Filosofía e interdisciplinariedad

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Lamentablemente, por cuestiones de tiempo olvidé mencionar que esta semana se está llevando a cabo del VI Simposio de Estudiantes de filosofía. Participé en una mesa titulada “Interdisciplinariedad y especialización: retos de la filosofía contemporánea”. Estuve con Danilo, José Carlos y fue moderador de la mesa Alejandro. Creo que en general el evento salió bien. Muchas de las ideas que fui desarrollando aquí me sirvieron de base para articular una ponencia titulada justamente “Filosofía e interdisciplinariedad” (las fotos son obviamente cortesía de la maestra de Cécile. Pueden ver más fotos suyas de los “eventos filosóficos” locales, aquí).

(Por si alguien no llega a leer los carteles con los nombres. De izquierda a derecha: yo, Alejandro, José Carlos y Danilo)

Para los que no pudieron asistir o para los interesados, cuelgo aquí la ponencia íntegramente. Espero que pueda surgir desde este espacio un “conversatorio paralelo”. Es obvio que la manera de escribirlo fue pensada para ser escuchado y no leído. De ahí que el estilo pueda parecer muy repetitivo en muchos puntos. Las notas a pie de página no fueron leídas. Hubo algunas digresiones breves que espero recordar y poner entre corchetes más adelante. Sin más preámbulo…

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Filosofía e interdisciplinariedad

(Hice muchas veces ese gesto en la ponencia. Gracias a Steven Levitsky por enseñarme la importancia del podio)

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§ 1. Tres consideraciones previas.

1. No creo que esta mesa temática debería formar parte del Simposio de Estudiantes. No digo esto con mala intención o para “criticar por criticar”. Simplemente creo que el espacio no es el adecuado. Ahora bien, lo problemático es que no hay propiamente un “espacio adecuado” y por eso se pensó en discutir estas cuestiones aquí. Como creo que estos temas, discusiones y cuestiones son muy importantes para los que somos estudiantes, accedí de buen agrado, aunque con ciertas preocupaciones sobre cómo se interpretaría una mesa de este tipo, tanto por parte de los organizadores y demás ponentes, como por parte de los oyentes. Queda claro pues, que el “desconcierto” de una mesa así es compartido también por mí mismo y por quienes me acompañan en esta mesa. Expresa pues, en todo caso, el síntoma de algo. Nosotros queremos reflexionar hoy sobre las características de este “síntoma” y sobre ese “algo” que busca anunciarse a través de dicha manifestación sintomática.

2. No voy a propiamente “proponer” algo en sentido normativo. Es decir, acá no se va a “pontificar” sobre lo que se “debería hacer” o sobre lo que uno “debería ser”. Esta mesa tiene por temas principales ciertos problemas que los tres consideramos importantes: qué es la filosofía, cuál es la naturaleza de los problemas filosóficos, cómo se relaciona la filosofía con su propia tradición, cómo se relaciona con otras disciplinas, etc. No creo sinceramente que exista una única buena respuesta para estas complejas cuestiones. Voy a hablar en mi caso, más bien, a título personal, en base a las experiencias que haya podido tener como estudiante. Espero poder derivar de ello algunas intuiciones, diagnósticos y eventuales aportes o aproximaciones que enriquezcan la discusión de estos temas.

3. Este simposio es de estudiantes. Y ellos constituyen, en su mayoría esencial, a los ponentes, oyentes, organizadores y participantes principales de este evento. En mi caso, quiero definir provisionalmente al estudiante de filosofía de manera minimalista. Desde esta perspectiva, un “estudiante de filosofía” es aquel que no ha concluido sus estudios académicos “institucionales”. Es decir, voy a tratar de hablar para alguien que esté todavía estudiando el pregrado, haciendo la licenciatura o, a lo más, haciendo una maestría, que es lo que yo me encuentro haciendo. Los estudios de doctorado, si bien son algo que se incluye dentro de mi definición minimalista, son algo que aún no empiezo, así que no puedo hablar a título personal de ello. Ello excede mis propias experiencias, testimonios y reflexiones.

¿Por qué hacer una definición de tipo minimalista, teniendo como criterio a la formación institucional? Es cierto que el “estudiante de filosofía” podría entenderse, también, bajo una definición maximalista. Lo normal de hecho es tomar esta definición: uno de los más importantes representantes de esa concepción del estudiante de filosofía durante el siglo XX fue Husserl. Él, siendo un gran filósofo y académico, siempre se consideró a sí mismo como el “eterno aprendiz”. Creo que esta concepción del estudiante de filosofía es valiosísima (mucho más de la que estoy proponiendo), pero me gustaría prescindir de ella por el momento y restringir el concepto para aludir al estudiante que se sigue formando institucionalmente en la academia, en la universidad.

Delimitar el espectro de los estudiantes de esta manera minimalista permite situar y contextualizar los supuestos y límites de nuestra mesa. Y es que, sería absurdo bajo la definición maximalista hablar en esta mesa sobre qué es la filosofía, la formación filosófica, la academia, etc., sin tener presente la opinión de profesores y académicos con estudios de posgrado, investigaciones, publicaciones, años de experiencia docente, etc. Para que la mesa misma no peque de ser inmadura, irreflexiva, ridícula o hasta pretenciosa, es necesario pues hacer esta tercera consideración previa.  Yo hablo como estudiante y para estudiantes. Debe tenerse esto en cuenta para comprender el contexto, los límites y las posibilidades de mi propia intervención, de la de Danilo y de la de José Carlos. Ello baste pues, para intentar dotar de cierta legitimidad a lo que pueda decirse aquí.

