¿Es posible la ideología (hoy)? (1)

“(…) en las sociedades contemporáneas, democráticas o totalitarias, esa distancia cínica, la risa, la ironía, son, por así decirlo, parte del juego. La ideología imperante no pretende ser tomada seriamente o literalmente”

-Slavoj Žižek

A modo de “prólogo” o “excurso”.

Hace mucho que no escribía, a pesar de haber estado leyendo un poco más que de costumbre y teniendo muchas cosas sobre las cuales poder escribir. Quizá estaba descansando de ello, aunque realmente me gusta bastante hacerlo. No lo sé. En todo caso, me animó bastante regresar a escribir la primera reunión que tuve hoy con Javier y Susana para discutir El sublime objeto de la ideología (Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2009, traducción de Isabel Vericat Núñez) de Slavoj Žižek (es, además, una muy feliz y grata coincidencia el hecho de que sea ya casi un hecho de que Žižek vaya a estar en Lima en las primeras semanas de marzo).

En todo caso, lo que motivo que vuelva el deseo para escribir fue una breve discusión sobre cómo Žižek empieza a delinear su reivindicación de la categoría de ideología para nuestra época, época que se jacta de ser “post-ideológica”. Espero poder mantener una serie de posts que partan de la lectura de este libro y que se enriquezcan con la discusión crítica que mantenga con la gente del grupo de lectura. Me voy a limitar aquí a estructurar lo que Žižek sostiene en la primera mitad del primer capítulo (“¿Cómo Marx inventó el síntoma?”).

Los siguientes posts, pues, tienen una extensión y pretensión bastante modesta, más para aclarar y problematizar. Si muchas inquietudes se resuelven más adelante, ello se irá mencionando en los siguientes posts, aunque obviamente (en principio) cualquier comentario crítico y constructivo que contribuya a pensar estos temas será agradecido. Si hay algo que disfruto bastante de los blogs es esa experiencia de poder escribir y que el lector tenga la posibilidad de responder (con todo el riesgo de spam y trolls que ello implica). Sin más preámbulos…

***

Žižek es un autor tan desordenado y poco sistemático (y eso que este libro se supone que no lo es tanto) que escribir sobre él es algo que se me ha hecho acá bastante difícil. Voy a tener que hacer breves secciones donde trate de cerrar sus tesis principales para luego poder articularlas. Cada sección lleva por título lo que creo que es la tesis central de esa parte del libro. Primero escribí las secciones y luego pensé en qué títulos podrían condensar las principales tesis.

1. Lo importante no es el “contenido”, ni la “forma”. Lo importante es “cómo” un determinado contenido adopta una determinada forma.

El punto de partida para repensar la cuestión en torno a la ideología viene del hecho de que para Žižek hay cierta homología entre los procesos de interpretación de Marx y Freud (sobre éste último, aprovecho en recordar que Manuel tiene una serie de posts introductorios que valen la pena). De lo que se trata en ambos es de preguntarse por el “secreto” de la forma.

En el caso de Freud, para el caso de los sueños, lo que tenemos es el contenido manifiesto de un sueño y el contenido latente. El sentido común y “folk” sobre el psicoanálisis piensa que éste se dedica esencialmente a decirnos lo que nuestros sueños significan. Es decir, se trataría de decirnos lo que yace latente en nuestros sueños. Y esto para Žižek es un error, ya que el contenido latente es algo consciente o preconsciente. Lo esencial no es el contenido de la forma, sino la manera cómo es que dicho contenido adoptó esa forma. Esto tiene que ver con un deseo sexual reprimido que no es reducible al lenguaje de la comunicación cotidiana, pero que articula al propio sueño (“el trabajo del sueño”).

