por deber para el es imposible. De ahí que piense que el grupo que se jacta de no ser autointeresado en realidad sea hipócrita. Por eso es que es tan importante para el anti-caviar resaltar que vivir bajo esos ideales sin ser santo o vivir como “misionero” es hipócrita.

      Por eso es que la manera como resuelves el asunto me parece muy “sencilla”. Yo no estoy diciendo que uno sea simplemente mejor que otro. Lo que estoy tratando de ver son algunas potenciales matrices filosóficas que podrían ayudar a comprender algunas de estas cuestiones (y obviamente hay más cosas que filosofía en esto: historia, economía, cultura, raza, etc, etc). Nunca pretendería agotar un asunto así con algunos filósofos muertos. Solamente me entusiasmó la idea de pensar en como algunas categorías clásicas podían encarnarse de manera diferente en algunas prácticas cotidianas (o quizá podrían ayudar a explicarlas en parte). Asimismo, la idea de pensar en poder ver en concreto algunos de estos conceptos a la luz de la operacionalización de los conceptos es algo que también me interesó. Obviamente no pretendo ningún tipo de reduccionismo, pero sí quizá algún tipo de análisis complementario que busque ver “conceptos encarnados”.

      Saludos,
      Daniel

      • Zimmerman

        De acuerdo. Simplemente me pareció que puesto que el problema fue planteado también en términos kantianos (aunque bastante limitados, recurriendo únicamente a la primera sección), no estaría de más ver cómo la cuestión se resolvería en esos términos, por más sencilla que sea la respuesta (y obviamente no la única ni la mejor respuesta). Desde la misma filosofía de Kant, quizás, se podría articular una respuesta más profunda.

        La historia de la filosofía nos da herramientas que podemos combinar a nuestro antojo, por supuesto.

      • Erich Luna

        Hola Martín

        Gracias por tus comentarios.

        Sí, de hecho el problema fue inicialmente planteado en esos términos. Es cierto que a la luz de mayores elementos filosóficos de la filosofía de Kant esto podría formularse y resolverse de manera diferente. Pero la razón por la cual usé esta dicotomía como hilo conductor (“imperativos hipotéticos” e “imperativo categórico”) fue porque me pareció una raíz filosófica válida que podría subyacer a esta visión que se discutió en la clase de Meléndez, cuando se quiso abordar el estudio del comportamiento electoral desde el votante. Obviamente no pretendo ser un “reduccionista filosófico” pensando que todo lo que los científicos sociales dicen es traducible al “lenguaje filosófico” (sea lo que ello pueda significar). Lo que sí se me sugirió fue tratar de ver qué relación guardan estos conceptos con este marco filosófico y cómo es que estos casos y problemas pueden echar luces para pensar estos asuntos y otros.

        Lo que me entusiasmó, en todo caso, fue la experiencia de poder empezar a ver potenciales puentes entre las disciplinas (algo con lo que siempre he simpatizado) y cómo uno puede empezar a ver conexiones nuevas que nos permitan leer ambas perspectivas de nuevas maneras con el fin de poder formular nuevos problemas e intentar resolver algunos de los que ya tenemos.

        Entonces, sí creo que la historia de la filosofía (y lo ampliaría a decir “la historia a secas”) nos da herramientas que podemos combinar. No sé si sea tan a nuestro “antojo”, puesto que hay que dar justificaciones y argumentos, pero sí hay algo también que involucra cierta “libertad”, o si lo prefieres, “creatividad”. De hecho el propio Kant, y creo que todo gran pensador tiene algo de esto, tuvo un conocimiento bastante rico y exhaustivo de múltiples ciencias y disciplinas, además de la filosofía misma. Esto obviamente fue determinante (no digo que sea determinista) para poder hacer algo tan decisivo como el “giro copernicano”, el abandono del “sueño dogmático” y la constitución del proyecto crítico. Creo que esa sería una de las máximas enseñanzas kantianas, o en todo caso una genuina actitud kantiana.