§ 2. Entre la actividad y la profesionalidad.

Si ser matemático no es equivalente a ser un historiador erudito de las matemáticas (o de un período de su historia) o ser científico no es igual a ser un historiador erudito de la ciencia (o de algún momento clave de su historia), entonces una de nuestras preguntas esenciales debe ser la siguiente: ¿ser filósofo es algo distinto a ser un historiador erudito de la filosofía (de algún período o de algún filósofo en particular o de algún libro en particular)? ¿Es el especialista un filósofo? ¿Es el filósofo un especialista? ¿Un experto? ¿Un Scholar[1]?

Podemos distinguir por lo menos dos dimensiones útiles de lo que puede significar la filosofía para comprender esto. La primera es pensar a la filosofía como una actitud o como una actividad, un quehacer. Desde esta perspectiva la filosofía se ve como una posibilidad de la existencia humana. A modo de ejemplo, la fenomenología, en sus múltiples variantes, ha señalado este rasgo de la filosofía: un cambio de mirada, un cambio de actitud. Sin embargo, debemos complementar esta definición más “inclusiva” o “democrática”, con una más “exclusiva” o “elitista” (en sentido no peyorativo, obviamente): la filosofía como una profesión y como un saber determinado, específico, etc. Desde la segunda acepción no parece pues, que todos son o puedan ser filósofos. ¿Cómo podemos pues, articular estas dos dimensiones?

Lo que parece ser bastante cierto es que para poder desarrollar reflexiones filosóficas importantes uno necesita tener un conocimiento serio y riguroso de la historia de la filosofía. Siempre se pueden señalar casos excepcionales de grandes filósofos que no hayan tenido un manejo excesivamente exhaustivo y erudito de la tradición (Wittgenstein y Nietzsche suelen ser los ejemplos favoritos y algunos llegan hasta a mencionar al propio Kant[2]). Sin embargo, ellos son la excepción y no la norma. Podemos decir pues, que en circunstancias “normales” (si tal expresión tiene sentido en algo como la historia de los grandes filósofos) dicho conocimiento y manejo de la tradición es una condición necesaria. La tesis central es más o menos la siguiente: “Hablar con fundamento exige un conocimiento de aquello de lo que se habla y crítica”. Ello constituye lo más propio e íntimo de la máxima fenomenológica por excelencia (“¡A las cosas mismas!”). Bajo este esquema, entonces, se sostiene que para hacer filosofía es necesario y suficiente conocer la filosofía. Luego, un buen filósofo requiere conocer de filosofía (entendiendo por ésta a la historia de la filosofía) para poder filosofar seriamente y por eso debe estudiar filosofía, ya sea un pregrado o posgrado, pero en la Universidad.

Creo que en líneas generales esto es cierto, pero insuficiente. Es decir, el manejo de la tradición filosófica y de la formación filosófica que el estudiante recibe es una condición necesaria (y fundamental), pero no suficiente para el quehacer filosófico mismo. El eje del asunto se juega en la relación que tiene la filosofía con su historia y, sobre todo, con los asuntos (¡las cosas mismas!) sobre los que ella reflexiona. El punto crítico del argumento a favor del conocimiento de la tradición es correcto, pero reduccionista. La razón es la siguiente: porque implícitamente piensa que conocer de asuntos filosóficos es conocer de libros y autores[3]. Creo que ello es cierto en buena parte, pero no es todo lo que supone la filosofía en sentido propio y eminente.

La filosofía no nació siendo una pura exégesis erudita e historiográfica de la filosofía. Surgió, y se desarrolló en lo esencial, como una actividad crítica que se pregunta por problemas y cuestiones, por asuntos (que no tienen que ser entendidos como un catálogo ahistórico de problemas). Obviamente, debido al desarrollo de la filosofía a través de su historia, uno no puede hacer como si esta tradición no existiese, o como si no fuera importante. Conocer la tradición es importante y de hecho podríamos decir que es una de las “condiciones fundamentales”, pero no es el único y principal objetivo que persigue la actividad filosófica desde sus orígenes. Si no, de lo que se trataría es de un Scholar, lo cual no tiene nada de malo en sí mismo, pero me resulta problemático y polémico equiparar esa actividad, sin más, al quehacer filosófico mismo.

Uniendo estas ideas con las anteriores, podemos ver como hay una mayor afinidad entre la definición maximalista de estudiante de filosofía y la dimensión inclusiva (democrática) de la filosofía, así como entre la definición minimalista y la dimensión exclusiva (elitista). Ello no busca expresar relaciones deterministas entre ambos aspectos, sino más bien lo que Max Weber llamaba “afinidad electiva”[4]. Así pues, de la misma manera que delimitamos provisionalmente nuestro análisis a la definición maximalista, ahora deberemos complementarla con la dimensión exclusiva. De esta manera tenemos al estudiante y a la formación que recibirá. Sobre la base de estos supuestos es que pasaremos a ver los problemas que ello puede suscitar y las posibles maneras de complementar dicha formación.