Según Žižek, en el caso de Marx se da algo análogo cuando éste desarrolla su análisis de la forma-mercancía. La tesis de Marx es que el valor de la mercancía no es arbitrario, azaroso o fruto de una mera oferta o demanda. Así pues, “detrás” de esta forma se encontraría la respuesta: el valor se determina por el tiempo de trabajo (sé que en El capital la cuestión es más compleja, pero me basta esta respuesta, por el momento, para señalar el punto). Descubrir esto es importante, pero no basta (igual que con Freud y el contenido latente). Los economistas ya habían señalado la importancia del trabajo. Ya el joven Marx en sus Manuscritos de París de 1844 (algunos los llaman “Manuscritos económico-filosóficos”) había concordado con Engels en señalar a Adam Smith como el “Martín Lutero” de la Economía política por tal tremendo descubrimiento.

La esencia subjetiva de la propiedad privada, la propiedad privada como actividad para sí, como sujeto, como persona, es el trabajo. Se comprende, pues, que sólo la Economía Política que reconoció como su principio al trabajo —Adam Smith—, que no vio ya en la propiedad privada solamente una situación exterior al hombre, ha de ser considerada tanto como un producto de la energía y movimientos reales de la propiedad privada, cuanto como un producto de la industria moderna; de la misma forma que la Economía Política, de otra parte, ha acelerado y enaltecido la energía y el desarrollo de esta industria y ha hecho de ella un poder de la conciencia. Ante esta Economía Política ilustrada, que ha descubierto la esencia subjetiva la riqueza —dentro de la propiedad privada—, aparecen como adoradores de ídolos, como católicos, los partidarios del sistema dinerario y mercantilista, que sólo ven la propiedad privada como una esencia objetiva para el hombre. Por eso Engels ha llamado con razón a Adam Smith el Lutero de la Economía (Tercer manuscrito).

El análisis de Marx considera, en analogía con Freud, que lo esencial es abordar el “secreto” de la forma mercancía, el porqué tal contenido se “disfrazó” con tal forma.

2. “Ideología”: no es la “falsa conciencia”, sino más bien la realidad social que está soportada por la “falsa conciencia”.

Luego de eso Žižek pasa a desarrollar algunas tesis de Sohn-Rethel. Para Sohn-Rethel el análisis formal de la mercancía tiene la clave para explicar, además de la economía política, (1) el modo de pensar abstracto y conceptual; y (2) la división del trabajo intelectual y manual. Esto para Žižek significa que la forma-mercancía articula el esqueleto del sujeto trascendental kantiano. La tesis es que en la efectividad social (en el intercambio de mercancías) ya se encuentran las categorías y nociones implícitas de la ciencia moderna de la naturaleza (Newton). En el intercambio de mercancías ya realizamos un alto grado de abstracción (que Sohn-Rethel llama “abstracción real” ). La génesis formal del sujeto trascendental se debe al mundo “patológico”. Se trata de un “escándalo” para la filosofía trascendental análogo al “escándalo” del inconsciente freudiano. Žižek al respecto concluye lo siguiente:

(…) la abstracción real es el inconsciente del sujeto trascendental, el soporte del conocimiento científico objetivo-universal (43, las cursivas son del propio Žižek).

Esta abstracción real se caracteriza por hacer como de un postulado. Funciona como el “como si” (kantiano, quizá). Osea, en el mercado, los seres humanos actúan como si las mercancías no estuviesen sometidos a ciclos naturales, de generación y corrupción, etc. El ejemplo más claro sería el dinero: cuando intercambiamos billetes realizamos ya la “abstracción real” cada vez que pagamos y actuamos como si los billetes y las monedas no se desgastarán y fueran “eternas”.  Sabemos que no es así, pero actuamos como si lo fuera. La razón por la cual esto puede funcionar es porque (1) hay una “autoridad” (un Otro) simbólica que garantiza esa “corporalidad sublime”; y (2) los seres humanos que actúan en intercambio no son conscientes de la lógica propia de éste (de la “abstracción real”). Esto último implica que la consistencia ontológica de esta realidad implica un cierto “no-conocimiento” de los participantes.