        Si el buen Immanuel viviese hoy, espero se me conceda el aberrante anacronismo, es obvio que no creería en su filosofía. La física de Newton, la lógica aristotélica y las matemáticas ya no son lo que eran antes. En el plano de la ética, la importancia de la historia, el surgimiento de las ciencias sociales y del psicoanálisis, así como los desarrollos de la psicología, obviamente hacen problemáticas muchas de sus tesis. Lo que sí permanecería sería el interés por saber todo lo que se hace en nuestro tiempo y ver cómo ello es posible, así como la empresa filosofía que, en materia ética, abogue por la universalidad y la dignidad humana. Sin embargo, ello tampoco descarta que los desarrollos de estas disciplinas puedan justamente exigir que uno también tenga que despertar de un “sueño dogmático en materia ética” (¡Quizá ese fue el sueño del que no despertó Kant!). Pero ese es otro debate.

        En todo caso, me gustaría pensar que con una actitud semejante, la actitud de Kant podría unirse a la de Marx y afirmar que “solamente sabe que no es kantiana”.

        Saludos,
        Daniel

  • Eduardo

    Algunos comentarios…

    1. No entiendo la fórmula, porque no describes qué representa cada una de las variables.

    2. Por lo mismo anterior, quizás este comentario es inválido. Pero no veo contemplados los costos de adquisición de información, que aparecen como transparentes o asumidos como cero. Que además se dan en dos niveles.

    2.1. El costo de adquisición de información sobre los beneficios percibidos de votar, y el cálculo para poder determinar si efectivamente es más o menos beneficioso para mí votar o no (en este escenario donde además estamos asumiendo el voto “facultativamente”, me imagino).

    2.2. El costo de adquisición de información sobre los beneficios de una u otra opción política, que, en teoría, es un cálculo que el elector tendría que realizar antes de incluso decidir si votar o no, para poder sopesar si los costos totales son efectivamente menores a los beneficios percibidos.

    3. Entonces, a partir de 2, diría que:

    3.1. Los costos de adquisición de información por sí solos muy probablemente harían, en la mayoría de los casos, el cálculo fuera negativo con respecto al ejercicio del voto. Demasiado trabajo en función a la percepción de los beneficios (en otras palabras, no puedo estarme dando el lujo de leerme todos los planes de gobierno si tengo que trabajar para mantener a mi familia, por ponerlo de alguna manera).

    3.2. No hay ninguna manera a priori de satisfacer el criterio de tener “suficiente información”. ¿Cómo sé cuándo he terminado de realizar los cálculos de los beneficios y los costos con suficiente determinación como para poder tomar una decisión? La suspensión del juicio por el criterio hiperracional termina incrementando aún más el tiempo y los recursos invertidos, haciendo que sólo por el hecho de pensar el respecto demasiado, mi costo hundido termina siendo ya demasiado alto sin haber tomado aún ninguna acción.

    3.3. De esto podría desprenderse algo relativamente perverso, que es que el único voto racional es el voto irresponsable (entendiendo irresponsable por no debidamente informado o no informado en absoluto), por el simple hecho de que la falta de información reduce los costos de transacción al grado en que el ejercicio del voto se vuelve una acción racional.

    4. Todo esto es especulativamente tierno, pero debería generarnos una soberana incomodidad hablar sobre las preferencias de los electores sin ningún tipo de datos de los mismos electores. No digo ni que (a) el análisis prescindiendo de datos sea completamente irrelevante, ni (b) que sólo los datos encierren la verdad de la milanesa. Más bien sugiero que (c) tener datos reales a la mano iluminaría enormemente el trabajo especulativo que puede realizarse. Es como si especuláramos sobre lo que los electores quieren, sin molestarnos en llamarlo y preguntarle “oye, a todo esto, ¿tú qué quieres?”.