§ 3. Canon y especialización.

Un asunto muy importante en esta problemática sobre la formación es el relativo al canon. Todo departamento, región, tradición, tendrá su canon de autores, textos, temas y problemas. Por ejemplo, en nuestro departamento de filosofía, algunos de nuestros principales referentes contemporáneos  son los clásicos alemanes de la fenomenología y hermenéutica: Husserl, Heidegger y Gadamer, entre otros. Ello no es algo bueno o malo “en sí mismo”. Simplemente expresa que dichos autores gozan de cierta “hegemonía” en lo que a referencias se refiere (y en todo lugar siempre habrá autores hegemónicos que configuren un canon). Esto se debe a múltiples causas, una de ellas es obviamente el hecho de que el departamento tenga (y quiera tener) especialistas en determinados temas. Si cambian los especialistas, necesariamente cambia el canon. De ahí que pueda haber un interés de la propia institución por reproducir especialistas en los mismos temas o en temas que sean requeridos por la institución, casi al modo de los aparatos ideológicos de Estado althusserianos[5]. Pienso sinceramente, y no creo decir con esto nada que no pueda llegar a ser obvio, que la originalidad del quehacer filosófico, en lo que a la apropiación de la tradición se refiere, tiene mucho que ver también con la introducción de referentes no canónicos para la investigación y discusión.

Y es que, el problema del canon filosófico, en tanto tentación y riesgo constante, es la de seguirlo rígidamente, pasivamente, acríticamente. No se debe de asumir que la filosofía vive y existe solamente dentro del canon, y acá uno podría ser más radical y hablar o pensar en la posibilidad de ir más allá del “canon filosófico” mismo. Podría haber legítimamente reflexión filosófica en la literatura, en el arte en general, en las ciencias sociales, etc. Si bien es cierto que la filosofía está en sus textos (libros de filosofía), ello no creo que debería hacernos “equiparar” sin más a la filosofía con sus textos. Introducir nuevos autores e intereses diferentes a los hegemónicos que el canon impone puede ser “subversivo” en el mejor de los sentidos: renueva las ideas, introduce debates, temas, problemas, etc. En esta línea es que puede considerarse como una muy buena posibilidad el armar círculos (extra-académicos y no necesariamente conformados por únicamente filósofos o estudiantes de filosofía) o espacios grupales de lectura, reflexión y discusión de asuntos no necesariamente ligados al canon. Esto puede complementar a la formación institucional. Asimismo, leer textos filosóficos con no filósofos es también algo muy enriquecedor para la formación filosófica misma.

Obviamente, esto puede resultar difícil debido a la progresiva desarticulación y separación en la que pueden caer las especialidades, carreras, departamentos y facultades. Ello es comprensible por una lógica de progresiva especialización, que tiene sus ventajas, pero también sus riesgos. Podemos pensar como uno de los intereses y orígenes que dieron lugar a esta lógica al espíritu propio de la ciencia por analizar la realidad, a través de la división y descomposición de ésta en sus partes simples. Esto puede apreciarse en la división entre Facultades y Especialidades en cualquier Universidad, división que podemos apreciar no solamente en cualquier currícula sino incluso en la organización espacial de la Universidad. Los artistas producen por un lado, los científicos por otro, los humanistas por otro, los científicos sociales por otro, etc. Diagnósticos interesantes de este tipo han sido los realizados por Ken Robinson quien, buscando pensar nuevas posibilidades y cambios en lo que a paradigmas educativos[6] se refiere, resalta que la universidad tuvo un origen ilustrado que responde a una lógica propia del siglo XVIII (industrial), lógica que comparte con la fábrica moderna[7].

Hablar de maneras de romper con este desarrollo, si es que lo llegásemos a considerar problemático o equivocado, excede con creces a los límites de esta ponencia. Ya he dicho que no vamos a enfocarnos en discusiones concretas de “reformas” o “transformaciones” a nivel institucional. Pero siempre podemos pensar, de manera provisional, en posibles maneras de enfrentar estos problemas. Un primer paso, pero importante (y que está legitimado institucionalmente) es llevar cursos en otras especialidades y, si es posible, en otras facultades. Nuestra universidad ofrece ocho créditos de libre disponibilidad para llevar cualquier curso en cualquier facultad, en cualquier especialidad. Creo que el estudiante de filosofía debe aprovechar esto para poder estudiar otros temas, con otros profesores, con criterios de evaluación diferentes y, sobre todo, con otros alumnos. Esto nos fuerza a entender otros registros académicos y a poder comunicarnos en diferentes registros y niveles. Esta exigencia es esencial para poder discutir genuinamente y conformar una genuina comunidad académico-científica. Ello puede ser un primer intento por acercar a las disciplinas entre sí y a criticar el solipsismo en el que pueden caer si se aíslan.

§ 4. Interdisciplinariedad y especialistas.