Esto último es para Žižek una excelente imagen de lo que es una dimensión de la ideología. La visión tradicional piensa que la ideología es una especie de “falsa consciencia” o “representación falsa” de la realidad. Žižek sostiene, desde esta perspectiva, que es la misma realidad la que ya es ideológica.

(…) ideológica es una realidad social cuya existencia implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su esencia-, es decir, la efectividad social, cuya misma reproducción implica que los individuos ‘no sepan lo que están haciendo’. ‘Ideológica’ no es la ‘falsa conciencia’ de un ser (social) sino este ser en la medida en que está soportado por la ‘falsa conciencia’ (46-47, las cursivas son de Žižek).

Ese último párrafo sintetiza muy bien este giro: no es que la falsa representación es lo ideológico. La falsa representación, entendida como un no-saber, es el soporte estructural de una realidad social que es lo propiamente ideológico. Acá Žižek piensa que la ideología tiene la misma lógica que el síntoma: uno solamente puede “gozar su síntoma” si es que su lógica se le escapa. Si realizamos una interpretación exitosa de la lógica del síntoma, éste se disuelve. Mi pregunta es si es que esta manera de abordar la ideología es realmente marxista. No digo esto por el marxismo ortdoxo que sí cree en la tesis de que la ideología es una “falsa conciencia”. Lo digo porque esta lógica de que los seres humanos actúan en una realidad ideológica que se sostiene en un no conocimiento que si se supiese (osea, si llegáramos a “saber demasiado”) se “disolvería” suena a algo que defenderían los hegelianos de izquierda. Osea, si tu conciencia deja de ser “falsa”, entonces la realidad social que soporta se caerá. Recordemos que Marx criticaba esto porque señalaba que si uno tenía una “correcta “conciencia de la explotación, no por ello la explotación dejaba de existir. Žižek no va a mantener esta noción de ideología para nuestra época, pero mi pregunta es si es que es más marxista que hegeliana de izquierda. Quizá una posible replica a esto es que tanto el marxismo ortodoxo, como el hegelianismo de izquierda mantienen supuestos ontológicos sobre la “realidad extramental” que la mirada psicoanalítica de Žižek no aceptaría. En fin, lo dejo abierto por el momento y dejo el prólogo a La ideología alemana (está citado en inglés porque no encontré la traducción del prólogo. Si alguien consigue el enlace, avíseme).

Hitherto men have constantly made up for themselves false conceptions about themselves, about what they are and what they ought to be. They have arranged their relationships according to their ideas of God, of normal man, etc. The phantoms of their brains have got out of their hands. They, the creators, have bowed down before their creations. Let us liberate them from the chimeras, the ideas, dogmas, imaginary beings under the yoke of which they are pining away. Let us revolt against the rule of thoughts. Let us teach men, says one, to exchange these imaginations for thoughts which correspond to the essence of man; says the second, to take up a critical attitude to them; says the third, to knock them out of their heads; and — existing reality will collapse.

These innocent and childlike fancies are the kernel of the modern Young-Hegelian philosophy, which not only is received by the German public with horror and awe, but is announced by our philosophic heroes with the solemn consciousness of its cataclysmic dangerousness and criminal ruthlessness. The first volume of the present publication has the aim of uncloaking these sheep, who take themselves and are taken for wolves; of showing how their bleating merely imitates in a philosophic form the conceptions of the German middle class; how the boasting of these philosophic commentators only mirrors the wretchedness of the real conditions in Germany. It is its aim to debunk and discredit the philosophic struggle with the shadows of reality, which appeals to the dreamy and muddled German nation.

Once upon a time a valiant fellow had the idea that men were drowned in water only because they were possessed with the idea of gravity. If they were to knock this notion out of their heads, say by stating it to be a superstition, a religious concept, they would be sublimely proof against any danger from water. His whole life long he fought against the illusion of gravity, of whose harmful results all statistics brought him new and manifold evidence. This valiant fellow was the type of the new revolutionary philosophers in Germany.


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