    5. Me parece también un poco incompleta la evaluación si consideramos solamente el tema abstracto del “deber” y sus manifestaciones particulares y dejamos fuera de consideración tanto los “cálculos” emocionales que entran en juego (incluyendo la influencia de la propaganda, etc.) así como las normas sociales (p.ej. la presión de grupo, presión de clase, etc.), todos los cuales son elementos que a su vez influyen (por no utilizar el problemático “distorsionan”) en el cálculo que realizamos respecto a las acciones. Lo hacen, además, de maneras que frecuentemente no pueden ponderarse con total claridad.

    6. Si crees que todo este comentario es un rip-off de Jon Elster, tienes razón.

    7. No entiendo cómo no te vuelves loco escribiendo el nombre de Zizek con las Zetas raras (pero correctas) todo el tiempo.

    • Erich Luna

      Hey Eduardo

      Gracias por los comentarios enumerados. A ver…

      1. Que tal si desarrollo más la idea de la fórmula cuando tenga a la mano el texto (ahorita no lo tengo, por eso hice las advertencias del caso cuando traté de recordarla, pido las disculpas del caso y me responsabilizo por la negligencia). Como cualquier fórmula, siempre dejará algo de lado, pero creo que el pathos de los que vienen de la teoría de la elección racional es construir modelos formalistas que expliquen. Y muchas veces, creo, son útiles.

      2. Creo que es buena la precisión del caso. Yo pensé que eso estaría dentro de “costos” con una posible sub-especificación.

      2.1. Creo que esto está contemplado en lo anterior.

      2.2. Creo que esto también está contemplado en lo anterior (el texto de hecho habla sobre condiciones donde el voto es facultativo. Yo no me centré mucho en eso porque acá tenemos voto obligatorio y asumí esa restricción).

      3.1. Completamente de acuerdo. Por eso lo raro es emitir un voto informado. No es “mera ignorancia”. Existe la posibilidad de comprenderlo como una elección racional.

      3.2. Completamente de acuerdo.

      3.3. De acuerdo con el efecto perverso. Pero la relación costo-beneficio (por eso) también incluye valores, ideales, creencias (este concepto de “deber”). Desde esta perspectiva podría ser que, para alguien, leerse algunos planes o leer algunas entrevistas es un “deber cívico”. Pueden sentirse bien por cuestiones abstractas como “compromisos cívico-democráticos”.

      4. Estoy de acuerdo. Estos marcos conceptuales suelen utilizarse para eso. Yo creo que tienes razón. La clase explicó este marco. Es obvio que la idea es ponerlo a prueba.

      5. Estoy de acuerdo. Ese es un límite del marco que debería precisarse porque parece que todo eso se pone bajo el rubro “deber”, como si fuera un cajón de sastre para todo lo que no sea racionalidad instrumental costo-beneficio.

      No estoy de acuerdo con la idea de que esas cuestiones normativas y emocionales “distorsionan”. No creo que hay algo “puro” en la racionalidad instrumental calculadora de costo-beneficio que nuestras normas y pasiones deforman o “enturbian”.

      Creo que ahí podríamos pensar justamente en los marcos poskantianos que parecen estructurar, en parte, las emociones, las normas y el propio autointerés (de Hegel en adelante). Sería el “deber” el que terminaría incluso estructurando la determinación individual de lo que sería un “beneficio”. Por eso es que pensé que Lacan sería interesante, con lo poco que sé de él, cuando se piensa en como el orden simbólico nos enseña a desear (el deseo del Otro).

      6. Siempre hay que volver a Elster.

      7. No las escribo, le meto copy-paste de Wikipedia. Soy un obsesivo.

      Un abrazo,
      Daniel

  • diego

    hola, daniel: gracias x tratar el tema, la verdad que no entendido muy bien el post, pero sí quiero decir, aprovechando que tocas el tema, que hay una generalización que hace que se califique de cabiar a mucha gente… y bueno, creo q de tanto utilizar la palabra creo que se está deformando el significado, o la menos en la comprensión de muchos que utilizan el término.
    Saludos
    Diego

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