Un gran paso que ha querido darse a partir de estos problemas es el de la interdisciplinariedad. Hoy, en nuestro medio, ésta se ha posicionado como si fuera una especie de “imperativo”. Queremos creer que ese llamado es producto de la complejidad de los problemas: complejización de procesos económicos, sociales, y culturales, entre muchos otros, frente a los cuales las respuestas estrechamente disciplinarias e híper-especializadas se quedan cortas o se muestran insuficientes. Podríamos decir que la tesis básica de la interdisciplinariedad es la de generar miradas complejas para problemas complejos.  Sin embargo, por la lógica anteriormente mencionada, existe un problema con este valioso intento. Y es que, lo que se busca es que estos departamentos y estas especialidades, separados y aislados temática, curricular y espacialmente por décadas de especialización analítica-temática de pronto se ven obligados a conversar, dialogar y producir saber interdisciplinario. ¿Qué podría implicar esta producción, si quiere ser genuinamente interdisciplinaria? ¿Reunir bajo un solo volumen temático artículos hechos por especialistas de diferentes disciplinas? ¿Crear collages curriculares en la forma de nuevas menciones o especialidades?

Es una situación bastante aporética, ya que parece ser que estamos ante la disyuntiva de ser especialistas en un tema y saberlo bien, o saber varias cosas “más o menos” (por no decir mediocremente). El primer caso nos aísla de las demás disciplinas, pero el segundo genera un conocimiento tan insuficiente que no gana el respeto de ninguna persona bien entendida en la disciplina. Si asumimos como ejemplo del primer caso a un especialista en filosofía, que es lo que nos convoca, como segundo caso creo que podría ser esclarecedor citar a los novísimos, en nuestro país, Estudios Culturales. No tengo, en principio, nada en contra de ellos. Pero creo que ejemplifican de manera excelente el segundo caso de nuestra disyuntiva. La razón: porque sus lecturas filosóficas no satisfacen al filósofo, sus lecturas literarias no satisfacen al crítico literario, sus lecturas políticas no satisfacen al politólogo, sus lecturas sobre la sociedad no satisfacen al sociólogo, sus lecturas sobre la cultura no satisfacen al antropólogo, sus lecturas sobre la historia no satisfacen al historiador, sus lecturas psicoanalíticas no satisfacen a los psicoanalistas, etc.

¿Qué hacer entonces? Hay una tercera vía posible para intentar superar la disyuntiva aporética. Y es la de hacer un “volumen conjunto” donde cada especialista escriba un artículo desde su perspectiva. Esto podría darnos una mayor amplitud de miras, pero a través de una compilación de varios trabajos especializados. Es un intento muy bueno e importante, pero también trae problemas, ya que es difícil que alguien pueda entender plenamente los tecnicismos de todos los artículos, además de que obviamente dicho trabajo no expresa ningún tipo de diálogo efectivo entre las disciplinas, sino que es más bien una selección de artículos especializados que tienen algún “eje general” común.

Finalmente, un último intento que se me ocurre es el de escribir conjuntamente un texto. En nuestro caso, Negri y Hardt serían un bien ejemplo contemporáneo de ello, así como Deleuze y Guattari. El problema que se puede llegar a generar es el de si esta producción intelectual es elaborada en poco tiempo y por especialistas de disciplinas diferentes que no manejan, con algún tipo de solvencia mínima, lo que los demás especialistas saben. Lo que tendríamos es un caso de “tolerancia liberal” aplicada al ámbito académico, ya que juntar autores en una sola publicación o espacio no la hacen interdisciplinaria en sentido pleno.

A pesar de que estos intentos pueden ser valiosos, al mismo tiempo que problemáticos, su iniciativa es esencial pues detectan el problema que aqueja realmente a las disciplinas híper-especializadas. Para nuestro propio quehacer como filósofos ello parece implicar una tesis categórica bastante fuerte, y que puede decirse parafraseando la conocida sentencia de Nietzsche: “Hegel ha muerto”. Obviamente esto no pretende hacer una crítica a qué podría estar vigente o no en Hegel. A lo que se alude es que hoy parece poco viable, por no decir imposible, que exista un filósofo con esas pretensiones, y que al mismo tiempo puedan ser tomadas por legítimas sin más: poder saber y conocer prácticamente de todo y articularlo filosóficamente para “captar su época en pensamiento”. Las épocas en la que un filósofo como Hegel era posible han, al parecer, terminado. Ahora solamente parece viable que ello pueda llegar a ser a través de varias personas: un grupo realmente interdisciplinario que analice y piense, para seguir con la expresión de la conocida tesis hegeliana, “el concepto” en sus múltiples figuras, momentos y determinaciones: económicas, políticas, sociales, culturales, históricas, etc., teniendo como fin rehuir a la unilateralidad y a la simplificación ilegítima. La filosofía aquí sigue siendo importante, esencial y necesaria, pero no suficiente.

§ 5. Formación interdisciplinaria.

Normalmente a los estudiantes de filosofía, y asumo que a los de humanidades en general, les interesan variascosas, además de la filosofía. Al mismo tiempo, dentro de la filosofía, uno va desarrollando intereses específicos por determinados períodos históricos, autores, libros, temas, problemas, etc.

A modo de ejemplo ilustrativo, pueden darse casos de estudiantes de filosofía que sienten particular interés por la epistemología y la filosofía de la ciencia. Conocen la historia de la filosofía y leen con entusiasmo las interpretaciones del quehacer científico. En nuestro departamento, por lo menos cuando yo pasé por él hace un par de años, suelen ser canónicas las lecturas de Kuhn y Popper al respecto. Ahora bien, y aquí reitero la tesis que he venido desarrollando a lo largo de la ponencia, yo creo que ese conocimiento es necesario, pero no suficiente. La razón: porque creo que una reflexión filosófica que se quiera seria y profunda con este campo necesita un mínimo de conocimiento serio y riguroso de la ciencia que se precie de ser mucho más que un conocimiento de mero “aficionado”. En pocas palabras, si uno es “nulo” en física, lógica o matemáticas, tanto en la parte teórica, como en la experimental, no creo que tenga mucho sentido escribir largos ensayos interpretativos sobre lo que es fundamental en la ciencia, en la metodología y en la comunidad de científicos. Y es que, en el momento en que uno tenga que trabajar, discutir o exponer sus ideas filosóficas sobre la ciencia a los científicos mismos, los verdaderos científicos obviamente pensarán que el filósofo no tiene idea de lo que está hablando porque no ha tenido un genuino contacto con el asunto (¡el fenómeno de la fenomenología!) acerca del que se quiere reflexionar filosóficamente.

Filósofos clásicos y contemporáneos que reflexionaron sobre la ciencia como Kant, Husserl, Kuhn y Popper tenían un gran manejo y conocimiento de la ciencia. Si uno carece de estos conocimientos, entonces uno (a) o mienta vacío y habla con pseudo profundidad (el Leermeinen husserliano, la Gerede heideggeriana), o bien (b) hace una “mera” historia de la filosofía de la ciencia, es decir, se limita a repetir lo que otros que sí sabían de ciencia han dicho sobre la ciencia. La historia de la filosofía de la ciencia puede ser un quehacer importante en la academia, pero no es lo mismo que la filosofía de la ciencia, por lo menos desde la perspectiva que intento articular.

Frente a esas dos posibilidades, para mí parecen quedar por lo menos dos caminos: aprender ciencia de manera autodidacta (¡pero seriamente!) o estudiar un grado en el campo de la ciencia que a uno le interese de manera particular. Creo que la necesidad del grado únicamente tendría sentido si es que a  uno le interesa efectivamente poder llegar a trabajar o investigar en esa disciplina (lo que en nuestro ejemplo sería hacer ciencia).

En mi caso particular, mis intereses en filosofía estaban sobre todo ligados a la filosofía política y a la ética. Por eso estudiar ciencia política fue algo que consideré importante porque pensé que podría contribuir de manera significativa a enriquecer mis propias reflexiones. Y es que, estar aprendiendo algo de historia política del Perú y Latinoamérica, algo de instituciones políticas comparadas, de teoría de la democracia, de estadística y metodología, es algo que aporta de hecho muchísimo a mi comprensión de la historia de la filosofía política y, al mismo tiempo, a mi propia aproximación a los fenómenos políticos y a la reflexión filosófica que podría hacer sobre los problemas políticos mismos.

Creo que con un mayor conocimiento de la historia política uno puede apreciar mejor las obras de los grandes filósofos políticos (por ejemplo Hobbes y Locke en relación a la situación socio-política de Inglaterra y a las instituciones políticas de la monarquía absoluta). El conocer las instituciones políticas complejiza y favorece también la comprensión de muchas cosas. Un ejemplo podría ser Rawls y su opinión acerca de la corte suprema norteamericana. Conocer estudios empíricos sobre la democracia relativiza muchos conceptos que la filosofía política extremadamente normativa y la hermenéutica filosófica pretenden decir sin más. No basta decir “viva la democracia” o “viva la diferencia” o “hay que comprender al otro” porque se exige arraigar las ideas en instituciones, en casos, en procesos y eso demanda a la filosofía política bastante. Solamente así se obtiene lo mejor de ambos mundos: uno es consciente de las virtudes y límites de ambas disciplinas y puede ser crítico con ambos frentes. Si no se hace esto, el filósofo siempre quedará como el personaje de la serie de dibujos animados “Los pitufos”: alguien que habla mucho y en difícil, que no sabe de lo que habla y que siempre termina siendo o queriendo ser expulsado de la comunidad (pero no por “subversivo”, sino por “insoportable” e “ignorante” en el tema del que supuestamente se jacta de hablar con “profundidad”).

Ahora bien, no quiero que se piense que esto es una especie de propuesta para justificar mis elecciones personales (aunque quizá Nietzsche sí pensaría esto). Quiero sostener que éste es un camino posible, pero no el único. Yo sí soy de los que piensan que una formación en varios campos es más enriquecedora, creo que puede generar cambios mucho más cualitativos en la manera de pensar de uno.

¿Y por qué, además de las razones ya expuestas (a nivel más individual), suscribo la apuesta por la formación interdisciplinaria? Porque es me parece que es condición de seriedad para un trabajo colectivo que se quiera performativamente interdisciplinario. Un trabajo así no es meramente juntar a un filósofo, a un economista y a un abogado a que cada uno hable de lo que sabe y hagan una suma de las cosas y las presenten, o que alguien tome hegemonía en la cuestión o que ninguno se entienda. De lo que se trata es de, si seguimos el mismo ejemplo, de tener por lo menos a un filósofo que sabe algo economía, un economista que sabe algo de derecho y un abogado que sabe algo de filosofía. De esta manera la conexión y el diálogo van a ser mucho más fructíferos, va a darse una mayor cohesión y las posibilidades de evitar la unilateralidad, unilateralidad que nos enseñó a rechazar el propio Hegel, disminuirán en pro de poder promover una originalidad colectiva y sustantiva.

§ 6. Conclusiones provisionales.

Creo que la filosofía tiene que ver, de manera íntima, con su propia época o “tiempo”. De ahí que sus problemas no puedan desligarse de lo que sucede ahora. Ahora bien, creo que la complejidad de nuestra época hace muy difícil y fácil (aunque suene contradictorio) poder aprender de manera autodidacta muchas cosas. Por un lado, es difícil por lo complejas que son algunas materias a la hora que entramos en ellas de manera seria y rigurosa. Sin embargo, es posible aprender por nuestra cuenta más cosas por los nuevos medios (imágenes, noticias, videos, libros, entrevistas… es realmente un gran consumo de información). Redondeando el punto: tenemos una situación paradójica ya que contamos más recursos para aprender y, al mismo tiempo, eso que queremos aprender se hace mucho más complejo cada vez. La complejidad de los problemas (del mundo) exige quizá cuestiones que trascienden la hóper-especialización solipsista.

Tenemos nuevas maneras de relacionarnos con el pensamiento que van más allá del texto: tecnologías de la información y de la comunicación. Tenemos, mediante Internet, mediante la especialización académica, mediante el crecimiento de la masa de investigadores, un flujo de información enorme. Anhelo personalmente de que las nuevas tecnologías y medios puedan fomentar una actividad filosófica más creativa, aunque ello no implique (obviamente) dejar de lado los medios tradicionales para la elaboración y difusión de la producción filosófica y académica (clases, congresos, conferencias, libros, revistas especializadas). Hay medios nuevos y diferentes para producir y generar nuevas ideas, y ello es algo que tiene que interesar al quehacer filosófico mismo. Somos nosotros quienes viviremos la generación de filósofos que crecieron con estos nuevos medios y tecnologías.

Retomando lo visto hasta aquí, y a modo de conclusión provisional para poder discutir después, podemos decir lo siguiente: Constatando el gran desarrollo de las disciplinas a un nivel especializado parece necesario sentenciar que es imposible saberlo “todo”. Pero, rescatando el espíritu de la interdisciplinariedad, es viable afirmar que puede ser posible llegar a saber “más que una sola cosa”. Se puede buscar aprender de manera seria los asuntos sobre los que queramos reflexionar filosóficamente, sean estos, ciencia, política, arte, historia, cultura, sociedad, lenguaje etc. La formación plural posibilita no solamente una mejor formación para la reflexión crítica y filosófica, sino que también nos permite el poder emprender un verdadero y genuino trabajo colectivo. Pensar nuestra época exige más de una persona y exige más de una disciplina. La filosofía necesita de las demás disciplinas y viceversa.

¿Está listo el filósofo para trabajar con otros no-filósofos de esta manera? ¿Para aprender de ellos y pensar algo mayor? ¿Está listo para remediar el impassede la atomización de especialistas que no pueden hablar con nadie más que con los que ya saben lo que él sabe? ¿Está listo el filósofo para poder captar su época, una época compleja con cambios veloces, en concepto y pensamiento? Estamos pues, ante la necesidad de una decisión importante. Creo que podemos rescatar el imperativo hegeliano de pensar que la filosofía es “su época captada en pensamiento”, pero sabiendo que no se puede esperar de la filosofía que venga al atardecer, pues las cosas avanzan y cambian ahora bastante rápido. Asimismo, es necesario reconocer que la comprensión o captación de la “época” demanda un trabajo riguroso, transdisciplinario y colectivo.

La costumbre de ser formado en el “pathos de especialista” lo lleva a uno, a veces, a sentir que si estudia algo diferente a la filosofía es como si hubiese “desertado” o “abortado” el camino “correcto” para llegar a ser un pensador. De ahí que pueda generarse en algunos casos cierto rechazo a este tipo de ideas. Sin pretender imponer una formación interdisciplinaria a un nivel profesional y académico, sí creo que ese sentimiento es problemático y me parece que debe cambiarse. Esa idea podía ser comprensible antes, ya que era bastante posible el no tener que ser profesional en otra cosa para comprenderla y reflexionar sobre ella (y yo creo que hoy eso es extremadamente difícil, aunque no imposible). Si ya no es posible ser un “Aristóteles”, un “Kant” o un “Hegel” (en el sentido de que sabían “todo”) y la puerta de la hiper-especialización academicista de filósofos que solamente saben hablar de un autor o de un libro no parece muy viable para la creación y originalidad para con los problemas de hoy, entonces quizá deberíamos adoptar una especie de “justo medio” aristotélico hasta que pensemos nuevas posibilidades. Y esto implica sostener lo siguiente: no podemos ser competentes en todas las materias, pero tampoco debemos ser competentes en una sola. Esa pluralidad de competencias debe, a su vez, complementarse con el trabajo de otros formados pluralmente. Todo ello con el fin de trabajar colectivamente. Y no me refiero a una complilación de ensayos aislados. Me refiero a una verdadera creación colectiva.

¿Tendremos los medios hoy para ello? ¿Tendremos la disposición? Creo que vale la pena hacer la apuesta. Pues, parafraseando a Marx, lo que tenemos son nuevas maneras de pensar por ganar.

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[1] Creo que la exégesis y el rigor para profundizar en la historia de la filosofía son fundamentales, tanto para la docencia, como para la investigación y la creación de nuevas ideas y pensamientos. Sin embargo, si llevamos dicho “pathos exegético” al límite, tendremos justamente la reducción de la filosofía a ser un mera historia de las ideas filosóficas, o peor, de diversas lecturas sobre estas ideas. Me gusta pensar en esa actividad como algo diferente a la filosofía, aunque no sea (en muchos casos) algo menos importante. Creo que ese paradigma de “comentarista”, si bien a uno lo hace comprender muy bien varios aspectos de la historia de la filosofía, creo que tiene como ideal a personajes como Hermann Bonitz o Hermann Diels, entre obviamente muchos otros. En pocas palabras, no creo que ser un scholarsea algo equiparable, sin más, a ser un filósofo. La originalidad y la profundidad requieren del conocimiento de la tradición, pero un conocimiento erudito de la tradición no garantiza nada, en términos justamente de originalidad, profundidad y creatividad genuinamente filosófica.

[2] Aunque este no sea el tema eje de la ponencia, es importante señalar que de estos tres casos, Wittgenstein y Nietzsche estudiaron primero otras disciplinas antes de arribar a la filosofía. En el caso de Kant no está demás decir que poseía un manejo bastante completo de otras disciplinas, como la geografía. Estas clásicas excepciones no están marcadas por una “pura ignorancia”, sino que más bien se caracterizan por un saber importante de otras disciplinas.

[3] Danilo va a problematizar y reflexionar sobre este problema: la disyuntiva aporética que nos plantea, o bien pretender una especie de “fidelidad” o “sumisión” lo más plena posible al autor, o un uso “pragmático” o “utilitario” del autor, como si fuese una especie de “herramienta” que “uso” para mis propios fines.

[4] Cfr., Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México: Fondo de Culutra Económica, 2003.

[5] Cfr., Althusser, Louis, Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Medellín: La Oveja Negra, 1974.

[6] Robinson, Ken, “Changing Paradigms”, conferencia dada para la RSA (Royal Society for the encouragement of Arts, Manufactures and Commerce). Cfr., http://www.thersa.org/events/vision/archive/sir-ken-robinson.

[7] Foucault trató de pensar en un proceso similar, pero enumerando más casos de instituciones propias de la sociedad moderna que corresponderían a un mismo “paradigma común”: escuelas, hospitales, prisiones, fábricas, etc. Cfr., Foucault, Michel, Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión, Madrid: Siglo Veintiuno, 1990.

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16 responses to “Filosofía e interdisciplinariedad

  • Alex

    Estoy de acuerdo con la preocupación de fondo. Creo que la filosofía tal y como es estudiada y enseñada en el Perú es fundamentalmente historia de la filosofía. Y creo que la filosofía y la historia de la filosofía no son lo mismo. Además, es historia de la filosofía vista desde una perspectiva muy peculiar: una perspectiva fuertemente influenciada por la tradición fenomenológica y hermenéutica. [Hay otras historias de la filosofía de distintas tradiciones filosóficas que no son estudiadas en el país.]
    Tu propuesta de llevar cursos en otras facultades me parece muy buena. Creo que esa posibilidad se debería aprovechar más. Lo de ser autodidacta es también necesario, dada la limitada oferta de cursos en filosofía (sobre todo en distintas tradiciones filosóficas). Pero creo que las cosas no van a cambiar sustancialmente mientras no se traiga a filósofos que hayan sido sólidamente formados en aquellas áreas en las que no hay especialistas en el país (o hay muy pocos). Mientras los filósofos profesionales de nuestras universidades no muestren esta diversidad, los alumnos de las facultades de filosofía difícilmente tendrán otras alternativas.

  • Erich Luna

    Hola Alex

    Gracias por tus comentarios.

    Concuerdo con que no es lícito equiparar sin más la filosofía y la historia de la filosofía, he dicho eso en la ponencia. Ahora bien, sobre sí solamente se enseña lo segundo y no lo primero en nuestro país, asumo que depende. En todo caso, sí considero que dicha formación es insuficiente, aunque necesaria.

    Lo del sesgo continental (hermenéutica y fenomenología) lo acepto. Lo mencioné también. Sin embargo, sostengo que todo departamento tiene un canon de autores, así que no hay manera de “emancipar” eso en ese sentido sublimado que tu comentario da a entender (“diversidad plena y armoniosa”). Por eso mi propuesta es complementarlo extra-institucionalmente, así como con cursos en otras facultades (algo en lo que concordamos).

    Y insisto en lo de “sublimar” porque eso hace que devengas en ese pesimismo fatalista sobre las facultades. Tu solución ideal es “tener todos los especialistas posibles”. Eso es imposible. Entonces la solución es “aumentar lo más posible la oferta”. Ello es posible, pero difícil e inviable por la lógica del canon en muchos casos. Por eso el estudiante no puede esperar a que vengan profesores diferentes a enseñarle cosas diferentes. Tiene que buscar lo más cercano a ello en un nivel institucional y aprenderlo plenamente extra-institucionalmente.

    Lo otro que también es problemático en tu diagnóstico es el supuesto que asumes sobre los estudiantes de filosofía: es una visión muy pasiva que creo también es causa/ y o responsable de tu queja sobre que mayoritariamente acá se trate de aprender historia de la filosofía puramente.

    Estudiantes que se quejan de lo que tienen y que creen que si tuvieran mejores condiciones serían mejores no van a servir de mucho. No me malentiendas: luchar por tener mejores condiciones está bien (representación estudiantil, negociación, protesta, diálogo, etc.). Pero soñar idealista y normativamente sobre la mejor facultad posible es un gran problema. No hay tal cosa. El estudiante de filosofía debe hacer lo mejor que pueda con lo que tiene y ver la manera de obtener lo que su departamento no puede darle con otras vías.

    He querido con esta ponencia dar algunas intuiciones, pero obviamente se trata de pensarlas mucho más.

    Sigue participando,
    Erich

  • Paseando por librerías « Castor Ex Machina

    […] Obviamente, esto es una limitación de la librería como espacio físico – cuando compro libros por Amazon mi problema es que no dejo de encontrar cosas que me interesan, y mi presupuesto sufre enormemente por ello. Pero también, me parece, es un testimonio de espacios interdisciplinarios que se ponen cada vez más complejos y se vuelve igualmente complejo descubrirlos, navegarlos, e intentar introducirse en ellos, porque no hay indicadores claros de por dónde comenzar o cómo encontrarlos. (Agreguemos a las librerías al circuito lógico-económico-político de los problemas de la interdisciplinariedad.) […]

  • Marc de Zabaleta Herrero reinventado

    Excelente trabajo sobre las perspectivas de análisis.

    Marc de Zabaleta Herrero

  • Erich Luna

    Hola

    Muchas gracias por tu comentario.

    Erich

  • ¿Así que quieres estudiar filosofía? « Vacío

    […] pero quizá algunas intuiciones. Algo afín a lo que tengo en mente fue desarrollado en mi última ponencia. Pero ahora debe verse a un nivel mucho más institucional y pragmático. Veremos qué […]

  • ¿Así que quieres estudiar filosofía? (Filosofía desde un punto de vista pragmático) (por Daniel Luna) « Sagrada Anarquía

    […] pero quizá algunas intuiciones. Algo afín a lo que tengo en mente fue desarrollado en mi última ponencia. Pero ahora debe verse a un nivel mucho más institucional y pragmático. Veremos qué […]

  • Hacia una filosofía especulativa « Vacío

    […] no se necesita leer (varias de estas críticas las abordé antes aquí y aquí, así como en la ponencia de este año). Se trata de abandonar el extremo academicismo de pura crítica textual para ir en […]

  • Ricardo Milla

    Me gustó mucho tu ponencia. Estuvo buena. Comentarios sobran, pues conversamos ese día al respecto.

  • La blogósfera y la academia « Vacío

    […] diálogos suceden de manera descentrada. Y esto es esencial para el otro tema que me interesa: la interdisciplinariedad. Interlocutores de diversas especialidad y backgrounds pueden acceder a lo que uno escribe y […]

  • 2 años en el Vacío: « Vacío

    […] Filosofía e interdisciplinariedad […]

  • 5 sueños dogmáticos en los que un estudiante de filosofía no debe caer « Vacío

    […] se trata de comprender cómo piensan otras disciplinas (Puede revisarse la relación entre la filosofía y la interdisciplinariedad, así como cinco posts previos sobre el tema que reuní, de manera un tanto “huachafa” […]

  • El exceso continental « Vacío

    […] filosofía es ser un historiador de la filosofía. Y como ya he dicho en múltiples ocasiones (como aquí), ello puede ser muchas veces una condición necesaria para aumentar las posibilidades y […]

  • alberto castro villa

    Estimado Erich, la misiva es para darte un sentido agradecimiento. Gracias a las grabaciones y a tus resumenes de las clases de tu blog he podido porfin descifrar Offe, Przeworski, Habermas, etc etc.
    No tienes ni idea lo mucho que anduve caminando en el Olimpo, sin comprender pese a las muchas repasadas que le daba a algunas lecturas dadas en la clase del profesor Sinesio. Sin duda tu blog, es para mi, tremendo aporte y ayuda en la fácil comprensión y “descifrado”. Actualmente llevo la maestria de ciencias politicas, soy Cap EP e historiador, asi que como veras, Teoria del Estado y la filosofía política en general es ciertamente “inedito” en mis conocimiento. Ojala puedas colgar mas comprensión de ensayos de Bobbio,Scmidtt, etc etc

  • Erich Luna

    Hola Alberto

    Muchas gracias por tus comentarios. Me alegra que te hayan servido los audios y las guías de clase.

    Sigue participando y cualquier cosa, no dudes en escribirme.

    Saludos,
    Erich

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